¿Qué es la fotopoesia?

La palabra encierra el significado más general que puede darse a este arte de vanguardia, que intenta plasmar un contenido poético por medio de imágenes fotográficas. A semejanza de la poesía escrita, que sugiere contenidos que llegan más allá de la suma de las palabras que la expresan, la fotopoesía intentará hacer lo propio a base de imágenes. En su origen, pues, hace un par de años, cuando aparece el manifiesto fotopoético personal de Luis Vence, se concibe la fotopoesía a la manera de un poema, es decir, integrada por un conjunto o mosaico de imágenes que desarrollan una idea, pretendiendo captar un instante fugaz, un sentimiento momentáneo, conservando con ello el propósito tradicional de la fotografía: captar un instantánea, un momento que se va  a perder. Y para ello se emplean varias fotografías, más de tres según el manifiesto,  que son interpretadas en conjunto a la manera de un collage emocional. Esta corriente es la que se cultiva en el presente.

            Sin embargo, la fotopoesía, dentro del ámbito de la fotografía artística, ha existido desde siempre, basada en la imagen única y empleando técnicas de composición múltiple en laboratorio, efectos especiales de revelado, alteraciones  de los escenarios naturales, juegos con el enfoque, la luz, los filtros de color, etc. Con ello se conseguía trasmitir un contenido artístico o poético que no podía registrar la imagen instantánea, siempre esclava del momento tal y como trascurre.

            Mi visión inicial de la fotopoesía, y así son los juegos y ensayos incluidos en esta colección, no se apoya en la estructura de poema, es decir en el mosaico de imágenes, sino en la imagen única trasformada con entera libertad y con las posibilidades y recursos de la fotografía digital, que permite la mezcla fácil de imágenes o la inclusión de detalles adicionales en una fotografía principal, que siempre es el motivo inspirador.

            No trato pues de registrar el momento, real o emocional, sino desarrollar una idea, una emoción general, una vivencia existencial o metafísica. 

            En cuanto al proceso creativo, arranco siempre de la emoción o sugerencia que una imagen principal me despierta. Dicha imagen, en estos ensayos iniciales, ha sido una fotografía propia o ajena preexistentes. Después sigue un proceso de meditación, a veces largo, sobre dicha imagen, sobre el mensaje que encierra o pudiera  encerrar combinada con otras o modificada, y la búsqueda y prueba de complementos o trasformaciones, de imágenes contrapunto, etc., que hagan transmisible el mensaje que el autor quiere expresar. El trabajo global queda encerrado en una imagen única con significado completo, si bien puede incluir ventanas a otra fotografía. En cualquier caso, el número de fotografías completas empleadas no pasan de dos, pudiendo incorporarse además detalles y fragmentos de otras imágenes.

            Me parece más sintético, más propicio a la meditación y al placer estético, este procedimiento de plasmación en una sola imagen, que coincide por otro lado con el de la pintura.

Jesús Vega

                                                                        

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