¡Viva la Vida!
 

Por  Mano Negra”.

- Ó Derechos reservados -

(extracto del original)


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ÍNDICE

 
PRESENTACIÓN

A MODO DE PREFACIO Y MANIFIESTO

UN CUENTO FELIZ PERO INCONCLUSO

UN SOLIDARISMO EFICAZ

NUESTRA ESPERANZA

LOS RICOS DE LA TIERRA

LOS PROFESIONALES DEL ESPÍRITU

WAKAN TANKA O GRAN MISTERIO

LOS INTELECTUALES

CIENCIA Y ESPIRITUALIDAD

  ---

 

 

 

 

 

 

¡Hee-ay-Hay- ee-ee!

WAKAN   TANKA

 Ayúdanos  WAKAN   TANKA.

 A vivir.

Ayúdanos a recorrer el camino sagrado,

de una manera sagrada.

 

 

 

 

 

 

 

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestra manera de pensar.

Hambriento, se tragará la Tierra, y no dejará nada, solo un desierto. 

(El gran jefe Seattle, 1855)

 

 

 

 

Sólo después que el último árbol haya sido cortado,

sólo después que el último río haya sido envenenado,

sólo después que el último pez haya sido pescado,

sólo entonces descubrirás que el dinero no se puede comer.

 (De los indios Cree)

 

 

 

La próxima revolución, será psicológica.

(Louis Pauwels)

 

  

 

El siglo XXI, será espiritual, o no será.

(Andre Malraux)

 

 

   

 

 

 

 

 

PRESENTACIÓN

 

Toda tesis tiene su antítesis. A aquel que esté instalado en la antítesis de mi tesis, le digo:

Dejo yo mi verdad, deja tú tu verdad y vamos juntos a buscar  La Verdad.

  

No soy maestro de nada

soy un aprendiz de todo

  sólo escribo “por si sirve”.

 

Soy un osado ignorante que se ha puesto a escribir sin el necesario saber. He dudado entre publicar aquí en la Red lo que tengo escrito, o no hacerlo. La suerte ya está echada, está publicado, y de momento no pienso retirar la página.

Posiblemente, a muchos le haga reír algo de lo escrito por mí; espero no llegar a parecer patético. Quizá en el futuro yo mismo me ría de lo que escribo hoy. Pido perdón si a alguien lo extravío.

En mi disculpa diré que muchos de los grandes filósofos del pasado también nos han equivocado... Concededme el poder escribir sin saber; lo hago “de oído”, espero no desentonar. De otra manera no podría liberar mi ahogo, con un grito. Eso es este trabajo, un grito.

Es este un libro torrente, no he ordenado, clasificado, manipulado, más que lo estrictamente justo para que sea inteligible. Por bien de la espontaneidad, reñida con la fría cuchilla de lo racional.

Este libro, más que la palabra medida convenientemente por el intelecto, es el grito que sale desde el fondo de mi ser. El grito de alguien acostumbrado a guardar silencio...

Es mi deseo que sea la mente mía mediadora fiel capaz de describir lo que puede ser un Sol naciente para la vida humana. Un Sol que disipe las tinieblas de la noche.

Tengo más, mucha más buena voluntad que saber. Aunque aún no he renunciado a poder satisfacer mi sed de pasar con mi mano las paginas de muchos libros.

Es prematuro que me ponga a escribir sin el necesario saber, pero si esperara a saber, no os escribiría nunca... La mía, es una concesión a la impaciencia que necesariamente dará una descripción tosca de ese Sol naciente a que me refiero, pero que invariablemente existe siempre, para disipar la oscuridad.

El Sol de esperanza que propugno es  “la revolución de la serpiente”.

Donde aparece una serpiente desaparecen las ratas. Esto es lo que necesitamos. Eliminar de escena las ratas repugnantes que roen el trigo de los pobres.

La solución está en desarrollar un espíritu solidarista, más fuerte que el egoísta-capitalista. Y –siempre en el campo del espíritu-  que sea capaz de comerse el egoísmo-rata.

 

 

 

 

A MODO DE PREFACIO Y MANIFIESTO

 

 Decía el escritor ingles T. S. Eliot, refiriéndose a los hombres modernos, “ Siempre están soñando sistemas que les hagan innecesario el esfuerzo de ser buenos.”

 Este trabajo, entre otras cosas, trata de un enfoque dialéctico nuevo que oponerle al   actual capitalismo salvaje y corrupto que padecemos.

La oposición dialéctica a que me refiero es nueva, porque hasta ahora no se ha planteado su desarrollo, pero es vieja como el mundo. Se trata de oponer al abuso egoísta, causado por el egocentrismo, la ética.

Una ética basada en un humanismo integral. Debemos averiguar primero que tipo de humanismo es ese, y extraer la ética consecuente.

Frente al horror de la vida del proletariado de ayer y de hoy, en tiempos pretéritos, los teóricos revolucionarios que se erigieron en “guías” de las “masas” opusieron el socialismo y el anarquismo. Ninguna de las dos ideologías resultaron válidas; en las siguientes paginas explicaré por qué. En concreto, el socialismo hemos visto que su desarrollo ha acabado en desastre.

Habrá quien se acoja a la vieja fórmula de condenar la práctica socialista, para seguir aferrado a la teoría. Pero la teoría sin práctica es mera metafísica en el peor de sus sentidos, y no creo que proceda repetir el “experimento”.

La vida del trabajador proletario actual tiene también sus propios horrores. ¿Qué hacer?.

Una de las cosas que hagamos será reconocer la dignidad del trabajador como individuo libre. Sí, de acuerdo a la tradición liberal, y no convertirlo en un mero integrante de “las masas”.

“La revolución destruye a sus hijos”, no sé quién pronunció esta frase, pero de lo que se trata es de propiciar un tipo de revolución que nos construya y no viceversa.

Los endiosados teóricos revolucionarios hacían un mártir del trabajador, al que, por encima de su familia, le inmolaban en pos de un mesianismo fijado en un hipotético futuro. El sueño de la mente de la revolución proletaria.

A partir de las premisas que apunto, debemos hacer lo que podamos, no olvidando que muchas veces es peor “el remedio que la enfermedad”. 

Si alguna enseñanza debemos extraer del desastre de la pretendida revolución proletaria. es que no podemos planear nada sin contar con el interior humano, con su parte subjetiva. Es de esta parte de donde proviene la trasgresión, el “pecado”.      

Te ruego hagas un esfuerzo para entender mi mensaje. Comprobaras que lo que trato en este libro es muy serio. No es un divertimento de salón más, como ha sido la filosofía para muchos filósofos pedantes que filosofaban y se lucían a lomos de esclavos. Comprobarás estoy tratando de algo en lo que nos va la vida, la individual y la colectiva. Toco a “arrebato” porque veo  que nuestras vidas las tenemos volcadas exclusivamente hacia lo exterior de nosotros; por dentro nos convertimos en vacíos autómatas sufrientes.

Estamos en peligro, se nota en la “alarma social” en la que todos nos alarmamos a todos con nuestra ansiedad individual. Estamos asustados. Aún nos queda un resto de instinto que nos avisa del desastre al que caminamos, y del que ya tenemos pruebas.

Pero “sufrimos luego existimos”. Tenemos una oportunidad de oro siempre de que “se nos caiga la venda de los ojos”. La vida, en nuestro sufrimiento cotidiano, siembra la semilla de lo que ha de ser esta vida.

Si tenemos el coraje de querer vivir la vida que nos corresponde, con toda su dignidad, nos revelaremos. ¿Contra qué?. Contra el aturdimiento que nos llega desde fuera. Y seremos humanos, grandes, no meros “productores-consumidores” y “fieles creyentes” en unos valores las más de las veces “heréticos”.

Nuestra crisis es aún más profunda y grave que la provocada por el capitalismo salvaje. Éste, es una consecuencia de nuestra auténtica crisis.

No, no estoy jugando, porque no cojo un fusil para hacer una vez más una loca revolución. La revolución que propugno es psicológica entre otras cosas. Nos ha de llevar a no necesitar fusil para resolver nuestros conflictos. Porque estos serán como las olas superficiales de un mar profundo y sereno donde tú seas yo, y yo sea tú. Porque al final hayamos descubierto con el corazón lo que sabemos con la mente.

