ENTRE EL MISTERIO
 

por
Gerardo Hernandez
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ÍNDICE

 

MISTERIO

ANTE TI

LA SERPIENTE

LA BLANCA LUNA SONRÍE

AYER LA SOLEDAD ME MORDIÓ EL CUELLO

SI SUPIERAS

ESTE SILENCIO

AYER ENTRÓ LA MUERTE

MI PALOMA BLANCA

EL SUICIDA

TIERRA

DENTRO DE MÍ

EFÍMERO

ESTÁ TEMBLANDO LA LUZ

EN ESTA ISLA

LOBAS

ORACIÓN

SILENCIO

ENSUEÑO

MORIR EN ESTE MONTE

 

 

 

 

MISTERIO

Ahí estás, en la apacible
soledad que se asombra ante la noche
y se pregunta...
y encuentra la presencia de un arcano
en el número sin fin de las estrellas.

Ahí estás, en la minúscula
brizna de hierba que verdea
y crece vulnerable y decidida
bajo el beso extendido de la lluvia.

Sí, ahí estás, en esa fuerza
de la sangre que estalla en una guerra,
o en la víscera que rompe
y da al mundo nueva vida.

Ah, misterio impenetrable
que no cesas en tu empeño
y nos mantienes, muerto Dios,
buscando tu voz en el silencio.

 

ANTE TI

En el mundo, ante el mundo,
ante ti -y no sé quién eres, quizás yo-
pasa mi vida.
Y me basta esa conciencia
de sentirme en paz y entero
en la corriente
lenta de sucesos que se muestran
agradables, existiendo,
como el río que discurre
lentamente,
siguiendo gustoso su pendiente imperceptible.


Ante ti -quizás yo, o un ser imaginado-
que sigues manteniendo
sin saberlo esa sonrisa
sin rasgos de la vida,
como el niño o como el árbol
que viven sin esfuerzo
en la paz del tiempo que transcurre
con el ritmo suave de las cosas,
que cantan, desde siempre,
su lenta melodía,
como este sol
en la mañana templada
que acaricia mi sentido.

Ante ti, ante mí, ante la vida,
alma que respiras en el mundo…
¿Quién? ¿Por qué? ¿Para qué?
El árbol no se pregunta,
pero yo… yo, tú, somos la pregunta del mundo
que dejó de ser árbol,
que dejó de ser río,
que dejó de ser niño
y erguido sobre la tierra
persigue en la noche sin horizonte la distancia de las estrellas
y en el corazón solitario la profundidad del sentimiento,
y los sabe sin límites...

En el mundo,
ante el mundo,
yo,
tú,
ante ti...
Somos el mismo,
separados como las estrellas,
solitarios como los corazones.

 

 

LA SERPIENTE

Y se hizo la música
a sí misma, sublime.
Fue creciendo y se compuso
con los dedos del viento,
con las cuerdas multiformes del árbol
y el llanto que rompiendo
murmura el manantial sobre la piedra.

Pero un día,
se fue añorando el viento la perdida primavera
y la fuente
secó su llanto de siglos.
Luego, un hombre
taló el árbol para tener fuego en el invierno.

Y calló la música.

¿En qué espacio ignorado
quedaron vibrando sus notas?
¿Se las tragó la serpiente
de la nada que va devorando el tiempo?
¿Ya no existen?
El milagro fue nacer,
mas cuando sonó la melodía
se salvó para siempre. Y ya nada,
ni aun la nada,
podrá impedir que haya existido.

Es verdad esa certeza del pasado
y en alguna dimensión
quedará inscrito
por más que el Universo continúe
rodando su película
de actores improvisados
y de final imprevisto.
Sólo existe lo pasado. 

 


LA BLANCA LUNA SONRÍE

La blanca luna sonríe
mirando la mar en calma
olvidada por los vientos
las gaviotas y las barcas.

Duerme el mar bajo la luna
soñando sueños de plata
que llegan del horizonte
hasta el borde de la playa.
El murmullo de su sueño
roza las arenas blandas
dejando bajo la noche
un borde blanco en el agua.

Duerme el pescador y el pez,
duerme el viento, duerme el alma,
y duermen sobre la arena
los colores de las barcas.

Sueña el pescador con peces
nacarados bajo el agua,
sueña el pez con campos verdes,
interminables, de algas,
la gaviota sueña vientos
para jugar con sus alas
y el alma con imposibles,
redondas, lunas de plata...

