LA ÚLTIMA MIRADA

por

Lola
 

- Derechos reservados  2002 -
 


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ÍNDICE

SE ROMPIÓ LA MADRUGADA
ANOCHE SE APAGÓ UNA ESTRELLA
HOY LLEGÓ EL OTOÑO
AMANECIÓ GRIS
TRISTEZA
SI VIENE EL SOL ESTA MAÑANA
SI PUDIERA
NO TE VAYAS
AÚN SOY CAPAZ
ESAS GOTAS DE ROCÍO
ESCRIBO TU NOMBRE
A VECES
ME BUSCO
LA ÚLTIMA MIRADA
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SE ROMPIÓ LA MADRUGADA
 

Rizado el aire con volutas de hojarasca
y un color entre amarillo y amargura,
entró de golpe, sin llamar siquiera,
y hundió su garra en lo más profundo
de un sentimiento.
Se armó de pena la madrugada gris,
quedó la soledad,
la vana espera, la luz bordada en una lágrima,
la nota quebrada de un latido
que borró de un golpe la imagen del espejo.

Se vistió el alba de cuchillos
y el rocío quemó como el fuego
el terciopelo de una rosa,
y en la blanca piel de unas manos
se acunó una primavera muerta.
Y el día, sin embargo, fue día,
no calló la fuente, ni la alondra,
ni dejó el río sus aguas en suspenso;
no se paró el sol ni un solo instante
apagando el brillo azul del alba.

¿Porque en mí se me paró el tiempo eternamente,
dormida mi mirada en un cristal?
 
 
 
 


 

ANOCHE SE APAGÓ UNA ESTRELLA

Anoche se apagó una estrella,
se enfrió de súbito, cubierta por el hielo de un fonema;
se hizo la noche aún más oscura, más densa,
y sudaron ríos de soledad las aceras;
salió del andén el ultimo tren a ninguna parte.
Anoche, cada letra que compuso una condena
se abrió paso en las tinieblas de una lágrima,
navegó por un río de escarcha roja
borrando en un instante una quimera,
y un latido doloroso abrió de parte a parte un corazón.
Anoche, los astros fueron cómplices,
se escondieron, y la oscuridad más absoluta
amortajó a un cuerpo sin sudario,
desnudo, sangrante, solo, ¡pobre cuerpo!
Y aún muerto,
el brillo apagado de una estrella le tiene encadenado
 
 
 
 


 

HOY LLEGÓ EL OTOÑO

Hoy trajo el otoño su tarjeta de visita,
llenó la mañana de una fría transparencia
anudando las ramas de los árboles
y pintando las hojas de dorado fuego.
Llegó con el alba, vestido de violeta,
y una resaca de noche encubierta mojó
de frío cristal las piedras de la acera.
Se fueron las aves hacia el sur
dejando huérfanos de trinos los aleros.
Ya el calor del estío no adormece
ni entona su canto la cigarra.
Es tiempo de inicio, de trabajo,
de dejar vacíos los cajones y los sueños
y escalar de nuevo la montaña.
Hoy dijeron adiós las largas tardes,
recogieron ya en la arena de las playas
las risas y colores.
Hoy, que el otoño presentó sus credenciales,
calienta mi corazón el sol de una mirada
y la verde claridad que desparrama
me llena aún de primavera el alma.
 
 
 
 
 


 

AMANECIÓ GRIS

Amaneció gris, espesa bruma de algodón
en mis ojos velados.
La risa de la noche yace muerta,
pintada en mi boca, triste mueca,
escarchada la última palabra.
Amaneció gris y llora el cielo,
amamantando a la tierra dulcemente,
deshaciendo en agua los colores
de esas rosas de cera
hijas de la lluvia y del alba.
Le pedí a la noche una tregua,
unas horas mas de desvarío
y la noche me oyó,
me regaló la ausencia del sol.
Pero amaneció gris en mi paisaje:
el árbol que cobija mi silueta
no tendrá ya el roce de tus manos
ni volverá ese espejo a iluminar
mi sonrisa enamorada.