En lugar de montar barricadas exteriores, derribemos las barricadas interiores que nos ahogan la chispa “explosiva” de vida que todos tenemos. Entonces explotaremos de dentro a fuera, y el vivir será una fiesta continua. Hay maneras de neutralizar el sufrimiento; la felicidad empieza en uno y se extiende. 

El capitalismo, tal cual lo conocemos, es dañino; le sobra el egoísmo y le falta el solidarismo.

Para conseguir que el capital gire “en sentido contrario a las agujas del reloj”, que gire hacia crear el bien de la especie, necesitamos: un capitalismo sin capital almacenado, una economía de mercado que tenga integrada el significado de las palabras “justicia social” como propugnaba Silvio Gesell,  y necesitamos:

La revolución de la serpiente.    Hecha “sin pisar la flor, ni la zarza”.

 “Mano Negra”

 

 

 

 

 

UN CUENTO FELIZ, PERO INCONCLUSO

 

Érase una vez una isla, en medio del océano sideral, llamada Tierra.

En ella vivían unos seres llamados humanos, descendientes de otros más peludos y feos llamados monos.

Estos descendientes de los monos, y de los animales en general, se creían muy inteligentes, y lo eran comparándolos con estos animales de donde procedían, pero tenían mucho que evolucionar para llegar de forma general a aquello ellos mismos denominaban  sabiduría. Es decir hasta ser sabios todos.

Eran medio fieras, se comían animales igual que comían vegetales, estaban muy bien adaptados para resistir las inclemencias del clima de la isla gracias a que habían desarrollado multitud de útiles simples y complejos con los que se procuraban el abrigo el alimento necesarios.

Ocurría que igual que mataban animales o los criaban domesticados para comérselos, igual se mataban entre ellos cuando surgían conflictos que no querían o no sabían resolver de otra manera.

Entonces luchaban y quien vencía, promulgaba leyes de obligado cumplimiento y se convertía en dueño y señor de la vida y propiedades del vencido. El vencido se podía contentar con salvar la vida, aunque fuese convertido en un esclavo.

Los sometedores llegaron a “unificar criterios” y se centraron en mantener a los sometidos sujetos con cadenas cada vez más pesadas.

Los sometedores depararon en una clase privilegiada y los sometidos en una clase explotada.

Los sometedores no tenían más misión que mantener sus privilegios. Estaban ociosos pero temerosos siempre de una posible rebelión que les costase la cabeza.

Entonces crearon lo que se ha venido a llamar “estructuras de poder”. Crearon un ejército cuyos efectivos humanos procedían de los sometidos (los que mataban y morían) y de los sometedores (los mandos que los dirigían a matar o morir).

Ya no tenían ni que trabajar, ni luchar, para mantenerse en su situación privilegiada. Negocio redondo. Se valían de los mismos sometidos para someter a los demás. Y las estructuras de poder las “perfeccionaron” hasta limites increíbles; además dilapidaban a capricho el fruto del trabajo de los sometidos, y a capricho utilizaban el ejército, movidos por cuestiones personales incluso.

Tanto sometedores como sometidos decían creer en Dios. Pero éste era visto como un “cajón de sastre” recurrente para todo, desde tropelías hasta explicaciones para lo que no encontraban explicación. Y crearon una casta subsidiaria de ellos que, como no, también sacaban del pueblo sometido. Los fieles servidores a la mano de la que comían, ponían en boca de Dios todo lo que les interesaba a los sometedores.

Instaban a los sometidos a aguantar la desigual ley imperante con vistas a un premio en el “más allá”. Los engañaban con Dios y los aterrorizaban con el infierno.

Cogió mucha autonomía y poder esta casta, siempre (salvo mínimas y honrosas excepciones) en la línea de los sometedores. Hasta llegaron a gobernar a veces ellos mismos. El que disentía de ellos, lo quemaban.

Al final tenían a una parte de los sometidos, cada vez mayor, encargados de servir en el mantenimiento de las estructuras de poder, a medida que estas se sofisticaban. Un sometido, encargado de trabajar, sudar y sufrir con el trabajo corporal manual, era el más depauperado del sistema y tenia que trabajar por siete que lo controlaban. Pero aún a pesar de llegarles la idea de Dios decantada según intereses del sometedor, era en lo único que encontraban consuelo. Se refugiaban en un irreal mundo opiáceo en el que eran hijos de Dios si eran sumisos, de lo contrario eran demonios. El sometido trabajador no podía estar más desesperado.

Tenían problemas concretos, que exigían una solución concreta e inmediata. Pero entonces aparecieron los “teóricos” que comenzaron a trabajar la “combatividad de las masas”. Aplicaron medidas generales y erróneas..., nacidas de sus cabezas pensantes, para problemas que exigían ser tratados particularmente, a partir de la realidad inmediata.

Los desesperados sometidos (no todos) se agarraron al clavo ardiendo que le ofrecían. Se convirtieron los sometidos, desde su ignorancia, en creyentes, pero esta vez no del paraíso en el más allá, sino del paraíso que crearían ellos mismos en la Tierra.

Seguían a unas elites revolucionarias que tenían solución para todo..., la realidad les cabía en su mente...

Los teóricos lo sabían todo... y su ideología era “científica”, y en pos de la nueva esperanza, esta vez en la material Tierra, el pueblo sometido se lanzó hasta la muerte.

Estos rebeldes se llamaban a sí mismos revolucionarios, porque perseguían acabar para siempre con la condición lastimosa de trabajador sometido.

Se creían revolucionarios sinceramente y pretendían sinceramente transformar hacia la justicia las sociedades humanas de la isla Tierra.

Muchos sometidos, trabajadores o no, muchos en general motivados por su sed de justicia social, murieron en la lucha cruenta que se originó, con su fe intacta y con su esperanza de una sociedad justa.

Otros, se pasaron su vida luchando y jugándose esta vida.

 Inciso.

Me descubro respetuosamente ante ellos porque, aunque desde nuestra perspectiva actual aparezcan como parcialmente equivocados, fueron una honra de la Humanidad.

Eran gente generosa que no luchaban para sí solamente, Luchaban para todos los sometidos.

Los he conocido bien. Éste que escribe disiente de ellos en los medios, no en el fin, aunque siempre ha tenido y tiene una profunda afinidad con ellos.

Pero ¿qué queda de aquel movimiento revolucionario que hizo temblar al mundo burgués?. Me refiero a ellos en pasado, porque la cabeza del dragón está muerta, aunque la cola aún se mueva por inercia. Quien no lo vea así es porque se aferra al sueño mesiánico, porque el despertar es muy doloroso; el sueño que ha costado montañas de muertos, para nada prácticamente.

Prosigo.

Un significativo pensador teórico de los que proponían la revolución universal, les dijo. “la primera virtud del revolucionario es la paciencia”. Pero ellos no lo consideraron así, estaban desesperados soportando la carga del yugo.

A la consigna de “victoria ya” se entregaron a la revolución con una pasión electrizante. Esto desembocó en enfrentamientos armados con las fuerzas que el sistema tenia para perpetuarse.

Después de miles de muertos y calamidades sin fin, pugnando porque triunfara la causa que llamaban “comunista”, los sometidos consiguieron imponerse en alguna parte de la isla. Lo habían conseguido. No se habían detenido ni ante matar o morir. Habían utilizado las mismas armas que utilizaban los sometedores, se pusieron a su baja altura, se impusieron con la razón de la fuerza, aunque les asistiera la fuerza de la razón. Toda la tradición humanista del genero humano era “tradición burguesa”, no tenía importancia para ellos frente a la explotación criminal.

Pero veréis, para que lucharon de la manera que lo hicieron.

Empiezan a “trancas y barrancas”, y siempre con mucho sufrimiento y estragos, a llevar a cabo su propósito de sociedad sin clases.

De lo que no les advirtió ningún pensador, de aquellos a los que seguían, es que dentro de ellos mismos tenían un enemigo peor que el enemigo al que le habían arrebatado el poder.

