|
|
|
|
|
Sin embargo, es prácticamente imposible determinar cuántos habitantes había entonces. Es muy posible que procedieran del norte de África. Pero sólo en la época Musteriense comienzan a abundar los restos humanos de Homo sápiens. Se calcula que había unos 10.000 habitantes, y que a finales del Paleolítico ascenderían a unos 30.000, pero nada seguro. La tasa de crecimiento durante esta época sería del 0,02-0,05‰, con lo que la población se duplicaría en unos 15.000 años, prácticamente estancada.
A pesar del aumento de población, la tasa de crecimiento no debió superar el 0,2-0,5‰, durante todo el período. Esta sería la situación hasta la llegada de Roma.
Parece ser que la esperanza de vida de los romanos no era muy superior a la de las poblaciones indígenas. Sobre todo en la esperanza de vida al nacimiento.
La península ibérica fue escenario de las primeras epidemias documentadas en el Mediterráneo occidental, a finales del siglo II. Durante el siguiente siglo tuvieron lugar las invasiones de los pueblos germánicos y las migraciones indoeuropeas. Pero la auténtica invasión ocurrió en el siglo V. Con ellas la sociedad se vuelve rural, cae la fecundidad y la nupcialidad, debido al clima de violencia e inseguridad. Esta caída de las tasas demográficas supuso que hacia el siglo VI, cuando los visigodos se asentaron en Hispania, no hubiese más de 4.000.000 de habitantes.
Por otro lado la ocupación visigoda nunca fue una invasión masiva. Los visigodos que dominaron Hispania no debieron ser muchos más de 200.000. En esta época la población creció, a pesar de la alta mortalidad, probablemente debido a una nupcialidad temprana y universal. Pero también debieron ser muy comunes las prácticas de aborto, infanticidio y exposición, ante la falta de recursos económicos. El Concilio de Toledo del 589 condenaba expresamente estas prácticas.
A finales del siglo VI llegan a España las grandes epidemias, que diezman la población. La peste bubónica en el 542, el 588, y entre el 687 y el 702. Muy posiblemente hacia el año 700 la población alcanzase sus niveles más bajos desde el fin del Imperio romano.
La presencia de beréberes no se consolidó hasta la organización del ejército de Almanzor, a finales del siglo X. Luego, con las invasiones almorávide y almohade de los siglos XI y XII, llegarían más norteafricanos, pero siempre serían una minoría. La mayoría de la población era muladí, al lado de ellos estaban los mozárabes, los judíos, los árabes, sirios, egipcios y beréberes, los esclavos negros y blancos y los esclavones. Los mozárabes desaparecerían en 1126, perseguidos por los almorávides.
El crecimiento vegetativo de la población musulmana era notable, pero las persecuciones terminaban, con frecuencia, con la huida o el destierro de amplios sectores de la población. Además, la Reconquista no favoreció un clima de paz en el que la población creciese sin trabas.
El proceso de reconquista lleva asociado el concepto de repoblación. Aunque en ocasiones, en las tierras conquistadas, se expulsaba a los habitantes para permitir el asentamiento de forasteros. La Reconquista tiene como motivo inmediato conseguir tierras para los colonos cristianos, al menos en principio.
Se calcula que los habitantes que se refugiaron en los valles del norte tras la invasión musulmana eran unos 500.000, una auténtica superpoblación para la zona y sus recursos. Esta situación provocó que las primeras campañas de reconquista, del siglo VIII, tuvieran un marcado acento repoblador, para ocupar las tierras de frontera. Pero las repoblaciones de los territorios más allá del norte del Duero y el Ebro son más producto de la voluntad y la planificación que de la ocupación espontánea por parte de agricultores. Los condes y los reyes pretendían fijar colonos cristianos en las nuevas tierras conquistadas para asegurarse su dominio. Este impulso se vio favorecido por un incremento, lento pero continuo, de la población cristiana.
Durante los siglos IX y X la repoblación del norte del Duero y Cataluña la vieja se hizo con población cristiana. Desde mediados del siglo XI y hasta el XIII, la Reconquista avanzará sobre territorios poblados por musulmanes, pero coincidirá con una etapa de crecimiento de la población cristiana.
