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Por Herminio Elio Navarro, profesor de Geografía Urbana en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca (Argentina)

Modelos de ocupación y desarrollo territorial en Catamarca (Argentina)

Modelo de ocupación territorial de Catamarca desde 1665 a 1885

Región central

Fundación de San Fernando del Valle de Catamarca

    La verdadera fundación de San Fernando del Valle de Catamarca, dispuesta por don Fernando Mendoza y Mate de Luna en 1683, se completó recién, por el maestre de campo Bartolomé de Castro en 1695.

    En un documento transcripto por el historiador Jorge Serrano Redonet, que incluye Gaspar H. Guzmán en las páginas 116 y 117 de su libro «Historia colonial de Catamarca» (1985), expresa textualmente lo siguiente:

    «Nos el cabildo, justicia y regimiento de esta ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca; es a saber: el maestre de campo don Juan de Almonacid, teniente de gobernador, justicia mayor y capitán de guerra y el capitán José de Noriega, alguacil mayor y el maestre de campo Esteban de Nieva y Castilla, fiel ejecutor, y el capitán Lorenzo de Salas, procurador general y no haber en dicho cabildo por haberse quitado los alcaldes ordinarios el año pasado de seiscientos noventa y cuatro por cédula de Su Magestad, su fecha en Buen Retiro, de doce de julio de mil seiscientos noventa; certificamos al Rey Nuestro Señor, su Real y Supremo Consejo de Indias, al excelentísimo señor virrey de estos reinos, reales audiencias y tribunales superiores, jueces, ministros de Su Magestad de cualquier parte que sean: como maestre de campo Bartolomé de Castro, ejerciendo el cargo de teniente de gobernador, justicia mayor y capitán a guerra de esta ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, al año próximo pasado de noventa y cinco, a siete de abril, funda esta ciudad a conformidad de la cédula de Su Magestad y paseó el real estandarte por todas las calles; asimismo certificamos que cuando fundó esta ciudad no había en ella más que un árbol de la justicia que puso don Fernando Mendoza Mate de Luna, siendo gobernador de esta provincia en conformidad a la cédula de Su Magestad, sin que hubiera memoria de solares ni casa alguna ni calles; y que el dicho maestre de campo Bartolomé de Castro, a su costa y hacienda propia, hizo una iglesia de veinte varas de largo y seis de ancho, curiosa y de tijera corrida con puertas, ventanas y cerraduras y todo lo demás, donde se colocó el Santísimo Sacramento y la Purísima Concepción de la Virgen María, abogada de esta ciudad, con toda grandeza, y el dicho día hizo poner nueva franca para todos los que vinieron en procesión acompañando a Sus Divinas Majestades, trasladó el convento del Señor San Francisco a esta ciudad, gastando de su caudal mucha hacienda, y cuando acabó el oficio que ejercía dejó más de cien casas y tres molinos corrientes por los ejidos de dicha ciudad, prestando a todos los vecinos que edificaban, tapiales y demás aperos para los edificios y asistiéndoles personalmente y todo lo hizo sin molestar a nadie y en toda paz y quietud de todo el pueblo, así clero, como religión y cabildo secular, y hasta hoy está prestando tapiales y demás aperos a todos los que edifican y va dicha ciudad con mucho aumento con el fomento que da; y dicha justicia mayor abrió el camino de una legua de montaña para que viniese la procesión desde el pueblo viejo a esta ciudad con toda decencia, y en medio de un camino está un río grande e hizo un puente para que pasase el pueblo enjuto, y asimismo para el aumento de la república abrió un camino desde Córdoba hasta las tierras de esta ciudad por donde traficamos y pasan muchas tropas de ganado y carretería y desde que se abrió está esta ciudad muy abastecida de ganado sin que necesite de cosa alguna. Así lo certificamos y firmamos de nuestros nombres y le juzgamos merecedor de la merced que Su Magestad fuera servido o de hacerle. Que es fecha en esta ciudad de San Fernando, en veinticinco días de julio de mil seiscientos noventa y nueve».

