DESDE ESTA CIUDAD QUE HABITO
 

por
 

Vicente Martín
 

- Ó Diciembre 2001-
 


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Índice


SI ESCRIBO

YA LO SÉ

ÚLTIMO EQUIPAJE

MEDIANOCHE EN LA BAHÍA DE PALMA

FORASTERO

LENGUAJE DEL SILENCIO

EL ABUELO

NO QUIERO ESTAR ATADO ETERNAMENTE

SUENA  EL  ÁNGELUS

MUJER SIN NOMBRE

MONASTERIO  DE  SANTA  JUANA

POEMA  MÍNIMO

EL VIENTO DE LA TARDE

QUIZÁS TENGA EL CORAZÓN LLENO DE CALLES

POEMA AL VIENTO

DESEO

DEFINITIVO ENCUENTRO

TENGO  PRISA

EL BARRIO DE AL LADO

AMIGO

EL OLIVAR

QUIZÁS ESTÉS AHÍ

CUMPLEAÑOS

EL ESPEJO

ME HABLARON DEL MAR

MOMENTO OTOÑAL

SUCEDE

DESDE ESTA PIEL QUE HABITA LOS CAMINOS

LA CÁRCEL

ES HORA DE TOMAR LA ULTIMA COPA


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 
 

SI  ESCRIB0
 

Si escribo
no es sólo por hacer que este paisaje
se quede inalterable, ni tampoco
por dejar constancia de un murmullo
de dioses exiliados,
escribo
para ser transeúnte que no busca
comida ni hospedaje.
para ser habitante de la noche
en la órbita primera de mi sueño.
Escribo
para decir sin máscara palabras
como árbol
luz,
jilguero,
para ser llama cuando diga fuego,
para ser agua cuando diga fuente
para ser niño si menciono madre,
gorrión
cuando pronuncie cielo.
Y escribo
por encima de todo y sobre todo, escribo
para robarle a la muerte los sudarios
y ser círculo de alas
sobre el tiempo.
Por eso
habrá siempre un poema que nunca escribiré:
no esperéis un adiós
o un testamento,
me iré como llegué y como transito,
me iré sin irme nunca
con mi ajuar de desnudez
y la palabra
sin nacer.
 
 
 


 

YA LO SÉ

Ya lo sé....
He dicho muchas veces que he contado las estrellas
pero nunca dije el número,
que le  he hablado a la noche de amapolas
caídas en andenes acuciantes
pero nunca fui pájaro nocturno
que invadiese las sombras, renuncié
a ser la lagartija
que habitaba las grutas de la niebla.
Ya lo sé...
la brisa me sostiene cuando el tiempo
acelera los relojes de la tarde,
desnudo estoy,
desnudo de lenguajes
en este umbral que llueve silencios impregnados
de estigmas y presencias expectantes
y una gota incesante
de ignotas espirales
se clava en los raíles de la sangre.
¿Por qué se hizo el ocaso
una bóveda de códigos perdidos?
¿Quién arrastró a los astros
hasta el atril de un rito en que no caben aleluyas?
Me dice el libro que hay mañanas,
que hay espacios
y lluvias en abril,
pero este diccionario que mana de mis labios
tiene hojas en blanco
y en sus lomos
anidan impaciencias de murciélagos.
Que ya lo sé...
que no puedo decir cuántas estrellas
conté, ni regalaros
un pequeño manojo de aquellas amapolas.
 
 


 

ULTIMO EQUIPAJE

Supongo que estos chopos y este asfalto quemado
se aprendieron ya mi nombre,
supongo que ya formo parte del paisaje
de esta estación de tren escondida en el letargo
y que en estas desnudas sombras que se alejan
más allá del deshaucio en que quedaron
los silogismos del miedo y la esperanza
va también la geometría de mis sueños,
supongo que esta lluvia que cae, acero tibio,
y que se cuela en el vacío de la horas
será la última caricia que recuerde la distancia
entre el opaco ser y ese misterio
que sobrevuela brumas y palabras.
Hoy recorro estos andenes inmerso en el laberinto
de un soliloquio imposible, en este instante
en que la mano no dibuja ya horizontes
y la vista sólo alcanza la copa de los árboles.
Aquí volaron los años, esos años de viento
en que los gorriones eran moléculas que disparaban a las nubes,
aquí aprendí a beber ansiosamente la mañana
y aquí le puse al tiempo alas y nombre a la esperanza
Hoy volví... con la carne describiendo círculos de ausencia,
con el alma envarada en el paisaje
trémula la voz, mudo en esta fauna,
y aquí me quedaré
en la constante espera
de ser textura etérea...
hasta que el último tren se lleve mi equipaje.
 
