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Japón

Japón

El asentamiento humano

     La ocupación humana de Japón es relativamente tardía. Apenas hay yacimientos paleolíticos. Los primeros restos de importancia que encontramos son ya neolíticos. Se considera como japoneses oriundos a la cultura yayoi, de origen mongoloide, que introdujeron la agricultura del arroz y los metales.

     Pero el sistema tradicional de cultivos se organiza hacia el siglo VIII: el sistema jori. En esta práctica se establece, por ley, la restitución periódica de las tierras entre los campesinos, cada seis años. Se asignan las parcelas, que son rectangulares y todas de igual tamaño, independientemente de su productividad. Cada parcela está delimitada por caminos o canales de riego. Se trata de un openfieldPronunciado /ópenfield/ generalizado. Esto da un paisaje rural organizado en campos de arrozales regulares, en las tierras llanas; en contraposición con las tierras de secano que se sitúan a continuación. Tras ellas encontramos las pendientes cubiertas de bosques. Es en la tierra de secano, que periódicamente se queda en barbecho, donde pasta el ganado. Aunque, no es muy intensa la integración de la ganadería y la agricultura. Sin embargo, el sistema jori no estuvo implantado en todo el territorio, sino sólo en las llanuras centrales. Las parcelas no son muy grandes, entre 5 y 10 áreas. Las más grandes son las granjas, seguidas de las parcelas de secano, y las más pequeñas son los arrozales intensivos.

     Los campos están abiertos, sin embargo, las casas suelen estar rodeadas de árboles para defenderlas del viento. En el sur encontramos, en su lugar, muros de sometimiento en las pendientes, de piedra seca.

     Las tierras de cultivo suelen dar dos cosechas, una en verano y otra en invierno, de arroz y soja por ejemplo. El poco espacio llano disponible ha obligado a practicar una agricultura intensiva.

     En general, el hábitat rural es agrupado, aunque también se da el disperso. El sistema jori facilita el hábitat agrupado, aunque no en exclusiva. Domina en las tierras llanas del viejo Japón y en las zonas de ocupación reciente. De todas formas, el hábitat rural agrupado no suele ser denso y encontramos pequeños pueblos cada pocos kilómetros. Lo más común es que el plano del pueblo sea irregular, aunque los más modernos presentan un plano regular.

     Las casas tienen varias dependencias y está rodeadas de una hilera de árboles más o menos continua. Con frecuencia, los pueblos se suceden unos a otros sin que haya un núcleo central claro. Las parcelas se disponen perpendicularmente a lo largo de los caminos, prolongando hacia el interior el frente de la casa.

     Es de destacar que, también, hay pueblos más comerciales de casas apretadas y estilo urbano. El campo japonés está muy urbanizado.

     Las ciudades japonesas tienen su origen en la Edad Media, pero se desarrollan en la época meijí. A principios del período meijí sólo cinco ciudades tenían más de 100.000 habitantes: Kioto, Edo (Tokio), Nagoya, Osaka y Kanazaua. Estas son las grandes metrópolis actuales, centro de algunas de las conurbaciones más grandes del mundo. Tokio es la ciudad más grande del mundo con sus 24.000.000 de personas.

La red urbana

     La red urbana tiene dos grandes megalópolis, formadas por dos grandes conurbaciones: Osaka, Kobe y Kioto, que forman la conurbación de Kinki (15.000.000 de habitantes); y Tokio y Yokohama que forman la conurbación de Kanto (33.000.000 de habitantes), donde encontramos, prácticamente, un continuo urbano. Estas conurbaciones tienen grandes puertos que les sirven.

     Nagoya es un centro regional completo con uno de los puertos más importantes del mundo aunque no llega al tamaño de las grandes conurbaciones: 4.000.000 de habitantes.

     Tras estos grandes centros se encuentran las ciudades satélites e industriales con alrededor de un millón de habitantes, como Hiroshima, Sendai, Kauasaki, Amagasaki, Kitakyushu, etc. Algunas de estas ciudades son centro de su región. Las ciudades de Fukuoka y Saporo están especializadas en el terciario superior, y son centros bancarios y de bolsa de primer orden mundial.

     La tercera clase de ciudades está formada por las capitales de ken (provincias), con 200.000 habitantes e influencia sólo en su ken. Todavía hay un cuarto escalón formado por las ciudades especializadas, mineras o textiles, y los pequeños centros comerciales locales, muy numerosos. En muchos de estos centros la actividad agrícola es destacada. Tras ellos está el mundo rural.

     Las ciudades están situadas en las llanuras aluviales y en las antiguas plataformas de abrasión junto a las costas. La ciudad tradicional presenta un plano ortogonal. Muchas de ellas tienen puerto, aunque no todas tienen un puerto industrial y remozado. Las grandes megalópolis son ciudades modernas con grandes edificios, pero la ciudad tradicional es de casas bajas en las que sobresalen algunos templos. Se trata de una aglomeración de casas unifamiliares de madera. Una curiosidad es que la ciudad medieval es más regular que el ensanche de la era meijí, ya que este se hizo respetando los antiguos caminos rurales. Las aceras son escasas: los peatones se refugian tras los postes y señales. La ciudad tradicional japonesa no tiene mucho colorido, si exceptuamos algunos carteles luminosos. Claro que la vida moderna ha modificado profundamente este modelo general y hoy en día apenas se distinguen de las europeas, más que en sus barrios más antiguos. Además, los terremotos y los cataclismos destruyen con cierta frecuencia las ciudades, y las reconstrucciones se hacen con criterios más occidentales, aunque no han perdido su carácter. Los rascacielos no son frecuentes ya que en general han estado prohibidos debido al peligro que suponen durante los terremotos. Sólo algunos centros comerciales de las grandes ciudades y las antenas de televisión son edificios altos.

     La casa tradicional es uno de los elementos más exóticos de Japón. Está construida con madera, abundante en el bosque japonés, de planta cuadrangular y con varias edificaciones exentas, diferenciadas funcionalmente. Entre las edificaciones encontramos jardines y patios. Sin embargo, esta casa no se remonta a tiempos lejanos, muchos elementos son relativamente modernos, como las esteras o tatami. Las maderas forman el techo, el suelo y el entramado, pero las paredes son muy frágiles, cumplen más una función de cierre que de muro. Los tabiques interiores se reducen a un panel de papel vegetal traslúcido y corredizo. Los muebles son escasos, ni mesas, ni sillas, ni camas. Esta técnica de construcción es, en general, de época meijí. El plano de la casa es aleatorio, ya que las paredes móviles permiten cambiarlo. Sin embargo, el piso se divide en varios escalones que lo elevan unos centímetros. Es costumbre estar descalzo en casa, o con sandalias de madera. Las habitaciones están poco o nada especializadas. Esta casa aparece incluso en los barrios antiguos de las ciudades.

     La casa tradicional japonesa está muy extendida por todo el país, tanto en las regiones cálidas del sur, como en las frías del norte. Esto le impide una adaptación real al medio, ya que es fruto, básicamente, de la moda. Está mal adaptada al clima, ya que es fría en invierno y calurosa en verano. No resiste los tifones ni los terremotos, ni si quiera la lluvia y la nieve o la humedad, y el fuego es un mal endémico, pero es muy barata y fácil de construir, o lo era cuando los bosques eran abundantes.

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