Manatíes
Reimpreso del Volumen XV No. 4 de Oryx, Fauna and Flora Preservation Society, August 1980
Descubriendo las Sirenas
Ver "exploradores españoles"
Thor Janson
Asustado por la continua desaparición de manatíes en el mundo como consecuencia principal de la caza, el autor comenzó una investigación por su propia cuenta en un lago interior en Guatemala, donde él creía que tendría una buena oportunidad de observarlos. Esperaba obtener suficientes argumentos para que las autoridades lo escucharan y actuaran.
Observó que los manatíes se asustaban tanto del hombre que cuando tenían que emerger para respirar, lo hacían entre la vegetación de superficie listos para escapar al menor movimiento.
Tres meses después de que Colón descubriera el Nuevo Mundo, el 9 de Enero de 1493, el registro Nº 146 del libro de bitácora registró: "El día previo, cuando el Almirante fue al Río del Oro, vio tres sirenas que aparecieron en la superficie del mar; estas no eran hermosas como se pintan, aunque tienen algo en la cara de humanas." Los Marineros tienen fama de contar un número alto de historias y exageraciones pero nosotros ahora sabemos, por Colón, que la descripción no era completamente sin fundamento. Junto con el Nuevo Mundo, Colón descubrió el Manatí.
Los manatíes están entre los mamíferos más adaptados al medio acuático, aunque son incapaces de moverse sobre la tierra ya que no tienen extremidades traseras. Hay evidencias de que evolucionaron en el Norte Africa desde un origen común con los elefantes del género Proboscidea en el Eoceno (hace 55-65 millones de años) descubiertos en Egipto y también en el Oeste de la India. La presencia de Trichechus, especies de Manatí, a lo largo de las costas orientales y occidentales del Atlántico y su ausencia en el mar abierto se ha citado como evidencia de una costa continua entre Africa y América.
Las Sirenas son los únicos animales sobre la tierra que exhiben "clásico pachiostosis", lo que significa que todos sus huesos son duros y densos, como marfil; así mismo son también los únicos herbívoros acuáticos grandes. En la madurez miden de ocho a doce pies y pueden pesar hasta 1500 libras. Sus cuerpos tienen forma de torpedo, con piel muy gruesa, parecida a la de los elefantes, cubiertos de pelos grandes muy dispersos, aproximadamente un pelo por pulgada cuadrada. Las tres especies de manatíes son: el Africano Trichechus senegalesas, el Amazónico Trichechus inunguis, y el caribeño Trichechus manatus diferenciándose del dugong Dugong dugong en que en el manatí la cola se redondea como una cuchara, y en la del dugong es más parecida a la de la ballena. La más grande de las modernas Sirenas era la de Steller, vaca mar Hydrodamalis stelleri del Mar de Bering, que fue cazada hasta la extinción a finales del siglo XVIII.
Los Dugongs están considerados "vulnerables" en el Libro Rojo de la IUCN, reduciéndose su presencia a una franja desde Africa a Australia, estando situados los grupos más grandes a lo largo de la costa del Noroeste de Australia. Los Manatíes aparece en situación aún más crítica. La especie Africana, a lo largo de la costa oeste desde el Senegal a Angola, tiene "seriamente reducida su población". La especie caribeña está presente en las costas, ríos y lagunas desde Carolina del Norte al Sur de Texas, las aguas de las Bahamas, desde las Antillas Mayores a la península del Yucatán en el sur México y a lo largo de las costas de América Central y Sudamérica al Brasil. En América del Norte están esencialmente restringidos a Florida, donde una población de 600 a 1000 está siendo protegida activamente. En América Latina, la especie amazónica ha sido cazada agresivamente por su carne, muy apreciada, y su aceite. Como resultado del comercio intenso está "en peligro de extinción". Alguna vez se vieron centenares e incluso millares, ahora los manatíes se encuentran únicamente en enclaves aislados a lo largo de las costas Americanas.
En 1976, con todas estas consideraciones en la mente, decidí comenzar una proyecto de investigación del manatí en Guatemala. Elegí este lugar porque es el único donde los manatíes viven en el interior de un lago (Izabal) y en Río Dulce, que conecta este con el Atlántico. Ambos lugares podían ser ideales para observaciones y desarrollar una reserva.
