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La agricultura andaluza está muy especializada. Las grandes propiedades se dedican, fundamentalmente al olivo, mientras que la agricultura intensiva de la costa, se dedica a los productos hortícolas. Esta es la agricultura más productiva de España. El gran problema de la agricultura andaluza es el regadío, sobre todo en la agricultura bajo plástico, que se ha instalado en las regiones más secas del país, debido a que son, también, las que garantizan más días de calor y más cosechas por año. Estas regiones secas tienen, además, el problema de que todos los años algunas lluvias son torrenciales, lo que perjudica las cosechas. El regadío está extendido, fundamentalmente a lo largo del Guadalquivir y en la vega de Granada. En su valle se da una agricultura intensiva con explotaciones de tamaño medio. El barbecho, aunque se practica, está en franco retroceso.
El producto estrella de Andalucía es el olivar, sobre todo el aceite. Jaén y Córdoba son las regiones productoras más importantes del mundo. Le siguen todo tipo de productos hortícolas, que se cultiva en función de la demanda esperada. Entre estos cabe destacar el cultivo de la fresa en la costa onubense. En el valle del Guadiana y la vega de Granada, a parte del olivar, encontramos los cultivos cerealísticos y la remolacha azucarera.
El viñedo es un cultivo tradicional en Andalucía. Su producción no es muy grande pero sí de gran calidad. Gracias a esto algunos de los vinos de Andalucía están entre los más apreciados del mundo, como los de Jerez o Málaga. Se trata de vinos dulces.
También encontramos en Andalucía importantes extensiones de pasto, claro que en las provincias más ganaderas: Córdoba, Granada y Huelva.
La agricultura andaluza está sufriendo un proceso de transformación que la está convirtiendo en una de las agriculturas más rentables del mundo. No obstante, aún existen fuertes resistencias al cambio en las comarcas menos dinámicas del interior. El cambio de la agricultura no sólo implica un cambio en el modelo de explotación sino de todo un sistema social, hoy obsoleto, en el que los grandes terratenientes explotaban una gran cantidad de mano de obra jornalera cautiva ante la falta de alternativa. Por el contrario, los cultivos bajo plástico han promovido una actividad auxiliar de primer orden, hasta el punto de que la investigación asociada a ellos genera tanta actividad económica como los propios cultivos.
La explotación forestal tiene bastante importancia económica, y se dedica a ella cerca de un 50% de la superficie de la región. El bosque autóctono ha sufrido importantes ataques antrópicos, por lo que las principales especies forestales son los pinos de repoblación y los eucaliptos (Huelva), y los chopos en las riveras de los ríos. La encina y el roble, con aprovechamiento forestal, son escasos. La mayoría de la superficie forman parte de dehesas. La mayoría de los bosques son de propiedad privada, y su gestión responde a criterios de rentabilidad empresarial. Los bosques andaluces producen ante todo, madera para muebles y papel, corcho y leña, pero también es muy importante la caza. La provincia más madereda es Huelva, con casi el 60% de la producción. Los bosques andaluces también son muy apreciados para su uso recreativo.
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