La población musulmana vivía mayoritariamente en ciudades, más que la cristiana, pero esta se volvió urbana al conquistar los territorios musulmanes del sur del Tajo. Muchas veces, la repoblación de estas zonas se hubo de hacer tras la expulsión de la población autóctona. Estas repoblaciones están dirigidas por las órdenes militares y la Iglesia. En general, hay demasiado espacio para repoblar, por lo que surge la gran propiedad y la agricultura extensiva. Algunas poblaciones, creadas para colonizar ciertas zonas, fracasaron, al ser tierras pobres; otras fueron abandonadas, principalmente tras la conquista de Toledo en el 1085. Durante la repoblación, por medio del asentamiento de colonos, se creó la red urbana de los reinos cristianos, a través del sistema de presura, el concejil y de los fueros que se concedían, aunque en principio serán aldeas de pocos vecinos, entre 50 y 100.
En esta época el camino de Santiago es una zona pacificada, y la población se asienta en su entorno; sobre todo emigrantes francos. En las tierras conquistadas permanecían los moriscos, pero con frecuencia fueron expulsados, sobre todo tras las rebeliones (1264 en las Alpujarras).
La expansión de la Reconquista no se hizo por falta de tierras, había de sobra, sino por motivos políticos. Las ventajas que ofrecían los fueros de las poblaciones del sur provocaron la emigración desde el norte y la despoblación de las montañas cantábricas y la cuenca del Duero. En definitiva, este es un ciclo de intensas migraciones en todas las direcciones.
En el período 750-1100 es dudoso que en la península hubiera más de 4.000.000 de habitantes, el norte sería la región con mayor densidad de población. Su crecimiento sería escaso, debido al hambre, las revueltas internas y las guerras. Los fenómenos migratorios son intensos, como la llegada de mozárabes a León durante del siglo X.
Durante los siglos XII y XIII la Reconquista continúa, y la población aumenta ligeramente. A finales del siglo XIII, cuando sólo queda Granada, la población sería de unos 5.500.000. Este aumento se atribuye a la temprana nupcialidad en las zonas seguras, y a las aportaciones de mozárabes y judíos a los reinos cristianos. Tras la expulsión de los mudéjares en 1264 muchos se instalan en Castilla.
Entre los siglos XIV y XV la población disminuye. En realidad se da una crisis en el siglo XIV y un a recuperación en el siglo XV. La causa parece ser la peste negra, que asola la península. La epidemia afecta primero a Aragón y luego a Navarra y Castilla. Las epidemias son sucesivas y continuas desde 1348 hasta 1400. La primera se detecta en 1348 y dura hasta 1350, y afectó principalmente a Andalucía. Se calcula que la peste acabó con la vida de un tercio de la población, sobre todo en Aragón. La mortalidad producida por la peste negra produjo una crisis de subsistencia, al dejar los campos sin gran parte de la fuerza de trabajo. Esto significó el hambre, en muchas zonas de Aragón a la que se suma la huida de población con motivo de la guerra de 1462-1472.
En el año 1492 se expulsa de España a unos 150.000 judíos, después de lo cual la población debe ser de unos 5.000.000 de habitantes, 6.000.000 si se incluye Portugal.
Además, España es tierra de inmigración para los europeos, sobre todo franceses, que llegan a la Corona de Aragón. Estas inmigraciones compensan las emigraciones de españoles a América.
La natalidad crece, ya que la fecundidad legítima es elevada. Los matrimonios son tempranos, los moriscos se casarán muy jóvenes. Pero también se incrementa la natalidad ilegítima en las ciudades.
El crecimiento de la población, en Castilla, se conoce gracias a la existencia de vecindarios, tras el Concilio de Trento (1545-1563). Se conocen también la existencia de episodios de mortalidad catastrófica, como la peste de 1507, el tifus de 1557, el hambre de 1570, el catarro de 1580, la peste atlántica de 1596-1602, etc. Pero sabemos muy poco sobre la mortalidad ordinaria. El crecimiento demográfico se debió al aumento de la fecundidad y a la inmigración.
