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Los desplazamientos provocarían movimientos horizontales y sus colisiones serían el origen de las grandes cadenas montañosas. Wegener aportó indicios de que su hipótesis era correcta: la existencia de plantas y animales fósiles idénticos en América de Sur, África, la India Australia y la Antártida; coincidencia de las mismas estructuras geológicas entre América del Norte y Europa, o América del sur y Sudáfrica y de restos de la misma glaciación en ambos lados.
El problema era explicar cómo se movían los continentes y ante esta imposibilidad se creó la hipótesis de los puentes continentales, para explicar las evidencias encontradas por Wegener. Estos puentes hoy estarían hundidos (tomando como modelo la Atlántida), pero eso viola el principio de isostasia. Wegener lanzó dos hipótesis para explicar este movimiento, la fuerza centrífuga de la rotación de la Tierra y las fuerzas de marea, pero ambas resultan demasiado débiles.
No obstante, a comienzos del siglo XX el estudio de la propagación de las ondas sísmicas fue revelando la estructura en capas de diferente densidad en el interior de la Tierra. Además, se probó que en el pasado el campo magnético de la Tierra había estado invertido. Todo ello indicaba que el interior de la Tierra no era tan estable y rígido como se sospechaba y al final de su vida Wegener lanzó la hipótesis de la existencia de corrientes convectivas en el interior de la Tierra, y es que hasta el momento se suponía un interior de la Tierra frío.
Las corrientes convectivas ascienden en un punto porque están más calientes que su entorno, al llegar a la discontinuidad de Moho se dispersa horizontalmente enfriándose a medida que se alejan (Diagrama). Cuando están suficientemente frías descienden hasta el núcleo donde se vuelven a dispersar horizontalmente alimentando de nuevo las corrientes ascendentes. En este ciclo, semejante a una cinta sin fin, las corrientes horizontales superiores son las que trasladan sobre sí los continentes.
Si el flujo ascendía en medio de un continente, el calor suplementario era capaz de romperlo y tras ello separarlo, y la brecha se inundaría formando las cuencas oceánicas. Recuperaba así el continente de Pangea.
El único problema era en dónde nacían las corrientes. Con un núcleo terrestre muy pequeño sólo podría haber dos células convectivas, pero con un núcleo grande puede haber muchas y el núcleo de la Tierra es grande, y demás las corrientes convectivas son más activas en el manto superior.
Se había comprobado que el polo magnético de la Tierra se había situado en diferentes lugares a lo largo de la historia, pero si la teoría de la deriva continental era cierta, estas variaciones se podían deber a la migración de los continentes, y no a una variación del campo magnético. Los continentes habrían ido pasando, sucesivamente, por el polo magnético. Sin embargo, entre los años 1954 y 1962 se descubrió que en el fondo oceánico las rocas se disponían en bandas paralelas y cada una de ellas tenía la dirección magnética actual o contraria alternativamente. Esto probaba la inversión repentina de la dirección del campo magnético terrestre. Pero tenía un corolario; las rocas debían haberse enfriado en épocas diferentes.
Estas dorsales tienen unos 3.000 metros de altura, que además es más o menos constante. La cima tiene forma de rift (por el valle del Rift, en la región de los Grandes lagos africanos) es decir, presentan una depresión en la parte central; y están falladas. (Diagrama)
Por otra parte las
mayores
profundidades de los océanos se encuentran en las
proximidades
de los continentes son las fosas oceánicas,
que presentan un perfil en V, y tienen asociadas a ellas arcos
de islas volcánicas. También se constató que
los valores de la gravedad
eran mucho menores de lo
que cabría esperar. En un principio se creyó que estas fosas
eran geosinclinales,
pero los sedimentos
encontrados en ellas eran muy pocos. De hecho la mayor
cantidad
de sedimentos se encontraba justo antes de que comenzase
la fosa.
A partir de los años
1950
los científicos se dieron cuenta de que la mayor
parte
de los terremotos y los volcanes tenían lugar en las dorsales
y las fosas oceánicas. Sobre todo en las fosas que
presentaban
una peculiaridad,
dependiendo de dónde tuviese
lugar epicentro del terremoto el foco
se encontraba
a mayor o menor profundidad. Se descubrió, así, un plano
inclinado de unos 45º llamado zona
de Benioff.
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Los terremotos superficiales eran
propios de las dorsales
y también de las fallas transformantes,
fallas
perpendiculares al eje de la dorsal.
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