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África limita al norte con el mar Mediterráneo, al oeste con el océano Atlántico al sur con el océano y al este con el océano Índico y el mar Rojo. Sus cabos más importantes son, Verde, Buena Esperanza, Agujas y Guardafuí. Los golfos más importantes son el de Sirte, Gabés, Guinea, Bengala, y Adén. Ocupa una superficie de unos 30.330.000 km2.
Pero en medio de este gran escudo se encuentran enclavadas grandes cuencas sedimentarias en las que se depositan materiales blandos, como arenas, arcillas y margas.
En casi toda África se dan procesos morfogenéticos tropicales, ya sean estos áridos o húmedos.
En general, los tipos de suelos con los que nos encontramos son: ferralíticos, ferruginosos, pseudogley, gley, rojos, erg y reg, en las regiones áridas.
En África son pocos los dominios montañosos, y en general son marginales. En la cuenca ecuatorial encontramos los típicos panes de azúcar; al norte la cordillera alpina del Atlas-Rif; en el centro del Sáhara el macizo de Ahagar, un rejuvenecimiento alpino del relieve en forma de horst y graben. Pero el sistema montañoso más importante es el del valle del Rift. Aquí se encuentran las montañas más altas de África, todas ellas de origen volcánico.
La formación del Rift está plagada de volcanes. Es, en realidad, la zona de separación de dos placas tectónicas. Se extiende desde los Grandes Lagos hasta el mar Muerto, por el mar Rojo y el Sinaí. La isla de Madagascar está separada del continente, por este fenómeno.
Las elevaciones importantes de África son: Kilimanjaro (5.895 m), Kenia (5.119 m), Ras Dashan (4.620 m), Tubkal (4.165 m) y Camerún (4.070 m).
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