No contaban con que estamos hechos de la misma pasta de la que están hechos los sometedores. A saber: somos sacos de deseos de todo tipo y con avidez por satisfacerlos. Pronto con el poder en la mano, y con las posibilidades que este da, los dirigentes de los sometidos fueron olvidando en general la mística solidaria comunista y comenzaron a dar rienda suelta al bicho que nos destruye, el deseo, y la implícita tiranía a que nos somete.

Se aprovechaban de su situación de poder para satisfacer sus propios deseos.

El arma que esgrimían para neutralizar al sometedor –la dictadura del proletariado- se volvió contra los sometidos triunfantes. Los dirigentes que formaban las “elites revolucionarias” se sirvieron de los mecanismos de la dictadura instaurada para volver a someterlos. El comunismo solidario deparó en una burda caricatura de lo que debía ser. Trabajaban para el Estado, pero el Estado era de los funcionarios, no de ellos. Era una especie de “capitalismo de estado”.

No sé qué sistema era más cruel, si el que tenían inicialmente los sometidos o el nuevo instaurado, pero en cualquier caso distaban mucho ambos de adecuarse a las necesidades inherentes a la condición humana.

Pero además el nuevo sistema fracasó estrepitosamente al intentar condicionar la sociedad humana real a las teorías surgidas de cabezas pensantes.

El “análisis objetivo de la realidad” por el que se regían era una estupidez tragicómica. Todos sus análisis estaban condenados al fracaso, partían del falso supuesto de que los explotados, por el hecho de serlo, eran los buenos; los burgueses eran los malos. Esto ultimo es cierto, pero de las filas proletarias salen tantos malos como se pueda imaginar. El egoísmo es consustancial al humano, y es así.

 

Al intentar imponer el comunismo, quienes primero traicionaban la mística comunista eran las elites; y el pueblo no estaba mejor preparado para llevarla a cabo.  

Inciso

Burgueses, dirigentes revolucionarios y obreros, somos sacos de deseos que provienen de nuestro ego. Al intentar satisfacerlos nos volvemos egoístas y competimos con otros egoísmos.

Así somos todos, explotados y explotadores.

En un sustrato como el que apunto, una mística solidaria, impuesta desde el exterior de las personas, no puede enraizar.

Las teorías pueden hacerse perfectamente lógicas en el papel, la piedra de toque es la realidad y esta es más basta que pensarse pueda. 

Es muy fácil buscar culpables ahora, del estrepitoso fracaso comunista. Un proyecto solidarista que ha costado millones de muertos, al final se ha quedado en un sueño de la razón. Ha sido un intento serio, muy serio, de redención del humano por el humano frente al avasallamiento del humano por otros humanos.

Ha sido la dolorosa experiencia que nos hace mirar al mundo del espíritu, para encontrar las causas del desastre.

Culpables somos todos. Somos criaturas del orden cósmico, de algo mayor que nosotros mismos. Olvidarlo es perecer. Nuestra razón necesita del vinculo natural que la mantenga unida a las coordenadas del cosmos.

La diosa razón tiene su altar en una poca materia gris: guiarnos por nosotros mismos, por los caprichos de nuestro cerebro. Es la locura. Es elegir un camino errático que transitamos sin brújula. Tenemos una sombra donde escondemos todo lo oscuro que hay en nosotros, pero esta sombra de la que pretendemos olvidarnos, haciéndola subconsciente, nos empaña nuestra razón lucida; además  esta razón lucida siempre nos dará soluciones relativas y parciales.

Prosigo.

Seguían habiendo sometidos y sometedores.

Había nostálgicos de las ideas que habían hecho apasionarse a millones de seres, pero en términos generales ya nadie en la isla movía un dedo para ponerlas en práctica. Se había perdido la fe en sus postulados. La duda y la desconfianza había minado la revolución proletaria.

Seguía habiendo cruel explotación del humano por el humano. El progreso tecnológico y científico se había desarrollado espectacularmente. Pero  era un arma de doble filo para el pueblo sufriente. Por un lado, participaba de las ventajas de este progreso (a quién iban a vender si no) pero por otra dejaba al pueblo trabajador siempre al borde de la sima del paro o desempleo, al suplir las maquinas la mano de obra. La desigualdad en el reparto seguía siendo abismal. Seguía habiendo dos estatus: unos estaban en la parte estrecha del embudo otros en la ancha.

Los sometidos tenían bienes de consumo, pero pagaban con un terrible miedo a quedar desempleados, el que tenia un puesto de trabajo donde lo explotaban se podía dar por contento.

¿Es que era imposible la justicia y la armonía en la especie humana?

 Había muchos sometidos que sabían que sí era posible, aunque no en una generación; otros eran amargamente derrotistas.

Del bando de los sometedores salían voces diciendo que su sistema de economía de mercado daría para todos. Siempre el futuro como coartada, siempre la zanahoria y el palo. El hipotético futuro.

Pretendían justificar el presente escandaloso. El sistema daba, pero no se repartía bien. Además, los mismos  principios éticos del sistema eran cínicamente vulnerados.

Estábamos dirigidos por capitanes borracho que nos dirigían al naufragio.

El auténtico dueño del mundo, el capital “anónimo”, seguía impasible con las gafas del beneficio puestas, insensible y cruel.

Los que estaban en la parte privilegiada de la isla veían que les faltaba el trabajo, pero en otras partes no tenían ni comida. También veían cómo se degradaba inexorablemente el medio ambiente, hipotecando el futuro global.

Había que hacer algo efectivo, con urgencia; había que elaborar otro manifiesto como el Manifiesto Comunista de Marx, aprovechando la experiencia a extraer de la fracasada, revolución proletaria, y adecuado a nuestra realidad actual.  

Inciso

Es imposible darle tregua a la desesperanza, la esperanza es un valor que nos está esperando siempre, es lo opuesto a la desesperanza. En nuestro mundo dual, si hay  desesperanza forzosamente ha de haber esperanza. Si no la vemos hemos de buscarla con la seguridad de que la hay. La desesperación es el suicidio psicológico, dejando que triunfe el Gran Satán, enemigo de la lucha por la vida.

 Prosigo

Uno de los sometidos creía sinceramente “tener un as” para la partida que no podemos eludir de jugar. Os diré que ese uno era un pobre obrero que por motivos prolijos había llevado una existencia miserable. Como pelota que se lanza al torrente de la vida, había botado de aquí para allá. Sabia que parte de su desgracia, o toda, se la debía a su propia necedad. Hasta que decidió escuchar la voz interior que insistentemente le recriminaba y le hacia sentirse culpable.

Cuando decidió ser el que realmente era, aceptando sufrir por ello si era necesario, vio que sorprendentemente su desgracia se iba convirtiendo en fortuna. Vio como paulatinamente dejaba atrás el mero vivir aturdido como un borracho y comenzaba a vivir con norte y con intensidad. Su vida pasada se convirtió en el estiércol de donde podía brotar una vigorosa planta, aunque tardía. Había aprendido a no traicionarse, a ser fiel a sí mismo.

Había leído un libro sobre Zen que le dejó profunda huella. Entonces buscó un grupo afín a él, uno que practicaba la vía del Zen. A pesar de su extravío, siempre había estado interesado por las cosas del espíritu.

Practicaba zazen y leía libros del tema, en particular leía libros del fallecido Dragón Negro Taisen Deshimaru. El Bodhidarma de Occidente le llamaban sus discípulos, el incluido.

En su juventud, el obrero optimista, soñaba con una síntesis entre comunismo y cristianismo.

En las puertas de la vejez, había conseguido eso y más. No en base a elucubraciones alambicadas, sino porque había descubierto el río grande del medio, donde afluyen todos los ríos más o menos turbios. El río grande del medio, que arrastra las impurezas que se sedimentan en el profundo y sereno mar.

De la práctica de la vía, de los libros que leía y que trataban del tema de la vía, así como de otros que también le interesaban, el obrero optimista sacó la conclusión de que lo único que puede hacer que prospere la justicia y la armonía en la isla es una revolución interior en cada pecho humano. Una revolución cultural psicológica que se extienda por toda la isla como llama que inflama un reguero de pólvora. Y se le ocurrió cómo actuar para propiciarla.

