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por: Adolfo Álvarez-Buylla
gundemar@eresmas.com

LOS MONSTRUOS MARINOS (Volver)

En el siglo I d.c., en tiempos del emperador Tiberio, Plinio el Viejo cuenta en su libro “Historia natural” un caso de “hombre pez” encontrado en la costa de Cádiz. Subió a bordo de una nave romana, un ser con aspecto humano pero de talla enorme.

En el año 558 en el norte de Irlanda escucharon el cántico de una sirena que fue atrapada por sus redes. Le llamaron Murgen (nacida en el mar) y a su muerte fue santificada.

En 1197, en Orford, Inglaterra, fue capturado en el mar un hombre bastante velludo y desnudo. Comía con voracidad, especialmente pescado crudo y no decía una palabra. Fue puesto boca a bajo y torturado. Finalmente fue llevado al mar y allí bajaba hasta el fondo y volvía a subir. Meses después desapareció definitivamente.

En 1210, un tal Nicolás, en Apulia, Italia, salía del mar para pedir aceite a los pescadores para poder bajar mejor a lo más profundo del mar. De aquí nace una leyenda y a este ser se le conoce como Peje.

En 1403 , en los Países Bajos, en un canal, encontraron una sirena, cubierta de pelo y plantas acuáticas. Fueron dos hombres que la llevaron a su casa y le enseñaron quehaceres domésticos. Nunca habló y murió 17 años después, siendo enterrada cristianamente.

A mediados del siglo XV unos marineros vascos escucharon en el mar una música muy agradable. Este hecho recuerda al canto de las sirenas relatado por Homero en “La odisea”.

En 1493 nada menos que el almirante de Cristóbal Colón vio tres sirenas con más cara de hombre que de mujer.

En 1555, el arzobispo Olaus Magnus publicó una obra geográfica sobre los mares del norte en la que describe avistamientos de serpientes marinas, como una de 60 metros de largo por 6 de ancho. Son de color negro, ojos brillantes, cabellera a lo largo del cuello y la cabeza se sujeta sobre una columna que emerge fuera del agua.

En 1608 un navío al mando de Henry Hudson en los mares del océano Glacial Ártico divisó, según dos de sus oficiales, una mujer de cabello negro y piel muy blanca que nadaba con una cola de delfín.

En 1658 nace Francisco de la Vega Casar en Lierganes, en la región de Cantabria conocido como el Hombre Pez. En 1674 se fue a nadar acompañado por unos amigos a una ría. Cinco años después fue encontrado en la bahía de Cadiz por unos pescadores. Estaba pálido y conservaba su cabello rojizo. Por delante y detrás de su cuerpo le habían salido una hilera de escamas. Se le identificó al mencionar la palabra Lierganes que era su localidad de procedencia. De vuelta a su pueblo su familia le reconoció en el acto, pero estaba muy cambiado. A penas balbuceaba palabras, andaba casi desnudo y pasaba días sin comer para luego devorar sin parar. Nueve años después desapareció en el mar y ya no se le volvió a ver. 

En el siglo XVIII un hombre subió a un barco holandés, el Swalow. Les pidió, en su idioma, una pipa para fumar. Tenía escamas por todo el cuerpo y no tenía manos sino aletas.

En 1719, en una playa de Noruega, un reverendo se encontró con un tritón ( el equivalente masculino de la sirena). Estaba muerto y medía cinco metros. Su piel era oscura y la parte inferior del cuerpo era como la de una marsopa. El rostro era humano salvo que no tenía nariz; ni cuello. Los brazos estaban unidos por un tejido y tenía garras.

En 1728, en las islas Molucas, en Indonesia fue apresada una “sirena” de 1,5 metros de largo que murió a los cuatro días al no querer comer aunque fuese cualquier tipo de pescado. Chillaba como una rata.

En 1734, cerca de Groenlandia un misionero noruego llamado Hans Egede pudo ver una serpiente de mar enorme con hocico puntiagudo y peligrosas garras, que saltaba del agua para volver a sumergirse.

En 1741, en las Islas Aleutianas, en Alaska desde el barco Saint Peter vieron una criatura, cubierta de pelo, que media unos 55 centímetros, con cabeza de perro, cuerpo redondo y grueso que terminaba en una más fina cola, que se dividía en dos partes. Se le bautizó como Mono de Mar.

En 1746 frente a la costa noruega y desde un barco vieron una monstruosa serpiente de cabeza gris y larga cabellera. El capitan del barco ordeno disparar contra la criatura que desapareció en el agua.

En 1817, en Massachussets , un carpintero naval a bordo de un barco vio una serpiente de mar que medía unos 12 metros.

En 1752, el obispo Erik Ludvigsen escribió una “Historia natural de Noruega” en donde menciona a un monstruo llamado Kraken que es del tamaño de una isla, que con sus largos brazos apresaría a cualquier barco. Hoy en día se considera al Kraken como un calamar gigante.

