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Los agentes erosivos actúan combinadamente sobre una superficie, al mismo tiempo que está actuando la meteorización química puede sufrir un proceso de fragmentación, incide sobre ella el viento o la arroyada, para que los grandes agentes de transporte se lleven los materiales a lugares donde depositarlos. La erosión, pues, aparece como un sistema caracterizado por la naturaleza de los procesos elementales.
Según la frecuencia y la eficacia de los procesos elementales y los grandes agentes de transporte distinguimos procesos dominantes y procesos accesorios o auxiliares. Esta «jerarquía» es la que nos proporciona la base para determinar los distintos sistemas morfogenéticos.
La importancia de cada proceso no puede apreciarse al margen del conjunto al que pertenece, puesto que su eficacia respectiva se condiciona mutuamente en todos los estadios de la erosión. Por ejemplo, la meteorización química da lugar a fragmentos de pequeño tamaño donde se dan con más facilidad los movimientos en masa; el predominio de fragmentos gruesos dificulta la arroyada.
Un sistema morfogenético no se reduce a la suma de los procesos elementales, sino que hay que considerar sus relaciones, su estructura dinámica, como un sistema de relaciones entre procesos dominantes y subordinados según la actuación de los factores que los controlan. Todo ello depende de la litología, la topografía, el clima y la vegetación, pero es el clima el que, a la postre, ejerce un papel más decisivo, ya que define los rasgos fundamentales de estas combinaciones, porque determina cuáles son los agentes de erosión y transporte, y cómo actúan para modelar el relieve.
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