El ambiente general era de desorientación entre las fuerzas progresistas, al mismo tiempo que cundía el desanimo más amargo.

Pensó en hacer una especie de libro donde expusiera su visión, y colgarlo en la Red, una herramienta formidable de difusión.

Quería sembrar lo que habría de ser:

 

La Revolución de la Serpiente

Hecha “sin pisar la flor ni la zarza” 

Es decir, sin muerte ni destrucción.

 

 

 

 

 

 

 

UN SOLIDARISMO EFICAZ

  

Si la ESPERANZA no va a la guerra. ¿Adónde va?.

La ESPERANZA va a montar empresas capitalistas. 

 

El sistema contra el sistema, debería ser su lema.

¿Por qué hemos de dejar la actividad económica en manos egoístas?

 Pocos grandes humanistas se han dedicado a crear empresas modélicas.

En lugar de buscar el poder político, ineficaz hoy frente al poder económico y la globalización imperante, lo propio es, sin renunciar al poder político, combatir el poder real en su propio terreno, es decir, en el mercado. Pugnar por quitarle el mando a los capitanes borrachos que nos llevan al naufragio. Esquemáticamente, lo anterior es el modo que propongo de operar.

Veamos algunas de las ventajas de “la revolución empresarial”.

Aunque la economía hoy esta regida por la carencia de escrúpulos, buscando el beneficio por encima de consideraciones morales o éticas, cada hombre es un capitalista “clásico” y al mismo tiempo un solidarista. El tanto por ciento que tiene de cada cosa varía, obviamente. Pero hay mucho bueno desorganizado en el mundo. Tenemos de bueno y de malo todos, pero la economía se rige por lo malo. Organicemos lo bueno y opongámoselo a lo malo.

Sin renunciar a ningún frente, excepto al frente violento, hagamos del mercado el caballo de batalla. No las barricadas. Si hoy matásemos a todos los magnates capitalistas ¿acaso no aparecerían otros automáticamente? 

El dinero que busca por encima de todo multiplicarse a lo grande, y que es el que marca la política planetaria a seguir, lo hace gracias a una compleja organización en cuyo centro de operaciones está hoy el ordenador. Gracias al manejo de símbolos tiene poder sobre países enteros.

Los brujos del demonio que adoran el altar de “beneficio para mí a toda costa” saben como realizar los sortilegios que en ultimo extremo siembra el sufrimiento y la desolación en el planeta.

Los primeros obreros de la era industrial pretendieron eliminar las máquinas de reciente aparición, y después vieron que lo propio era tomar el poder político para apropiárselas. Hoy no hay poder político que tomar si antes no tomamos el poder económico.

No podemos, si queremos ser justos, si queremos construir sin destruir, mas que revolucionar con todo nuestro brío el molino de Freud. Y combatiendo el egoísmo doquiera se encuentre, activar la economía solidarista.

Ricos y pobres, cabalgamos un tigre que nos puede devorar. Los cascos de los caballos  que montan los jinetes del Apocalipsis suenan ya. Seguimos en nuestra ceguera, y al final poco importará ser rico o pobre, porque el dinero no se puede comer.

En el epitafio de nuestra tumba, figurará lo siguiente. “Aquí yacen los humanos, se los trago la madre Tierra por indignos, mientras se obcecaban en añadirle ceros a sus cuentas bancarias”. 

Es patético el cuadro. Por un lado los señores del mundo reunidos. Por otro los grupos de gente consciente manifestándose y gritando su impotencia. Debemos hacer algo lo más efectivo posible.

Estamos inmersos en el sistema. Nos vemos obligados a seguirlo, por nuestra propia subsistencia, como si fuéramos esclavos de un cruel Satán.

El manifestante antiglobalización, al día siguiente de manifestarse, se ve obligado a despertarse a toque de despertador para ir a servir al sistema.

 Ya está bien de quedarnos con el pataleo exclusivamente. Sirve el pataleo, sirve la denuncia, sirve la acción política. Sirve todo lo que pueda llamarse solidarista.

Pero intentemos servir a un sistema paralelo, para arrebatarle el mercado a los hijos de la gran puta que tenemos que humanizar. 

La tarea que propongo es para generaciones enteras. Pero si dejamos una obra empezada con buenos fundamentos, los que vienen detrás la podrán concluir.

Hemos buscado el poder político para controlar los medios de producción. Ello nos ha enfrentado a los dientes del sistema burgués.

Busquemos el poder económico, como vía coincidente con la búsqueda, en el marco de la democracia burguesa, del poder político. Es un buen camino, sobre todo para Occidente. Apuntaríamos directamente al corazón, no a los dientes del sistema. Esto no lo tienen previsto y veríamos si lo hacemos bien. Si lo pueden resistir.

El proceso es lento pero “efectivo y limpio” y quien tache mis planteamiento de visionario delirante que empiece a hacer la revolución marxista-leninista...

En lugar del “todo o nada” que era el comunismo, para quedarse en “nada”, aprendamos a roer el hueso con el ritmo justo; de esta manera la revolución no es sangrienta. La confrontación armada se diluye en más tiempo y se convierte en tensión, hay que dar tiempo para la permeabilización de la sociedad al solidarismo. “La primera virtud del revolucionario es la paciencia”.

El marxismo-leninismo quería comerse el mundo y se dejó los dientes en el intento.

“En los grandes procesos históricos, veinte años son igual a un día –escribía Marx a Engels-, si bien luego pueden venir días en que se condensen veinte años”.

En los veinte años igual a un día, es donde está la base de la revolución. 

Si metemos en el sistema el solidarismo, este ya no seria un paria periférico, que grita la verdad impotente. Se trata de meterse en el sistema como cuñas.

“Un Viet-Nam, dos Viet-Nam, muchos Viet-Nam”. No.

Muchas empresas-cuña solidaristas. Además, la cuña de la misma madera es la más efectiva.

La empresa solidarista, además, crearía puestos de trabajo, algo de lo más necesario hoy día, y también contrarrestaría el efecto en el mercado del trabajo de la superabundancia de demanda de empleo, que, como sabemos, se traduce en una libre explotación en todos los puestos de trabajo existentes. “La puerta es muy ancha” es el latiguillo preferido del empresario; hoy más que nunca este latiguillo hace temblar al trabajador.

Pero podemos hacer más, siempre puede hacerse más.

Como obligadamente inmersos en el sistema que estamos, y parte integrante del mismo, podemos “nadar y guardar la ropa”. Podemos valernos de este hecho en pro de nuestra política solidarista, sin comprometer hasta limites trágicos nuestra obligada integración en el sistema. Podemos ser “quinta columnistas”.

En primer lugar, a través del consumo podemos obtener importantes logros. Una contención en los deseos va directamente contra la línea de flotación de la sociedad del consumo. Y cuando consumamos podemos hacerlo dando prioridad a productos de empresas solidaristas. Cualquier acto que favorezca el solidarismo, por pequeño que sea, contribuye a la causa. Obligamos de esta manera a las empresas todas, a través de sus estudios de mercado, a adaptarse al sistema de vida que nos sale de dentro, no al que nos impone la publicidad, y esto tampoco es poco ni mucho menos.

En el campo político unas ideas que emerjan del humanismo integral que defiendo en todo este trabajo, y que inspiren el solidarismo, puede dar mucho, mucho juego.

Es muy muy importante lo que apunto a continuación: la nueva izquierda deberá leer a Marx como a tantos otros economistas, pero el faro guía que orientará nuestra acción política no será Marx sino Silvio Gesell. Quedaos con el nombre e investigad su pensamiento, leed su libro “El Orden Económico Natural”. Tendréis la alegría de saber concretamente qué es lo que hemos de buscar en el campo político.

Algo muy importante también: las ideas de Silvio Gesell ya han sido contrastadas con la realidad y con éxito.

Hemos de empezar como burgueses empresarios a luchar por nuestra empresa. Pero... colectivamente.

