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De esta manera confirmaba
el modelo de Holmes
sobre las corrientes
convectivas del manto.
Las dorsales se corresponden
con los flujos
ascendentes, la corteza
con el flujo horizontal
superior y la subducción de la fosa
con el
flujo descendente de la corriente convectiva. La depresión
de la cima de las dorsales se debe a que el flujo
ascendente se
bifurca en dos direcciones, que es donde alcanzan el máximo. Los
terremotos
se deben a que la corteza, de rocas rígidas se rompe al cambiar
de dirección y los volcanes
son magma procedente
del mato que se cuela entre las fallas
de las
rocas. De esta manera, la corteza
oceánica se expandiría,
con el tiempo, separando los continentes.
Poco después Robert
Dietz completó la teoría fijando así el nuevo
paradigma. La expansión del
fondo marino
se debe a que la corteza, junto con la
parte superior del
manto forman una capa rígida llamada litosfera
y que tienen un espesor de 70 kilómetros. Esta capa flota
sobre la astenosfera que es la capa dúctil en la que se
producen
los movimientos convectivos.
Así pues una placa es un fragmento rígido de litosfera, es decir la corteza oceánica, la corteza continental y la parte superior del manto. La litosfera está formada por un número reducido de placas más o menos grandes. Estos fragmentos son rígidos, pasivos, inactivos y se mueven sobre el manto. Sin embargo, en la zona de contacto entre placas se rompen generando terremotos, vulcanismo y deformaciones en la corteza continental (orogénesis). Los límites de una placa son: La dorsal oceánica, la fosa oceánica y determinadas fallas transformantes. En una placa se pueden dar tres movimientos: de separación, a lo largo de las dorsales oceánicas, de aproximación a lo largo de las fosas, y de deslizamiento, a lo largo de las fallas transformantes.
Con este esquema los continentes se comportan de forma pasiva, siendo transportados encima de la corteza oceánica. Así pues, no son los continentes lo que se mueven aunque sí son transportados. Y además los fondos oceánicos son mucho más modernos, debido a este mecanismo de continua creación y destrucción (máximo 150 millones de años). Para que el radio de la Tierra no se incremente, debido a la expansión de los océanos, además de la creación también debe haber destrucción de la corteza oceánica.
Si todo esto es cierto, cuanto mayor es la distancia de una isla volcánica a la dorsal oceánica más antigua será. Se ha comprobado reiteradamente que esto es cierto. Además que las islas volcánicas alejadas de las dorsales están inactivas porque han perdido el contacto con el flujo ascendente del manto; y también son más bajas, ya que están más erosionadas (aunque esto en más relativo). El espesor de la litosfera en la corteza oceánica es de unos 50-150 kilómetros (6-12 kilómetros de corteza oceánica), mientras que en la corteza continental es de unos 100-200 kilómetros (25-70 kilómetros de corteza continental).
En 1965
Edward Bullard
comprobó que la coincidencia entre las
costas de los
continentes es casi absoluta a una profundidad
de
unos 2.000 metros. Se
reconstruyó idealmente
el continente de Pangea,
rodeado de un gran océano,
Pantalasa,
y con un mar que se internaba desde el este, el mar
de Tetis.
La tectónica
de placas no sólo explica
los terremotos y
los volcanes sino también las grandes
cadenas montañosas.
El contacto entre placas da
lugar a tres situaciones:
la subducción de una plaza oceánica por
debajo
de otra, lo que da lugar a un arco
de islas
volcánicas (Islas del Caribe), que incluso puede hacer aflorar la
corteza oceánica (complejos ofiolíticos);
la subducción de una placa oceánica por
debajo
de una corteza continental, lo que provoca la elevación de
grandes cadenas montañosas en el continente (los Andes y las Rocosas);
y la subducción de las
placas de corteza continental,
una bajo la otra, que produce grandes cordilleras como el Himalaya.
Además,
la comprensión de los materiales
sedimentados
en borde genera grandes pliegues. Sus
movimientos
no son exactamente horizontales, ya que son casquetes
semiesféricos
y se encuentran en una superficie en revolución. De esta manera,
a lo largo de un mismo eje la velocidad
de compresión
o separación es diferente.