En el siglo XVII la población decrece, al ritmo de la crisis económica. Esta etapa es mejor conocida, ya que comienzan a registrarse, sistemáticamente, los bautizos y las defunciones. De esta época son también los primeros recuentos por vecinos, los padrones municipales y los eclesiásticos; aunque son incompletos. De todas formas, se sabe muy poco de esta etapa. Parece que hubo un ligero aumento de 1.000.000 de habitantes, con un incremento del 0,1% anual: muy bajo. Aumenta la mortalidad catastrófica, debido a las pestes y la hambre, que ahora se hacen crónicas. Pudo haber al rededor de 1.500.000 víctimas. Sin embargo, no bastan para explicar el descenso de población.
La crisis económica hizo elevar la edad del matrimonio, por lo que la fecundidad desciende alarmantemente. Además, hay un alto incide de celibato definitivo, hasta el 10%. Se generalizan las prácticas maltusianas como el aborto y el infanticidio.
La expulsión de los moriscos en 1609 supuso un duro golpe para la población aragonesa. La emigración a América aumentó en Castilla. La emigración y la mortalidad catastrófica hicieron disminuir la población, a pesar de que la inmigración francesa continuaba siendo importante, principalmente en Cataluña.
Las causas de la disminución de la población no inciden lo mismo en todas partes. En Aragón la expulsión de los moriscos afecta a un 16,2% de la población, en Valencia a un 18,8%, mientras que en otras partes no llega al 2%. La peste de 1676-1683, golpeó sobre todo a Murcia y a Andalucía, y la emigración a América predominó en Castilla y Extremadura, a la que se suman los contingentes de milicianos que luchan en los Tercios en Europa y los funcionarios europeos. La emigración en Castilla tiene particular importancia, ya que afecta, principalmente, a los adultos varones.
El primer recuento de población que abarcó todo el territorio se hizo en la segunda década del siglo XVIII: El vecindario de Campoflorido, entre 1712 y 1717. En él se estimaba que la población española era de unos 7.500.000 de personas. A partir de él todos los censos realizados se han saldado con un incremento de la población, aunque esto no quiere decir que no hubiese períodos de recesión. En la segunda mitad del siglo se comienzan a hacer censos individuales, o de almas, en lugar de vecinos. El Censo que se incluye en el Catastro del Marqués de Ensenada en 1752 se salda con unos 9.400.000 habitantes, un incremento importante, con una tasa anual de un 0,4%.
La emigración continuó siendo una constante en las zonas del norte. Se incrementó la emigración americana, y a las comarcas del sur de la península. Cataluña continuó recibiendo inmigrantes franceses.
El incremento de la población se debió a una menor actividad de las pestes y una escasa incidencia de las crisis de subsistencia. El maíz y la patata se utilizan en la alimentación humana. Además, empiezan a generalizarse las prácticas sanitarias. Comienza la inoculación de la vacuna contra la viruela. En el siglo XVIII hay una política decididamente poblacionista, ya que los economistas fisiócratas creen que la riqueza de un país está en la tierra y en la población que haya para trabajarla. Todo ello nos pone en el camino del ciclo demográfico moderno.
Los gitanos llegan en el siglo XV, son una población nómada. Los vagabundos no están bien considerados en el país. Sufren persecuciones que llegan a su máxima expresión durante el reinado de Fernando VI con la prisión general, decretada por el marqués de Ensenada, que incluso pensó en la extinción final, y que no se levantará hasta que Carlos III decrete la libre circulación en 1783, aunque con la prohibición de vagabundear. Se calcula que en el siglo XVIII hay unos 12.000 gitanos, y aunque eran libres, socialmente estaban discriminados para el ejercicio de muchas profesiones.
La población vagabunda y mendicante siempre fue de difícil cuantificación, aunque aumentan en época de crisis. De ella tenemos noticias por la novela picaresca, que refleja la situación de una parte de la población importante. Estas personas son las que sufren las levas para el ejército, y las leyes de vagos que les obligan a trabajar por poco dinero en obras públicas. Proliferan los conventos donde se ofrece la sopa boba y los hospicios para los huérfanos. En ellos se trabaja bajo el control de los gremios en oficios útiles.
La esclavitud fue un fenómeno de poca importancia, aunque no faltaron esclavos en la península. Fue más importante durante la reconquista, pero una vez terminada disminuyó rápidamente. A finales del siglo XVI podía haber en España unos 50.000 esclavos, concentrados en Sevilla, mayoritariamente. En el siglo XVII la crisis casi terminó con el fenómeno. En el siglo XVIII los esclavos en la península eran una anécdota.
|
|
|
|
|
![]()