Hemos de seguir siendo asalariados quizá de por vida. Considerad que tan solo propongo que trabajemos como ahora, pero en una empresa que hayamos creado nosotros y que tenga sentido social. Este es el punto neurálgico, lo difícil, el hueso y el “cascabel del gato”. En cualquier caso propongo trabajo y política, no lucha cruenta.

Hemos de ahorrar nuestro capital para hacer nuestra revolución, contando con las      acertadas y científicas teorías económicas de Gesell, Tendremos entonces una economía de mercado, en la que nos quedaremos con la “plusvalía” del capital...

Políticamente hemos de buscar en las urnas también, con el capitalismo actual, para conseguir el “dinero evanescente” del que nos hablara Gesell, pero hemos de prever que el capital existente en cualquier estado-nación sin espíritu solidarista huirá miserablemente a otro estado- nación donde no se pretenda quitarle el interés al capital. Es por este motivo que necesitamos “nuestros propios ahorros”. De este modo crearemos estados-nación que sea la envidia de nuestros vecinos.

Estamos hoy muy interrelacionados. Las ideas que apunto aquí podrían ser como una marea incontenible en muchos países a la vez. Podríamos formar entre todos una Comunidad Económica Europea que enseñara al mundo. 

Si metemos en el sistema el solidarismo, como si de caballo de Troya se tratara, podríamos declarar una guerra incruenta, una “guerra fría”. Podemos ser mansos como palomas si somos astutos como serpientes. Es de lo más importante.

Cuando triunfemos, lo habremos hecho sobre la guerra también.

Cambiaríamos la lucha sangrienta por trabajo. Podríamos ser revolucionarios con paz en el corazón.

Si la motivación espiritual es fuerte, si nuestra fe en que transitamos el camino exacto es fuerte, a ningún solidarista le parecerá inadmisible trabajar por un salario digno y olvidarse de por vida de participar en beneficios.  Siempre tendrá la opción teórica de montar su propia empresa, nadie se lo impediría. Del lado del solidarismo lo único que recibiría en todo caso sería crítica moral.

Propongo algo en libertad. Quien no esté capacitado para laborar por el “nosotros”, nadie le impedirá laborar para sí mismo.

Si comparamos la vida de un revolucionario como el que propongo, con la de otros que se han jugado la vida y la han perdido, nos empezará a parecer razonable el trabajar por la revolución, y que además esa revolución nos dé nuestro sustento.

Esto es asimilable por el individuo, esto no destruye hasta lo trágico su vida, esto no es fomentar la “combatividad violenta de las masas”; detrás de cada individuo hay una familia que puede sufrir. Combatividad sí, pero inteligentemente incruenta.

Habría que reverenciar al empresario que creara una empresa solidarista, sin ánimo de lucro propio. Ese seria el líder revolucionario que propongo.

Vivir como propongo implica un espíritu de sacrificio. O somos revolucionarios o es que el sistema está bien para nosotros. Lo demás es verborrea o tibieza.

Sin destruirnos, pero abnegados, hemos de plantar el árbol con vistas a que nuestros nietos recojan sus frutos. 

Tiene sus ventajas no estar entregado a amasar dinero más de lo justo. Tendríamos tiempo, estabilidad económica dentro de una empresa con perfiles adaptados a lo humano. Se traduciría en tranquilidad mental, y la posibilidad de entregarnos a otras cosas que no fuesen solo la lucha por la subsistencia. Pero el espíritu de sacrificio debería presidir nuestra vida. No todo se arregla con manifestaciones. 

Todo lo convertimos en mercancía que compramos y vendemos. Pues bien, convirtamos también en mercancía lo más sublime del humano y apliquémosle un “estudio de mercado”. La empresa es una parcela de poder, si la empresa se expande también lo hace su espíritu.

Cuando una empresa solidarista se corrompe, pasa automáticamente al campo egoísta; es una lucha entre células sanas y enfermas. 

Veo que el engranaje productivo puede ser el mismo que tenemos, siempre y cuando el cuerno de la abundancia que genera lo inclinemos hacia el lado del pueblo. Es necesario un mesianismo que nos lleve a la regeneración, sin destruirnos por el camino. Necesitamos vivir construyendo, pero vivir.

Me imagino reacciones a mi propuesta.”Es muy fácil, transformar el mundo en un papel...”. Quien tenga mejores propuestas que las exponga, que falta hace... El humanismo integral, y el solidarismo, están en el mundo; no están tan sólo en mi imaginación. Como tal, lo que cabe es darle un horizonte de lucha y un esqueleto coherente. 

En Costa rica y países próximos, se está desarrollando ya un tipo de solidarismo que se está expandiendo; luego es viable. Los pensadores ociosos, socialistas, podrían buscar la manera de que este movimiento con base real ya, contrastado con éxito, se convirtiera en la nueva esperanza proletaria.

El pensamiento siempre es relativo, pero obviamente se puede pensar; unas teorías están mas cerca de la realidad que otras. 

Hemos de hacer.

 

La Revolución de la Serpiente

Hecha “sin pisar  la flor ni la zarza”.

Deslizándonos limpiamente sin que se note la huella de nuestro efectivo hacer.

Reptando, pero como guerreros Sioux.

 

                 

 

 

 NUESTRA ESPERANZA

 

La humanidad podrá reconocerse como tal cuando de verdad la parte noblemente humana se sobreponga a su bestialidad. Cuando la lucidez tenga el cuerpo humano integrado, y razón e intuición gobiernen.

Mientras tanto estamos desarrollándonos con avances y retrocesos. Todo esto adobado de mucho dolor y de sangre vertida.

Imagino que aquellos que vivieron los años preliminares a, por ejemplo, la segunda guerra mundial, les parecería vivir el preapocalipsis.

Nosotros tenemos nuestros propios nubarrones negros e igualmente nos parecen estos tiempos preapocalípticos. Al final la vida sigue, dejándose, eso sí, jirones en el camino.

Nuestra historia está jalonada de guerras y calamidades sin cuento. Siempre como el aceite sobre el agua, al humanismo lo hemos tenido por encima de nuestro proceder real. Porque el humanismo es hacia lo que tenemos tendencia, pero nos puede más nuestro primitivismo.

Pero la historia de la humanidad no puede ser en el futuro más de lo mismo.

Somos demasiado poderosos con la tecnología que hemos desarrollado. Con nuestros ingenios de matar y con nuestra capacidad de devastar el planeta.

Es crucial para la subsistencia de la especie humana que esta crezca en humanismo. Esto se sabe. Pero una cosa es saber la medicina, y otra curar al enfermo.

¿Qué tenemos en Occidente?.

“Bancarrota” del humanismo que habíamos desarrollado. Por un lado una religión del todo ineficaz para ayudarnos a autocontrolarnos, entre otros motivos por ser exclusivamente espiritualista, superficial y primitiva. No proporciona mas que “el efecto placebo”.

Por otro lado, las instituciones que conforman nuestra civilización han perdido toda credibilidad por ineficaces para el tiempo presente.

En Brasil, en unas elecciones, botaban a un orangután; en Italia a una mujer de moral dudosa; en Francia a un fascista, y en todas partes se dan índices preocupantes de abstención en las convocatorias de elecciones de nuestras “rimbombantes” democracias.

No hace falta ser muy avispado para deducir la existencia de un malestar general que hace gestos desesperados porque no encuentra el cauce para expresarse.

Donde afortunadamente gozamos de democracia política, ésta se ve socavada por la falta de democracia económica. Las leyes las manipula el dinero.

El comunismo, como sabemos, ha fracasado, dejándonos la moral por el suelo y todo el trabajo por hacer. Nos ahogamos en el materialismo capitalista más salvaje y no tenemos de momento asidero.

Nuestro humanismo es “tecnología obsoleta” para matar el bicho que nos mata: un capitalismo “teñido” hasta el tuétano de cruel egoísmo.

Como me he referido, es en Oriente donde más altas cotas de sabiduría humanística ha alcanzado nuestra especie.

Si hemos de importar “tecnología punta”, la hemos de importar de Oriente; cuanto más tardemos, peor.