 
 
 
 
 


 

MEDIANOCHE EN LA BAHÍA DE PALMA

Ha perdido su cintura el horizonte,
todo es cielo...
o todo es mar,
según el nombre que le pongas a tu calle.
Sentémonos aquí
ante los ojos sedosos de esta noche
y al abrazo de luz de esta bahía.
Atrás
queda la ciudad
borracha de neón, de decibelios
y etílicos latidos de un gas dosificado.
Esta arena que ahora oculta la tibieza
de cigarras  que no cantan
-lagartos de pastel-
sabe de mí, sabe de ti,
sabe de ríos que llegan desbordados
y no encuentran océano en que alojarse.
Aquí escribo mi nombre, vuestros nombres,
en el único espacio que queda sin exilio,
hoguera de trigal, caricia intacta
de silencios que amasaron lejanías.
Medianoche.
Es un tálamo el perfil de la montaña,
ha perdido la tierra su equipaje
de voces, su volumen de ausencias
y se asoma, nostálgica, la luna
con sus ojos de lluvia sobre el alma.
Ya sé que nada es mío,
pero nadie va a robarme este momento
de besos apretados,
nadie sabe que invoco este milagro
de habitada soledad
ni este pan de amapolas en las manos
ni este vuelo de ángeles
sobre el dolor espeso de la carne.
Nadie sabe que esta brisa
trae perfumes de infancia, nadie sabe
que hay presencia de madre
sin palabras.
 
 
 


 

FORASTERO

Yo no habito aquí, aquí he llegado
al reclamo de las luces de neón,
y la ropa que llevo es alquilada,
y aunque anude corbata cada día
y me zambulla en la rutina más gris de la mañana,
aunque lleve en la solapa la insignia de esta guerra,
no es ésta mi batalla.
Ya dije que yo no habito aquí.
Aquí sólo discurro entre los bosques
disfrazado de árbol,
le escribo un verso al mar, le silbo al viento
sin ser ninfa ni nube,
o digo buenos días, cómo estás,
lo siento, gracias
para dejar constancia de que paso.
Aquí vivo prestado,
prestado tengo el sol, el fuego, el agua,
prestado tengo el tiempo y la esperanza
y puse como aval sólo la fe
de encontrar al fin la estela imaginada.
 
 
 


 

LENGUAJE DEL SILENCIO

Veréis, amigos,
un día de estos,
cuando aprenda el lenguaje del silencio,
mudo de arboledas,
desnudo de paisaje,
de pájaros,
de sueños,
voy a escribir mi hoja de servicios.
Vendrán entonces, a horcajadas de la luna,
los rimeros de sal,
la alargada escorrentía
que horadó la piel y la memoria,
vendrá el olor a ropa sucia
y a orina de los gatos en la acera.
Pero también,
sabor a musgo de inocencia encarcelada
y el rubor de los primeros heliotropos
al contacto de unos ojos
y al roce de unas trenzas.
Alguien sin labios, un murmullo
del frío, la hojarasca del miedo arrepentido,
musitará el salterio inacabado
de un miserere premeditadamente amargo.
Pero debéis saber que en ello
no irá una rendición. Aún mantengo
repletos los bolsillos de jilgueros
y queda todavía mucho aire,
mucho cielo
y horizontes de luz
donde pueden dibujar su primer vuelo.
Veréis, pues, repito,
un día de estos
hablaremos el lenguaje del silencio.
 
