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Desde 1991 no existe la URSS, pero el paisaje agrícola ha cambiado muy poco, los agricultores han pasado a ser arrendatarios del Estado, pero la agricultura sigue siendo, como en el pasado, una forma de vida. Hasta el 15 de junio del 2001 no se aprobó una ley que permite vender la tierra.
El paisaje agrícola se formó durante los años de la URSS. En esta época había dos tipos de explotaciones: los sovjoces, de propiedad estatal, en los que los agricultores trabajan por un salario para el Estado, como funcionarios; y los koljoces de propiedad colectiva, pero en los que los propietarios son los agricultores, y por lo tanto se reparten los beneficios entre todos. Son dueños de sus viviendas y de un dvor, o pequeño lote de tierra en el cada cual cultiva productos de huerta y ganado menor, para el consumo propio.
En la agricultura socialista el trabajo se planifica y se ejecuta en una asamblea en la que participan todos los miembros del koljoz. Además, pueden elegir a su consejo de administración, y tienen la posibilidad de gestionar su producción, lo que hizo más rentables a los koljoces que a los sovjoces, y también más populares. Los koljoces son el origen de los pueblos agrícolas de la actualidad, aunque aún no ha pasado el tiempo suficiente ni para que se consolide otro modelo ni para que se cambien el paisaje de manera significativa.
Un caso particular es el de la República Popular China. En China la vida rural es el modelo de revolución, y se fundamenta en la agricultura de tipo asiático. La célula de producción es la comuna, que se crea en 1950, y que será ante todo un modelo de vida ideológico. En la comuna se reparte la tierra que se cultiva individualmente, pero con unos criterios colectivos que se deciden en la comuna, y con medios de producción que pertenecen a la comuna; todo ello bajo el principio de la ayuda mutua. Esto implicó un aumento del minifundismo en las explotaciones y la necesidad de producir con mucha fuerza de trabajo, lo que impidió la mecanización y la asunción de los principios de la revolución verde.
Desde 1958 la explotación deja de ser individual y pasa a ser responsabilidad de un pequeño grupo de agricultores, la brigada, que organiza la producción y las tareas agrícolas.
En la economía socialista la producción se establece antes de la campaña, con lo cual, a veces, hay problemas de abastecimiento y es necesario recurrir a la importación. La producción o pertenece al Estado o la controla, y es el Estado el responsable de ponerla en el mercado. Los bajos precios de los productos generan mercados paralelos, ilegales, que complementan la economía familiar.
Las actuales políticas en los países socialistas, y el antiguo territorio de la URSS, tienden a una progresiva privatización de las explotaciones y a una liberalización del comercio. Pero los actuales campesinos no tienen capitales suficientes como para hacerse con la propiedad de la tierra, o con una explotación de tamaño suficiente. Esta es la razón fundamental por la que perviven las estructuras socialistas. Aún más difícil es hacerse con el control de los latifundios, e incluso renovar la maquinaria. Pero el problema más grave de la agricultura en los países que han abandonado el socialismo es la dificultad de comercializar los productos; por la ausencia, casi absoluta, de canales de distribución adecuados. Esto está provocando una vuelta a un policultivo de subsistencia.
La agricultura socialista creó un tipo de explotación, un tipo de poblamiento y un tipo de distribución en el mercado, que no es posible desmontar tan fácilmente, por medio de leyes. Para ello es necesario, y urgente, invertir y acumular capital.
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