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Durante el siglo
XIX China sufrió un proceso
colonizador
por parte de ingleses, franceses, portugueses, alemanes y japoneses que
se asentaron en puertos como Cantón, Hong Kong, Nankín, Tianjín
o Shanghai, sin penetrar en el interior. China aparece como un
territorio
que explotar y un gran mercado para las potencias coloniales.
Desde el siglo XVIII la Compañía de las Indias Orientales, británica, comercia con seda, té y porcelana procedente de China. La balanza de pagos estaba desequilibrada a favor de China hasta que se empezó a traficar con opio, del que se convirtieron en grandes consumidores. Se intentó limitar este comercio por parte del Gobierno chino, pero los intereses privados presionaron a las autoridades coloniales británicas y se terminó por generar un conflicto armado en 1840 conocido como la guerra del opio. Esta guerra terminó en 1842 con el Tratado de Nankín, que supuso un nuevo status para los extranjeros y convertía a China en una colonia británica. El pago de la deuda de guerra empeñó y empobreció al Imperio chino. El servicio de aduanas quedó en manos inglesas, con lo que se abrieron al comercio muchos puertos, además del de Cantón, en los que vivían colonias internacionales de europeos bajo gobierno autónomo y con sus propias leyes.
Los productos industriales terminaron por competir con ventaja con la artesanía china. Existía una cláusula según la cual las ventajas las podía obtener cualquier país extranjero. Los EE UU fueron los primeros beneficiarios. China se convirtió en una colonia internacional a pesar del aislamiento que pretendía el Gobierno.
Las conductas capitalistas entraron en la sociedad china, que ya practicaba un capitalismo comercial, y se difundieron con rapidez las ideas liberales. Pero el orden social, en estamentos, y la estructura de la propiedad, latifundista y con explotaciones de minifundio, terminan por hacer estallar la rebelión taiping, entre 1850 y 1864; una rebelión campesina y nacionalista que prohibirá la importación de opio. En 1856 los ingleses bombardean Cantón y estalla la segunda guerra del opio, que terminará en 1858 con la cesión de más puertos a los ingleses a cambio del sostenimiento del Imperio contra los taiping.
A finales del siglo XIX, en 1894 y hasta 1911, entra en guerra con Japón, lo que supone que este país también va a gozar de las ventajas coloniales.
La asfixia de las rentas chinas es agobiante. Con la política de puertas abiertas todas las potencias podían explotar el país; y la corte manchú apenas podía controlar el territorio y malamente el gobierno.
Las rebeliones campesinas eran cada vez más frecuentes. Se comenzó a culpar a los extranjeros y se incitó a una guerra contra ellos, la rebelión de los bóxers: chinos nacionalistas, antidinásticos y antiextranjeros (1899-1900).
La situación
degeneraría en un segundo ciclo
revolucionario,
que comienza 1918 y termina
en 1927 con el triunfo
de Chang Kai-chek; del mismo signo y con los mismos efectos, aunque
empeorado
por la amenaza japonesa sobre Manchuria.
La Unión
Soviética ejercía ya un dominio ideológico y político
sobre el mundo socialista. Se formaron las primeras
guerrillas
comunistas. Mao Tse-tung
comenzaba a destacar como líder nacionalistas, pero preocupado por
hacer una reforma agraria radical. Esto supondría la transformación
de la propiedad, y progresivamente se volvió hacia el comunismo:
hacia el marxismo-leninismo.
En 1924
el gobierno nacionalista comienza a perseguir
al PCC,
que va formando el Ejército rojo.
El partido
opta por tener su fuerza revolucionaria entre el campesinado pobre. En
estos momentos, el PCC sufre persecuciones, pero crece rápidamente.
En 1927 se produce una revuelta campesina
en Hunán
que está controlada por el PCC y es aplastada violentamente. Mao
establece la primera base territorial comunista en las montañas
de Hunan. Es una base territorial revolucionaria, la «república
soviética»
en los montes de Kiangsi, que tiene
el apoyo del campesinado. En 1931 se declara la primera República
soviética china en los montes de Kiangsi, que dominan desde 1928.
Chang Kai-chek envía varias expediciones militares, con ayuda de
ingleses y alemanes, y derrota al
Ejército rojo en
1934. Después de la derrota, el Ejército rojo inicia
la larga marcha: una huida
de más de mil kilómetros
a través de China en la que se va haciendo la revolución
por donde pasa, hasta asentarse en Shansi-Yenán,
donde establecen una segunda república soviética en 1936,
con un Ejército rojo fortalecido. Se hacen las primeras
comunas y se comienza la reforma
agraria, es
la revolución.
Pero en 1936 comienzan las expediciones militares japonesas en China, en la región de Manchuria, y los comunistas hacen frente común con los nacionalistas del Kuomintang para derrotar a los japoneses, formando un frente unido antijaponés. En 1937 estalla la guerra chino-japonesa, en la que se enfrentan al enemigo con un ejército chino y fortalecido. Los comunistas controlan un mayor territorio, dominan en el campo, mientras que los japoneses controlan las ciudades. Esta circunstancia permite a los chinos el control de las comunicaciones y del abastecimiento. Los japoneses no serán derrotados hasta el final de la segunda guerra mundial. Durante la guerra el prestigio del Ejército rojo crece mucho, y se expande por toda China, sobre todo en el mundo rural, gracias a su estrategia de guerra de guerrillas. Se identifica, en la opinión popular, nacionalismo, resistencia y comunismo. El Ejército rojo trata mejor a sus soldados que el Kuomintang, tampoco maltratan al pueblo y no saquean para conseguir comida; todo ello les hace más populares que el ejército del Kuomintang. El régimen republicano se va quedando relegado en el interior, y la corrupción se generaliza en su Administración. Los comunistas llevan el peso de la guerra contra los japoneses.
