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Japón

Japón

Apuntes históricos

     Japón fue una sociedad cerrada a las influencias extranjeras durante 230 años, desde el decreto de reclusión de 1638 hasta la restauración del poder imperial y la revolución meijí que comenzará en 1868.

     Hacia 1600 el sogún Tokugaua consiguió someter a dominio feudal a todo el Japón, pero no era el emperador legítimo sino sólo un señor feudal: un samurai.

     En 1868 el emperador de Kioto restaura el poder imperial derribando al sogún y creando la dinastía meijí. La dinastía pretende modernizar la nación a la manera de los países capitalistas europeos de la época. Construye un modelo de Estado liberal de estilo occidental. En 1885 se forma un gabinete de gobierno al modo prusiano, en 1889 el emperador concede una constitución y convierte su imperio en una monarquía constitucional. El Estado se conforma con una estructura bicameral: el Congreso o Shugi-in  y la Dieta o Kokai; y habrá un Gobierno o Sangi-in.  En 1890 se realizan las primeras elecciones libres. Todo ello es un regalo imperial que tiene como objetivo modernizar el país y crear un imperio colonial al estilo europeo.

     Durante todo el período los samurais van perdiendo sus privilegios y se instalan en el Japón las costumbres occidentales, como en la manera de vestir, con lo que se borra, a golpe de decretos, la apariencia de la división de clases y estamentos.

     A pesar de todo, en Japón aún no había una sociedad de clases, ya que no había habido una revolución industrial. Este hecho condicionará la sociedad hasta nuestros días. Sin embargo, la diferencia entre samurais y comunes era cada vez menor, a fuerza de decretos. Nacen los partidos políticos, a semejanza de los europeos y con el impulso de la ilustración francesa.

     En 1877 se crea el yamagata o servicio militar obligatorio, con lo que se forma un ejército fuerte y nacionalista, y que se pone en manos de un proyecto expansionista e imperialista. Pero la potencia militar de la época se fundamenta en la industria, y para tener un ejército fuerte hace falta tener una industria que fabrique las armas. El militarismo será el origen de la industria japonesa.

     Japón se desarrolla, en principio, por el impulso del Estado, que pretende abastecer a su ejército de productos industriales, pero, luego, las empresas privadas tomarán el relevo, mientras las costumbres se occidentalizan. Esta dicotomía entre impulso del Estado e iniciativa privada será una constante en la economía japonesa, hasta nuestros días.

     El crecimiento económico de Japón y su nuevo Estado occidental le llevó a una política imperialista sobre las regiones de su entorno: Corea, China, sobre todo Manchuria, e incluso sobre las regiones orientales del Imperio ruso, que había llevado el Transiberiano hasta Vladivostok (1891-1904). En 1904 Rusia y Japón inician una guerra por el control de la zona; que ganará Japón y supondrá en Rusia el inicio del ciclo revolucionario. En la década de los 90 del siglo XIX Japón invade toda la zona; y mantendrá el control indiscutible tras la primera guerra mundial, aunque con el rechazo de chinos, coreanos y rusos.

     El apogeo del militarismo llega durante los años 30 y la segunda guerra mundial, en la que se invade Manchuria y gran parte de China, y se lanzan por el Pacífico invadiendo Filipinas, Indochina e Indonesia; toda una amplia región que le garantizaba las materias primas para su industria, que le faltaban en su territorio. Se enfrenta en el Pacífico a EE UU en una guerra de desgaste. Al finalizar el conflicto Japón está totalmente arruinado y sometido, tras una larga contienda y dos bombas atómicas sobre su territorio.

     Tras la guerra Japón queda bajo la tutela de Estados Unidos. Se impulsa la economía capitalista. Se le concede una nueva constitución, más acorde con la nueva mentalidad, creando una monarquía parlamentaria en la que el emperador era el jefe del Estado pero no tenía poderes ejecutivos. Además, se imponen acuerdos comerciales preferentes con Estados Unidos, pero que eran también ventajosos para Japón, ya que se permitió la transferencia de tecnología, a raíz de la guerra de Corea, y la industria japonesa se puede modernizar casi en su integridad; lo que le permitió obtener ventajas comparativas, ya que poseía una industria más moderna, y una mano de obra trabajadora, preparada, barata y sumisa. En estas condiciones Japón llegó pronto a ser la segunda potencia dentro de los países capitalistas.

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