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Como se expuso en la cronología de las fundaciones, en general todos los gobernadores del Tucumán tuvieron alguna intervención con respecto a Andalgalá; territorio en el que se fueron consolidando poblaciones pese a las grandes dificultades y las pérdidas que se produjeron por los alzamientos. Recordemos que Francisco de Aguirre se empeñó en la fundación de Conando. En 1554 por orden de Aguirre se fundó San Pedro Mártir de Conando designando su cabildo, pero la marcha de Aguirre a Chile impide que se materialice el asentamiento.
No había transcurrido una década desde el primer intento de fundar una ciudad cuando Gregorio de Castañeda trasladó la ciudad de Londres de la Nueva Inglaterra, fundada en Quinmivil por Juan Pérez de Zurita, hasta el valle de Andalgalá; pero una nueva derrota lo hace abandonar su empeño en 1562.
A partir de 1558 es cuando se distribuyeron las parcialidades a muchos encomenderos, factores muchas veces decisivos del poblamiento de ese sector del territorio. Juan de Mena en Aconquija, Juan de Espinoza en Mallengues, en Guazán, Luis Caldera al principio y luego, su hijo, Simón de Villadiego.
Aconquija, después de Juan Mena, es pedida en merced por el maestre de campo Pedro Bazán Ramírez de Velazco, teniente de gobernador de San Fernando del Valle de Catamarca, para su nieto Diego Bazán de Figueroa. Posteriormente sus herederos en el siglo XVIII se la transfirieron a los padres de la Compañía de Jesús que trasladó desde Tucumán una parte de la reducción, al potrero de Aconquija, donde se realizaban labores agrícolas y ganaderas, y se construyó la iglesia.
Huaschaschi constituía la única parcialidad que se mantenía como tal. Se localizaba al oeste de Andalgalá. Al no haberse comprometido en las luchas calchaquíes se sometió a sucesivas encomiendas pero conservaba su valor comunitario de la codicia de los pobladores de origen español. Andalgalá se consolidó como un poblado en el que se articulaban de forma integral todas las poblaciones de su alrededor, es decir que funcionaba como centro organizador de un sistema que compartía no solamente el reparto del agua, sino la distribución de mano de mano de obra para las tareas agrícolas, pastoriles y la producción y comercio. Además de las funciones mencionadas, Andalgalá se convierte en refugio de indígenas provenientes de otras tribus que se habían extinguido, o de fugitivos de encomiendas o de estancieros que trataban con crueldad a sus encomiendas aprovechándose de los nativos. También es necesario mencionar el establecimiento de los indios ingamanas en forma temporaria. Estos eran originarios de Balasto, Santa María, y se localizaban en Choya, noroeste de Andalgalá. Lugar del que años más tarde retornaron a su origen (Santa María) influenciados por los explotadores de las minas San Carlos de Austria, a comienzos del siglo XVIII.
La instalación de españoles (criollos y peninsulares) se inicia con la merced de Guazán, luego Simón de Villadiego, a principios del siglo XVIII intenta algunos emprendimientos agrícolas y de poblamiento por intermedio de Manuel de Zalazar y Pedro Valdez. El primero (Zalazar) al haber aceptado la responsabilidad como poblero, la deja y se traslada al valle de Catamarca como autoridad, cumpliendo las funciones de policía y juez. Por esa época descubre la imagen de la Virgen del Valle. El segundo poblero (Valdez) probablemente haya dejado descendencia en los primeros pobladores de Julumao en la actual Andalgalá, porque según los documentos históricos los Fernández Valdez tenían propiedades en Chaquiago.
Después de Villadiego y Morales, poseedores del cincuenta por ciento de la encomienda de Guazán, le sigue el general Francisco de Nieva y Castilla que colindaba con otros extensos territorios recibidos por herencia de sus esposas; la primera doña Catalina de Artaza y la segunda doña María de Esquivel. Luego de transcurridos casi cien años, el nieto de Nieva y Castilla recibe las tierras que fueron de su abuelo y las de los indios Guazán. Después de enviudar de su esposa, doña Juana de Agüero, le entrega las tierras a doña Ignacia Carrizo de Andrada, con quién se casa y después retirarse de la función y de la vida públicas, se va a vivir a Guazán. Se inicia un pleito por herencia entre Ignacia Carrizo, viuda del general Nieva y Castilla, y Cubas Palacio, tutor de su hijo Francisco. Al morir la viuda, la propiedad queda en manos de los Cubas Palacio, quienes se la venden al general Luis Díaz. Este último convierte a la propiedad en una próspera explotación agrícola-ganadera, con molinos, bodega, y capilla.
El sitio denominado Andalgalá actualmente, es el resultante del desarraigo de los indios andalgalá y de los malli, a raíz de un episodio grave surgido del gran alzamiento calchaquí en 1632; al que se agregan los mencionados en acuerdo con los yokaviles (Santa María) asesinando a Juan Cuellar, Antonio Fernández, Lázaro Gómez y a sus mujeres e hijos destruyendo sus propiedades. Después de vencidos los indios, fueron trasladados a Córdoba, pero en 1650 el capitán Isidro Villafañe compra tierras en Guaco (La Rioja) y los lleva de Córdoba a Guaco.
Después de reclamos de los representantes de los indios, ante la Audiencia de La Plata, esta dispuso que los indios fueran devueltos a su origen (Andalgalá). Acatando lo dispuesto los españoles acordaron su regreso una vez levantada la cosecha. Cuando los indios debieron volver ya no eran más que unos cuantos viejos que se agregaron a los guacos y dejaron libres las tierras de Andalgalá que luego fue merced de Francisco Vargas Machuca, origen de la actual Andalgalá.
En el período colonial el poblamiento andalgalense se puede conocer cuantitativamente a través del censo de 1711, que también nos permite conocer la importancia de cada pueblo, en relación al número de habitantes. Andalgalá tenía en esa época 380 habitantes; Chuquián o Chaquiago 150; Choya 60; Guazán 117 y Guaschaschi 50. Como se puede observar Andalgalá poseía el mayor número de habitantes del territorio departamental lo que nos indica su importancia en la organización del territorio de lo actualmente conocemos como el departamento Andalgalá.
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