Pasa en silencio la noche,
sonríe la luna blanca,
los sueños son los reflejos
de la luna sobre el agua. 

 

 

AYER LA SOLEDAD ME MORDIÓ EL CUELLO

Ayer la soledad me mordió el cuello,
andaba agazapada
en los últimos días del verano,
oculta entre las sombras de las nubes
y el frío insinuado del otoño.
Se habían roto
aquellas promesas del último calor,
del sol y el agua enamorados,
y quedaba flotando en la esperanza
sólo un soplo de pasión
con la forma de una dulce despedida.
Y no llegó, se hizo imposible.
Después, el frío de los días
embocando la vida hacia el invierno,
con el tiempo desnudado
para asirse a un imposible
contenido que me salve de las horas.

Y fue ahí, en ese momento
en que bajas los brazos y te alcanza
el incierto sabor de la nostalgia,
cuando el perro sigiloso
que se llama soledad
clavó sus dientes.

Y ahora,
a golpes de palabra,
habré de inventar otro verano
donde el sol del pensamiento
entibie el alma
y me empuje a navegar
hasta otras islas,
allá lejos,
donde alcance a la siguiente primavera.

 

 

SI SUPIERAS

Si supieras
que la piedra de esta iglesia
fue ayer playa,
o esta roca
que hoy me hiere
fue ayer muerte interminable
de seres diminutos
que el peso de los siglos compactó
y alzó en montaña.
Si supieras también que son lo mismo
esa cumbre elevada
y el fondo de un océano,
y sólo el tiempo
los torna de apariencia...
Todo fluye,
todo cambia,
igual que tu mirada fue ayer mar
y hoy roca dura
que me hiere y enajena.
Si supieras
de tu amor que fue ayer vida
y hoy es muerte interminable...
y no hallo iglesia
tampoco que contenga
aquella playa dorada
de tu cuerpo
que fue arena y hoy no es piedra,
sino sueño.

 

 

ESTE SILENCIO

Antes o después, o ahora
estamos solos.
Lo estuvimos
cuando el viento apasionado
que derribó las fronteras
se hizo calma con el tiempo
y volvimos a surgir,
tú y yo,
solos.
Y después,
perdidos
ante la cara de Dios:
soledad preñada de infinito.

Estamos solos ahora
cuando somos más
o cuando somos más exactamente
o cuando nadie puede amarnos por completo.
Y en esta soledad
enfrentándose al silencio
de la noche, igual que ayer sin saberlo
nos amábamos amando,
nos amamos hoy también ante el Misterio,
ante el aliento mismo de la Vida.
Somos Mundo y eso basta:
es el mismo amor profundo.
Dios, yo, el amor....
todo es igual,
todo es intenso y confluye:
este silencio... la noche,
la suave respiración del Universo en mis pulmones... 

 

 

AYER ENTRÓ LA MUERTE

Ayer entró la muerte en casa del amigo
y se llevó una vida ya entregada.
A su paso nos miro brevemente con descuido.
No fue sólo la vida despojada
lo que puso el corazón en extravío
y congeló las palabras.
Fue también ese frío
que llevaba la muerte en la mirada,
profundo como un abismo,
lo que se metió en el alma.
Se ha ido....
y ha quedado flotando en la morada,
junto al sillón vacío,
un silencio... Inconsistencia.... Nada.

 

 

MI PALOMA BLANCA

¡Ay mi paloma,
paloma blanca!
tantas veces abatida
en vuelo y apresada.
Tantas años cautiva,
tantas veces huida y asustada
dejando por los rincones
enloquecidas plumas blancas.
Mi pobre paloma perdida
y desorientada,
encogida de tanto tiempo sin vuelo,
ciega a soles y mañanas.
¡Cuántas cárceles han pasado por ti,
y cuantas pasarán, cuántas!
Hay más cárceles que vuelos
en tu vida cansada,
en tu vida perdida y aplazada.
Reniegas de la reja
y la comida preparada,
de estar un día y otro día,
mirando triste desde tu jaula,
la vida apagada en tus ojos
y entumecidas las alas.
Paloma compañera
que aún sientes impulsos en tu entraña
pero se te pierde el vuelo
y te faltan miradas lejanas.
Paloma cuya vida
es volar de una jaula hasta una trampa.