La última gran dorsal, aún en formación, es el valle del Rift, de donde toman el nombre las depresiones de la cima de las dorsales, desde los grandes lagos africanos hasta el mar muerto. Se prevé que en un futuro esa dorsal continúe expandiéndose y forme un nuevo océano. En la actualidad existen siete placas principales: pacífica, norteamericana, suramericana, africana, euroasiática, indoaustraliana y antártica; y otras siete menores: arábiga, del Caribe, de Nazca, de Cocos, filipina, del Irán y del Atlántico sur. No obstante, las placas pueden romperse o fundirse, y así cambiar su número.
Hoy en día se considera que no son necesarias células convectivas completamente cerradas como las de la atmósfera sino que existen columnas ascendentes y columnas descendentes con capacidad para empujar horizontalmente las placas. Las columnas descendentes tendrían capacidad para arrastrar hacia el manto a la litosfera. En general se tendería a la célula convectiva pero no sería absolutamente necesario. El problema de este modelo es que deberían existir «puntos fríos» igual que los calientes, cosa que no se ha constatado. Los puntos calientes se consideran como el nacimiento de una nueva dorsal oceánica.
El ciclo del Wilson comienza con la fragmentación de un continente debido a la acción de un punto caliente. El punto caliente se formaría, por una mala «ventilación», debajo de los continentes. Este foco produce el adelgazamiento y fracturación de la litosfera. Aparece, entonces, un rift que irá evolucionando hasta convertirse en un océano. El fondo de este océano está formado por bandas paralelas de basalto que reflejarán las inversiones magnéticas. Los continentes de ambos lados del rift quedarán como costas sin actividad sísmica, en las que se producirá una importante sedimentación. La corteza oceánica irá enfriándose a medida que se aleja de la dorsal, haciéndose más rígida y densa. Cuando esté suficientemente fría se romperá y comenzará la subducción, en la parte más débil (la más cercana al continente). Se genera, así, una fosa, por la que se destruye la corteza oceánica. Si la fosa se crea, en parte, sobre la corteza continental el océano tenderá a cerrarse, originando un relieve de colisión al plegar los sedimentos del borde continental y fracturar el borde del continente. Este relieve se sutura fusionando sendas placas, y formando un gran continente, aunque quedará una cicatriz más débil. Sobre este gran continente aparecerá de nuevo un punto caliente que lo romperá. Según este esquema alrededor de un continente antiguo se irán fusionando, además de otros continentes, rocas procedentes de la corteza oceánica más modernos.
Se considera que a lo largo de la historia de la Tierra este ciclo se ha completado en cinco ocasiones, precedido por una tectónica de miniplacas, hace entre 2.800 y 2.500 millones de años. Esta es la época en la que se formaron las grandes extensiones de granitos. Los supercontinentes se disgregarían y se uniría en varias ocasiones: hace 2.100 millones de años (Pangea I), 1.800-1.600 millones de años (Pangea II), hace 1.100 millones de años (Pangea III). Y hace 600 millones de años se formó Pangea IV que sufrió un ciclo de Wilson completo hasta formar, hace 250 millones de años, Pangea V que comenzaría el ciclo actual. Pangea V se corresponde con el Pangea que imaginara Wegener. Según esto los supercontinentes se forman cada 400 ó 500 millones de años, y un punto caliente es capaz de romper un continente en 100 millones de años.
Algunos autores piensan que este ciclo es un modelo más que una realidad, y que los grandes supercontinentes no están unidos al mismo tiempo nunca, sino que se agregan y se disgregan partes en diferentes momentos de la historia de la Tierra, más o menos próximas. Recordamos esto por que los puntos calientes se pueden producir bajo la corteza oceánica, y no necesariamente bajo los continentes más grandes, ni en su centro, que es donde peor «refrigeración» existiría. En la actualidad los puntos calientes más activos están en las islas Canarias, Cabo Verde, el parque de Yelowstone, etc. Es muy posible que, al tiempo que en una parte se esté disgregando, en otra se esté agregando, e incluso que mientras está chocando una placa contra otra, en el interior de una de esas placas se esté formando un nuevo rift que rompa y separe otras placas. Eso es lo que parece pasar e la actualidad en la placa africana que se separa a lo largo de la dorsal del Índico empujando hacia el continente africano pero también se separa a lo largo del valle del Rift, empujando el continente africano hacia el Índico. El ciclo de Wilson da una importancia excesiva a los continentes, aunque su modelo no se puede olvidar.
El principal problema que no resuelve la teoría es cómo se producen las corrientes convectivas, cuáles son las irregularidades en el manto, o en el núcleo, que permite que en un determinado punto la temperatura sea mayor (o menor) que en su entorno.
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