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Sistemas agrarios

Los sistemas agrarios tradicionales

     Si bien es cierto que la agricultura tradicional se diferencia ampliamente según el ámbito ecológico y la sociedad donde se desarrolla, también es cierto que, independientemente de su paisaje y sus condicionamientos, podemos definir unas líneas comunes que la precisan.

     Una de sus principales características es el atraso técnico y tecnológico, que implica una economía de subsistencia en la que se consume todo lo que se produce y se dedica al gasto familiar gran parte de lo cultivado en la tierra. La creación de vías de comunicación, y el consiguiente acceso a los mercados, permite una progresiva reducción de la superficie de cultivo, al poder obtener productos más baratos que los que se cultivan. Además, el conocimiento de otras técnicas de cultivo favorece la asunción de una tecnología mucho más avanzada.

     Este tipo de agricultura lo practica en la actualidad más de 1/5 de la humanidad, y supone gran parte de la superficie agrícola del mundo. En general, la encontramos en los países subdesarrollados y con problemas de superpoblación. La revolución verde trató de superar estos problemas, pero provocó un cambio drástico en la dieta. Además, frecuentemente, destruyó los sistemas tradicionales de cultivo y provocó algunas crisis ecológicas.

     El incremento de la producción agraria ha llegado a cubrir las necesidades calóricas de la población en los países del Tercer Mundo, hasta en las regiones más pobladas, pero sólo en términos estadísticos, ya que no siempre los alimentos están bien repartidos, ni son los que tradicionalmente se consumen. Por el contrario, se ha reducido la variedad de los alimentos. Los factores fundamentales de este progreso son: la intensificación de la productividad en las tierras de cultivo y el recurso a una abundante mano de obra, barata. Sin embargo, ha sido la desaparición paulatina de los modos de producción agrícola tradicionales los que han supuesto la aparición de las grandes desigualdades, y del hambre crónica para gran parte de la población del Tercer Mundo. La irrupción de la agricultura capitalista ha generado un proletariado agrícola y rural de campesinos sin tierra, o con explotaciones minifundistas.

     En la actualidad son escasos los pueblos de cazadores y recolectores. Sólo los encontramos en el ámbito ecuatorial de África y América. También son muy pocos los pueblos dedicados a la agricultura o ganadería nómada o seminómada, pero estos están más extendidos. Los encontramos en el entorno de las regiones ecuatoriales o en las grandes estepas de Eurasia.

     Mayor presencia tienen los pueblos dedicados a la agricultura itinerante o cíclica. Los podemos encontrar en las regiones tropicales de África. Practican una agricultura extensiva con técnicas y labores de cultivo muy elementales. Los utensilios básicos son: el hacha, la azada y el bastón, y los métodos de preparación del suelo el fuego y la roza, para lo que se limpia las tierras de las matas y hierbas inútiles antes de labrarlas. La tierra rozada queda limpia de los arbustos que naturalmente se crían, para poder sembrar en ella. Con la azada fue posible retirar de la tierra los pies de los troncos de los árboles quemados, con lo que se introduce un cambio radical en la biocenosis. Este proceso implica una selección de las plantas útiles, a las que se favorece, frente a otras que no lo son.

     Todos estos pueblos practican un policultivo de subsistencia que les proporciona todos los alimentos que consumen. En este tipo de agricultura es fundamental la integración de la ganadería, que ocupa las tierras que quedan en barbecho. No obstante, hay varios tipos de barbecho: el corto, en las tierras sobre las que se vuelve a cultivar en uno o dos años, antes de que se recupere el bosque; y el largo en el que se permite la recuperación total del bosque.

     En este modelo la propiedad del suelo, normalmente, es comunal, ya que todos participan en la roza del bosque. Pero, también, hay propiedad privada, bien sea esta de la explotación, que se trabaja temporalmente, o de la producción.

     Esta es una agricultura que no proporciona excedentes, por lo que está en franco retroceso ante el empuje de la agricultura capitalista. Sin embargo, exceptuando algunos casos, la agricultura tradicional está afectada por la técnica y las modernizaciones propugnadas por la revolución verde. La agricultura de secano comienza a reducir los barbechos: con la utilización de abonos, los ciclos de cultivos y los regadíos. La introducción de cultivos comerciales debilita el sistema tradicional, comprometiendo el equilibrio biológico del suelo y obligando a los distintos pueblos a cultivar unos productos que no van a consumir ellos.

     Existe también una agricultura tradicional intensiva, cuyo paradigma es el arrozal asiático. Este modelo se caracteriza por el minifundismo de la explotación, debido a razones técnicas, demográficas y jurídicas, que no permiten la mecanización de las labores agrícolas. Básicamente, se utilizan el arado y la hoz. El incremento de la productividad de la tierra se ha logrado a costa de la selección genética de las semillas de arroz.

     El arrozal asiático es el sistema económico preferente en todo el sudeste asiático, China y el Japón tradicional, en el que encontramos el sistema jori. Este régimen se organiza hacia el siglo VIII. En él se establece, por ley, la redistribución periódica de las tierras entre los campesinos, cada seis años. Se asignan las parcelas; que son rectangulares y todas de igual tamaño, independientemente de su productividad. Cada parcela está delimitada por caminos o canales de riego. Se trata de un openfieldPronunciado /ópenfield/ generalizado. La voluntad social y el sistema jurídico son fundamentales para el funcionamiento de esta práctica.

     El arrozal asiático organiza el paisaje rural en campos de arrozales regulares en las tierras llanas, en contraposición con las tierras de secano, que se sitúan a continuación. Tras ellas encontramos las pendientes cubiertas de bosques. Es en la tierra de secano, que periódicamente se queda en barbecho, donde pasta el ganado. Aunque no es muy intensa la integración de la ganadería en la agricultura. Las parcelas no son muy grandes, entre 5 y 10 áreas. Las más grandes son las granjas, seguidas de las parcelas de secano y las más pequeñas son los arrozales intensivos.

     La agricultura tradicional está en franco retroceso en todo el mundo, debido a la utilización de la tecnología y a los avances científicos. Pero la producción obtenida mayoritariamente es para el mercado, frecuentemente el internacional, lo que reduce las tierras, y el tiempo, dedicados al policultivo tradicional, que constituyen sus productos de consumo. Esto desarticula, también, la estructura de la propiedad, que genera un excedente de fuerza de trabajo, el cual termina pasando hambre.

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