Imaginad nuestros avances en el campo de la ciencia y tecnología al servicio de un humanismo integral, cuando éste se impusiera como única y definitiva fe. Nos permitiría crear un Orden Nuevo esplendoroso que nos permitiría dejar atrás nuestras miserias de hoy y de ayer. Vale la pena intentarlo. No es una nueva teoría salida de cabeza pensante alguna, es encontrar y seguir por fin la fuente más pura y diáfana de la Verdad que conocemos y que sin extravío nos permitiría superarnos integralmente.

El encharcamiento nauseabundo de nuestra civilización solo lo puede regenerar una fe nueva que apasione.

Se impone dejarse penetrar por la filosofía que lleva a la armonía, como una gota de aceite penetra hasta la ultima fibra de un tejido, el tejido social.

Somos como una colmena de abejas, pero sin abeja madre. Nos volvemos todos locos, porque el hilo conductor que nos une a las leyes de donde procedemos lo tenemos roto.

Pero soy optimista, una planta mortecina puede dar lugar a un brote nuevo y vigoroso; de eso se trata, de propiciarlo.

No propongo movimiento alguno de exaltados cargados de odio. Tampoco propongo una revolución que destruya a sus hijos; todo lo contrario, que los haga grandes sin limite.

Creo posible transformar la sociedad con paz en el corazón. Creo en la mística-filosofía integral como una forma de “esperanto” para el globo entero.

El espíritu sin política se queda en “las esferas celestiales”. La política y la economía sin espíritu convierten la sociedad en una gusanera, y hacen falta antídotos en el mundo, no venenos más letales que los que esgrimen nuestros oponentes. 

Según pensamos, del acero de los tanques podríamos fabricar maquinas de labranza.

Somos hijos del Orden Cósmico, como lo son las piedras. Canalicemos nuestro inherente anhelo espiritual a resonar con ese Orden Cósmico como el cuarzo resuena.

 

 

En el futuro, los occidentales y los orientales formaran una gran sinfonía espiritual.

Espero que venga pronto el día en que toda la humanidad se armonizará en una comunión universal.

(Rabindranath  Tagore)

 

 

 

Europeos, por medio de la fusión del espíritu oriental y occidental, podréis crear la más alta dimensión de la vida. 

( Taisen  Deshimaru)

 

                                             

 

LOS RICOS DE LA TIERRA

 

No cuestionamos nada, únicamente lamentamos estar en la lista de los pobres.

Los pobres en la práctica, y hasta en las leyes. No tenemos derechos. Los ricos los tienen todos, y son los que hacen las leyes de obligado cumplimiento.

Nuestra revolución particular es la de hacernos ricos. Los que no piensan así, son “gente que sueña con alcanzar la Luna”. Pero esta gente es la que es lúcida y no está enceguecida adorando “el becerro de oro”, y escupiendo sobre la madre Tierra.

El sistema nos condiciona de tal modo, que ni puntos comparativos de referencia tenemos ya que nos hagan revelarnos contra la perversión de valores y contra el abominable ultraje a nuestra dignidad humana. Predomina la inconsciencia, la atonía y el envilecimiento general.

Ignoramos que podríamos vivir con una plenitud e intensidad que nuestra pobre y amorfa vida actual, de autómatas sufrientes y resignados, nos parecería un mal sueño al compararla desde la otra perspectiva posible. 

Todos conocemos aquello que denominamos “la dureza de la vida”. La vida tiene una carga de tragedia ineludible, pero el sistema que nos rige no nos sirve para paliar esta tragedia, bien al contrario, la acentúa.

Los náufragos vagabundos de nuestras ciudades, los que huyen del hambre y quienes la padecen, los parados..., padecen el rigor de una crueldad que hiela el corazón y nos empuja a adentrarnos más en el sistema para no correr la misma suerte. El mismo miedo al paro, por ejemplo, nos hace sumisos como ovejas, aunque internamente nos revelemos contra el destino que nos tienen prefigurado. Porque si nos adaptamos, lo hacemos únicamente como elementos productivos y consumidores. Cuando no producimos ni consumimos, somos ceros a la izquierda a los cuales se les desea la muerte.

Tanto a nivel de individuo como de las mismas naciones, quien no se adapta al sistema le espera una marginación siniestra.

El sistema tiene cara humana tan sólo para vender, pero es una careta falsa. Detrás está aquello que nos iguala a las fieras –la competencia feroz- en su versión depredadora.

Pero hoy, en términos generales, este sistema nos parece lo normal; nos parece que han de haber descomunales diferencias sociales igual que hay feos y guapos. Ya no hay solamente explotados y explotadores. Hay una gran multitud de inconscientes y necios, y una minoría de gente consciente y angustiada.

La palabra “humanismo” debe evocarnos un tipo de vida muy diferente a la que vivimos hoy.

Pero al contrario que un pollo de granja no deja de ser un pollo, nosotros, por el hecho de ser humanos, tenemos la facultad de poder llegar a ser dioses. El humano es un dios en potencia; quien no lo ve así, lo insulta. No tenemos más que escuchar al maestro interior que llevamos con nosotros para llegar a las más altas cotas.

El humano es mucho más que “capital humano” que echar a la pira del beneficio.

El trabajo es una manera de desarrollarnos humanamente ganándonos el sustento, y de servir a la comunidad. El fin del trabajo está pervertido en el sistema capitalista actual. Lo que tendría que ser una fuente de alegría nos lo convierten en una fuente de esclavitud y de tristeza. Nos convierten en meros instrumentos, meras piezas de carne a las que se les dispensa menos atención que a las máquinas. El capitalista actual ve al humano exclusivamente como el negrero veía a los esclavos. Todo esto es ya sabido, pero conviene refrescarlo; siempre hay quien no se ha enterado. 

Según Noam Chomsky, 230 familias poseen el 80% de la riqueza mundial.

Un sistema como el descrito anteriormente es el que permite ser inmensamente ricos a algunos mientras las tres cuartas partes de la humanidad muere de hambre y miseria.

Hemos de revisar nuestra “filosofía” ¿o no?.

Los triunfadores en la competición en la que todos estamos inscritos y cuya tarea es acumular dinero, no son líderes en compasión y solidaridad, esto es evidente. Salvo claras excepciones, si las hay...

Como todos ansiamos el dinero, quien lo posee y lo consigue en abundancia es admirado y envidiado (aunque no suele ser querido...).

Los que acumulan grandes fortunas son espíritus ávidos, y su codicia insolidaria les lleva a vivir un infierno. Les lleva al sin reposo de estar continuamente velando por lo que tienen y en continua lucha por aumentarlo. Son espíritus atormentados y cansados de vivir en el infierno sirviendo su avaricia. Si les preguntas te dirán que son felices como dioses. Tienen el corazón de piedra, su espíritu enfermo desecha todo aquello que no les lleve a enriquecerse.

Pero a estos enfermos del espíritu los ponemos en el candelero, como si fuera un mérito su lucha. Es evidente que todos llevamos la ponzoña dentro.

Frente al gran desastre, frente a la humanidad doliente y hambrienta, no cabe más que ser rigurosamente y duramente crítico contra quien encarna el “espíritu” capitalista-egoísta.

 

 

 

 

 

LOS PROFESIONALES DEL ESPÍRITU

 

¿Por qué? Hemos llegado al materialismo ciego, mezquinamente chato, consumista, hedonista, egoísta, que nos degenera cada día, y que nos lleva a la destrucción.

Hemos olvidado lo espiritual para regirnos. 

La manera natural como una sociedad se gobierna, es basándose en el autocontrol de los individuos integrantes de tal sociedad. Para ello necesitamos de pautas espirituales. La religión tradicional nos daba moral basada en una espiritualidad que nuestra evolución superó.

En Occidente, la apostasía de la religión era inevitable. El Dios mítico no nos valía ya para una etapa alumbrada por la luz de la razón. Los filósofos racionalistas (que son casi todos, en Occidente) se dedicaron a utilizar profusamente la racionalidad, que había roto amarras con el mito controlado por la Iglesia Romana. Pero a pesar de la Reforma, los profesionales del espíritu siguieron anclados en lo mítico, pugnando por no perder cotas de poder y de influencia y pugnando por imponer su moral. Así han seguido hasta hoy, y siguen, alienados del tiempo y de la evolución de la conciencia humana.

