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REPRODUCCION DE LO QUE DIJO BADEN POWELL EL 22 DE MARZO
DE 1909 EN EL SALÓN DE HONOR DE LA UNIVERSIDAD DE
CHILE
"Señoras
y señores, debo comenzar por presentar a ustedes
mis excusas por tener que hablar en mi propio
idioma y no en el del país. En realidad, hablaré
a los que entienden inglés y después los demás
oirán la traducción que se hará de mis
palabras.
Agradezco
profundamente a las personas que han acudido a
esta reunión, que por su número y su calidad es
para mi totalmente inesperada. No creía encontrar
en este lejano rincón del mundo un interés tan
vivo por mis Boy Scouts y considero un gran honor
el que se me ha hecho al llamarme para explicar el
significado de esta institución que tanto amo.
Seré
tan breve y preciso como me sea posible.
Chile
y la Gran Bretaña son países que tienen muchos
puntos de semejanza, que han tenido gloriosas
vinculaciones en el pasado y que yo espero habrán
de tener estrechas relaciones en el futuro. Pero
hay un vínculo entre estos dos países que yo no
conocía, y es el espíritu deportivo que
encuentro aquí vivamente desarrollado. Me he
sentido feliz al ver que muchos de los deportes
británicos como el foot·ball otros juegos que a
largo tiempo nacieron y se propagaron en mi
Patria, son practicados con entusiasmado ardor en
Chile. Estos juegos desarrollan la virilidad,
crean en la juventud un espíritu generoso y le
dan la idea y la práctica de la disciplina.
Entre
los puntos de contacto que noto entre estas dos
naciones, debo señalar también el hecho de que
ambas se ganaron su independencia y la posición
que ocupan en el mundo, por el esfuerzo de sus
propios brazos, por el sacrificio abnegado de sus
padres y fundadores. Y si ambos pueblos, el británico
y el chileno deseamos mantener esa posición para
nuestros países respectivos, es preciso que
procuremos también ser dignos de ella.
Para
que un país sea digno de ocupar una elevada
posición entre las naciones, tiene que
preocuparse de formar buenos hombres y buenos
ciudadanos. Hay que educar a la generación que se
levanta. La escuela realiza en parte esa obra pero
sólo hasta cierto punto. La escuela enseña a
leer y a escribir y acaso la aritmética y algún
otro ramo, pero la escuela no enseña a ser
hombre, no forma hombres en el amplio y elevado
sentido de la palabra.
He
oído en este país una frase característica:
"es preciso que el hombre sea hombre... hay
que ser hombre". Estas palabras encierran una
noble aspiración, que es algo más que lo que
enseña la escuela, que es la formación del carácter,
el desarrollo de un espíritu viril, fuerte y sano
en todos los sentidos.
Muchas
instituciones se han propuesto este fin de formar
hombres, pero muchas también han tomado un mal
camino y han fracasado. Ellas decían a los
muchachos: "vengan y sean buenos". Yo
confieso que si a mi se me hubiera dicho eso, habría
sentido un impulso irresistible de ser malo.
Entendamos la cuestión de otra manera y
procedamos como el pescador que para coger los
peces les ofrece lo que a los peces les agrada. No
pone el pescador en su anzuelo un pedazo de asado
o una naranja, sino una mosca o un gusano, porque
esto es lo que a los peces les agrada.
Así
nosotros les decimos a los muchachos: vengan y
sean Scouts.
¿Qué
es el Scout? En la guerra es el soldado que va
adelante del ejército, expuesto a gravísimos y
continuos peligros, para descubrir al enemigo. En
la paz los Scouts, son los que hacen exploraciones
en partes no civilizadas del globo, los que abren
nuevos horizontes a la actividad de su raza y de
su Patria, los que recorren los rincones remotos
del mundo, sacrificando su reposo y hasta su vida
por la gloria y la grandeza de su país, para
ensanchar sus dominios. Estos exploradores y
avanzada de los días de paz, tienen que ser
hombres escogidos, que saben cuidarse por sí
mismos, que sólo en sus propias energías e
iniciativas descansan para procurarse el alimento,
la ropa, cuanto han menester para sustentarse y
defenderse de los peligros.
Cuando
un niño lee u oye referir la vida de uno de estos
exploradores, la novela de estas existencias
llenas de intereses, inmediatamente tiene el
impulso de imitarla.
He
aquí el cebo que hemos puesto para traer a los niños
y hacer de ellos verdaderos hombres: los invitamos
a ser Scouts, exploradores como esos héroes de
romances reales, y los sometemos a prácticas y
ejercicios que desarrollan en ellos la confianza
en sí mismos y el espíritu de sacrificio.
Pescando
así con este gusano, los niños acuden a millares
y sin darse cuenta de ello, alegremente como
jugando, aprenden a ser hombres. En diez meses de
vida, nuestra institución, en Inglaterra, cuenta
ya con 50.000 niños.
En
Alemania, en Dinamarca y Rusia, se organizan
grupos importantes. Estoy seguro que la idea
hallará adeptos en Chile y que muy pronto estará
la institución produciendo entre ustedes sus
frutos.
Quiero
decir en muy pocas palabras algo de los que
tratamos de enseñar a los muchachos y cómo
procedemos.