Comenzando en Noviembre de ese año trabajé con la intención de conseguir datos sobre la población, clasificación, distribución y ecología en general del manatí Guatemalteco, que pudieran usarse para diseñar los programas de gestión y conservación. También esperaba conseguir información útil sobre el comportamiento y su fisiología, dado que los manatíes están también entre las especies menos estudiadas y comprendidas por los científicos.
Antes de la Conquista Española, los manatíes eran bien conocidos por los Indios Mayas de Guatemala. Ellos los tenían en una alta estima a causa de su fina carne y por las facultades sobrenaturales que creían que el animal poseía. El hueso del oído de un manatí se apreciaba especialmente; colgado alrededor del cuello por un cordón, se creía que podía proteger a su propietario de toda maldad. los Mayas tenían un proceso especial para secar la carne de manatí, llamada "bucan"; esta se comía en los festejos importantes y pensaban que aumentaba la fortaleza y virilidad de los hombres.
Los exploradores Españoles encontraron en las sirenas, que entonces eran abundantes en Guatemala, una inexperada fuente de alimento. En "Recuerdos de Florida", publicado en 1700, el famoso explorador Fuentes y Guzmán escribió: "No solo en el Lago Izabal y en el Río Dulce, pues a lo largo de la costa, desde México a Nicaragua, se cogen en cantidades enormes durante todo el año". Los piratas que rapiñaban sobre los buques Españoles, frecuentemente anclados a lo largo de la costa Guatemalteca, comenzaron a confiar en el "bucan" como una ampliación en su dieta, por lo que a ellos se les llegó a conocer como bucaneros. Inevitablemente, la explotación a gran escala del "bucan" siguió.
Las primeras señales de interés sobre la declinación de la población del manatí aparece en un artículo escrito en 1882 para la gran enciclopedia Biología Central Americana. El autor describe el Lago Izabal como una reserva primaria de manatíes, pero también expresa dudas sobre su supervivencia, ya que las manadas están siendo reducidas por la caza. Al final de la década de 1930 el biólogo C.M. Barber efectúa una expedición del Field Museum a Guatemala, dedicando varias semanas al Lago Izabal, y cobrando varios especímenes de manatíes para enviar a Chicago. Él, describe "grandes manadas" a las que estaban listos para aproximarse en canoas manejadas por guías Indios. Pero también pasaban, frecuentemente, días sin que pudiera encontrarse ninguna sirena. Barber observó, "Será interesante oír algún día los hechos de algún naturalista de campo competente, que no esté demasiado ocupado para poder gastar el tiempo necesario (en estudiar los hábitos del manatí). Espero que el manatí no se extinga antes de que ese día llegue".
Por este tiempo la declinación había llegado a ser algo evidente. Los manatíes habían desaparecido totalmente a lo largo de una gran parte de la costa Mexicana y Centroamericana, y habían comenzado a alterar su comportamiento para eludir a sus predadores humanos. Su única defensa contra los cazadores era llegar a ser "invisibles". En 1935 O.W. Barrett, en un interesante artículo sobre los manatíes de Río Indio en el Sur de Nicaragua, encontró que "en su mayor parte son nocturnos" y particularmente furtivos, "raramente encontrados en grupos". No se veían manadas de manatíes pastar tranquilamente, emergiendo a intervalos frecuentes "como los delfines". Los cazadores ahora tenían que acechar a los animales y se requerían grandes habilidades simplemente para encontrarlo. El más leve "golpecito" de un cazador en la canoa haría sonar la alarma a unos manatíes situados en sus "jardines acuáticos" a centenares de pies. Los cazadores venian al Lago Izabal desde tan lejos como Honduras, esperando volver al hogar con una carga de carne fresca de manatí.
A lo largo de América Latina la industrialización está progresando a una gran velocidad, y Guatemala no es ninguna excepción. La Corporación Internacional de Níquel de Canadá ha construido recientemente una refinería de 250 millones de dólares en la costa Noroeste del Lago Izabal, descrita como "el desarrollo industrial más grande en América Central". Hasta muy recientemente en el final del Lago Izabal los manatíes tenían su hábitat preferido. Dos grandes ríos, el Polochic y el Oscuro, desembocan en el lago. El cieno que arrastran y las frecuentes inundaciones en la costa cercana han creado una zona de pantanos frondosos con innumerables canales pequeños, parecidos a los Everglades de Florida, donde entre los altos y profusos pastos y las azucenas de agua, los manatíes sobrevivientes encuentran refugio. Desde hace muchos años este se consideró el único lugar bueno para cazar manatíes en toda la región. Ahora es bien conocido que "las vacas marinas" lo han abandonado "asustados por todo el ruido de la refinería", dicen los pescadores.