Esos profesionales del espíritu que no nos valen para nada, los mantiene el erario publico en gran parte. Se dedican a crear en el no avisado la mala conciencia de que nos “apartamos de Dios”. Efectivamente nos apartamos del Dios agrícola, porque nos lo ha recomendado Dios-en-la-creación.

Las Iglesias siguen ancladas en una tradición esclerotizada y opresiva, y no han  cumplido con su función social de acompañar al humano en su evolución. Los actuales integrantes de las Iglesias se merecen cualquier cosa menos reconocimiento, y la critica más rigurosa para con los de ayer. 

Hemos sido materialistas durante los últimos siglos porque no sabíamos, ni nadie nos lo dijo, que negar al Dios tradicional no implicaba negar también el mundo del espíritu. Los profesionales del espíritu, que debían habernos abierto un nuevo horizonte para una espiritualidad que tirara de nosotros hacia arriba, se quedaron aferrados, añorantes, a un estatus que les deparaba todo el poder social. La gente más evolucionada de Occidente se quedó a merced de su mente, tan solo.

La mente, el ego, teme a la muerte. Así es como pretendimos todos, y pretendemos, crearnos una falsa inmortalidad buscando el poder en todos los ordenes. Económico, político, cultural etc.

Por ejemplo, un intelectual que busque la inmortalidad, utilizando su mente, se engaña lastimosamente. Al final del recorrido espera sonriente la calavera. Un empresario multimillonario también se engaña.

El Dios patriarcal y mítico murió en nuestro corazón porque murió en nuestra mente, y el vacío que dejó lo llenamos con un ego muerto de miedo.

Como un bebe que vacilante aprende a andar, nos hemos despegado del asidero que nos deparaba el Dios tradicional, pero desesperadamente necesitamos de otro asidero.

 

Estaríamos a tiempo de evitar el gran desastre apocalíptico si, desde hoy, reconociéramos que debemos regirnos por leyes civilizatorias emanadas del espíritu

 

El indígena primitivo que está en la etapa mágica de su evolución, obviamente tiene legitimidad para asentarse en su visión del mundo, aunque sepamos que existen visiones más exactas y evolucionadas. Otro tanto ocurre con quien se asienta en la visión tradicional No hay motivo para condenar la religión tradicional en su esencia, pero otra cosa es como se implanta en el mundo. Todas las religiones tienen un fondo de Verdad puesto que se han originado a partir de la necesidad espiritual de los hombres de todas las épocas. Y de todas ellas podemos beber y mirar al espíritu.

Y también es perfectamente legitimo difundir una visión del mundo basada en la racionalidad y la transrracionalidad, sobre todo teniendo en cuenta que esta visión será la que nos vertebre y nos despeje el camino de lo espiritual. Que transcienda la magia, lo mítico, lo racional, y que nos lleve a lo transrracional.

Necesitamos desesperadamente una espiritualidad, acorde con la etapa evolutiva actual, y para ello hay que hablar claramente y llamar “al pan pan, y al vino vino”.

 

 

 

WAKAN TANKA O GRAN MISTERIO

 

Personalmente el nombre poético con el que me dirijo a lo que, por otra parte considero es “lo inatrapable”, el “vacío”, es el del WAKAN TANKA de los nativos Lakotas americanos. Evoca en mi lo que imagino la espiritualidad del digno nativo rodeado de la naturaleza pura, y me identifico de alguna manera con él. Además considero de lo mas definitorio la traducción GRAN MISTERIO. Los nativos buscaban “la visión” que les proporcionaba Wakan Tanka. Éste, yo, también la busca. Cada cual tiene una “visión” de lo espiritual; es consustancial a nosotros.

  

Hay una cosa confusamente formada

Anterior al cielo y la tierra.

¡Sin sonido, sin forma!

De nada depende y permanece inalterada

Se le puede considerar el origen del mundo.

Yo no conozco su nombre

La denomino Tao

 

El Tao es vacío

Pero su eficacia nunca se agota.

Es un abismo

Parece el origen de todas las cosas

Embota los filos

Desenreda lo enmarañado.

Atenúa los brillos

Iguala la suciedad.

Profundo

Parece existir y al mismo tiempo no existir

Yo no sé de quién es hijo

Se manifiesta como antepasado de Dios

 

(Tao Te King)

 

 

 

 

El más allá no es algo infinitamente remoto, sino que está al alcance de la mano.

 (Bonhoeffer)

 

 

 

Hay mucha gente que analiza e investiga la naturaleza de la divinidad. Los verdaderamente afortunados son aquellos que la perciben.

 

(Sai Baba)

 

 

 

El verdadero Dios existe, no muere jamás

Dios significa la verdad mas alta o la energía fundamental del universo.

Dios existe, pero la humanidad ha huido de Él, la civilización moderna ha vuelto la espalda al orden cósmico.

¿Cómo reencontrarlo?

 

(Taisen Deshimaru)

 

 

 

 

 

WAKAN  TANKA o Gran Misterio

de los Lakota 

ó 

Lo Innombrable   HUNAB-KU

de los Mayas. 

 

Para este pobrecito hablador atrevido el vacío insondable tiene por nombre el literario de Gran Misterio. Esta criatura del barro siente su magnetismo; no obstante mi espíritu se orienta hacia Wakan Tanka espontáneamente, como la aguja imantada se orienta al polo Norte.

            

 

 

 

LOS INTELECTUALES

 

En las personas de los fieles comunistas el Occidente racionalista se ha dado de bruces siguiendo su propio impulso.

Como no nos servia la religión, no nos quedaba más que la razón, pero esta se mostró ineficaz también, intentando suplir lo que debería ser una manera de vivir de acuerdo a la Filosofía Perenne, que no excluya nuestra vinculación con el Absoluto.

El comunismo, no ha servido como paso evolutivo hacia la armonía planetaria.

Los libros tratantes de la revolución proletaria, que ayer se leían con devoción, hoy se amontonan en las librerías de viejo y no los compra nadie..

El pueblo trabajador se ha quedado huérfano de esperanza. Mientras tanto los buitres de la globalización se alimentan de la carroña del progresismo. 

En cuanto a la filosofía, hay mucho intelectual que se atribuye el papel de guía. Este es un espécimen, que como el escarabajo pelotero, le da vueltas a esa pelota de mierda que es la especulación filosófica, por muy pretendidamente objetiva que quiera ser.

No se entienden más que entre ellos, y entre ellos discuten quien ha hecho la pelota más grande. Son racionalistas que parten de su mente y que tienen la mente por techo.

Las verdades filosóficas son mas verdad unas que otras, pero todas son verdades parciales o relativas.

Nunca os fiéis de la verdad del intelectual, aceptar la verdad del místico, y más si está plenamente realizado. 

Todo lo que no se ajusta a la realidad es una locura. El racionalismo es una locura porque la mente egoica distorsiona la realidad, que es no-dual y hace un sinfín de categorías de esta: la convierte en buena o mala, por ejemplo.

Únicamente quien transciende la mente egoica y llega a la no-mente, puede orientar el manicomio humano. Entonces verá mas allá de tesis, antitesis y síntesis, porque verá permanentemente la tesis y la antítesis, el derecho y el revés de la moneda, ya que estará “permanentemente” instalado en la síntesis.

Todo lo que no sea aprehensión directa de la realidad tal cual es, es condenarse a una persecución de la verdad- realidad que nunca termina; es como la “periódica pura” de las matemáticas.

Los filósofos racionalistas (que son todos) son tan aburridos porque se mueven en un sofisticado mundo de símbolos mentales o palabras. A más elaboración lingüística más se aleja el símbolo de lo real, de la vida.

Es por este motivo que, frente al racionalismo marxista, frente a todo racionalismo y todo “ismo”, es más exacta la aprehensión directa de la realidad, que es como decir aprehensión directa de la verdad. Con nuestra mente abstracta y nuestra mente intuitiva, con los dos hemisferios cerebrales conjuntamente operando, podremos imaginar la verdad futura más exactamente, al menos eso es lo que nos dice la Filosofía Perenne. Esta da pautas de cómo superar la filosofía para llegar al Absoluto.

