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No podemos precisar cuál es la población de partida, puesto que no sabemos con exactitud qué espacios estaban ocupados en el Paleolítico ni qué densidad poseían. Las cifras varían entre unos centenares a 10.000.000, aunque parece que en ningún momento debió haber menos de 100.000 personas. El crecimiento vegetativo de esta población era muy pequeño, debido a que practicaban una economía de recolectores y cazadores que exigía controlar gran cantidad de espacio para su explotación.
Se
calcula, y aparece como aceptado, que había unos 10.000.000
de habitantes en todo el mundo justo
antes de que
se descubriese la agricultura, la ganadería, la cerámica
y la vida urbana: el Neolítico.
En poco tiempo
la
población parece elevarse a unos 300.000.000.
Cuánto
dura este tránsito, y cómo se produce, lo desconocemos
por completo, pero uno de sus fenómenos más característicos
es la aparición de las ciudades.
El Neolítico
supone un cambio en la economía
y en el modelo
de sociedad. Aparece la agricultura y la ganadería, con lo
que el territorio necesario para procurarse los recursos
se reduce; aparece la cerámica, con lo que se pueden almacenar y
conservar los alimentos; y aparece el fenómeno urbano, con lo que
se organiza y se divide el trabajo,
aumentando la
productividad.
En realidad
no se sabe nada, o casi nada, de cómo fue
la transición
demográfica del Paleolítico al Neolítico, ni
se sabe si fue larga o corta, ni cuánto duró. Pero sí
se sabe que la población aumentó. Existen dos
teorías que explican el aumento de población en el
Neolítico. La tradicional afirma
que la agricultura,
la ganadería, la cerámica y la ciudad mejoraron la alimentación,
y que las condiciones de vida en asentamientos permanentes y con una
organización
social compleja hacen aumentar la población. El espacio necesario
para conseguir alimentos y garantizar el aporte calórico durante
todo el año se reduce, gracias a la agricultura y la cerámica.
Al estar mejor alimentados comenzarían a vivir más y la población
aumentaría. La otra teoría es
sostenida
por geógrafos como Ester Boserup,
y
afirma que la agricultura y la ganadería no mejoró la alimentación
humana, sino que la empeoró, ya que, aunque hubiese un mayor aporte
calórico, la calidad de los alimentos disminuyó al reducirse
su variedad. Además, la vida urbana, la aglomeración humana,
haría aumentar el riesgo de contagio de las enfermedades infecciosas,
con lo que aumentaría la mortalidad. Sin embargo, el sedentarismo
permitirá reducir el intervalo
intergenésico,
las mujeres podrán tener más hijos a lo largo de su vida
fértil, la fecundidad aumentaría y con ella la población.
Será precisamente el aumento de población lo que obligará
a hacer los descubrimientos que identifican al Neolítico.
Desde el Neolítico hasta los albores de la revolución industrial la población crece lentamente. Hasta que en los siglos XIX y XX se produce la transición demográfica. Se calcula que a comienzos de la transición demográfica había unos 1.000.000.000 de personas, hoy en día se superan los 6.000.000.000.
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