 
 


 

EL ABUELO

No tiene edad... o si prefieres
ponle la edad del horizonte en llamas
y la tersura en la piel de la espiga bien granada.
Y acércate.. él es un ábaco
de dígitos narrados al pulso de la sangre,
geométrica serenidad, arquitectura
de eterna brevedad en las aristas sordas de la tarde.
Aquí fallan los teoremas de la carne,
aquí se estrellan los dioses
que dibujaron estructuras de cerámica,
aquí se inventan océanos
y gaviotas en el borde de las manos.
Y no queda ya ningún castillo,
ya no hay desafiantes torreones,
quedaron -milagro de la luz- las atalayas,
chorros de un río que aún transporta
inciertas singladuras
de recién estrenadas mariposas.
mírale... tiene
la mirada leve, con esa levedad con que aparece
la primera flor que nace tras las nieves,
su voz suena a silencios que no caben
en la textura gris del celuloide.
...Cuéntame otra historia, abuelo
de cuando el musgo era beso en cada piedra,
de cuando el mar era liquen en tus venas
y abril se hacía perfume en los balcones,
quiero ver
de nuevo
cómo asoman por la niebla
cabalgando los jinetes de los vientos,
corceles de la lluvia,
quiero ver si aún se mueven con mis dedos
las marionetas del miedo, cómo luchan
los soldados de plomo, cómo ríen
las mariquitasperez de tu cuento.
 
 
 
 


 

NO QUIERO ESTAR ATADO ETERNAMENTE

No quiero estar atado eternamente
a esta ciudad que habito,
no quiero ser esclavo de un paisaje
de urgencias verticales,
quiero estar en el viento, ser un náufrago
sin peso, ser crepúsculo sangriento,
amor o muerte,
jinete de mis sueños.
He llegado hasta aquí
vaciando las palabras de conceptos,
sin voz, sin latitud de otoño,
amasando sólo barro,
barro, lodo,
inevitablemente lodo,
esculpiendo palomas de silencio
con mis dedos de barro,
invocando la lluvia
con mis labios de barro,
siempre barro, tierra
adherida a la tierra,
dolor de madre pariendo fetos muertos.
Comprobé
que aquí hay ríos que nunca desembocan,
gorriones anclados, vuelos imposibles,
manos que se abren como océanos
y sólo abrazan llanto.
Ahora sé que las horas transcurrieron
en busca de pretextos, de motivos
para llenar la soledad de estatuas
con fecha de caducidad impresa.
Ahora sé
que jugaba al escondite en las esquinas
ocultando mis señas a mi cuerpo,
ahora sé que en cada verso
buscaba siempre una ciudad sin puerto.
Por eso he de gritar,
como saliendo del vientre de mi madre,
que ya es hora de volar,
que el cielo existe,
que me duelen las paredes de esta casa,
que también hay aire,
viento,
viento,
viento.
 
 
 


 

SUENA  EL  ÁNGELUS

Suena el ángelus...
El viento se hace tibio bronce de la tarde
y un estrépito de alas, cenizas ya de angélicos metales,
extiende su plegaria por el valle.

Suena el ángelus,
-lamento que se quiebra en tus oídos-,
desnuda, amigo, tu memoria de caminos verticales
y allí donde la fuente aprendió su canto de gacela
bebe el agua en que se amasa la arcilla de los dioses:
esa intacta encarnación de carne leve
bajo el líquido cielo de tu piel
mide pasos de silencio, es el grito
de nieve emocionada
donde anidan las cigüeñas de la fe,
es la brisa
que renueva los aromas de tu infancia.
sumérgete en la noche que te ofrece su bautismo
como un Jordán de inocencias no estudiadas...
y seremos alquimistas de la luz,
arquitectos
de nuestro propio tiempo y nuestro espacio...

Sonó el ángelus
-margaritas en las nubes de tus ojos-,
se erigieron las nubes en campanas
y el mar en campanario.
 
 
 


 

MUJER SIN NOMBRE

Porque no se sonrojen tus mejillas
voy a hurtarle a estos versos tu nombre:
tu historia no es más que una crónica
que se puede escribir en una línea
de puntos suspensivos
o es un pentagrama, tan sólo un pentagrama
impreso de silencios
para que no se turben el órgano y el arpa.
Tú vas contracorriente de los días
por caminos sin árboles de gloria
por veredas huidizas de lisonja,
sumida en esa sombra que amalgama
los flujos de absoluta lejanía.
He aprendido de tus labios
que no se puede adulterar una sonrisa
cautiva de dobleces,
que no sirve comerciar una palabra
de embustero agasajo,
he visto la alegría que desborda
el pantano de tus ojos,
he sentido la energía que transmite
tu frágil silueta, la entereza,
la escondida libertad con que disfrutas
tu exilio voluntario.
Eres, mujer sin nombre,
la auténtica antítesis del triunfo
labrado con cinceles de codicia,
metáfora sencilla que sugiere
que no todo está sujeto a raciocinio,
eres...., mujer,
eres el nombre.
 
