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Por Herminio Elio Navarro, profesor de Geografía Urbana en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Catamarca (Argentina)

Modelos de ocupación y desarrollo territorial en Catamarca (Argentina)

Caracterización desde el período Precolombino

     El periodo Agroalfarero se inicia aproximadamente en el siglo V a. de C. alcanzando su mayor desarrollo en el periodo Imperial del Inca aproximadamente en el 1530 de la era cristiana. A partir de ese momento histórico comienza a declinar como consecuencia de la influencia de los conquistadores, iniciándose el período Hispano-indígena 1530 a 1665 d.C.

     Son las agropastoriles, la caza y la recolección. El desarrollo agrícola estaba basado en técnicas complejas para manejo del agua de riego a través de sistemas de distribución y la construcción de terrazas o andenes de cultivos. También se almacenaban los excedentes de producción de alimentos, lo que indica un estadio de desarrollo producto de una sociedad organizada.

     El mayor desarrollo en cuanto a ocupación territorial se produce en lo que se denomina período Agroalfarero medio (650 al 850 d.C.). En este período tiene un rol fundamental la cultura aguada.

     En el período Agroalfarero tardío (850 al 1480 d.C.) se produce el mayor desarrollo tecnológico dentro de las culturas Santa María, San José-Hualfín y Belén. Existen restos arqueológicos y sitios que dan testimonios del nivel de desarrollo alcanzado por estas sociedades precolombinas.

     A partir de lo que se denomina período Imperial Inca (1480-1530 d.C.) se consolida una poderosa estructura territorial con una extensa red vial que articulaba todos los asentamientos del territorio, los cuales cumplían una diversidad de roles que se subordinaban al poderoso Imperio inca de la red que conformaba el sistema provincial. Ocupaba el oeste de la provincia y la Puna, con el dominio de más del 70 por ciento de lo que actualmente constituye el territorio de la provincia de Catamarca.

     Los grandes ejes o vías de consolidación del desarrollo en el período de dominio incaico eran Yokavil (Santa María), Famayfil (Belén), Zapata-Watungasta (Tinogasta) que se conectaba hacia el norte con el Cuzco, por el oeste con Chile través del paso de San Francisco y por el sur hasta Mendoza. Esta extensa red de comunicación precolombina fue utilizada en 1530 por los colonizadores que arribaron desde Perú y desde Chile fundando a su paso los primeros pueblos y ciudades. «Desde la experiencia de la Reconquista, sabían los españoles de la época de los descubrimientos que para cumplir con el compromiso asumido por la Corona de predicar el evangelio a los indios era menester conquistar la tierra, lo cual solo se lograría poblando». «La máxima del conquistador -asienta el cronista López de Gómara a mediados del siglo XVI- ha de ser poblar. Dada a la vigorosa tradición urbana española, casi huelga aclarar que poblar equivalía a sembrar en América poblaciones bajo la forma de pueblos, villas y ciudades, pero si vale la pena recordar que la obligación de fundarlas es a menudo establecida en las capitulaciones que firman los conquistadores o en las instrucciones que se les imparten». (Dra. Ripodas Ardanas: Las ciudades indianas).

     Es muy claro el propósito de los asentamientos como estrategia de ocupación para configurar un sistema de dominación. Es importante aclarar las diferencias entre los tres tipos de asentamientos: pueblos, villas y ciudades. «En la esfera jurídica, la diferencia entre las tres especies de población reside en que, mientras las ciudades y villas están dotadas de cabildo -con mayor número de regidores en aquellas que en éstas- los pueblos no lo poseen, carecen de jurisdicción y dependen de una ciudad o villa que constituye su cabecera; no existen, empero, barreras insalvables entre unas y otras». «En la esfera material, no hay prácticamente diferencias». «Casi todas las poblaciones son en su comienzo villorrios y el estatuto jurídico de que gozan en el momento de su fundación refleja antes expectativas que realidades». (Dra. Ripodas Ardanas, Daisy)

     Es muy importante ilustrar sobre las características de los asentamientos, siguiendo el trabajo de la Doctora Ripodas Ardanas sobre “Las ciudades indianas” Pág. 182 «Las disposiciones urbanísticas de la Corona -incluidas al principio en las directivas de conjunto sobre el orden de los descubrimientos o el trato de los naturales (1513-1568) y sintetizadas en la Real Instrucción de Poblaciones (1573)- atienden de preponderancia a la elección del sitio y al trazado de la ciudad. Sin detenernos en el análisis de las fuentes inspiradoras de esta doble línea de pautas -que en nuestros días han hecho correr mucha tinta- por no hacer directamente a nuestro tema, nos limitaremos a recordar cómo las mismas presidieron la fundación de los núcleos urbanos. Por un lado, se prescribía la búsqueda de un lugar saludable, con buenas aguas, abundante en animales y frutos sanos, a una altura moderada y de buen temple, requisitos cuya existencia solía establecerse a través de una inspección atenta del terreno, combinada de ser posible, con el aprovechamiento de la experiencia atesorada por los naturales, que más de una vez determina a poblar sobre asientos indígenas o al menos a guiarse por sus criterios de localización. Por otro lado se recomienda que las fundaciones fueran “ordenadas” (1513-1523) y finalmente, por las Instrucciones de 1573 se estatuía el plano en damero con lo cual no se hacía sino reconocer una modalidad inaugurada cuando el traslado de Santo Domingo (1504) y por lo común seguida de posteriores fundaciones indianas».

     Como se estableció el plano en damero en su origen se determinaron los solares de la plaza mayor, los edificios públicos, la catedral, los conventos y las casas de los primeros habitantes.

     A partir de la llegada de los españoles y el comienzo su establecimiento por medio de las fundaciones se produce un estancamiento de porque los colonizadores no compatibilizaban con el modelo preexistente adecuado al territorio montañoso y árido explotado eficazmente por los indígenas. Poco a poco se fue imponiendo la ocupación de los valles fértiles modificando casi por completo el sistema anterior.

     Existe una gran diferencia en las características de ocupación de los españoles y las de los indios. Como se puede apreciar, los aborígenes tenían una relación mucho más perfecta desde el punto de vista de la integración ecológica hombre medio que los españoles. Los españoles trataron de adaptar el medio a sus necesidades mientras que los aborígenes buscaban su adaptación al medio utilizando sectores del territorio más inhóspitas que los valles.

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