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España: La vegetación

     La variedad biogeográfica de España es muy notable: la mayor de Europa y una de las mayores del mundo. Aquí encontraremos muchísimos endemismos. Esta diversidad biocenótica es fruto de tres factores: la complejidad litológica, la variedad climática y la situación de la península en la zona de transición entre dos regiones: la Eurosiberiana y la Mediterránea, del imperio Holoártico. Además, Canarias pertenece al imperio Africano-Malgache y a la región Macaronésica.

     La región Eurosiberiana se divide en tres dominios: Submediterráneo, Atlántico-Europeo y Alpino. El dominio Submediterráneo está caracterizado por la mezcla de especies y comunidades vegetales mediterráneas y eurosiberianas. Estas últimas son las que predominan, bosques caducifolios, sobre todo robledales. Se da en los Pirineos, principalmente. El dominio Atlántico-Europeo posee endemismos de brezos y tejos, se da en la cornisa cantábrica y los sistemas Central e Ibérico. El dominio Alpino, que tiene especies casi árticas, residuales de las glaciaciones, se da en las montañas, tanto pirenaicas como cantábricas. En general, la especie dominante es el roble, en los suelos básicos, y el haya, en los suelos ácidos. El sotobosque es de tejo, brezo y lavanda. La degradación del bosque es el prado y la pradera alpina. En los lugares más fríos aparecen las especies coníferas.

     El resto de la península pertenece a la región Mediterránea. Sus márgenes coinciden, a grandes rasgos, con el límite del olivo. Los endemismos son aquí muy acusados. La vegetación dominante es xerófila. Predomina la encina, con sotobosque de roble, enebro, sabina, madroño y especies espinosas, leñosas y aromáticas. En las zonas de suelos ácidos, y en las regiones frías, donde no prospera la encina, la especie dominante es el roble y el rebollo. Esta es una región muy humanizada. La intervención humana ha modificado notablemente el bosque, formando monte claro y dehesa. El bosque mediterráneo se degrada, de forma natural, en maquis, garriga y estepa; dependiendo de la especie dominante y la densidad tras la desaparición de la encina.

     En la zona Subdesértica aparecen especies como la palmera, la coscoja, el cactus y otras xerófilas espinosas.

     En la región Macaronésica, que se da en Canarias y la costa sur, desde Tarifa al cabo de San Vicente, predomina las especies xeromorfas, pero destacan también las formaciones de laurisilva relicta. Se dan especies como la aulaga, la sabina, palmeras y laurel. La formación de laurisilva degrada en faya y brezal, que son las especies de sotobosque. También aparece el pino (pino canario) en las regiones más altas. El drago es un endemismo característico de estas islas.

     La montaña introduce diferencias notables, por la altitud y la orientación, que influyen en los topoclimas. Además, persiste vegetación residual en algunas zonas. La cliserie general en España es: encina, roble, rebollo, hayedo, coníferas, abedul y pradera alpina. Aunque en ninguna parte se encuentra entera. Los diferentes pisos aumentan en altitud y descienden en potencia de norte a sur. En las Béticas no existe piso subalpino. Dentro de un mismo sistema montañoso la altitud del piso puede variar en función de la orientación y del tipo de suelo. En casos particulares, como la existencia de calizas en las cumbres, se puede invertir la cliserie, con lo que encontraremos encinas por encima del roble.

     En España es muy importante el bosque y la vegetación de ribera, ya que por la sequedad del clima muchas especies se refugian en las orillas de los ríos para sobrevivir. Se dan especies como le olmo, el álamo y el chopo, es decir, especies caducifolias.

     La deforestación ha sido un proceso histórico de degradación, para conseguir tierras de cultivo y pasto. Tras esto fue necesaria la repoblación del bosque, que se hizo con plantas de crecimiento rápido. Estas especies pueden ser climáticas, como el pino silvestre o el pino marítimo gallego, o foráneas, como el eucalipto plantado en Asturias y Huelva. El abuso repoblador con especies coníferas ha favorecido los incendios, la degradación del suelo y la rapidez de la deforestación.

     La vegetación española está sufriendo un auténtico ataque de origen antrópico, por medio de los incendios, y la contaminación (está empezando a aparecer la lluvia ácida). Otros factores, como el cambio climático, están por demostrar. El problema de los cambios, aunque sean leves, en la biocenosis es que muchas especies son endémicas y relictas, es decir, aparecieron aquí en condiciones ecológicas que ya no se dan. Una degradación del sistema que las mantiene, o una desaparición, no es temporal, ya que no se pueden regenerar, porque no existen unas condiciones ecológicas favorables.

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