Ante
todo, es preciso, tener muy presente que todo lo
enseñamos por medio de juegos y ejercicios, y
nada absolutamente por medio de lecciones
propiamente tales. La institución puede
desarrollarse lo mismo en las ciudades que en el
campo, pero, por supuesto, el campo es el
verdadero terreno para aplicarla con todo su
vigor.
Este
país, con sus admirables y majestuosas montañas,
sus bosques y praderas, el mar que baña sus
costas, presenta un terreno sumamente adecuado.
Enseñamos
a los niños a desarrollar sus facultades de
observación, tomando nota de todo lo que ven y
tratando de darse cuenta de todo, estudiando y
aprendiendo a conocer los huellas en un camino, el
vuelo de los pájaros, los diversos ruidos a la
distancia, el carácter y condiciones de los que
transitan por un campo, y, en suma, todo lo que
está a su alcance, de suerte que nada escape a su
observación, y estamos ciertos de que esto les
será sumamente útil en cualquier función que
sean llamados a desempeñar más tarde en la vida.
Les
enseñamos a buscar por sí mismos los elementos
para su alimentación, a matar los animales que
deben comer, a distinguir las plantas, a cocinar,
a arreglar sus ropas, a bastarse a sí mismos en
cuanto es más indispensable.
Les
enseñamos a componer y abrir un camino, a hacer
un puente provisorio, a construir cercado, a
trabajar en los rudimentos de la carpintería
aplicadas a las necesidades más generales, a ser,
en suma, hombres útiles en todo momento y en
cualquier emergencia.
Procuramos
también desarrollar en ellos el sentimiento
caballeresco, que fue como una religión para
nuestros antepasados, inculcándoles ese código
de honor que todo hombre necesita. Para ello lo
habituamos a ser respetuosos y a saber amparar a
las mujeres y a los niños, a ayudar a su prójimo,
aún a los animales que sufren, a no pasar nunca
un día de su vida sin haber ayudado a alguien, aún
hombre o una bestia.
Queremos
también enseñar a los niños a sacrificarse para
salvar la vida a un semejante de suerte que el Boy
Scout se crea, siempre que llegue la oportunidad,
"el hombre" llamado a sacrificarse para
salvar una existencia en peligro.
Para
ello les enseñamos los primeros cuidados que
deben prodigarse a un herido, las atenciones
elementales para caso de accidentes y, sobretodo,
el cuidado de su propia salud.
La
historia patria y el desarrollo de los
sentimientos patrióticos, forman parte de esta
enseñanza, y muy principal.
El
Boy Scout debe estar convencido de que debe a la
patria el sacrificio de su vida, si es
necesario...
Todo
esto, lo repito, se hace en forma de juegos y
ejercicios prácticos, nunca en forma pedagógica.
Empleamos con éxito el sistema de los distintivos
como recompensas por cada progreso que hace el niño,
por cada nueva cosa que aprende. El hombre es vano
por naturaleza y ama los distintivos. Una cinta en
el brazo, una medalla al pecho, le agradan a
cualquiera. Es fácil comprarse a un hombre con un
distintivo.
Pero
es menester que el niño halle siempre que todavía
queda algún distintivo que alcanzar, de suerte
que, cuando ya se creía un Boy Scout descubra que
todavía queda otra cosa que aprender, que todavía
tiene, por ejemplo, que alcanzar el distintivo de
los que saben cortar un árbol y convertirlo en
madera.
Todas
estas son sólo indicaciones hechas al pasar. Hay
muchas más que podrían hacer y otras muchas que
ustedes mismos pueden descubrir dentro del espíritu
general de la institución, estudiando el carácter
de los niños, las costumbres del país, los
gustos y aficiones peculiares.
Para
reclutar nuestros niños, comenzamos por nombrar
algunos jóvenes de un poco más edad, en carácter
de oficiales; cada uno de ellos busca una docena
de niños, a quienes procura formar para que, a su
vez, sean oficiales y busquen a otros. Así la
institución aumenta rápidamente y al mismo
tiempo se desarrolla el sentimiento de la
responsabilidad en cada uno de los muchachos.
En
cada ciudad se organiza un comité de caballeros
que toman intereses en estas cosas y trabajan con
entusiasmo por la obra. Ellos designan a los
oficiales, nombrando uno para cada barrio o zona
donde deseen implantar la institución.
De
esta suerte, la obra beneficia no sólo a los niños,
sino también a los jóvenes de más edad
nombrados oficiales, pues enseñan a unos y otros
a obedecer y a mandar, a sacrificarse, a soportar
fatigas y, sobre todo, a hacer el bien, enseñando
a otros y ayudándolos a ser hombres.
Me
doy cuenta que he hablado muy largo, pero cuando
me pongo a hablar de este asunto, que para mí es
casi una manía, nadie puede detenerme, tengo que
detenerme solo.
Les
pido que si tienen alguna duda, o desean mayores
datos, los manifiesten después de la traducción
que se hará. Quiero que todos comprendan bien la
idea fundamental y con ella quede en manos
entusiastas para que sea coronado con el éxito
este feliz comienzo, que me ha proporcionado un
placer y un honor, para mí completamente
inesperado."
(Recopilación: Internet)
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