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La desconcentración empresarial les permite controlar el mercado, tanto de importación como de exportación, ya que tienen en sus manos los canales de comercialización de los productos.
Las industrias se localizan en las costas de los países y en aquellas ciudades que están bien situadas en las vías del comercio internacional. Una gran empresa crea un importante impacto en la región en la que se instala, no sólo por la creación de puestos de trabajo sino, también, por la necesidad de construir unas vías de comunicación, que generalmente faltan, y que pueden ser aprovechadas para el desarrollo autóctono. Además, se eleva el nivel de instrucción de la población, ya que por lo general es muy bajo y la empresa necesita fuerza de trabajo con una capacitación mínima. Sin embargo, todo esto depende de la política japonesa.
Se
han beneficiado de este fenómeno países como Taiwán
,
Corea, Singapur, Malasia, Indonesia, Vietnam, etc., que son
considerados
como los «dragones» del sureste asiático. Todos ellos
han pasado de ser países
subdesarrollados a
estar en vías de desarrollo;
y todo gracias
a un crecimiento económico espectacular durante los últimos
20 años: Taiwán 8%, Singapur 7%, Malasia 7%, Indonesia 5%,
Corea 10%, frente al 4% de Japón. Claro que no es lo mismo el 7%
de Singapur que el 4% de Japón. No obstante, muchos de los productos
que antes exportaba Japón ahora los comercializan estos países.
Son productos de alto valor añadido,
de peor
calidad que los japoneses, pero asimilables. En ocasiones tratan de evitar
el prestigio de la marca. Corea
tiene dos grandes
firmas autóctonas: Daewoo dedicada al automóvil y Sunkyong
dedicada al petróleo, entre las 50 empresas más grandes del
mundo. Taiwán es uno de los
países más
importantes en la producción de componentes para computadoras.
El punto más débil de estas economías es su dependencia de los capitales de Japón y su producción, casi en exclusiva, para la exportación. El consumo interno de todos ellos apenas a crecido, salvo en Corea.
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