Para mi investigación de campo encontré aliento en la Universidad San Carlos, donde fui invitado a unirme a la facultad de la Escuela de Biología como investigador asociado. Agencias interesadas en el proyecto e individuos en Guatemala me suministraron un barco pequeño con motor y una piragua de remos.
Notas de Campo
La mejor área para observar los manatíes, donde eran muy numerosos, era en las lagunas y canales a lo largo de el borde norteño del Golfete, un ensanchamiento del Río Dulce. Pero los manatíes han desarrollado varias pautas de comportamiento para lograr casi la invisibilidad. Los manatíes puede permanecer bajo el agua sobre 15 minutos. Si ellos sospechan la presencia de humanos, emergen tan poco como es posible y cuando suben es frecuente que lo hagan en el medio de una balsa de plantas flotantes o entre las cañas, permaneciendo perfectamente escondidos. El extracto siguiente de mis notas de campo describe esto:
Abril 1, 1977, 5.00 a.m. Miré, totalmente cautivó, cinco formas entrando lentamente en la laguna. Yo no vía realmente los cuerpos pero los modelos bastante regulares de burbujas daban al grupo un aspecto simétrico. El grupo alcanzó el centro de la laguna y se paró, las burbujas más grandes en la delantera eran seguidas a distancia por una menores. Nada sucedió por dos o tres minutos y perdí su posición. Entonces al otro lado de la laguna vi una nariz grande aparecer en la superficie del agua ¡Manatíes!. Estuve mirándolos por más de media hora. Los animales, infantes o juveniles pequeños, emergían para ventilar más frecuentemente que los adultos y permanecían sobre la superficie por un tiempo más largo. Observé un comportamiento que únicamente podría describir como un juego, chocaban, se golpeaban y se pellizcaban los rabos. Este juego era siempre entre dos pequeños o entre un joven y adulto. Era siempre el joven que incitaba a jugar. Eran muy tranquilos. Los únicos sonidos que fui capaz de oír eran el de la respiración normal y a veces una salpicadura. Sobre las 5.45 la ¿familia? salió de la laguna tan lenta y pacíficamente como habían venido.
Como parte de mi campaña en Guatemala comencé a usar cada canal posible para hacer conciencia pública acerca de los manatíes; artículos de periódico, programas de radio, y materiales para escuelas públicas. Contacté con agencias del gobierno para explicar la importancia de conservar este raro mamífero, que podría ser económicamente de gran valor en Guatemala y efectivo en el control de la vegetación acuática, un problema serio en Guatemala, como en muchas otras zonas tropicales. El "Canal de los Ingleses" cerca de Puerto Barrios, que acorta la ruta marítima desde Honduras y otro lugares, era navegable hasta hace pocos años. Ahora está tan estrangulado por hierbas y vegetación que únicamente las más pequeñas piraguas pueden cruzarlo, forzando a los buques a hacer el viaje más largo alrededor del Cabo Graciosa. Los manatíes, alguna vez comunes no lejos de allí, podrían solucionar probablemente el problema de hierba. El Gobierno está diseñando un "Plan Master para el Desarrollo Turístico del Lago Izabal y Río Dulce" y yo tengo la impresión de que los turistas, especialmente de América del Norte y Europa, están muy interesados en la fauna silvestre. En la actualidad se pretende crear una Reserva de Protección para el manatí en el Golfete.
Es importante que un científico que estudie los animales no modifique su comportamiento. A la vez el observador deber permanecer sensible a la criatura observada; un animal no es una máquina. Yo había sentido por algún tiempo que los manatíes probablemente serían amistosos con los humanos si ellos no eran constantemente perseguidos, ya que mediante nuestra insensibilidad, nosotros mismos hemos cortado la relación con amigos de la naturaleza.