No  todos, pero al menos una gran parte de nuestros males radica en el desequilibrio hemisférico de nuestro cerebro.

La aprehensión directa de la realidad-verdad no la conseguimos con la mente egoica tan solo; la realidad-verdad, que está radicada mas allá de la mente, en la suprarracionalidad, la conseguimos intuitivamente. No existe otra manera más exacta que buscar la verdad místicamente. El que consigue la realización se eleva en el cielo por encima del mundo, donde todos los mortales nos debatimos en la dualidad. 

Resumiendo:

Hasta que no se consigue la realización plena, sólo tenemos verdades deformadas por nuestra perspectiva mental.

El misticismo es mucho mejor, que cualquier filosofía La tecnología psico-física meditativa mística nos lleva al conocimiento absoluto

Un intelectual que medite, y cualquiera que lo haga, trasciende su mente, pero la integra. Es decir que conservara su capacidad mental pero mas refinada, más lúcida, y llegará a un punto de lucidez en que la mente egoica no distorsione. 

Existe un tipo de pensamiento racional llamado “mandálico” que está, en principio, bien orientado. Es relativo, pero nos aproxima a lo absoluto. Es aquel pensamiento que utiliza la razón para dar a conocer la Filosofía Perenne. Este pensamiento mandálico nos dice que sin práctica meditativa, la filosofía que trata del mundo subjetivo se queda en metafísica vacía.  

¿Que le queda que hacer a los intelectuales?

¿Qué les queda que hacer a tanto acaparador de “saber”, con el que “se encumbran por encima del mortal medio”. Reconocer humildemente y decir como el iniciado Sócrates “yo sólo sé que no sé nada”. Al menos nada fiable, para que los “simples mortales” nos agarremos a ello.

Desde el tiempo de los griegos del ágora, hasta nuestros confusos tiempos postmodernos, Occidente ha estado herrando..

Esto no ha pasado en Oriente, por este motivo debemos aprender de los místicos orientales.

¿Qué le queda que hacer al intelectual?

Si sinceramente busca la verdad, una cosa que puede hacer: es sentarse en la posición del loto, la posición del Buda, frente a una pared.

Los intelectuales al “paredón”, ja, ja, que risa.

 

En su libro, “El Espectro de la Conciencia” (Kairós) Ken Wilber dice lo siguiente, al respecto del conocimiento relativo que nos proporciona nuestra contraída razón, nuestra mente dual: 

“El pensamiento es secuencial, sucesivo, unidimensional, mientras que el mundo real se presenta como una pauta multidimensional, no sucesiva y simultanea de riqueza y variedad infinita; intentar que lo uno abarque lo otro equivale a querer admirar un hermoso paisaje a través de una pequeña rendija en la verja o asimilar un cuadro de Renoir con la única ayuda de un microscopio.” 

“Esto no significa, por supuesto, que para “ver el mundo correctamente” debamos abandonar permanentemente nuestras construcciones simbólicas y dedicarnos a emitir gruñidos y susurros incoherentes, donde antes predominaba un discurso académico. Lo único que significa es que cuando comprendamos plenamente que el sujeto y el objeto no son dos, entonces podremos volver a la conceptualización, porque ya no nos dejaremos engañar por su información. Y a no ser que seamos capaces de hacerlo, a no ser que seamos conscientes del territorio de dichos objetos/conceptos ilusoriamente representan, seguiremos andando en tinieblas. Y, como dice un proverbio chino, “ un perro ladra a la oscuridad y otros mil perros lo toman por realidad”. 

El psiquiatra Hubert Benoit nos dice lo siguiente: 

“ En mi conciencia orgánica, estoy tan identificado con el No-ser como con el Ser; en mi conciencia intelectual estoy identificado con el Ser y afirmo que solo mi Ser existe.

Mi conciencia intelectual solo reconoce mi Ser. Cuando pienso que tengo un conocimiento intelectual del mundo exterior, en realidad sólo tengo conocimiento de las modificaciones de mi Ser en contacto con el mundo exterior. Los filósofos llaman a esto “la prisión de la subjetividad” y dejan de lado la conciencia orgánica, que no discrimina entre sujeto y objeto y gracias a la cual soy –y siempre he sido- virtualmente libre.

(El remarcado es mío).

 

 

 

 

 

 

CIENCIA Y ESPIRITUALIDAD

 

La religiosidad o espiritualidad profunda es la ciencia amplia de los niveles más elevados del desarrollo del ser humano. 

Por espiritualidad profunda se entiende la que nos lleva a dominios radicados –más allá- de la racionalidad de la mente.

Oriente nos ha legado la certeza científica de que existen niveles de conciencia transrracionales,  radicados más allá de lo meramente racional. Para alcanzarlos ha utilizado técnicas psico-físicas, como pueda ser la meditación budista.

Se sabe que la meditación es efectiva para ampliar nuestro nivel de CONCIENCIA. 

Más allá del Kosmos, del Tiempo, del Espacio, de todo cuanto se mueve y cambia, se encuentra la Realidad Substancial, la Verdad Fundamental. Conectar con esta Verdad Fundamental no es irracional. Es transcendiendo pero integrando la mente como llegamos a ella.

El espíritu-en-acción, la evolución que no para, nos lleva a ella Es cuestión de tiempo que se imponga  una ciencia amplia aplicada al ámbito subjetivo-espiritual,  y que también estudie el Kosmos con K. Sserá la que nos redima de la vida humana sufriente, porque nos podrá llevar a ser conscientes de esa Verdad Fundamental  que subyace tras los innumerables nombres de Dios. 

Neurólogos investigadores, que conozcan lo más desarrollado de las técnicas místicas, y que sean ellos mismos místicos, serán los que reconcilien la ciencia con la “religión” u espiritualidad. El cientificismo empírico-material lo que todavía hace es negar miopemente y estúpidamente todo lo subjetivo, o sea,  negar lo espiritual o religioso. 

Si leéis, “Ciencia y Religión” de Wilber, descubriréis, quien no lo sepa ya, que existe una ciencia de la materia o cuerpo, una ciencia de la mente, y otra del espíritu, integradas todas en una única ciencia amplia, (basada en el método científico, tanto para lo objetivo como para lo subjetivo). 

El mundo aún no bien conocido del cerebro es el campo de investigación de la neuroteología.

Hay científicos (a cuya opinión me sumo) que os asegurarán que conociendo el cerebro, podremos conocer a Dios. Se trata de tener claro que lo que es un componente químico del cerebro tiene su correlato en el vacío, en aquello que no tiene localización simple, pero que es tan significativo como lo objetivo. Adiestrando todo el cuerpo, donde incluyamos al cerebro como lo más importante, llegamos a la morada de Dios.

El cerebro, hasta ahora, se ha ocupado principalmente del mundo exterior a nosotros, del objeto. Pero el cerebro en sí mismo es un objeto. Pues bien, si utilizamos el objeto cerebro para investigar el sujeto que anima este cerebro quizá llegaremos a descubrir y  quizá podamos moraren la conciencia que todo lo anima y que está fuera del tiempo y del espacio. Quizá podamos alcanzar una efectividad nunca vista, en el inevitable proceso místico a que nos hemos de someter para experimentar la divinidad.

En definitiva, lo que propongo es que la luz de que disponemos para alumbrarnos en el mundo la enfoquemos para alumbrar la fuente de donde procede.

Actuando sobre el cerebro podremos escribir mapas del cielo. 

El cielo, la gran frontera de la humanidad, el “territorio” desconocido para la inmensa mayoría de humanos sufrientes. Estamos condenados, no sé por qué extraña maldición, a vivir sufriendo hasta que exploremos el cielo. Hasta que seamos dignos de que Wakan- Tanka nos desvele su misterio. Veremos entonces que Wakan Tanka es bueno., Lo único que ocurre es que para imponer su inexorable ley no se detiene ante la terrorífica muerte, que a nosotros nos espanta y de la cual es dueño.

La vida y la muerte actuando sincronizadamente, nos lleva y nos llevará a la gloria que nos tiene preparada el Gran Misterio.