En 1827, en la Antártida, durante una exploración al mando de James Wedell, uno de sus hombres afirmó haber visto sin duda, un pez pero con el torso y la cabeza humanos.

En 1839, en las islas Hebridas, Gran Bretaña, unos aldeanos se encontraron en la playa a una “chica pequeña” que fue apedreada por un niño. Días después se encontró su cuerpo muerto. De cintura para arriba se asemejaba a una niña de tres años con unos pechos muy grandes. El cabello era abundante y negro y de piel muy blancuzca. La parte inferior era la cola de un salmón sin escamas.

En el mismo año en Torrelavega (Cantabria) vieron a un hombre que nadaba con mucha destreza. Era de piel morena, no se le veían los brazos y la parte inferior era una cola de pez .



En 1842, en Nueva York fue presentada como atracción de feria una auténtica sirena. Medía 50 centímetros y la parte superior era de mono y la inferior de pez. Fue encontrada por un pescador chino y terminó en las manos de un empresario americano, P.T. Barnaum.

En 1845 en Nueva Escocia, Canada, en la costa atlántica unos pescadores vieron una serpiente de unos tres metros de largo.

En 1848, en al Atlántico sur vieron desde el buque Daedalus una serpiente marina de 18 metros. Este hecho fue publicado en “The times”.

En 1855 en Nueva Escocia los familiares de unos pescadores vieron aterrorizados como estos eran perseguidos por una masa alargada, una serpiente con jiba de 15 metros de largo. Los hombres afortunadamente se salvaron.

En 1860, en el Océano Índico el barco Nemesis vio un caimán gigantesco con un par de aletas. Medía unos 15 metros.

En el mismo año se produjo un serie incidente cuando el barco británico British Banner fue atacado por una serpiente de mar, de noventa metros con un cuerno en la frente. Parece ser que embistió frontalmente como si fuera a devorarlo y luego golpeó con el cuerpo y la cola, dejando el navío con serios daños. 

En 1861, frente a la costa de Tenerife (Islas Canarias), el barco de guerra francés Acteón tuvo un combate con un calamar gigante, del que quedó sólo su cola de 8 metros de largo. Este caso lo leyó y lo guardó en sus magnos archivos el insigne Julio Verne que luego recreó en forma de novela en su famosa “20.000 leguas de viaje submarino”.

En 1869, en las Bahamas, unos pescadores vieron una bellísima sirena de cabellera larga y azulada cuyos chillidos eran agudos. Le lanzaron una naranja demostrando estridente alegría pero luego le dispararon a la cara, no sabiendo más de ella, al perderse en el mar.

En la segunda mitad del siglo XIX, se encontraron en las playas de Terranova bastantes ejemplares de calamares gigantes.

En 1877, en la travesía de EEUU a Australia, el buque Sacramento vio otro caimán descomunal.

En 1883, en Nueva Escocia unos pescadores vieron una descomunal serpiente de color negro, de unos 25 metros de largo. Su cabeza medía dos metros.

En 1894 también en Nueva Escocia un hombre vio una de estas serpientes que se mueven de forma ondulante. Medía 20 metros.

En 1897 en una playa de Florida se encontraron restos de un calamar gigante.

En 1899 el barco alemán Valdivia se encontró en el Atlántico, en la zona del trópico, un pulpo enano de color negro y ocho tentáculos; fosforescente y de ojos rojos. Una especie desaparecida hace 140 millones de años.

En 1901, en el Atlántico norte vieron desde el vapor Grangense un monstruo parecido a un cocodrilo gigante.

En 1917, en Islandia, desde el buque Hillary creyeron ver un submarino enemigo alemán. Se trataba de una cabeza de color negro con un largo cuello y un cuerpo con una aleta dorsal. Debía medir 20 metros. El capitán dio orden de disparar contra el monstruo y una andanada le alcanzó. La criatura herida de muerte se sumergió en el mar. 

En 1930, en el Atlántico, desde el transatlántico Dunbar Castle se divisó una criatura de cuello largo.

En el mismo año, en la costa danesa, durante una investigación oceanográfica se cogió a trescientos metros de profundidad una larva de anguila de 1,80 metros. Se calcula que la talla de un adulto sería de 15 metros.

En 1937, en Canada encontraron en el estómago de un cachalote, un monstruo de unos cuatro metros con cabeza de caballo, cuello largo y cuerpo de serpiente con aletas, terminando en una gruesa cola. Los especialistas llegaron a la conclusión de que se parecía mucho a una cría de plesiosaurio.

En 1947, en el Atlántico, desde el transatlántico Santa Barbara vieron un animal igual que el de 1930.

En 1957 en el trayecto de Tahiti a Chile un hombre en una balsa, queriendo demostrar que los habitantes de la Polinesia habían estado en Sudamerica, escuchó un ruido como si alguien hubiese saltado adentro. Y efectivamente así fue. Vio una figura que permanecía de pie sobre su cola de pez. Tenía un cabello formado por algas. El marino sorprendido tocó al ser que asustado saltó al mar, golpeándole. En el lugar de la herida le aparecieron unas escamas.

