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Geografía regional
Geografía de África

África: territorio y sociedades

Apuntes históricos

     La historia de África y su evolución económica y social no es ni mucho menos unitaria. Los contactos entre pueblos han sido escasos debido a la dificultad de las comunicaciones, sobre todo entre el norte y el sur. Tanto el desierto del Sáhara como la selva ecuatorial han supuesto autenticas barreras infranqueables para los pueblos. Aunque no faltaron contactos. En el norte, en la costa mediterránea, hubo grandes imperios, entre los que destacan: Egipto, Cartago, Roma y el Islam, en contacto con las civilizaciones occidentales. En el Sahel hubo, también, grandes imperios que dominaron parte de la zona, aunque no fueron simultáneos, y cuando lo fueron no hubo frontera común. Fue en la región del Níger donde se dio una mayor continuidad de imperios. También al sur del ecuador hubo esplendorosos reinos pero fueron de menor importancia. La falta de comunicación es la nota más destacada.

     El norte fue dominado por fenicios, egipcios, cartagineses, romanos y el islam, con lo que su cultura entra plenamente dentro de la órbita europeo-mediterránea.

     Al sur del Sáhara, en el Sahel, se desarrollan los imperios de:

     Ghana, en la región occidental de Sudán; entre el río Senegal y el lago Chad. Ghana era un reino rico que se beneficiaba de un clima más húmedo que el actual, y de la paz que suponía estar aislado de las grandes potencias europeas. Este imperio se mantiene desde el siglo VIII hasta el siglo XIII. Los momentos de plenitud corresponden a los siglos IX y X. Tomboctú y Gao son las ciudades más importantes. Desde el siglo XI deben hacer frente a la presión islámica, que ejercen los almohades y almorávides.

     Otro gran imperio es el de Malí, que se desarrolla aproximadamente en la misma zona desde el siglo XI hasta el siglo XIV. Su apogeo tuvo lugar en el siglo XIII.

     Tras la caída del imperio de Malí aparece en la misma región el imperio de Songhay. Su dominio va desde el siglo XV hasta el siglo XVI. Este reino conoce ya el impacto de los portugueses.

     Además de estos grandes imperios, hay otros reinos estacados como: el de Kanem-Bornu en el Sudán central hacia el siglo VII; el reino de Benín en la costa de Guinea a la derecha del Níger, en el siglo XII; el reino del Congo en la desembocadura del río Congo, hacia el siglo XIV (en el siglo XV aparecieron en la región los navegantes portugueses); el reino de Zimbabue-Monomotapa al sur del río Zambeze, cerca de la costa índica, desde el siglo XI al XVII; y algún que otro reino más, muy efímero.

     Sin embargo, estos reinos e imperios no lograron imponer su cultura en toda la región, y mientras ellos tenían florecientes civilizaciones, e incluso conocían la escritura, otros pueblos vecinos estaban aún en el neolítico, y así permanecieron hasta el siglo XX.

La penetración europea

     Las incursiones en el sur del Sáhara se remontan a las primeras civilizaciones, pero se intensifican tras la conversión al islam de los pueblos beréberes del norte de África. No obstante, es a partir del siglo XIV cuando la penetración se hace más sistemática, y con voluntad de dominio. Son los almohades, los portugueses y los españoles los que llegan con más ímpetu y frecuencia. En el siglo XV los portugueses descubren la volta y llegan con sus navíos al sur del cabo Bojador. Estas expediciones tienen como objetivo encontrar una ruta, por el sur, hacia la India, para evitar el intermediario árabe. Pero para realizar el viaje es necesario establecer a lo largo del litoral diversas factorías. Los portugueses se establecen en la costa y tienen relaciones con los reinos que encuentran. Fundan sus ciudadelas en islas, y sus fuertes en la costa, como los de: Fernando Poo, Cabo Verde, Santo Tomé, Elmina, Mozambique, etc., hasta llegar al cabo de Buena Esperanza, que es doblado por Bartolomé Díaz en 1487.

     En 1492 Colón descubre América. Este es un hecho de una importancia trascendental para África, puesto que, en gran medida, queda fuera de las nuevas rutas comerciales. En 1494 España y Portugal se reparten el mundo en el Tratado de Tordesillas, y África queda como dominio portugués. Los portugueses se asientan en torno al Congo. En América se desarrolla una sociedad esclavista para mantener el nuevo sistema de plantaciones tropicales. Los esclavos salen de África, particularmente de la región del golfo de Guinea: Senegal, Gambia, Ghana, Níger, Congo y hasta Angola; con destino a Las Antillas, Brasil y Estados Unidos. La esclavitud se mantendrá hasta finales del siglo XIX y tendrá un impacto muy fuerte en la demografía de los pueblos a los que afecta, ya que desciende la natalidad. Este descenso se debe a dos motivos fundamentales: la esclavitud afecta sobre todo a los jóvenes en edad de procrear, y los pueblos a los que se les quita a sus hijos no desean tenerlos. En el comercio de esclavos participan Portugal, España, y sobre todo Inglaterra y Holanda, que a la postre se quedará con el monopolio. Desde el siglo XVIII la esclavitud empieza a condenarse, hasta llegar a la prohibición (1817-1822), pero es en esta época cuando el comercio se dispara. En 1890 cae en Cuba la última sociedad esclavista de América.

     En 1600 se establecen los holandeses en la región del Cabo creando una sociedad blanca pero africana, profundamente racista: los bóers. Contra ellos tendrán que luchar los ingleses durante la colonización.