Noviembre 7, 1977, 10.00 p.m. Esta tarde, estaba sentado silenciosamente en mi pequeño barco observando los alrededores, cuando vi que varios manatíes entraron en la laguna pequeña. Yo conocía su presencia por la formación característica de burbujas y por sus narices sobresaliendo unos momentos. Era casi de noche y observar cualquier actividad más adelante en la superficie del agua era imposible. Miré sus burbujas hasta que la obscuridad de la noche nos alcanzó. El único sonido era el rugido en la distancia de algunos monos aulladores.
Pero la siguiente mañana tuve una experiencia inusitada. Por razones desconocidas las barreras normales que habían crecido entre el hombre y el manatí estaban por caer. Un relación especial de simpatía reemplazó la ola de temor y por unas horas tuvimos una auténtica interacción.
Noviembre 8, 1977. Al despertar la siguiente mañana miré sobre el lado de mi barco y vi evidencias de dos manatíes pastando en el otro lado de la laguna. Entonces una cabeza rompió la superficie y miró en mi dirección. Durante la mañana los dos manatíes se fueron acercando gradualmente más y más cerca del barco. Uno era un varón joven de seis pies de longitud, el otro, una hembra adulta de unos 11 pies. Parecían extraordinariamente gordos. Sentía una extraordinaria y fuerte atracción hacia ellos. Tenia la inexplicable impresión de que ellos trataban de comunicar conmigo. Bajé mi mano y ligeramente agité el agua. Ante mi extrema sorpresa, el manatí adulto, viendo esto, vino derecho al lado del barco y levantó su cabeza fuera del agua. Lentamente bajé mi mano hasta que estuvo a una pulgada de su nariz. En un movimiento rápido ella empujó su nariz arriba, golpeó mi mano, y desapareció bajo el agua. Yo apenas podía creer lo que había sucedido, sentí un leve estremeciendo desde la cabeza a los pies. Otra vez puse mi mano en el agua y en unos segundos me encontré acariciando una mullida, y gran nariz de manatí. Ella permaneció unos momentos y se alejó, para volver en un minuto o dos. Fue en este momento en el que decidí ver qué sucedería si entraba en el agua. No pude haber sido mejor recibido. El enorme, pero garboso, manatí nadó sobre mí y se rozó contra mi cuerpo, le acaricié el dorso y pareció gustarle mucho, y nadamos juntos alrededor de la laguna. Había comenzado a preguntarme qué había sido del varón joven cuando noté que nos seguía a alguna distancia. Al final, vino y permitió el contacto físico. Esta reunión interespecies continuó la mayor parte del día y el joven manatí llegó a ser cada vez más juguetón. Me permitía estar a su alcance y entonces como un cohete se lanzaba lejos a plena velocidad (que para un joven manatí está sobre 12-15 mph). Otras veces me permitiría poner mis brazos alrededor de su cuerpo y nadar juntos. Inesperadamente, en un movimiento de cuchillo, él me lanzó fuera y nadó a mi alrededor en círculos. La hembra más vieja no estaba interesada en este tipo de juegos, prefiriendo que le rozase y restregase el cuerpo. Cerca de la noche, después de pastar por un tiempo sobre un pasto tierno a lo largo del banco, mis nuevos amigos nadaron a mi alrededor y se marcharon. Lo único que puedo decir es que sentí una intensa relación de amor entre nosotros. Miré desde el centro de la laguna como nadaban hasta estar fuera de mi vista. Este había sido uno de los días más alegres de mi vida.
No he visto a mis amigos manatíes nuevamente y me lleno de tristeza cuando recuerdo que puedo pasar muy poco tiempo con estos animales antes que ellos sean exterminados.
La situación de los manatíes es únicamente un ejemplo de una tendencia que afecta a casi toda la fauna silvestre en todo el mundo. El exterminio de una especie no es reversible. Los millares y millares de plantas y animales que existen en las zonas vírgenes están siendo rápidamente reemplazadas por un número pequeño de especies domesticadas que, en su mayoría, pueden considerarse dependientes del hombre para asegurar su supervivencia. Un principio básico de ecología es que la diversidad biológica es igual a estabilidad biológica. Destruyendo la diversidad natural de las zonas vírgenes estamos invitando a lo qué se ha llamado "el retroceso ecológico". La manera natural de restablecer el equilibrio pasa por conservar las zonas vírgenes de nuestra tierra natal y la totalidad de la tierra.
Thor Janson, 18215 Highland, Homewood, IL 60430, USA
El material arriba expuesto está tomado de un panfleto sin copyright distribuido en Antigua, Guatemala.