 

 

EL SUICIDA

Aletean las hojas del álamo blanco
a la orilla del río.
Se diría que la brisa
no existe
si no fuera por el álamo.
Baja lenta la corriente,
como la nostalgia,
como la eternidad que fluye,
como la Humanidad que vive y muere.
Muere el sol majestuoso
cubriendo de oro el mundo
porque sabe que mañana
le nacerá un alma blanca.
Han callado los pájaros,
inmóviles en sus ramas de sueño,
y la tarde va cerrando las ventanas del horizonte.
Despierta el búho
abriendo sus ojos de abismo profundo;
el gran búho que contempla
las almas de los desesperados insomnes.
Y en medio de la noche,
se oye el grito horripilante del suicida
que rasga la oscuridad y se asesina.
Y luego el silencio,
sólo el silencio.
Duermen las hojas del álamo blanco
a la orilla del río.

 

 

TIERRA

Atardece. Un lucero
sobre el fuego del ocaso
me señala el Universo.
Pero la vida está aquí,
en  esta Tierra,
en esta carne soñadora
que ignoran de tan breve las estrellas.
No sé aún qué significa
que una cosa se termine,
si invalida su verdad
y si la historia
es tan sólo una falacia
para vestir de existencia
lo que fluye hacia la nada;
o si existir significa
justamente aparecer y terminarse.
Yo no sé si los segundos
son el tiempo que transcurre
o son el ruido
de lo eterno que golpea el mismo instante
No, no sé
si la rosa es sólo un sueño
de color en primavera
o si mi alma es sólo alma
por tus ojos que la inventan.
Cuando se apague la luz
con que sueñan las estrellas,
cuando se deshaga el sueño
de creación que nos encierra,
qué habrá sido de las almas
que en cadena interminable han soñado en esta Tierra,
qué será de tantos versos
desmoronando sus letras
errantes como los astros
sin conjunción ni poema...

 

 

DENTRO DE MÍ

Absurdo el mar
en sí mismo,
pero dentro de mí
se ilumina su sentido,
sólo dentro de mí
se hace en la orilla
balanceo, espuma blanca,
se hace perfil
a lo lejos del planeta.
Se hace azul,
azul profundo que me embriaga
bajo el tenue
azul del cielo, sólo luz
monocolor, como el alma,
Se hace rumor
sostenido de las olas
avisándome del ser,
aunque absurdo,
del mar, o de mí mismo
que me observo
sin saberlo
confundido con las olas
con el perfecto horizonte,
que me escucho en el suspiro
del viento en las palmeras
y en la húmeda piel
estremecida del mar,
en las velas
temblorosas de los barcos
que se arriesgan a surcar
el espacio indefinido
entre el viento y esa piel
derramada del planeta,
absurda esfera
coloreada en estos ojos,
estos ojos que son alma, este alma
que es el mundo
inventado donde late,
en vez del mar,
la sangre apasionada de los hombres.

 

 


EFÍMERO

Y se hizo la música a sí misma, sublime.
Fue creciendo y se compuso
entre los dedos del viento,
en las cuerdas multiformes del árbol
y en el llanto que rompiendo
murmura el manantial sobre la piedra.


Pero ayer se marchó el viento persiguiendo
la perdida primavera
y la fuente
secó su llanto de siglos.

Hoy un hombre taló el árbol
para tener leña en el invierno.
Se ha callado la música.

¿En qué espacio inexplorado
seguirán
temblando sus notas olvidadas?
¿O callaron para siempre?

El milagro fue nacer,
mas cuando brotó la melodía
ya nada, ni la última nada
podrá silenciar que haya existido.


Me consuela esta certeza del pasado
que en alguna dimensión quedará inscrito,
quizás en un alma que contemple
de una vez todo el fluir del Universo
igual que vemos nosotros encenderse
y apagarse una cerilla en un momento.
El tiempo, que sigue sus caminos
llevándose las cosas
... y las almas
es tan sólo un error de perspectiva
de nosotros, los efímeros.

 

 

 

ESTÁ TEMBLANDO LA LUZ


Con el último fulgor
de la tarde la montaña
en el lago se ha dormido
mientras tu vida se acaba.

Está temblando la luz
que tenía tu mirada,
y ya bailan las Penunbras
sigilosas junto al alma.

Imperceptible el momento,
se ha quedado congelada
tu expresión habitual,
tu presencia, abandonada,
tu silencio, sólo carne hecha silencio.

Y aunque los muertos no hablan
dicen que quizás sí ven
lo que por delante haya
de sus ojos detenidos
y que el alma
no se sabe donde va... o que se duerme
cuando les tapan la cara.

