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La población está muy irregularmente repartida. El 42% de la población vive en las ocho ciudades con más de 50.000 habitantes. Valladolid, con 316.580 habitantes es la ciudad más poblada. Sólo cuatro ciudades tienen más de 100.000 habitantes, Valladolid, Burgos (166.187 h), Salamanca (156.368 h) y León (130.916 h). Las otras ciudades de más de 50.000 habitantes son Palencia (79.797 h), Zamora (64.845 h), Ponferrada (62.175 h) y Segovia (54.368 h). Hay dos capitales de provincia que no alcanzan esta cifra: Ávila (49.712 h) y Soria (35.151 h), y entre ambas se encuentra Miranda de Ebro (35.925 h). Ciudades de más de 10.000 habitantes hay tan sólo 23 que además de las dichas son: Aranda de Duero (29.942 h), San Andrés del Rabanedo (26.054 h), Medina del Campo (19.907 h), Laguna de Duero (19.013 h), Benavente (16.590 h), Béjar (15.123 h), Ciudad Rodrigo (13.991 h), Villablino (12.459 h), Astorga (12.242 h), Santa Marta de Tormes (12.090 h), La Bañeza (10.190 h) y Bembibre (10.148 h). Todas ellas acumulan el 55% de la población. Hay, pues, cuatro núcleos que concentran población por encima de la media, sin continuidad directa entre ellas: Valladolid, Salamanca, Burgos y León. No obstante, desde Palencia y Valladolid hacia el sur y entre Salamanca y Zamora encontramos más población que en las montañas, Burdos y Soria. El medio rural castellano y leonés, sobre todo en el Páramo, Tierra de Campos y la rivera del Duero, tiene densidades de población mayores que en el resto del medio rural de España.
La población castellana y leonesa es mayoritariamente urbana, pero la mayor parte del territorio de la región tiene un fuerte carácter rural. Los 2.225 municipios de menos de 10.000 habitantes tienen, además, varios núcleos de población, lo que da al poblamiento un carácter rural muy marcado. De ellos 1.974 tienen menos de 1.000 habitantes, de los cuales 1681 tiene menos de 500 y 464 menos de 100. En estos municipios hay numerosos núcleos de población abandonados.
A lo largo del siglo XX Castilla y León ha ido aumentando su población a un ritmo muy inferior que el conjunto de España, por lo que su peso relativo ha ido descendiendo continuamente. Las tasas de natalidad han sido inferiores a la media española y las de mortalidad un poco superior debido al envejecimiento de la población. A este proceso hay que añadir la existencia de movimientos migratorios.
La emigración ha sido una constante a lo largo de la historia, pero a partir de 1950 las cifras se disparan. La región en su conjunto es una emisora de emigrantes. A lo largo del siglo XX participó de las principales corrientes migratorias: a América antes de la guerra civil española, y Europa en los años 60 y 70. También se ha dado el éxodo rural del campo a la ciudad, más intensamente desde las montañas y la penillanura, aunque con la excepción de las comarcas mineras de León y Palencia, que han llegado a ser receptoras de emigrantes. Así, las capitales de provincia y alguna cabecera comarcal, como Ponferrada, Miranda de Ebro, Aranda de Duero, Medina del Campo, Laguna de Duero, Benavente, Béjar, Ciudad Rodrigo, Villablino, Astorga, etc., sirvieron de estadio intermedio en la emigración exterior. Sólo Valladolid y Burgos han atraído población, ya que aquí se establecieron entre los años 1964 y 1972. sendos polos de desarrollo.
Los principales destinos nacionales han sido el País Vasco, Cataluña y Madrid. En los años 60 y 70 el País Vasco era el principal destino pero en la actualidad lo es Madrid, ya que la región continúa siendo emisora de emigrantes. Castilla y León participa muy poco del ciclo inmigración general que ha comenzado en España. En realidad se trata de un proceso de sustitución. El saldo migratorio es negativo, aunque cada día viven en la región un porcentaje mayor de personas nacidas fuera de España.
Las bajas tasas de natalidad y mortalidad y la emigración, ha provocado un rápido envejecimiento de la población, lo que ha hecho subir un poco la tasa de mortalidad. En las comarcas más despobladas el índice de masculinidad es elevadísimo por lo que sus habitantes tienen grandes dificultades para contraer matrimonio.
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