    El documento transcripto por el historiador Serrano Redonet, que transcribí del libro de Gaspar H. Guzmán, queda claro que la fundación de San Fernando del Valle de Catamarca se hizo en 1695 y no en 1683 como se consigna en algunos textos. Esto se ratifica en un documento firmado por Bartolomé de Castro, que transcribo del libro de Gaspar H. Guzmán porque me parece sumamente interesante para echar luz sobre el año de fundación:

    «El maestre de campo Bartolomé de Castro, lugarteniente de gobernador, justicia mayor y capitán de guerra de esta ciudad de San Fernando del Valle y su jurisdicción, por Su Magestad, que Dios guarde. Por la presente ordeno y mando a todos los españoles de cualquier condición y calidad sean, acudan a esta ciudad el 23 del presente mes de junio víspera del Señor San Juan, patrono titular de esta dicha ciudad a acompañar el real estandarte, que debe salir enarbolado por la ciudad como es uso y costumbre y todos los vasallos estamos obligados a asistir a semejante función y para que todo lo dicho tenga el debido cumplimiento doy la autorización, la que en derecho se requiera y sea necesario, a Andrés Falcón, para que vaya a la parte de la sierra de Guayamba, jurisdicción de esta dicha ciudad y en el mayor concurso de gente y por voz de pregonero, haga publicar y publique este auto para que llegue a noticia de todos y ninguno pretenda ignorancia, dispondrá su publicación y para que conste lo traerá ante mí, y en caso necesario lo notificará a cada uno y pondrá su notificación, los que no cumplan pena de diez pesos a cada uno mitad para la cámara de Su Magestad, mitad gastos de obras públicas, y si la dicha pena mando al dicho Andrés Falcón ejecuto todo lo que se le previene y que se le hará culpa y cargo de cualquier omisión que hubiese. Así mando y firmo por ante mí y testigos a falta de escribano público y real y en este papel común por no haber sellado, que firmo en este de junio de mil seiscientos noventa y cinco años, Bartolomé de Castro, Francisco Sánchez de Loria, Diego de Bera, testigos».

    En síntesis, Mate de Luna dispuso la fundación de San Fernando en 1683. Al poco tiempo llega el nuevo teniente de gobernador Bartolomé de Castro quién había recibido junto con su nombramiento un nuevo estímulo para reanudar el empeño de la fundación. Después de transcurridos más de diez años se consolidó el proyecto. Los trabajos iniciados por Mate de Luna con la implantación del árbol de la justicia en 1683, empezaron a configurarse el 7 de abril de 1695 (con Bartolomé de Castro), logrando el traslado oficial el 15 de diciembre de 1695. En definitiva, el día en que comienza la ocupación real es el 7 de abril de 1695. Es importante destacar la importante labor de Bartolomé de Castro y su gran aporte a los primeros pobladores para que construyan sus viviendas. Estos hechos lo distinguen como el fundador real de la ciudad.

    Es necesario aclarar que si bien Mate de Luna determinó el sitio y colocó el árbol de justicia, hecho que le dio el lugar de fundador de la ciudad de San Fernando, es justo reconocer a Bartolomé de Castro como quién verdaderamente materializó la construcción de la ciudad. Y estamos refiriéndonos a la ciudad más grande de la provincia, que cumple las funciones de capital y concentra, actualmente, más del cuarenta por ciento de la población de Catamarca.

Origen de San Antonio de Fray Mamerto Esquiú

    En sus orígenes, esta localidad, aunque no tenía la delimitación política actual se denominaba Alpatauca que significa: alto de tierra o altozano y hoy es parte del departamento Fray Mamerto Esquiú.

    El primer poblador del lugar fue don Melchor Sánchez Vega (desde 1666). El primer propietario de Alpatauca fue don Andrés Guzmán desde el 20 de octubre de 1621.

    Si don Melchor Sánchez Vega poblaba Alpatauca desde 1666, y luego don Ignacio Agüero desde 1672, quiere decir que más de 20 años antes de la fundación de San Fernando del Valle, se estaba poblando lo que actualmente es el departamento Fray Mamerto Esquiú. La desaparición de la función original de esa parte del territorio, es comprobable desde el análisis de los datos de producción agrícola-ganadera del lugar. Es decir, que era una zona de gran importancia económica dentro del valle central.