 
 


 

MONASTERIO  DE  SANTA  JUANA

Os invito a quitaros las gafas,
el traje de lana,
los guantes,
os invito a dejar en la puerta el carné.
Pasad:
aquí se amotinaron contra el tiempo
la albahaca y el rosal,
aquí se desafían las distancias
que separan la sangre del misterio,
no hay calles,
no hay andenes ni banderas,
sólo el aire desnudo
y un perfume a mañanas no estrenadas.
Os contaría...
un cuento de palomas que volaron
a hundirse en la blancura del albero,
os diría
que busquéis en este valle la primera
flor de nata que nace tras las nieves,
os diría...
mas no,
que puede la palabra herir el aura
que esconde sinfonías que el arpa no ha captado todavía.
Si un día te haces lluvia
podrás saber por qué ríen las campanas cuando lloran,
si un día te haces viento, voz del viento,
descifrarás el salmo que va impreso
-torso negro, color noche,
toca blanca, color alma-
en labios que no escriben pentagramas.
Que se escondan la luna y los luceros,
que se borre el camino,
ni alforjas, ni sandalias:
hay un chorro de luz que comunica
-blanca orquídea, cisne negro-
directamente el cielo con la tierra.
 
 
 


 
 

POEMA  MÍNIMO

Ondean las banderas de la tarde,
imágenes de un viento emocionado,
lirios,
luz de sangre,
arcángeles de fuego,
que velan soledades.
Abajo
solo arcilla
y la voz del alfarero
encadenado
 
 
 


 

EL VIENTO DE LA TARDE

El viento de la tarde se ha postrado
en las lomas del signo, extenuado
de ser concepto estéril,
de ser labio sin mensaje.
Ese viento de la tarde que traía
parábolas de lirios, melodías
de azules madreselvas, ese viento
con sabor a vainilla de heliotropos
es ahora una quebrada transparencia
de líquido de ajenjo sobre el alma.
Ya no lame el rosal y sus pétalos heridos
dibujan su llanto sobre el agua.
El estanque
es un espejo de nubes que agonizan
y ocultan tras la alfombra de nenúfar su mirada.

(Ya están
en sus corceles,
cabalgando,
las pirañas
de la noche,
se varará el vencejo
en un patio sin luces
y arrullaran los lobos
a esa niña que gime campanas de luto)

El farol del guardagujas manda guiños de insectos,
ha pasado ya el último tren de la nostalgia.
Muy lejos, infinitamente lejos,
reverbera una luz, grita una luz palabras de alabastro
como iconos hundidos en un amplio deseo
de ser carne distante,
y anega en un incendio de sangre las arenas
de todas las calas dibujadas en los mares.
 
 
 


 

QUIZÁS TENGA EL CORAZÓN LLENO DE CALLES

Quizás tenga el corazón lleno de calles
y el alma acostumbrada a este paisaje
de semáforos chillones, de prisas, de palabras ocupadas,
quizás sea un anuncio de minúsculas ausencias
o la fiebre de un doliente escaparate...
porque ahora,
en este instante, en esta noche
este mes de junio que regala mazapanes,
estoy solo,
a solas con mis calles, con mis puentes,
enfermo de huracanes que recorren
mis piernas y mi vientre.
Sólo el humo gris de este pitillo que agoniza entre mis dedos
y el sabor de este aire desnudo en la garganta
me acompañan, borrachos bailoteos
de  extrañas siluetas arrastradas de
por riadas de sables, por mareas de rutina,
hacia mares de hojalata.
Y heme aquí,
ebrio de noche,
mercader de silencios,
tratando de encontrar en la ceniza de un cigarro
la música de un salmo inacabado.
 