La colonización de África

     En el siglo XIX el capitalismo y la revolución industrial se han asentado en Europa y necesita expandirse en busca de regiones que le proporcionen materias primas y mercados. Aparece el colonialismo como doctrina de desarrollo. Todo gran país debe tener un imperio colonial, tal y como lo conciben los ingleses. Los imperios de la Edad Moderna no sólo explotaban el territorio, sino que pretendían establecerse en él de manera definitiva, pasaban a formar parte de la corona. Pero los imperios de la revolución industrial pretenden sólo explotar el territorio. Se trata de sacar materias primas de las regiones no desarrolladas y exportar los productos elaborados a estas mismas regiones, con un valor añadido muy superior. Claro que no se tiene en cuenta que en estas regiones no hay capitales con que comprarlos. Las regiones no desarrolladas se convierten en subdesarrolladas. Se buscan principalmente productos agrarios y mineros.

     Entre los países europeos comienza una carrera por el dominio de África, y del mundo. Esta carrera tendrá su expresión en la Conferencia de Berlín de 1884-1885, en la que los países europeos se reparten África.

El reparto de África

     Las potencias industriales europeas se ven en la necesidad de tener un imperio colonial, y para poner orden en el reparto del mundo se reúnen en Berlín en 1884. Durante este año y el siguiente se establecen las condiciones de ocupación efectiva del territorio. Se llega al acuerdo de que el proceso de colonización de un territorio ha de tener tres fases:

     La ocupación efectiva, que implica el tener una administración en la región, y el desplegar un ejército que controle el país. En un primer momento la metrópoli no hace grandes inversiones en su colonia, debido a la inseguridad y a la escasez del comercio. El área de colonización en el interior viene determinada por la existencia de enclaves en la costa. La conquista se hace del litoral al interior. De este período quedarán en la colonia la Administración, la lengua y la cultura; además de población blanca.

     El período de explotación, se inicia cuando la colonia es explotada con mayor intensidad. La metrópoli invierte en infraestructuras de comunicación: carreteras, ferrocarriles y puertos que den salida a los productos que se comercializan en la colonia. Se producen profundos cambios sociales en la población indígena. Se crean ciudades y la población se urbaniza, aparece la sanidad occidental, comienza la transición demográfica en un pueblo que no se está industrializando, y surge el proletariado indígena, necesario para explotar los recursos a la manera capitalista. En definitiva: los pueblos autóctonos se aculturizan. Las inversiones aumentan. Llegan las grandes empresas occidentales mineras y de plantación, y la población blanca se erige en la burguesía autóctona.

     Por último, se da el período de agotamiento, en el que las colonias dejan de ser tan lucrativas económicamente. El cambio tecnológico que se produce en la industria europea es, en buena medida, responsable de esto, ya que cada vez se depende menos de la materia prima, puesto que se aprovecha mejor. Los indígenas han estudiado en los colegios de la metrópoli y han asimilado sus ideas. Comienzan los conflictos sociales y raciales. Las colonias entran en crisis como mercado.

Actitudes coloniales

     Aunque todos los países tienen colonias para su explotación capitalista, no todos los ellos las consideran de igual modo.

     Bélgica concibe su colonialismo de manera paternalista, ya que su colonia africana, el Congo, es patrimonio personal de su rey Leopoldo II.

     Portugal pretende asimilar sus colonias a su territorio y tratarlas como una provincia más. Aún se nota la influencia del viejo imperio de la Edad Moderna. Sin embargo, la función de las colonias es la de proporcionar productos agrarios. La especialización en el sector primario es muy acusada en las colonias portuguesas.

     Francia pretende la asociación de los nuevos territorios al viejo Estado, de una manera teórica porque en realidad la relación es de dominio.

     Gran Bretaña presenta el modelo tópico de colonización. Domina política y económicamente sus colonias: sus ministros y su burguesía se asientan en los nuevos territorios; pero, a diferencia de los demás países, se asegura la colaboración de las clases altas indígenas, haciéndoles partícipes de su posición privilegiada.

La independencia

     La independencia de los Estados africanos es un proceso más o menos rápido. Antes de la segunda guerra mundial se habían independizado, por cuestiones de equilibrio político, Egipto, Etiopía, Liberia y Sudáfrica.

     Tras la segunda guerra mundial y la Conferencia de Bandung (Indonesia, 1955) comienza la independencia de África. El primer país en liberarse fue Ghana (1957) y antes de 1965 se habían liberado casi todos los países. Luego hay un compás de espera y en 1975 se liberan las últimas colonias africanas: El Sáhara español y Mozambique.

     Frecuentemente, tras la independencia, muchos países cambian de nombre, e intentan redefinir sus fronteras. Pero las divisiones que establecieron los europeos son más estables de lo que parecen. El hecho de cómo entender el Estado y de hablar la misma lengua, la de la metrópoli, se ha revelado como una diferencia insuperable. Sin embargo, no son los conflictos fronterizos los más graves en la región, sino las luchas internas por el poder, sobre todo si hay un grupo comunista con posibilidades de alcanzarlo. Las dictaduras militares y la corrupción se instalan en casi todos los países.

     A pesar de la descolonización, las relaciones económicas con las antiguas colonias continúan siendo privilegiadas. Los países europeos controlan la vida económica, sin las presiones que conlleva la vida política. Los blancos que se quedan no son exactamente extranjeros, y la guía europea domina la sociedad. El neocolonialismo va desde la tutela efectiva al acuerdo económico, como la creación de la CommonwealthPronunciado /cómongüelz/.

     Tras la descolonización la metrópoli deja de invertir en la colonia, sobre todo en las obras públicas, y las infraestructuras creadas se deterioran. La guerra suele ahuyentar a los capitales de inversión, con lo que el país se descapitaliza. La negligencia administrativa y la corrupción no favorecen las nuevas inversiones, ni la creación de capitales autóctonos, con lo que la estos países entran en crisis: y la pobreza y la miseria se afianzan en la sociedad, y se convierte en una lacra muy difícil de erradicar.

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