|
|
|
|
Aparece el capitalismo industrial y la creación de una nueva sociedad, la de clases, con la burguesía dominadora del poder político; desde la Revolución francesa y las revoluciones burguesas del 38, 48 y 68, y con el proletariado cada vez más explotado y con unas condiciones de vida miserables. La burguesía es la ostentadora del poder económico, y pronto lo será del político. Su concepto de propiedad es diferente al que había en la Edad Moderna: es la propiedad absoluta, libre de servidumbres y que se pueda comprar y vender. Uno de los hechos más trascendentales para la construcción de la nueva ciudad es la desamortización, que pone en el mercado mucho suelo urbano y posibilita la especulación por parte de la burguesía, cosa totalmente aceptada en la época.
Durante el siglo XIX la ciudad cambia radicalmente, se hace industrial y burguesa; y crece hasta dimensiones insospechadas, gracias al transporte. La ciudad contemporánea gravita sobre dos ideas básicas: la concentración del mercado en torno a la creación de un centro urbano y la reunión de la fuerza de trabajo y los consumidores.
El prototipo
de ciudad es París, y la reforma de Haussmann
el modelo de actuación en todo el mundo. Haussmann propone una ciudad
ordenada, en la que estén presentes los supuestos higienistas
de los ilustrados: alcantarillas, iluminación, calles anchas y
arboladas,
etc. Pero, además, esta ciudad está construida con criterios
policiales, ya que se propone un plano;
bien sea este radial, ortogonal, o cualquier otro; que permite la
represión
de las manifestaciones revolucionarias. Sin embargo, lo importante del
modelo de Haussmann no es esto, sino el hecho de que somete a la ciudad
antigua a toda una operación de cirugía
urbana,
tirando lo viejo para construir lo nuevo, y todo ello financiado por
los
poderes públicos: Haussmann es un ministro de Napoleón III.
El primer hecho
significativo es la reforma interior.
Consiste en
un plan de rectificación y ensanchamiento de calles en el que el
municipio pone gran parte del capital. Es un negocio especulativo, en
el
que se crea la «gran
vía».
Este espacio se convierte en una zona
comercial y
se reserva a la burguesía. Es la creación del centro urbano.
El centro urbano es la zona
principal donde se hacen
los negocios, y en torno a la cual se disponen las demás funciones
de la ciudad, desde la administración a la residencia. El centro
urbano genera una segregación social
en el
espacio en virtud de los diferentes precios
del suelo
que se crean con la actividad comercial y
terciaria.
En el centro es donde
se concentran los edificios más altos
que están
dedicados a oficinas. A él se llega desde
cualquier
parte de la ciudad. El precio del suelo es muy caro. En
las ciudades
españolas se encuentra en el ensanche.
La reforma
interior engarza con el ensanche:
un plan de expansión
de la ciudad reservado a la burguesía y a la función servicios,
que como prolongación de la reforma interior y la gran
vía, se dirige, en la mayoría de los casos, a la estación
del ferrocarril; verdadero motor de la industrialización
y del desarrollo económico. Esta expansión supone la desamortización
de los solares intramuros y
el derribo
de las murallas, al menos en el área de crecimiento. La
tendencia
es a la colmatación de la ciudad y a la progresiva desaparición
de los espacios verdes, salvo algunos que fueron retenidos
por motivos
especulativos, o programados en el Plan de Ensanche y Reforma Interior.
En todas las ciudades de España
se hace ensanche:
el de Madrid fue diseñado
por Carlos María
de Castro, el de Barcelona
por Ildefonso Cerdá,
pero también en León, Málaga, Mataró, etc.
Además, algunas ciudades que no tuvieron
Plan de Ensanche,
el crecimiento de la ciudad en el eje de la estación hizo las veces
de él, como en Oviedo o en Valladolid. Fuera del ensanche y la ciudad
antigua quedaría el extrarradio.
Alrededor del
centro
urbano y en torno al ferrocarril aparece la industria
urbana, que caracteriza a la ciudad del siglo XIX. Pero
las necesidades
de espacio y los problemas
de la contaminación
terminan por expulsar esta actividad de las urbes, en favor de la
función
residencial y terciaria. La industria se instala en el extrarradio,
cada vez más lejano del centro, a medida que crece la ciudad.