 
 


 

POEMA AL VIENTO

Imaginaba un mundo encarcelado
en su propia ilusión de libertad...
( hace tiempo que sembraron de asfalto las praderas
y las nubes lloraban celofán ),
piedra a piedra y beso a beso.
El horizonte terminaba dos palmos más allá.
Había un cauce que fue, que quiso ser
y se quedó en proyecto...
...Y apareciste tú, etérea,
desnudamente etérea,
fue
como un estruendo de susurros, como un tropel
de jinetes cabalgando sin montura
a lomos de palabras recién hechas,
fuiste el frenesí que no buscaba
camino de un océano en que alojarse.
Y aquel cauce
que a escondidas soñaba laberintos vegetales
volvió a fluir, y en sus remansos
se dibujaron otra vez todos los pájaros
que ayer fueron paisaje.
Sucedió... Y ahora queda
el rubor de los gladiolos que nacieron a destiempo
y la angustia de esa flor
que sabiéndose quimera
se derrite en un éxtasis de amor.
 
 
 


 

DESEO

La fuente quiso ser arroyo...
y con el alba
llegaron todos los pájaros del valle
a dibujar con sus gorjeos la arroyada.
Quiso el arroyo ser río...
y a la tarde
se pusieron a llorar las torrenteras
y el viento se hizo brisa entre los sauces
y música de lira por el agua.
Quiso el río ser lago,
abarcar en su regazo el cielo entero...
y al abrazo de la noche
se fundieron en cristales los alberos
para ser geometría azul, para ser
eterno espejo
que siempre devuelva la mirada.
 
 
 


 
 

DEFINITIVO ENCUENTRO

Si una noche no me encuentras junto a ti
y si esa luna
que venía a bañarse en nuestros labios,
que inundaba de alondras nuestros ojos
y escondía su rubor bajo los palios
de los nenúfares pasmados del estanque,
no dibuja ya trigales en tu piel
ni siembra aromas de emoción en tus mejillas
y pregunta dónde estoy...
dile que me hice a la mar, marinero
de albas nuevas, marinero
tras la estela de un azul sin dimensiones.
Pero tú.... espera ahí, no entornes la ventana
ni cierres el caudal de donde brota el beso,
que mañana
una brisa viajera
pondrá viento en tus velas
y aquí me encontrarás, sin luna, sin alondras,
manantial que no cesa,
manantial para ti de abrazo eterno.
 
 


 
 

TENGO  PRISA

Tengo prisa,
hoy también tengo prisa como ayer
y camino como un ser enloquecido,
sin porqué, repito gestos
digo
palabras que solo escuchan los oídos de la carne,
palabras que están huecas,
me embarullo,
enrojezco,
balbuceo, tengo prisa,
al mi alrededor todo el mundo tiene prisa,
se apresura la gente,
corren los coches, las bicis,
corre la calle
y la ciudad,
quieren ganar al tiempo,
quieren comerse el tiempo...
...y pasan atropellados,
malhumorados,
enfebrecidos...
...y yo les sigo,
sin mirar al cielo, corro,
no me puedo esperar, me agobian los segundos,
me falta tiempo para escribir un verso,
para apretar tu mano e imaginar tu beso,
quizás más tarde.
Querría recorrer el laberinto de tus ojos
pero no tengo tiempo,
querría cruzar contigo a la otra orilla
y ser bosque, fuego y aire
pero no alcanza el puente
y, ¡qué diantres!, tampoco quedan horas
para proyectos nuevos,
querría, también querría,
ser solidario con el dolor de esa muchacha,
que está sola en el baile,
de la esposa que olvido su último abrazo,
del anciano que estorba,
de la injusticia,
de la miseria,
pero estoy muy ocupado, tal vez luego.
Querría, en fin, ser ola imaginada
y morir en tu playa,
pero para morir...
¿tendré acaso tiempo?
 