Amaneció gris y llora el cielo
para no dejarme a solas con mi llanto
 
 
 
 
 


 

TRISTEZA

Paseo por una calle sin retorno,
sin mañana y sin pasado, sin tiempo;
pasó ya la hora de contar
y mis pies se zambullen en negra savia
que el brillo de fuego licúa.
Es la ciudad de la luz, en ella
no hay rincón donde esconder la cara
y la sangre se asoma a la pupila;
las manos son sólo sarmientos,
¡tristes manos!, vacías, secas de caricias.
En mi pecho apenas entra el soplo
de la brisa que anuncia la tormenta.
y la pared blanca hiere mi mirada:
en ella está pintado tu rostro en otro rostro;
en un graffiti, tu adiós y mi condena.
Paseo sin rumbo definido, loca veleta,
hoja movida en caleidoscopios
de lluvia veraniega.
¡Agua! ¡Sol! ¡Llanto! ¡Soledad!
¡Soledad!
¡Tristeza!
 
 
 
 


 

SI VIENE EL SOL ESTA MAÑANA

Si viene el sol esta mañana
me va a encontrar tan sólo envuelta
en una nube, en deseo de ser luz;
si viene, iluminando mis aceras,
me encontrará caminando hacia él,
la boca plena de sonrisas y de besos.
Si vienes tú, no sé ya...
si me encontraras siquiera,
o seré tan sólo un puñado de versos,
una sombra que se pierde en el poema
que escribí un día, para ti.
Si tú vienes, amor mío, y me encuentras,
verás que hoy soy azul en calma,
risa abierta,
espuma rompiendo marejadas,
estela mezclada con el viento,
burbuja de ilusiones llena.
Si tú vienes, amor mío, y me encuentras,
te recibirá mi risa
abriéndote la puerta.
 
 
 
 


 

SI PUDIERA

Si pudiera
esta noche echar candado
a todas las horas que te quise,
amarrar, con nudos de silencios,
este corcel amargo que me empuja
hasta el mismo borde del infierno.
Si pudiera
poner una barrera que cerrara para siempre
el paso a tu memoria,
deshaciendo en cada instante
estas ansias de ser ola
y romperme como espuma en tu escollera.
Si pudiera...
no estarían mis velas desgarradas
temblando con el miedo de perderte,
ni mi barca surcaría cada noche
esas aguas agitadas por tormentas
de palabras, que nos hieren en el alma.
Si pudiera
atravesar sola este desierto
con la piel calcinada de tu ausencia,
con los ojos ciegos a tu imagen,
sin esperar al final el agua fresca
de tus labios en mi boca derramada.
Si pudiera...
 
 
 
 


 

NO TE VAYAS

No te vayas...
no siegues de una vez todo mi trigo
ni cruces mi camino en una noche,
no comas, de mi pan, sólo una hogaza.
No te vayas...
Hice de tu amor mi primavera,
llené el espacio y la distancia
con un rosario de palabras.
No te vayas,
no cierres, aún, la puerta de mi casa
ni ciegues el pozo de mis labios,
no cargues de tristeza mi mañana.

Si te vas...
me agarraré a tu ausencia
como el náufrago a la tabla.
 
 
 
 


 

AÚN SOY CAPAZ

Mirad, aún soy capaz de amarrarme
a la cola de una estrella fugaz,
sumergirme en el lago de unos ojos
y extender mis manos
hacia otras manos de futuro;
aún me envuelvo en la nota suave de un murmullo
y sigo, sin dudar,
la senda marcada de un deseo,
pero con la vista atrás, en lo que dejo.
Soy aún creyente de esa fe.
No importan los jirones de piel dejada en cada espino
ni la flor marchitándose en un libro,
aún soy capaz de ver el cielo
retratado en la sonrisa de un chiquillo,
y ya sé
que no soy más que un pedazo de esperanza
que lucha a brazo roto con nostalgia
por esos días que fueron primavera.
Pero ya veis, aquí estoy,
mirando esos ojos que me mienten,
creyendo a pies juntillas la mentira
para no ser fuente seca de ilusiones;
queriendo sembrar este campo de amapolas
y recoger mi cosecha en el invierno
con las manos heladas por la escarcha
y en el alma, ardiendo siempre un fuego.
 
