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El suelo depende decisivamente de una topografía en cuesta casi constante, lo que empobrece mucho los suelos. A pesar de esta circunstancia en Cantabria no son frecuentes las laderas abancaladas.
El clima cántabro, lluvioso y templado, es muy bueno para el desarrollo de las especies típicas del bosque caducifolio, y en el valle del Ebro y La Liébana del bosque mediterráneo. No obstante la vegetación está intensamente transformada por la acción antrópica, una transformación que se remonta a la Prehistoria pero que ha sido más intensa en el siglo XX. Las montañas presentan un bosque claro, que ha tenido mucho aprovechamiento para pasto. La costa ha sufrido el impacto de las especies de repoblación de crecimiento rápido y aprovechamiento económico: el pino y el eucalipto. Estas especies introducidas ocupan las laderas de las montañas más próximas a la costa. En realidad, prácticamente la totalidad de la zona litoral está transformado y el bosque autóctono se reduce a las más altas montañas. En Cantabria son muy importantes, tanto en el norte como en el sur, los bosques de ribera, con el aliso como especie dominante. En Cantabria estos bosques se llaman ansares.
La especie dominante del bosque cántabro es el roble, aunque en las zonas calizas, tanto las costeras como las montañosas, aparece la encina gracias a la relativa sequedad del ambiente. El roble forma el bosque del piso basal mezclado con el aliso, bosques mixtos que aparecen junto con especies de sotobosque como el freno, avellano, arce, endrino, cornejo y tilo. Hoy en día estos bosques se reducen a las laderas más escarpadas y las riberas de los ríos más encanados. La encina, por el contrario, tiene una mayor presencia, y no solo en la comarca de La Liébana y en el sur, sino en todas las zonas calizas. Esto se debe a que los suelos calizos son peores para la agricultura, y por lo tanto ha sufrido menos la presión antrópica. En la comarca de La Liébana, y en las zonas más soleadas aparece el alcornoque. Por encima, en el piso montano (400-600 m), aparece el haya, aunque en las zonas bajas está mezclada con el roble rebollo. El haya forma bosque de importancia, que tienen una continuidad notable. El hayedo desborda los límites de la montaña cantábrica y se extiende por la ladera mediterránea, tanto en La Liébana como en el valle del Ebro. En el piso subalpino aparece el abedul, pero predomina el matorral: la landa. Predominan especies como el árgoma, el brezo en las zonas más secas, los piornos y las escobas, las jaras y los enebros en las zonas más elevadas; y por supuesto helechos y retamas.
En las tierras más altas, pero también en las laderas dedicadas a pasto, aparece la pradera herbácea. Por encima de los 1.700 metros la pradera es natural pero por debajo responden a la acción antrópica. Las más altas son praderas de diente, donde pasta el ganado, mientras que las más bajas son praderas de siega, aprovechadas para el forraje de invierno.
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