    Los datos que existen en el Archivo Judicial, correspondientes a la época, son una prueba irrefutable de la importancia económica del área. Si analizamos los datos que brinda Gaspar H. Guzmán en su libro «Historia colonial de Catamarca», páginas 131 y 132, nos daremos cuenta de su real magnitud. En el expediente 14 del Archivo Judicial correspondiente a unas rendiciones de cuentas dice: «En el año 1681 veinte fanegas de trigo a $ 60»; «1682 doscientas fanegas de algodón veintisiete de trigo» (cada fanega es igual a 55 kilogramos litros); «1683 doscientos fanegas de algodón y veintisiete de trigo»; «1685 ciento sesenta fanegas de algodón, ocho de ají y nada de trigo»; «1686 cien fanegas de algodón, treinta de trigo». También se menciona, anís comino, porotos, garbanzos y miel de abejas. Es decir que era una zona productiva muy importante, lógicamente con relación al momento histórico, teniendo en cuenta todos los factores que operaban en la época.

    A mediados del siglo pasado (XIX) el padre Rivera levantó una iglesia nueva, (la primera data de aproximadamente 1782) y las viviendas de sus alrededores, lo que configuraba el pueblo con la apertura de nuevas calles. Luego construyó el camino por donde circulaba el tranvía que existió hasta el año 1929, y que actualmente es una ruta asfaltada.

Piedra Blanca (departamento Fray Mamerto Esquiú)

    Este lugar, actualmente, se denomina Fray Mamerto Esquiú. Según Gaspar H. Guzmán «En el Archivo Judicial de Catamarca, única fuente fecunda para desentrañar nuestros orígenes, lo que no quiere decir que no se encuentren documentos y noticias en otros repositorios, especialmente en el Archivo de Indias, se tropieza a cada rato con expedientes y escrituras que informan de la vida y de la evolución de Piedra Blanca».

    Los orígenes de Piedra Blanca se remontan a principios del siglo XVII. El poblamiento inicial lo realizó don Antonio de Iriarte con doña María de Nieva y Castilla. Iriarte era habitante de Julumao y tenía tierras en Villavil y el Potrero (Andalgalá). Este señor a su vez era nieto de don Pedro de Maidana, dueño de la merced de Motimo (San Isidro) uno de los pobladores iniciales del valle de Catamarca. Un documento del Archivo Judicial del siglo XVIII prueba que el primer titular de la merced de Piedra Blanca fue don Luis de Gallegos de Guzmán. Como la merced de Alpatauca inicialmente era propiedad de don Andrés de Guzmán, tío de Luis Quiroga Guzmán; significa que tanto Alpatauca como Piedra Blanca tienen una raíz común. Actualmente Alpatauca y Piedra Blanca pertenecen al departamento Fray Mamerto Esquiú, región central de la provincia de Catamarca.

Merced de Pomangascha o Pomancillo

    Pomán es uno de los primeros nombres de la toponimia catamarqueña que figuran en los documentos, en referencia al territorio correspondiente al valle de Catamarca (Gaspar H. Guzmán 1985), posteriormente con esta denominación se hace referencia al territorio del oeste de la provincia (región oeste).

    Según el padre A. Larrouy, Pomangasta o Pomán fue merced de Nuño Rodriguez Beltrán en el año 1573, otorgada por don Gerónimo Luis de Cabrera desde Córdoba. Rodriguez Beltrán, cambió la localización desde el norte, es decir, desde la actual Puerta, hasta el sitio del actual Pomancillo, para fundar una estancia con una capilla y algunas casas. En el año 1600 el sitio estaba poblado y contaba con un sacerdote predicador.

    Los datos existentes nos permiten afirmar que su fundación es por lo menos de fecha aproximada al año 1600, dato importante a la hora de demostrar la evolución del sistema urbano provincial.

Singuil

    El territorio se corresponde con lo que fue la merced del mismo nombre abarcando casi por completo a la estancia de Singuil, departamento Ambato.

    Es altamente probable que Singuil haya sido merced del capitán Juanes de Artaza, quién participó en la fundación de Londres de Quinmivil y de San Miguel de Tucumán.

    Existe documentación que prueba que en 1606 estaba en propiedad de Francisco de Artaza, hijo del capitán Juanes de Artaza. Es decir que existía con anterioridad a 1606. Aunque hasta esa fecha no se registran datos de poblamiento es importante conocer a sus proveedores primitivos. En 1617 pasa a manos de don Ginés de Lillo teniente de gobernador de San Miguel. Pero es a partir de 1623 cuando empieza a consolidarse su historia cuando la recibe en merced don Antonio de Ávila y Quirós. «Don Antonio hace del paraje una gran propiedad, la puebla con ganado mayor y menor, que luego de algunos años se reproduce en abundancia; construye también viviendas y cultiva sementeras, y cuida de los indios, con lo que hace una encomienda con el mismo nombre. Por eso esa propiedad se llama Merced y Encomienda de Singuil» (Gaspar H. Guzmán 1985).

