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Tectónica de placas: planteamiento

    Los movimientos orogénicos son aquellos que producen las irregularidades el relieve. La actual teoría para explicarlos es la tectónica de placas. Se trata de una teoría global que pretende explicar los movimientos de toda la corteza terrestre, formulada hacia los años 60 del siglo XX, hoy, tras aportar algunas pruebas, es el paradigma que explica el relieve de la Tierra.

Teoría de la contracción terrestre

    Antes de la tectónica de placas, en el siglo XIX, la teoría más difundida era la de la contracción. Según esta la Tierra, en un principio fue una bola caliente y dilatada. Al producirse el enfriamiento en el exterior, y continuar el calor interior, se agrietó la corteza formando las grandes cuencas oceánicas. Al continuar el proceso de enfriamiento la dilatación inicial se perdió, se redujo el volumen y la corteza se ajustó a la nueva situación arrugándose en determinados sitios. Los materiales erosionados de las grandes cadenas montañosas se acumularían en grandes cuencas (geosinclinales) y la presión ejercida por el peso en ese punto provocaría un ascenso de la región circundante, formando montañas (geoanticlinales). El problema de esta teoría es que, ya en la época, se reconocían varias orogenias sucesivas en el tiempo, y era muy difícil explicar cómo un enfriamiento, que debería haberse producido en la misma época, había creado montañas en épocas distintas.

Teoría de la deriva continental

    Hacia 1912 el meteorólogo alemán Alfred WegenerPronunciado /álfred végener/ tras fijarse en que la forma de los continentes americano, europeo y africano encajaban formuló la hipótesis de que en un tiempo pasado estuvieron unidos (hasta el Carbonífero, 300 millones de años), se fragmentaron y se separaron. Existía un único continente llamado PangeaGriego, toda la tierra. Fuerzas laterales lo rompieron en dos continentes, LaurasiaPor el río San Lorenzo, Canadá al norte, y GondwanaRegión de la India central. Pronunciado /gonduana/ al sur. Estos continentes también se partirían y separaron y sus partes migraron hasta formar los continentes y mares actuales.

    Los desplazamientos provocarían movimientos horizontales y sus colisiones serían el origen de las grandes cadenas montañosas. Wegener aportó indicios de que su hipótesis era correcta: la existencia de plantas y animales fósiles idénticos en América de Sur, África, la India Australia y la Antártida; coincidencia de las mismas estructuras geológicas entre América del Norte y Europa, o América del sur y Sudáfrica y de restos de la misma glaciación en ambos lados.

    El problema era explicar cómo se movían los continentes y ante esta imposibilidad se creó la hipótesis de los puentes continentales, para explicar las evidencias encontradas por Wegener. Estos puentes hoy estarían hundidos (tomando como modelo la Atlántida), pero eso viola el principio de isostasia. Wegener lanzó dos hipótesis para explicar este movimiento, la fuerza centrífuga de la rotación de la Tierra y las fuerzas de marea, pero ambas resultan demasiado débiles.

    No obstante, a comienzos del siglo XX el estudio de la propagación de las ondas sísmicas fue revelando la estructura en capas de diferente densidad en el interior de la Tierra. Además, se probó que en el pasado el campo magnético de la Tierra había estado invertido. Todo ello indicaba que el interior de la Tierra no era tan estable y rígido como se sospechaba y al final de su vida Wegener lanzó la hipótesis de la existencia de corrientes convectivas en el interior de la Tierra, y es que hasta el momento se suponía un interior de la Tierra frío.

Qué mueve los continentes

    Sería Arthur HolmesPronunciado /árzur holms/, uno de los más acérrimos detractores de Wegener, quien daría con la clave de cómo se mueven los continentes. El estudio del interior de la Tierra revelaba que sus rocas, por la temperatura que tenían, podían comportarse como un fluido denso, es decir podían tener corrientes convectivas como las de la atmósfera. La discontinuidad de Moho se comportaría como la de la tropopausa. Las rocas del manto se comportan como un fluido porque debido a sus altas temperaturas están muy cercanas a su punto de fusión, y por lo tanto tienen un comportamiento plástico.