Yo no sé cuando se mueren
si es que se mueren...

                                       las almas.

 

 

 

EN ESTA ISLA

 

Aquí, en esta isla
que acoge mi naufragio
siempre el cielo está azul
y el mar descansa.
Yo vengo de una ola
lejana que no quise
y que no me pertenece
pero alguien o algo me conserva
aquí, erguido en el desierto
de almas de este océano.
Y no me importa,
tan sólo me respeto
y existo fácilmente
cada día
observando el azul
insondable del cielo
y del mar la apacible
gravidez y transparencia.
Yo vengo de una ola
que vino a morir sobre esta playa
y me iré con el viento
dejando una estela de palabras.

 

 

 

LOBAS

Se desnudan los dientes bajo el labio
fluye la saliva por las fauces
los ojos desorbitan sus aceros
y el instinto de matar salta en la sangre.
Ha salido la luna y un quejido
de muerte deja su eco por el valle.

Los colmillos disparados al pellejo
a tirones van despojando la carne
y los ojos extraviados de la presa
contemplan el horror de su masacre.
Los hocicos de las lobas
ya están rojizos de sangre
y se disputan las vísceras
hasta hacerlas desgarrarse.

No hay machos en la manada
eran viejos o cobardes
eran torpes en la caza
y pasaban siempre hambre.
Con algunas lobas jóvenes
se alejaron años hace.

Pero alguna noche se oye
cuando la luna sale
el quejido de muerte de algún lobo
extendiendo su dolor por todo el valle.

 

 

ORACIÓN

Apacíguame, Señor,
cédeme el ritmo
pausado del Planeta,
tórname nube
transitando imperturbable en el azul.
Niégame  el verbo
inútil con tu dedo
cerrándome los labios
y obligándome a mirar el Universo,
que desgrana en las distancias
sus latidos silenciosos de esplendor.
Que se deslice la vida
por mi ser igual que el río
baja lento su caudal hacia la mar.
Ando perdido
cribando ansiosamente las arenas
del tiempo entre mis dedos
sin encontrar uvas de oro.
Y me angustia conocer
que tengo plazo y voy vacío.
Hazme saber que nada importa,
que le basta
a mi alma, y es lo único,
encontrarse inseparable
del fluir en que acontece,
saberse con las aguas de esta orilla
y el vuelos de los pájaros,
con la brisa que mece la enramada
y la luz que el sol regala a manos llenas;
saberse con las risas de los niños
y las ingenuas razones
de los hombres en la tarde sosegada.
Hazme sentir
que todo ello es el Misterio
en que instalar nuestro asombro
mientras vamos caminando,
ebrios de luz,
un camino irrepetible en el Planeta.
Y dame la Nada dulcemente
al final, cuando cansados
se descuelguen estos huesos caminantes
en la tierra
mientras sigue, en apariencia inagotable,
ardiendo nuestra Estrella peregrina.

 

 

SILENCIO

Silencio, cayó el silencio
como la niebla en la tarde.
Los pájaros se han callado,
se quedó dormido el aire…
las nubes del horizonte
hace rato que no arden.
Silencio, sólo silencio
habitando en el paisaje.
Y sin embargo hay presencias
como fantasmas que laten,
son fantasmas de silencio,
son las almas de los árboles.

 

 

ENSUEÑO

Toda la luz está cayendo
sobre este azul del mar que me enloquece.
Surges
sobre la mar desnuda
toda empapada de belleza.
Caballitos de mar
y caracolas,
algas rubias sobre el cuerpo
y en tus ojos, robado,
el profundo color de la esmeralda.
!Oh ebriedad¡  este deseo
de consumir tu hermosura
que se escapa, que se escapa
como un reflejo de mar
como un puñado de azul
entre los dedos.

 

MORIR EN ESTE MONTE

Cuando un día se haya terminado
este tiempo que quiso darme el cielo,
de noche, solitario, quiero entonces
acostarme en este monte, sobre el suelo,
sobre este lecho de piedra desnuda
que aflora entre las matas de romero,
labrada por el roce de los siglos
sobre un magma enfriado hace milenios.
Escucharé aquí el vientre de la Tierra
que susurra en la piedra su silencio
mientras me miran todas las estrellas
despiertas sobre el ancho Firmamento.
Y del aire que sobre mí se duerma
la fragancia me llegará en el sueño.
Y que no despierte, ya no despierte,
dormido como la piedra, eterno.