 
 
 


 

ESAS GOTAS DE ROCÍO

Esas gotas de rocío
que no encontraron pétalo
donde posarse,
forman un estanque de cristales
donde flores intangibles beben:
son las lágrimas del tiempo.
Espiral de suave bruma,
alba pálida y solitaria,
claridades aun veladas,
escenarios de los sueños,
sendas donde el alma
transita dolorida.
Una nota sostenida es
el arpegio que marca
la sombra de una tristeza
y la evidencia de una herida.
Son círculos sangrientos
de una piel horadada
por caricias
tan sólo imaginadas.
 
 
 
 


 

ESCRIBO TU NOMBRE

Escribo en el violeta de la aurora
cien veces tu nombre cada día,
y son cien palomas que se escapan
de mi pecho hechas suspiros.
Recito cada letra apasionada
que arde en la hoguera de mi boca,
pero es escarcha
lo que mis labios reciben en el eco sin piedad de la distancia.

Eres ya espejo que apenas si refleja
mi rostro enamorado en su cristal
y en las mil estaciones de lluvia y primavera
mis manos se hicieron pergaminos en la espera.
Y ya mi memoria te trae como retazos,
como notas perdidas de un concierto,
pinceladas de colores desvaídos.
Pero aún escribo tu nombre en la mañana.
 
 
 


 

A VECES

A veces, sólo a veces ,
mi poema es estilete que acuchilla la distancia
y mi verso vierte hiel de soledades;
a veces, no es sólo la tristeza quien lo pinta
sino el ansia de tenerte;
a veces, sólo a veces,
me vuelvo en la tarde brisa fresca
para besar tu boca suavemente.

Otras veces, las menos...
son las ganas de perderte,
de vivir en libertad sin la condena
de soñar a cada instante con ese abismo verde,
con ese dibujo de tus labios sonrientes,
con el tacto de tus manos en mi espalda;
de soñar en tus ríos transitando mi corriente,
en esa perpetua condena de quererte.

Así que, amigo, a veces, sólo a veces,
sueño que no sueño con tenerte.
 
 
 
 


 

ME BUSCO

Me busco entre las cuatro paredes de mi cuerpo
sin hallarme, de tan rota...
Soy barro entre barro, agua de sal,
ni aire ni calor ni sentimientos,
sólo materia informe, herida abierta.
Me busco...
y no soy más que un silencio suplicante,
un manojo de tristeza solitaria,
una oración sin Dios al que rezarle.
Ojalá se me hunda la memoria,
se rompan los recuerdos en mil trozos
y la mente sea una sábana de olvido.
Ya no quiero más auroras,
sólo tarde moribunda y noche protectora,
un espacio entre las sombras
donde esconder la tristeza que me embarga.
 
 
 
 


 

LA ÚLTIMA MIRADA

Me desnudo poco a poco, suavemente,
de los días, de las horas que estuviste;
me quedo con la última mirada
y guardo en los cajones de mi armario
las caricias, los besos y las lágrimas,
las sombras de ese pino que buscábamos,
las notas del nocturno desgranadas,
el tacto de tus manos en mi espalda
y la risa entrecortada de mis labios…
la luna bañándote la cara.
Me quedo con la última mirada
y cierro ya la página del libro
que a solas me leías.
Me desnudo poco a poco suavemente
de tu risa, de tu amor, de tus palabras,
de la noche en esa playa silenciosa,
de la brisa, del dolor, de la nostalgia,
y me quedo
con la última mirada.