Los altos
precios de las parcelas tras los planes de reforma
interior y ensanche
suponen que el proletariado no puede acceder a estas viviendas, por lo
que aparecen dos tipos de vivienda
marginal: las barriadas
del extrarradio, parcelaciones ilegales, sin un proyecto
conjunto
y que dan al plano un aspecto
irregular,
a pesar de su regularidad interna; y los corrales
o
casas de vecinos, en los cascos
antiguos de las ciudades
y en el ensanche. Estos corrales se suelen encontrar en el interior de
las manzanas o en los edificios abandonados por la burguesía, que
progresivamente se van deteriorando. Las parcelaciones ilegales
carecerán
de infraestructura sanitaria, ya que el Ayuntamiento no las reconocerá.
Los altos precios hacen caro el suelo incluso
para la burguesía,
por lo que los planes iniciales casi nunca se cumplen. Las parcelas
se dividen, creándose calles nuevas, porque son muy caras
para un solo promotor. Las casas que se construyen tienen más pisos
de los previstos y menos espacio verde, todo para rentabilizar del
suelo.
Con el tiempo, la burguesía fue trasladándose al ensanche y el casco antiguo se fue degradando socialmente hasta que recientemente el interés por conservar los testimonios del pasado y su nueva función, como lugar de ocio y turismo, lo ha revitalizado, para lo que está siendo necesario expulsar de allí a las clases marginadas.
La nueva economía capitalista industrial creará una ciudad que acoja el mercado concentrado, pero también al proletariado que trabaja en las fábricas, por eso, en todos los países del mundo, en algún momento, hay un éxodo rural, el abandono del campo y la emigración a la ciudad, donde está la industria. Esta concentración de la mano de obra no sólo pretende tener la fuerza de trabajo agrupada y cerca, sino también desvinculada del medio rural, al que podrían volver en caso de crisis. De esta manera la burguesía se asegura que la fuerza de trabajo depende de ella para sobrevivir, y de paso que tiene dedicación exclusiva, por lo que no hay escasez de mano de obra en las épocas agrícolamente activas.
Con la explosión demográfica y la urbanización de la sociedad industrial, las ciudades crecen. El transporte urbano es el que posibilita el crecimiento de las ciudades en superficie, hasta límites insospechados poco antes, y sin grandes trastornos de tiempo. El tranvía es el símbolo de la ciudad decimonónica y el coche privado el de la ciudad de nuestro tiempo.
Tras la generalización del coche privado, la ciudad ha de adaptar su infraestructura para su uso: se asfaltan las calles, se crean las aceras y se ponen las señales de tráfico, especialmente el semáforo. Todos ellos son elementos presentes en nuestras ciudades actuales. La ciudad tradicional no está preparada para este tráfico y presenta problemas de congestión. Los atascos son frecuentes por lo que en todas partes han sido necesarias las carreteras de circunvalación, la construcción de vías rápidas y la peatonalización de la ciudad más antigua.
El crecimiento urbano ha supuesto la colmatación de la ciudad y la creación de barrios social y funcionalmente diferenciados. En ellas aparecen distritos especializados en determinadas funciones: negocios, residencia, ocio, turismo, etc.
Durante los años 60 el crecimiento demográfico fue, en España, más rápido que la construcción de viviendas. Esto ha pasado en todos los países en algún momento. El precio de las viviendas aumentó y las clases más humildes no pudieron acceder a ellas. Aparecen así los barrios de chabolas y casas de autoconstrucción en las periferias de las ciudades. Son suburbios socialmente marginados sin infraestructura sanitaria; lo que les convierte en permanentes focos de infección, en los que la marginación es caldo de cultivo de la delincuencia. Este proceso continúa en las ciudades del Tercer Mundo.
Pero la ciudad
contemporánea es en la que se hacen reformas
fundamentales:
calles nuevas, anchas y arboladas, alcantarillas, alumbrado y diversas
medidas higienistas. Además, se diseñan las urbes con criterios
policiales y de organización política y administrativa.
