Madrid es una ciudad de balcones, una ciudad abierta a la vida de la calle y a la luz de su cielo inigualable que tan bién supo plasmar Velazquez. Hay más superficie de balcones que de muro en las fachadas de las casas del Madrid tradicional, el castizo. Balcones muy juntos ocupan las fachadas en perfecta simetría, y en los laterales y chaflanes de los edificios, los miradores escuetos de cristal y hierro, construídos sobre balcones idénticos a los demás, permiten disfrutar de la calle incluso en invierno. El aspecto de estos barrios típicos construidos a caballo enre los siglos XIX y XX es el de una ciudad alegre y abierta, que se asoma a los balcones y se comunica con sus vecinos. VER IMÁGENES (pincha en cada imagen para pasar a la siguiente)
Es en el último tercio del siglo XIX cuando Madrid, que ya era una gran ciudad, la monumental ciudad de Carlos III, comienza a ensancharse y crecer para convertirse además en una ciudad grande. Aparecen los populares barrios de Argüelles, Chamberí, Salamanca, Retiro, etc., acogiendo a gentes de diferentes sectores sociales. Los balcones del Madrid de esta época están configurados por rejerías de forja de ilimitados diseños, componiendo un paisaje urbano donde el primor del hierro ornamental es la principal decoración de la vivienda. Los diseños son inagotables y la creatividad de los artesanos parece querer competir para no repetirse. Aunque suelen pasar desapercibidos, el observador interesado puede descubrir siempre diseños que nunca antes había observado. VER IMÁGENES
Flanqueando los edificios, dos columnas de miradores pequeños, armados con estructura de hierro y cristal sobre balcones, dan elegancia y cuerpo a los edificios. Aunque se va perdiendo en el Madrid moderno de las prisas la constumbre de decorar los miradores y balcones con plantas y macetas, todavía se pueden ver en algunos de aquellos antiguos ejemplares ese toque de verdor artístico que los llena de vida. VER IMÁGENES
En las primeras décadas del siglo XX se ve aparecer un Madrid
moderno
y monumental que se va olvidando del recoleto y castizo de las casa de
vecinos, y en el que la arquitectura es más ambiciosa y las
balconadas
de obra van ganando la partida a los balcones de rejería. Sin
embargo,
todavía se sigue utilizando el hierro ornamental, de gran
calidad
y barroquismo, en viviendas construídas para las clases
acomodadas.
Los miradores no dejarán de utilizarse nunca en algunas de las
nuevas
construcciones, adaptándose a la nueva estética
urbanista,
como se aprecia en la última imagen. VER
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