Al terminar la guerra mundial comienza la guerra civil por el control del poder en China, entre el Kuomintang y los comunistas. Los estadounidenses no desean meterse en otra guerra, que queda lejos de su territorio, y dejan hacer. Además, se les pide la no intervención en las conversaciones de paz. En 1946 se produce la primera batalla entre el Kuomintang y el Ejército rojo, en Manchuria, muy lejos de las tropas americanas. En 1949 termina la guerra y se proclama la República Popular de China, el 1 de octubre.
Se iniciará un proceso de alfabetización y educación que permitirá la utilización las nuevas tecnologías en la industria y la expansión de las ideas socialistas, extrañas a la cultura tradicional china.
Comienza un proceso de reforma agraria, que será la base de la economía china. Los comisarios que llevan a cabo esta reforma difunden por todo el país la ideología comunista y las nuevas costumbres, que chocan con la tradición.
Se introduce un nuevo concepto de familia, y de sociedad igualitaria, en la que se destierran prácticas ancestrales, como el vendaje de los pies de las niñas, que están muy arraigadas.
China era un país en gran parte sin industrializar y hubo de hacerse un ingente esfuerzo para crear una estructura fabril. No obstante, esta industria se localizó en los antiguos enclaves coloniales que tenían una infraestructura mínima.
Se creó un nuevo modelo de convivencia: la comuna, que era al mismo tiempo una unidad de producción, sobre todo agrícola. Los medios de producción son colectivos, aunque al principio la explotación era individual. Sin embargo, las decisiones se toman en conjunto para toda la comuna. Los cuadros del PCC aportaban la crítica ideológica marxista. Actuaban como una sociedad democrática cerrada y dominada ideológicamente por el PCC, que era en la práctica el que mandaba. A partir de 1958 la explotación de las parcelas asignadas deja de ser individual y comienza a ser responsabilidad de un grupo: la brigada.
En 1959 Mao Tse-tung deja de ser presidente de la república, aunque continúa siendo secretario general del PCC, pero las tentaciones capitalistas y la corrupción de los cuadros ponen en peligro la revolución. Entonces Mao lanza en 1962 el «gran salto adelante», publica el «Libro rojo», en el que plasma sus ideas sobre la revolución y la sociedad china. La idea básica es la revolución permanente, la autocrítica y la crítica a los cuadros del PCC, incluso a los más elevados. Esto permitió desencadenar una feroz represión que terminó con muchos de sus compañeros. Mao asumió la dirección de la «revolución cultural».
En 1953 muere Stalin, y en 1956 Jruschev convoca el XX congreso del PCUS. El nuevo secretario general condena el estalinismo, las purgas masivas y el culto a la personalidad dentro del comunismo. Como el comunismo chino se apoyaba en la personalidad de Mao, China y la URSS rompen sus relaciones.
La política económica del PCC favoreció una economía de subsistencia en la que apenas había excedentes que comercializar, y estos únicamente se vendían en las ciudades chinas.
El alejamiento de la URSS permitió que se iniciase un acercamiento a EE UU, lo que les dio la posibilidad acceder a un mercado internacional. En 1972 se comenzó a tener relaciones diplomáticas; además, en la industria hubo un importante desarrollo.
En 1976 muere Mao Tse-tung y se inicia en China un periodo de crisis e inestabilidad política. Tras la muerte de Mao, Deng Xiao-ping se hace con el control efectivo del partido y del país. Se comienza entonces una política de apertura hacia el capitalismo económico, pero no hacia la democracia política. Se permite la propiedad privada de algunos medios de producción, como las tierras, lo que termina generalizando el minifundismo: pues nadie tiene capitales suficientes para comprar las tierras necesarias y producir para el mercado. También se permite la llegada de capital extranjero y el turismo; aunque sólo en las ciudades principales.
Con estas medidas, el comercio se revitaliza y crece la producción agrícola e industrial, gracias a una fuerza de trabajo abundante, barata y suficientemente cualificada. Sin embargo, los canales de comercialización son deficientes y no permiten poner los productos en el mercado.
Esta apertura le abrirá las puertas de los países capitalistas. En 1979 se establecen relaciones diplomáticas con EE UU y en 1984 comienza las conversaciones con Inglaterra para la descolonización de Hong Kong, que culminará, definitivamente, el 1 de julio de 1997. El 19 de diciembre de 1999 es devuelto Macao, por parte de los portugueses. Esta es la última colonia europea en Asia.
Sin embargo, la apertura económica no está acompañada por la política; incluso hay claros signos de represión. Se abre el proceso a la banda de los cuatro por corrupción durante la época de Mao, y se reprimen violentamente las manifestaciones políticas, como las que pedían democracia para China en 1989 en la plaza de Tiananmén. En 1997 muere Deng Xiao-ping y es nombrado presidente de la república Yiang Zemín, que parece impulsar la apertura, aunque es todavía una incógnita. Con la incorporación de Hong Kong, China reúne en un sólo país dos sistemas económicos antagónicos: el comunista y el capitalista.
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