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A lo largo del siglo XX Aragón ha ido aumentando su población a un ritmo muy inferior que el conjunto de España, por lo que su peso relativo ha ido descendiendo continuamente. En realidad, desde la Alta Edad Media Aragón siempre ha tenido pocos habitantes. Sin embargo en este panorama Zaragoza constituyen una excepción que evoluciona al revés que el resto de la región. Las poblaciones de valle del Ebro, y sobre todo Zaragoza, han ido aumentando su población hasta alcanzar densidades demográficas superiores a la media española (entre 100 y 150 h/km2). Por el contrario las montañas han ido perdiendo población hasta convertirse en despoblados, con densidades demográficas inferiores a 5 h/km2 en los Pirineos y en las sierras del sistema Ibérico. Zaragoza ha ganado población desde los años 60, sobre todo la capital, mientras que el resto de la región la ha perdido. Son las ganancias de Zaragoza lo que equilibra la balanza. Las tasas de natalidad han sido inferiores a la media española y las de mortalidad un poco superior debido al envejecimiento de la población. A este proceso hay que añadir la existencia de movimientos migratorios.
La emigración ha sido una constante a lo largo de la historia, pero a partir de 1950 las cifras se disparan. Mientras que la región en su conjunto es una emisora de emigrantes, Zaragoza se convierte en un foco de recepción de población, y crece extraordinariamente. La emigración tenido tres destinos básicos, uno hacia las capitales de provincia y algunas cabeceras comarcales (Calatayud, Ejea de los Caballeros, Barbastro, Monzón, Alcañiz, Fraga, Utebo, Jaca, Tarazona, Sabiñánigo), otro hacia Zaragoza (tras la instalación del polo de desarrollo) y otro extrarregional, hacia otras partes de España y el extranjero. En los años 50 y 60 los destinos preferidos son Cataluña (60%), Valencia y Madrid en España y Francia y Alemania en Europa. Estas salidas se ven, en buena medida, compensadas con inmigrantes procedentes de Castilla y León, Andalucía, Castilla-La Mancha y Cataluña. A pesar de que en los años 70 la emigración se detiene en toda España, Aragón continua perdiendo población hasta 1991. En la actualidad Aragón, gracias a Zaragoza, crece un 1% frente al 3% español. Este incremento se debe a un débil crecimiento vegetativo, más que a ser un receptor de inmigrantes.
Las tasas de natalidad y mortalidad han seguido el ciclo general de la transición demográfica del conjunto de España. No obstante, la natalidad, desde los años 60, se sitúa un poco por debajo de la media española, debido, hasta los años 80, a la emigración, que afectaba a la población en edad reproductora. A partir de entonces al envejecimiento ha hecho subir un poco la tasa de mortalidad. En las comarcas más despobladas el índice de masculinidad es elevadísimo por lo que sus habitantes tienen grandes dificultades para contraer matrimonio.
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