Niquixao (Merced del Niquixao)

    En el año 1644 don Andrés Gil de Esquivel en ese entonces tesorero de la ciudad de San Miguel se hace cargo de Niquixao o Maquijao y de Pomangasta, por herencia de la esposa de su padre Nuño Rodriguez Beltrán.

    Don Andrés Gil de Esquivel fue el primer señor de Niquixao, fallece en 1660, heredando la propiedad su yerno don Francisco de Nieva y Castilla, casado por segunda vez con doña María de Esquivel. A su muerte dejó dos hijos, Bernardo y Santiago. Juan Bernardo hereda Niquixao o Maquijao. Se casa con doña Ana María de la Vega y Castro con quien tuvo dos hijos, Esteban y Antonio, herederos de Nieva y Castilla. Los hermanos se reparten la herencia entre lo que cuenta la estancia de San José de Ambato. Esta estancia se fracciona en dos, tomando como límite el río Ambato. La parte sur para Esteban y la parte norte desde el río para Antonio. Es evidente que el cauce tomado no concuerda con el actual; es decir que lo que figura en el documento posiblemente haya sido un brazo antiguo que actualmente no lleva agua, porque la descripción del límite mencionado no se ajusta a la configuración actual del río.

Paquilingasta (origen y evolución)

    En documentos que datan del siglo XVI ya se menciona a Paquilingasta. En el mismo siglo se inició su poblamiento con la aparición de una importante estancia. En el Archivo Histórico de Tucumán figura el primer propietario, don Diego de Vera, uno de los primeros vecinos de Santiago del Estero, integrante del grupo de los fundadores que acompañaron a Diego de Villarroel en la fundación de San Miguel. Diego de Vera se casó con doña Juana de Aguirre. Después de muchos años murió, pero sin tener hijos. La viuda volvió a casarse en 1597 con don Diego de Graneros de Alarcón. Este último se encargó de los bienes de su esposa, entre los que estaban Paquilingasta.

    Según un documento analizado por el historiador Gaspar H. Guzmán, la antigua merced de Paquilingasta sería anterior a 1589 y sus dimensiones «están dadas perfectamente nada más que en el largo; en cuanto al ancho, dice que comprende claramente todo el valle de Paclín desde el otro lado de la cuesta de Paquilingasta hasta las sierras de Gracián, inclusive cuando habla "de todas las lomas de él". Pero las tres leguas de norte a sud son pocas». «Y como se verá entre otros documentos esta propiedad comprende desde el sud de Balcosna, hasta la actual Villa de la Merced inclusive».

    En documentos de 1599 figura Gualcona (Balcosna). En algunos documentos figura la venta de Gualcona o Balcosna en 1716 a los padres jesuitas y Gracián (zona montañosa) oeste de Paquilingasta a don Alejandro Segura.

    En 1767 los padres jesuitas fueron expulsados de la propiedad; la cual paso a disposición de las temporalidades de Santiago del Estero y comienzan a vender por fracciones desde 1774, en realidad se dividía en 15 estancias que componían tres núcleos al norte: Las Lajas y El Contador (Familia Varela); al oeste Balcosna de Adentro en donde la mayor cantidad de tierras pertenecían a la familia Giménez y al este donde poseían mayor superficie los Villafañe. En cuanto a La Higuera y El Rosario pertenecían casi en su totalidad a los Vera. Después de pasar por numerosos propietarios y de fraccionarse por ventas y herencias, y después de la expulsión de los jesuitas Paquilingasta pasó a manos de los Padres de Nuestra Señora de la Merced, hasta 1821, pero la zona adquiere el nombre de la congregación, es decir, La Merced lugar en donde luego se consolida el pueblo cuyo plano es trazado por el constructor de la Cuesta del Totoral.