 
 


 

EL BARRIO DE AL LADO

Tú y yo
y aquellos que te saludan en la calle,
o se sientan a mi lado en la tribuna,
los que somos clientes del florista,
los que damos propinas y aguinaldos...
tú y yo
habitamos a este lado, en este barrio
en que hay guardas jurados y el portero
nos saluda amablemente cada tarde,
tú y yo
nos asombramos del hambre y los harapos
que están siempre al otro lado del atlántico,
tú y yo
apadrinamos bebés del tercer mundo...
tú y yo
somos cristianos.
Pero, mira, te diré que alguien me dijo
que en el barrio del al lado no hay quien riegue los rosales
porque no existen jardines, nadie roba
porque nada hay que llevarse,
que hay hijos que reniegan de sus padres
porque no miran de frente, avergonzados
de ser nadie,
que hay esposas que se niegan al marido
porque no hay donde poner a un niño nuevo;
hay chavalas sin edad que han sido madres
porque sólo hay una cama para ella y sus hermanos.
Sé que hay madres que no cenan, sé que hay sueños
que no llegan a su órbita
y claveles que renuncian a ser llama,
que hay palabras que no existen
y conceptos que no encuentran quien los nombre.
Este barrio de al lado, no te inquietes,
no está en África
y no salen en las fotos sus miserias.
En el barrio de al lado no se mueren
porque ya no quedan lágrimas, ni hay un palmo
de tierra en que enterrarlos.
Este barrio de al lado es necesario,
hace falta
para ejercer tú y yo de vez en cuando
de personas solidarias,
para oficiar
un par de veces cada año de cristianos.
 
 
 


 

AMIGO

Tú eres de esa gente
a la que el cielo envidia la mirada,
tú eres de esa gente que tiene nombre propio
y apellido de luz en la palabra,
no eres gente de clarines y trompetas,
ni de voz y sonrisa almidonada,
eres sólo una muestra
o un detalle de piel que se hizo espejo
de un alma iluminada.
Tú eres el amigo
y tu nombre
se dibuja en los ojos hechos lágrima,
tu presencia destruye las murallas
y nunca halla fronteras
ni aranceles
que graven tu llegada.
Tú esperas,
tú no sabes de prisas
porque eres patrimonio de mi tiempo
y activo de mis días,
te llamo cuando llueve y cuando el sol
siembra arrozales,
te nombro si suspiro,
si río te imagino
y estás...
estás con las sandalias siempre puestas
y el candil encendido,
estás donde yo estoy
y acomodas tu paso a mi zancada,
porque tú, amigo mío, tú eres de esa gente
que al escuchar tu nombre
el mar se hace presencia
e inunda de gaviotas la mañana.
 
 
 


 

EL OLIVAR

Está cantando una alondra...
¿es alondra
o es zorzal?
Dejé mi bandera  abierta
al viento del olivar.
¿Es alondra
o es zorzal?
Vi ondear mi bandera,
aires de un nuevo cantar.
Si es alondra...
o es rosal...,
no me importa.
es que tengo un alba más.
 
 
 


 

QUIZÁS ESTÉS AHÍ

Quizás estés ahí, anónima mujer
nadando en los acantos que se lleva
la corriente velada, quizás seas
la presencia en el andén que difumina
la danza de infinitas mariposas,
o tal vez seas quien se asoma, etérea toda,
a la pantalla acuosa de mis sueños.
Mujer de luz...
por un momento hazte constancia, signo de dolor,
y recorramos juntos la ciudad,
las calles imposibles:
ladra un perro,
la abuela gorda grita,
la alameda en otoño y el mendigo que tirita,
la niña sin mirada que vende los claveles,
el agente que suda,
la muchacha que ofrece sus favores,
luces de neón, semáforos, asfalto,
ojos que laceran,
gente,
gente,
gente,
prisas...
metálicas palabras y bocas de alabastro.
Pero tú ven… cruza conmigo el puente,
sin equipaje, iremos
a recontar los pasos, te bañarás
en las pupilas de mis ojos
y mis labios serán la fuente nueva,
te encontraré la flor que no ha nacido
y en el silencio azul de la mañana
te cantarán un vals las diminutas albahacas.
Dibujaré en tu piel caminos que te lleven
más allá del arcoiris, justo allí
donde el tiempo no habita,
donde no se negocia una sonrisa
ni la carne se estremece con un beso.
Si te quedas aquí,
seremos vagabundos de la noche,
pasearás tu desnudez sobre la nieve
que ocultó los restos del último naufragio
y escribiré para ti la última palabra,
serás...
el poema que aún me falta.
 