En el siglo
XIX no se crean ciudades de nueva planta,
pero sí
se construye la nueva urbe con arreglo a un plan. Ese proyecto dibuja distintos
planos, con distintos objetivos, dentro de cada ciudad. Hoy
en día
nos podemos encontrar, en todas las ciudades, distintos tipos de plano
según la época en la que fueron reformadas: desde el irregular
de la ciudad antigua, al plano radial, ortogonal o lineal. Sin embargo,
esto no quiere decir que no hubiese propuestas
de
ciudades ideales. Todos los socialistas utópicos tienen un
modelo
urbano, muy similar, pequeñas comunidades de unos 1500 habitantes
que se abastecían de todo lo necesario.
Esta es la época en la que se adapta a los nuevos medios de transporte, como el ferrocarril. En los años 20 surge un nuevo modelo de ciudad: se abren las calles para los coches y se jerarquiza la red viaria; se crean las infraestructuras que llevarán el agua y la electricidad a las casas, se recogen las basuras, etc., y aparece un nuevo tipo de edificio que condicionará el paisaje urbano; el rascacielos y los edificios de varios pisos.
Los edificios de varios pisos permitirán el uso de los bajos para mercado y el resto del edificio para vivienda. La revolución industrial necesita un mercado concentrado, y la agrupación de la fuerza de trabajo de dedicación exclusiva, de ahí que la población se reúna en las ciudades y se desvincule del campo.
La ciudad actual necesita de una gran infraestructura que debe situarse en las afueras, desde hospitales y cementerios a vertederos, rondas de circulación, depósitos de agua, transformadores eléctricos, etc. La ciudad debe dotarse también de pavimento asfaltado, modernamente de calles peatonales, alumbrado, estaciones de transporte y taxi, mobiliario urbano, recogida de basuras y toda una infraestructura sin la cual sería imposible su funcionamiento.
Tras la segunda guerra mundial los poderes públicos de todo el mundo toman las riendas de la planificación eficaz de la ciudad, aunque en muchos casos se salten sus propias normas. La ciudad se fue equipando, e incorporó a su entorno las barriadas marginales y del extrarradio. Se construirán viviendas obreras dignas y también para las clases marginales, con el fin de erradicar el chabolismo. En la actualidad, se intentan conservar los edificios más antiguos de la ciudad, pero la renovación del caserío ha sido tan intensa que apenas quedan edificios anteriores al siglo XIX.
El caserío
de la ciudad actual es marcadamente diferente al de la tradicional. En
su concepción han tenido una influencia decisiva los argumentos
de la arquitectura racionalista.
Pero no es el modelo
de Le Corbusier el que
triunfa (edificios de viviendas
en altura rodeados de campo) sino su técnica de construcción.
La arquitectura racionalista permite optimizar el precio del suelo,
permitiendo
construir varias viviendas en altura,
y que los bajos
de los edificios puedan ser utilizados para diversos negocios, tiendas,
oficinas, etc. En estos edificios el ascensor
es un
elemento esencial. Será en Chicago
donde se
cree este modelo de ciudad, donde se pongan los primeros ascensores,
donde
los bajos se reserven para los negocios y donde se construyan los
primeros
grandes almacenes, otra de las señas de identidad de la ciudad actual.
Este modelo es el que ha permitido el aumento de la densidad humana en
las urbes, y el crecimiento en altura del paisaje urbano. Además,
el equipamiento de la casa
ha cambiado extraordinariamente,
gracias al alto consumo de energía y el abaratamiento de los
electrodomésticos:
luz eléctrica, televisión, teléfono, frigorífico,
lavadora, lavaplatos, microondas, ordenador, etc.
Las ciudades
actuales han crecido
enormemente, hasta el punto de
haber absorbido pueblos y ciudades vecinas. La aparición de las
conurbaciones
y las
megalópolis es uno de los
fenómenos
urbanos más dinámicos de nuestro tiempo. Existen regiones
en las que el continuo urbano entre ciudades es la tónica general,
como Tokio-Yokohama, Liverpool-Manchester, Washington-Boston, la región
del Ruhr, etc.
Desde hace algún tiempo en todas las ciudades se observan fenómenos de rururbanización, que en las ciudades más grandes alcanzan la isócrona de 30 minutos, he incluso más. Aparecen así viviendas unifamiliares en el entorno rural habitadas por gente que viven de la ciudad conviviendo con gente que vive en y del campo.
|
|
|
|
![]()