    Las corrientes convectivas ascienden en un punto porque están más calientes que su entorno, al llegar a la discontinuidad de Moho se dispersa horizontalmente enfriándose a medida que se alejan (Diagrama). Cuando están suficientemente frías descienden hasta el núcleo donde se vuelven a dispersar horizontalmente alimentando de nuevo las corrientes ascendentes. En este ciclo, semejante a una cinta sin fin, las corrientes horizontales superiores son las que trasladan sobre sí los continentes.

    Si el flujo ascendía en medio de un continente, el calor suplementario era capaz de romperlo y tras ello separarlo, y la brecha se inundaría formando las cuencas oceánicas. Recuperaba así el continente de Pangea.

    El único problema era en dónde nacían las corrientes. Con un núcleo terrestre muy pequeño sólo podría haber dos células convectivas, pero con un núcleo grande puede haber muchas y el núcleo de la Tierra es grande, y demás las corrientes convectivas son más activas en el manto superior.

El problema del paleomagnetismo terrestre

    La Tierra tiene un campo magnético porque su núcleo oblongo que tiene grandes cantidades de hierro y está en rotación. Las rocas procedentes del manto, incandescentes, al enfriarse y traspasar el punto de CuriePronunciado /curí/ el mineral de hierro (770º) y el de níquel (358º) se orientan según el campo magnético del momento.

    Se había comprobado que el polo magnético de la Tierra se había situado en diferentes lugares a lo largo de la historia, pero si la teoría de la deriva continental era cierta, estas variaciones se podían deber a la migración de los continentes, y no a una variación del campo magnético. Los continentes habrían ido pasando, sucesivamente, por el polo magnético. Sin embargo, entre los años 1954 y 1962 se descubrió que en el fondo oceánico las rocas se disponían en bandas paralelas y cada una de ellas tenía la dirección magnética actual o contraria alternativamente. Esto probaba la inversión repentina de la dirección del campo magnético terrestre. Pero tenía un corolario; las rocas debían haberse enfriado en épocas diferentes.

El relieve submarino: las dorsales y fosas oceánicas

    A finales del siglo XIX se tendió el primer cable submarino entre Europa y América. A mitad del Atlántico se encontraron con una elevación la llamaron la «meseta del telégrafo». El relieve submarino no era plano. Tras la segunda guerra mundial las prospecciones petrolíferas se multiplicaron por todo el mundo y con el desarrollo del sónar, se constató que estas elevaciones tenían continuidad por todo el mundo y a través de todos los océanos (1957). Se trataba de una serie de cadenas montañosas continuas, más de 65.000 kilómetros. Se constató que el flujo de calor en las dorsales era mucho mayor de lo que cabría esperar, y también los valores de gravedad.

    Estas dorsales tienen unos 3.000 metros de altura, que además es más o menos constante. La cima tiene forma de rift (por el valle del Rift, en la región de los Grandes lagos africanos) es decir, presentan una depresión en la parte central; y están falladas. (Diagrama)

    Por otra parte las mayores profundidades de los océanos se encuentran en las proximidades de los continentes son las fosas oceánicas, que presentan un perfil en V, y tienen asociadas a ellas arcos de islas volcánicas. También se constató que los valores de la gravedad eran mucho menores de lo que cabría esperar. En un principio se creyó que estas fosas eran geosinclinales, pero los sedimentos encontrados en ellas eran muy pocos. De hecho la mayor cantidad de sedimentos se encontraba justo antes de que comenzase la fosa.

    A partir de los años 1950 los científicos se dieron cuenta de que la mayor parte de los terremotos y los volcanes tenían lugar en las dorsales y las fosas oceánicas. Sobre todo en las fosas que presentaban una peculiaridad, dependiendo de dónde tuviese lugar epicentro del terremoto el foco se encontraba a mayor o menor profundidad. Se descubrió, así, un plano inclinado de unos 45º llamado zona de Benioff.También Beniov. Los terremotos superficiales eran propios de las dorsales y también de las fallas transformantes, fallas perpendiculares al eje de la dorsal.

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