En 1964, surcando mares de Australia, el francés Robert Le Serrec acompañado por su familia vio una serpiente marina de 24 metros de largo, de color negro y sobre todo de gran cola. La criatura parecía herida. Permanecía quieta. Le llegaron a ver el color de los ojos que eran verdes. No tenía escamas. El monstruo comenzó a moverse aterrando a los testigos que pese a todo filmaron con una cámara de cine algo de la huida, viéndose una forma debajo del agua, que asemeja a un cetáceo de cola muy larga.

En 1966, en el Atlántico, en una barca, un hombre llamado John Ridgway, oyó primero un silbido y luego vio una bestia fosforescente de diez metros de longitud que se dirigía hacía el bote. Afortunadamente se sumergió antes de chocar.

En 1969, en el Atlántico, en la zona conocida como Triángulo de Las Bermudas, desde el minisubmarino Alvin, vieron una especie de lagartija gigante, con aletas; largo cuello y cabeza de serpiente. A un dibujo de un plesiosaurio el capitán del aparato afirmó que se trataba efectivamente del animal visto.

En 1974, en Puerto Rico un hombre llamado Alfredo García, había pescado un hombre de un metro de largo de gran nariz y colmillos; con patas robustas y una cola cilíndrica. Luego se encontró otro más de unos 60 centímetros. Su descubridor los bautizó como Garadiávolos. Se les disecó aunque luego desaparecieron.

En 1975, un pescador llamado Mohamed Sefu cazó en la costa de Tanzania un horrible ser con dos piernas y dos brazos que le salían del pecho, donde también había un ojo; y por detrás un cuerno diminuto, una oreja, un joroba y una boca desdentada con una lengua muy larga. Y por si fuera poco además barba. Las piernas y brazos tenían cinco dedos cada uno.

En 1976, en Nueva Escocia, Canadá, un hombre que remaba en su bote vio un monstruo de unos 15 metros de largo, de piel gris y escamosa como la de las serpientes. La cola era de pez. Le pudo ver la cabeza con la boca abierta. Mostraba un par de terroríficos colmillos que sobresalían, y los ojos eran enormes y rojos.

En 1977 se encontró en un restaurante de Barcelona, dentro de un pescado una especie de pierna escamosa que terminaba en un diminuto pie. La pierna parecía humana salvo que no tenía tobillo.

En el mismo año un barco pesquero japonés, el Zuiyo Maru faenando en la costa neozelandesa atrapó con su red un monstruo de 15 metros. Le sacaron fotografías y después el capitán ordenó que lo echasen al agua de nuevo. Más tarde un investigador de la Universidad Nacional de Yokohama al ver las fotos lo comparó con un extinguido plesiosaurio, dinosaurio marítimo desaparecido hace 100 millones de años.

En 1983, en Nueva Irlanda (Nueva Guinea) el antropólogo se encontró con una leyenda de los nativos, el Ri. De cuerpo oscuro y robusto parecía no tener cabeza ni brazos y sí una aleta como cola. Nadaba sobre la superficie del agua y el investigador y los que le acompañaban no supieron reconocerlo como alguna especie conocida. Navegaba más rápido que un dugongo.

En 1990, el submarinista Kevin Deacon vio en una caverna submarina de las Islas Fidji cuatro criaturas, ya muertas, de nueve metros de largo, y el cráneo aproximadamente de un metro.

En 1993, en la isla de Cook, Oceanía, un cura y su hijo vieron desde su barca un bicho con cabeza de lagarto y cuerpo del tamaño de una ballena.

En el mismo año en Tarragona se capturó un cefalópodo mutante mezcla de calamar y pulpo, de un metro de largo. Es mitad pulpo por el tejido que une los tentáculos y por su longitud tres veces más grande como la de los pulpos. Los investigadores del Instituto Oceanográfico del Mediterráneo pensaban que podía deberse a la contaminación industrial.

También en esta fecha en Suecia, unos científicos encontraron un pez de la familia de las carpas que es capaz de transformarse ante el peligro de ser devorado. Hasta el punto de que siempre se le había considerado como dos especies distintas. Esto sólo se daba en plantas y en animales inmóviles.

En 1994, al sur de Tenerife se encontró flotando un calamar muerto de 10 metros que había sido vencido por un cachalote.

En 1998 Om Lameh Somathan , un pescador, encontró en una isla de Indonesia un Celacanto vivo ,un pez de hace 360 millones de años y desaparecido (eso creían) hace 70. De esta especie procedieron los anfibios, es decir la evolución.

En el año 2002 se encontró en una playa al sur de Australia un calamar gigante de 15 metros de largo y 8 tentáculos. Según los especialistas este animal muestra particularidades que lo diferencian de los que se conocen.

En julio del mismo año se encontraron encallados en las playas de San Diego, en California, cientos de calamares gigantes. Según los científicos esto se debe al fenómeno atmosférico llamado “el niño”con el que aumenta la temperatura del agua.

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