 


 
 

CUMPLEAÑOS

Tic... tac....
como un clarín de espuelas afiladas
sonó el reloj, las manecillas,
dibujando su último círculo de ausencia,
señalan ya el nuevo espacio concedido:
vuelve a correr el tiempo, diminuto...
Es la tarde. Y en el horizonte
de los difusos tiempos de la infancia
se adivina aún la noche, aquellas noches
en que estrellas todavía insobornadas
colgaban de un techo de toalla.
Mas...
no se para el reloj, y el tiempo,
ese instante que se quiebra entre los dedos,
va restando.
Ayer
había un cable en que posaban golondrinas de niebla
y hoy sólo soporta las voces de esta tarde
con espesuras de azogue.
Tic... tac...
está dando en la vida la hora exacta,
el instante en que resbalan,
como filos de navajas,
los minutos, cortantes, uno a  uno.
Pero estaré aquí,
aquí me encontraréis cada mañana mientras pueda
divisar entre la niebla
que aún sigue ahí, a la espera,
esa otra esfera, la que no cuenta mis días,
la arena de una playa imaginada.
 
 


 
 

EL ESPEJO

¿Existe la rosa...? Sí el rosal
que evoca una emoción de latitudes insaciadas
por ser vegetal beso, por ser
eterno ángel de llama perfumada
y no existe el azahar ni la azucena,
sólo hay un anhelo incontestado
de ser albero de luz, de ser oculta
presencia de pureza que no admite
desnudar bajo el cielo su inocencia.

....Y no sé si existo yo,
nunca he sabido qué lado del espejo
lleva impresa mi tarjeta de visita,
qué cara es la que mide
ese deseo de ser que a hurtadillas
se hizo caminante... y caminando
se hizo voz.
 
 
 


 
 

ME HABLARON DEL MAR

Me hablaron del mar, y aprendieron mis ojos
a imaginar bosques de espuma,
manantiales de estrellas,
a dibujar húmedos vientos
y presencias de cuerpos sin materia,
me hablaron del mar... y dije:
quiero ser gaviota.

Me hablaron de Dios....
y ese anhelo infinito de vuelo se hizo valle
de luz, se hizo consciencia
de iluminada senda entre los mares.
Me hablaron de Dios... y dije:
quiero ser poeta.
 
 
 


 
 

MOMENTO OTOÑAL

Dime tú, sibila de las sombras,
qué se esconderá en esas laderas
que me oculta la bruma de esta tarde,
¿no serán monasterios que cobijan
náufragos de amor, cruzadas de otros vientos?
¿O acaso los breñales que arropan la arroyada
no albergan corazones
sin voz,
sin gorriones
que esperan el milagro de una lluvia redentora?
Esta gris eternidad
y este instante de aristas circulares
que se ampara en el misterio del silencio
son cuna de amazonas y centauros, cementerio
de dioses sin mortaja que llegaron a destiempo.
Cayó ahora la tarde,
era otoño tan sólo hace un momento
porque no hay noches de otoño,
sólo tardes,
recuerdos de la tarde
sobre estrellas como gotas de cristales.
La taza de café, que ya no humea,
se enfría al mismo ritmo con que avanzan
el vacío y la tibieza. Detrás de mi ventana
no hay espacio,
era otoño hace un rato,
ahora sólo un órgano invisible,
sin registros ni teclado,
destila un miserere gregoriano.
Y mientras tanto,
aunque sé que tengo un llanto por llorar
y un lamento que no di,
beberé de esta suerte que me aún queda
de otoños regalados, tomaré
el incienso que se inmola cada día,
como ofrenda, en el ara del ocaso.
 
 
 


 
 

SUCEDE
 

Sucede,  amigo mío...
que no sucede nada,
que discurren las agua río abajo
sin que nadie se acerque a saludarlas,
sucede que la tierra ya no gira,
que ahora son iguales las noches y los días,
el trigo y el trigal,
el alfar y el alfarero.
Ya no viene el zorzal al olivar
ni las musas cabalgan el silencio…
Y no sucede nada,
nadie tiembla si el romero se hace bosque
o llanura la montaña...
porque ya
se están acostumbrados nuestros ojos
al paisaje que requiere cada escena
y pasan fotogramas
sangre,
sexo,
muerte y llanto
y de vez en cuando, el pasmo
de algún pájaro intangible
bajo un cielo de horizontes programados.
Ya es nuestro corazón de celuloide
y late al compás de un marcapasos
de metálica inconsciencia.