    En esta síntesis no se respeta rigurosamente el detalle de la sucesión de familias que fueron y son los propietarios de las tierras que integran o integraron el territorio de la provincia. Simplemente se trata de establecer la conformación territorial fundamental, desde su inicio, con el propósito de analizar su evolución hasta el presente.

Pueblos de la sierra y de Los faldeos del este

    La primera encomienda en territorio argentino, se localizó en Guayamba bajo el dominio de Juan Bautista de Alcántara por disposición de Núñez del Prado desde ciudad de Barco I en el año 1552. En el año 1597 doña Isabel de Alcántara, hija de Juan Bautista de Alcántara dejó la encomienda permitiendo que los indios de Tavigasta, con la intervención de los caciques Pedro Suni Han y Diego Ochenta vendan las tierras al padre Francisco Salcedo de la catedral de Santiago del Estero, quién luego las entregó en donación a los Padres de la Compañía de Jesús, según Gaspar H. Guzmán, el Dr. Manuel Lizondo Borda dice: «Las tierras vendidas o trocadas debieron estar junto a la montaña en el río Seco o Gastona, porque en uno de los testimonios se habla de una cuesta y un arroyo de ésta que también se menciona, no es difícil que sea el actual río Seco, uno de los afluentes del Gastona en la falda de la sierra».

    En realidad la encomienda original de Alcántara se localizó en los faldeos orientales de la sierra de Guayamba, en el lugar que actualmente se denomina Guayamba. En el documento de Lizondo Borda se mencionan otras mercedes que existieron alrededor de la propiedad primitiva de Alcántara. Estas mercedes son las de Bartolomé de Sandoval y la de Luis de Gallegos de Guzmán.

    Las tierras que constituyen actualmente el departamento El Alto fueron mercedes de Bartolomé de Sandoval y Luis Gallegos de Guzmán.

    El territorio cubierto por la estancia de Luis Gallegos de Guzmán desde Súcuma hacia el sur, incluido éste, comprende la villa de El Alto, Guayamba, Tintingasta, Iloga, Santa Catalina, La Cruz de Caña, Vilismano y sectores de los Cerros Nuñorco y Negro.

    En realidad si hubiera que detallar los cambios de propietarios de las tierras del este, ya sea por herencias o por ventas entraríamos en un complejo propósito que en realidad no es el objetivo de este trabajo. Lo importante a criterio personal, es desentrañar el origen y la conformación de los pueblos y ciudades del territorio provincial hasta nuestros días.

    Al norte del departamento El Alto, encontramos la merced de Aliquili de 1552 y se cree que signifique Alijilán. En 1591 Ramírez de Velazco entrega en merced las tierras de Alijilán a Pedro de Lorique y Violanta Godoy y luego por supuesto pasa por muchos propietarios que no viene al caso mencionar.

    El obispo Trejo y Sanabria recibe otra merced cercana a la anterior, en las tierras de Quimilpa en el año 1611. A esta merced se sumaron otras posteriores que incrementen su extensión. Don Bernardo de Ordóñez Villiquirán poseedor de tierras excedentes de Quimilpa, al sur hasta el río Manantiales o de La Carpintería se las entregó a los Padres de la Compañía de Jesús. Es decir que esta propiedad (de los Padres) abarcaba a todas las tierras al norte y este del río Manantiales, extendiéndose hasta el río Huacra.

    Las tierras de Ovanta se las adjudicaron a Guamantito (1683) descendiente de la nobleza de los incas, cuyo abuelo había adquirido por compra en 1598, las tierras de Capiambalá, próximas a Nunancalá en El Alto.

    En lo que actualmente es el departamento Santa Rosa poseía lo que hoy se llama Ampolla, hasta Las Cañas (en sus inicios fue un asentamiento indígena).

    Si actualmente existen vastas extensiones sin poblar, en aquella época era mucho menor el poblamiento. Existían poblamientos de indios que poseían las tierras hasta que desaparecieron. Posteriormente las tierras eran entregadas en merced. Sucedió lo mismo con Achalco, en donde vivían los indios cingasta (Gaspar H. Guzmán 1985); con la parte este de Santa Rosa, que se llama Las Cañas.

    Posteriormente se concedieron otras mercedes entre las que se mencionan las de Choya y la de Los Morteros. Esta última perteneció a los Peñaflor. La de Choya limita el norte con Simogasta, al sur con Albigasta, al oeste con Los Morteros, y al este con La Caldera.

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