EL PADRE GUMILLA
Según un artículo del libro de fiestas de 1972 de Carcer

Dedicado a J. Antonio Juanes Escriva
 

     El padre José Gumilla Moragues, S. J., nació en Cárcer en el año 1686; en nuestro archivo parroquial se conserva su partida de bautismo para que se pueda comprobar. Ha habido publicaciones que lo dan por nacido en Gandía; otras, en Jánovas (Aragón); pero una prueba irrefutable de su nacimiento en nuestros pueblos es la fe de bautismo, que se conserva intacta en la Casa Abadía. Otros datos que avalan su naturaleza son : en su libro El Orinoco ilustrado dice él para probar que en el Orinoco nacía arroz silvestre: "Es arroz verdadero; ni en eso puede padecer engaño, porque en el Reyno de Valencia, mi Patria, que es en la ribera del Júcar, es donde más abunda." También lo asegura el registro de embarco, facilitado por la Orden, con noticias dadas por él propio cuando pasó a Indias por primera vez; "Hermano José Gumilla, filósofo de primer año, natural de Cárcer, obispado de Orihuela, de dieciocho años, mediano de cuerpo, señales de viruelas, lunar pequeño junto al ojo derecho."

     De la calidad extraordinaria de su persona nos habla el jesuita padre Constantino Bayle: "Gumilla misionero fue de lo mejor que ha tenido la Compañía: carácter dulce y tenaz; genio vivo en las ocasiones donde el vacilar era la ruina; valiente en los peligros; incansable en las faenas; sacrificado en arrostrar la fatiga y el hambre; animoso en las caminatas por el bosque bronco o por los ríos traidores; insensible a las plagas, que con tanto realismo pinta, de mosquitos, garrapatas, niguas, hormigas caribes, culebras y otras cien sabandijas que convierten en purgatorio la vida de la selva; sereno ante los arcos encarados de los indios y ante el rugir de los tigres. Todo ese conjunto le ganó la admiración, respeto y cariño de los bárbaros. El padre Rivero nos cuenta una manifestación de ese cariño… a lo bárbaro: venía el provincial a visitar la misión de los betoyas; y se imaginaron éstos que venían a sacar al padre; e ingenuamente le solicitaron licencia para salir al camino y flechar al provincial."



 

    Sus habilidades mecánicas y artísticas en favor de los pueblos le ponen por las nubes; el provincial padre Mimbrela escribe: "Servía de carpintero, albañil, alarife, escultor, pintor: jugando con tal arte los instrumentos de cada arte como si hubiera sido ella el único empleo de su vida. Era el primero en la obra y el más infatigable oficial: fabricó puertas y ventanas, adornó el templo con pinturas de su mano… Entre los betoyes "procuró con todas sus fuerzas fundar una escuela de música, para lo cual escogió a los niños más hábiles y de mejores voces, y les buscó maestro a su costa para que les enseñase; y es para alabar a Dios oír ya en aquel sitio, poco antes habitado solamente de fieras, una concertada de música de casi treinta cantores".

     El misionero es en las Reducciones la única cabeza para cuanto suponga discurso: apóstol, maestro de escuela, juez componedor, director de edificios, capataz de las rozas y sementeras, adalid de los viajes, médico y cirujano.

     De la calidad literaria de su libro El Orinoco ilustrado continúa hablándonos el padre Bayle: "Son, en efecto, tales la viveza espontanea, la gracia y colorido de la narración, que subyugan y encadenan la curiosidad: que describa una planta, verbigracia, la palma muriche, o la vergonzosa; o un animal, el armadillo, el caimán; o escena de caza o pesca, en todo pone calor, movimiento, interés humano. El juego de pelota de los otomacos, la pesca del manatí, los usos para graduar capitanes, el horrísono son del tambor caberre y las ceremonias fúnebres de los betoyes, son páginas que caben, sin desdoro, en las mejores antologías.

     "Dos notas se advierten diluidas en el libro: el blanco proselitista de encender el amor por sus misiones entre sus hermanos; pero amor no de novelería o veleidad, sino robusto, sabedor de lo que quiere y de lo que ha de costarle. Y el recuerdo de su tierra, el amor a la patria que la ausencia y soledad avivó. Toma muy despacio la defensa de los conquistadores, arremete contra las calumnias de la leyenda negra en la despoblación indígena, delata el contrabando de ingleses y holandeses, que chupaban la médula del comercio español, y aboga por la colonización de peninsulares en las fértiles llanuras ocupadas por la selva hosca, improductiva. Allí hay sitio, decía, "para tantos pobres que no tienen en España ni un palmo de tierra de que mantenerse".

     Una figura descollante en la historia de la Compañía de Jesús y en la evangelización y colonización de Venezuela. Allá en aquella nación hermana de América del Sur, Gumilla es un símbolo. Es una figura señera.

     Debemos estar orgullosos los hijos de Cárcer de haber sido nuestro pueblo cuna de tan insigne personaje.
 

Ahora un escrito obtenido de:

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     Nació en Cárcer, Reino de Valencia (España), en 1686. En 1705 viaja a Santa Fe de Bogotá y, después de diez años de estudios, es destinado a las misiones de los Llanos y del Orinoco, donde trabaja por 35 años, con algunas interrupciones como Rector del Colegio de Cartagena, Superior Provincial de Nueva Granada y Procurador en Roma. En esta última misión, el Superior General de los jesuitas, en atención a su salud quebrantada y a sus méritos le propuso escogiese el Colegio que quisiera para descansar: escogió volverse a sus Misiones de los Llanos, y allí murió el 16 de julio de 1750.


     Hombre polifacético, es «uno de los grandes civilizadores a quien Venezuela debe la exploración del Orinoco y la fundación en sus márgenes de los primeros pueblos» (Carlos Siso)

     Su libro "El Orinoco Ilustrado", de 1741 (que en su segunda edición de 1745 tuvo el añadido de ...y Defendido), nos da caudalosa información sobre los pueblos indígenas y su hábitat. Gumilla, el que dio a conocer y defendió nuestro gran río y sus pueblos, el que sembró la primera mata de café en nuestro territorio y el que se entregó con pasión y ternura a los primeros venezolanos, es un epónimo ejemplar y retante para los objetivos y las tareas del Centro Gumilla por la integridad polifacética con que realizó su misión cristiana.


 

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