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La ciudad neolítica se convierte en modelo de convivencia. En ella se encuentra la industria y el mercado, y gracias a estas actividades puede crecer, tanto en extensión como en población. Pero el tamaño de esta ciudad es limitado por culpa de la productividad agrícola e industrial, la capacidad del mercado y las posibilidades técnicas, que no permiten grandes aglomeraciones, aunque algunas ciudades de la antigüedad han sido muy grandes, acercándose al millón de habitantes, como Roma.
Las primeras
civilizaciones urbanas aparecen hace unos 5000 años
en siete regiones diferentes: la llanura del valle
del río Hoang-ho
(Huixia, Anyang, Gaocheng), el valle del
Indo (Harapa,
Mohenjo-Daro, Balatok), los valles del
Tigris y el Éufrates
(Nínive, Babilonia, Ur, Uruk, Asur), el valle
del
Nilo (Ilahun, Menfis, Giza, Tebas, Abidos), el valle
del Níger (Goa, Tomboctú), las altas
mesetas mesoamericanas (Tikal, Cocaxtlan, El Tajín,
Tenochtitlan,
Copán), y las alturas peruanas
(Tiahuanaco,
Pikimachay, Machu Picchu, Nazca). No se puede descartar una
comunicación
entre todas estas regiones, pero no parece que fueran lo
suficientemente
intensas como para determinar que una de ellas es el origen y las demás
son focos de difusión, particularmente si consideramos las
civilizaciones
urbanas americanas. Es de destacar que en todas estas zonas hay un denominador
común: las primeras ciudades se sitúan en una llanura
aluvial y con buenas posibilidades para
la agricultura,
lo que demuestra la enorme dependencia del entorno inmediato de la
ciudad
antigua.
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