Sucede, pues, amigo,
que cuando escribo  amigo
no sé si vuela un ángel
o escribo porque escribo.
 
 


 
 

DESDE ESTA PIEL QUE HABITA LOS CAMINOS

Desde esta piel que habita los caminos
descritos en las olas,
desde esta orilla de breve eternidad
te hablo a ti, a ti  que ahora me escuchas
después de cada llanto
y después de cada grito te haces luz.
¿Recuerdas...?
Entonces...  una lágrima sabía sólo a lágrima
y llegaban los trenes a todas las ciudades
-Tintín. Roberto Alcázar, los sacis a perra chica, paloduz, bolas de
anís, cigüeñas en cada almena,  las trenzas de aquella niña y sus
ojos de azabache, gorriones saludando en cada chopo-.
Y es que tu sabes de mí, sabes la crónica
de manantiales que se agostan
y laderas de espartales,
pero sabes, también sabes
que por mucho que la hiedra sembró olvido en mis paredes
no se marchitaron aún los besos,
ni por mucho que la lluvia
le asestara cuchilladas a los chopos
se fueron los gorriones a otro valle.
Porque  tú y yo
nos rebelamos contra el tiempo y sus banderas
y plantamos un castillo
con su aljibe
y su ciprés  -viento en la copa-
al abrigo de rapaces que no cesan.
Se llevaron tus manos y tus ojos,
y tus labios
-dolor sólo dolor-,
pero quedó todo tu bálsamo, quedo conmigo
el calor de tu regazo.
Y al abrir cada mañana mi ventana
un sinfín de girasoles me señalan donde estás
 
 
 


 

LA CÁRCEL

Fue ayer...
Nuestras bocas gritaban libertad, muerte al tirano
y los vientos se llenaban de eucaliptos
que traían dimensiones de otros valles,
asaltábamos las cárceles,
trepábamos  sus muros
y un poeta dibujaba con su rima
el vuelo del albatros.
Sonó el despertador...
¡Qué lástima que sólo fuera un sueño!
En realidad
hace tiempo que no existen las mazmorras,
las cadenas,
el verdugo y los grilletes,
en realidad
hoy nadie que se precie habla de cárceles
porque existen otros nombres presentables,
hoy se dice cadena de montaje,
contrato,
reglamento,
subsistencia,
chabola,
club nocturno,
hoy
enjaulamos al jilguero
sin que dé su primer vuelo
y vestimos de frac al encargado
de llevar al cadalso a las palomas
...y te saluda
...y te regala su sonrisa de cerámica
y te pide hasta perdón. Pero asesina,
dulcemente te asesinan porque no eres de su credo,
porque tú no te arrodillas ante ídolos de arcilla
porque dices eso es blanco mientras ves que eso es blanco,
porque llamas sanguinario a quien hace llorar sangre,
porque tú no eres de casa,
tú eres negro,
eres sudaca o africano,
sencillamente porque tú no eres blanco.
Y el poeta que cantaba ya no canta...
Y el albatros se varó
y no puede alzar el vuelo.
 
 
 


 
 

ES HORA DE TOMAR LA ULTIMA COPA

Es  hora de tomar la última copa,
de beber ese vino que dé el postrer aliento
para que el alma no se quede en los escombros de una lágrima;
ya no quedan jornadas para el odio
ni minutos que aguardar en la memoria
porque sonó el reloj, sonó la hora exacta
y esta será la última noche de mi vida.
Se quedarán sin dueño los baúles,
los armarios que guardaban la ternura,
y nada quedará, ni el parque ni los pájaros
que apuntaban con su vuelo al infinito,
ni el chorro de esa fuente,
ni el fluir sempiterno de ese río,
queda sólo este momento
de inmensidad clavado en el instante,
el tiempo justo para decir os quiero,
para enlazar las manos
y fundir en un crisol todos los besos.
Mañana nacerá un día sin horas
sin patrias, sin ciudades,
volveré a la desnudez en que habitaba
segundos antes que el dolor se hiciera carne,
mucho antes que un mapa describiera
las rutas de mis venas
y el miedo se apostara en cada esquina.