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EL PADRE GUMILLA
Dedicado a J. Antonio Juanes Escriva |
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El padre José Gumilla Moragues, S. J., nació en Cárcer en el año 1686; en
nuestro archivo parroquial se conserva su partida de bautismo para que se
pueda comprobar. Ha habido publicaciones que lo dan por nacido en Gandía;
otras, en Jánovas (Aragón); pero una prueba irrefutable de su nacimiento
en nuestros pueblos es la fe de bautismo, que se conserva intacta en la
Casa Abadía. Otros datos que avalan su naturaleza son : en su libro El
Orinoco ilustrado dice él para probar que en el Orinoco nacía arroz
silvestre: "Es arroz verdadero; ni en eso puede padecer engaño, porque en
el Reyno de Valencia, mi Patria, que es en la ribera del Júcar, es donde
más abunda." También lo asegura el registro de embarco, facilitado por la
Orden, con noticias dadas por él propio cuando pasó a Indias por primera
vez; "Hermano José Gumilla, filósofo de primer año, natural de Cárcer,
obispado de Orihuela, de dieciocho años, mediano de cuerpo, señales de
viruelas, lunar pequeño junto al ojo derecho." De la calidad extraordinaria de su persona nos habla el jesuita padre Constantino Bayle: "Gumilla misionero fue de lo mejor que ha tenido la Compañía: carácter dulce y tenaz; genio vivo en las ocasiones donde el vacilar era la ruina; valiente en los peligros; incansable en las faenas; sacrificado en arrostrar la fatiga y el hambre; animoso en las caminatas por el bosque bronco o por los ríos traidores; insensible a las plagas, que con tanto realismo pinta, de mosquitos, garrapatas, niguas, hormigas caribes, culebras y otras cien sabandijas que convierten en purgatorio la vida de la selva; sereno ante los arcos encarados de los indios y ante el rugir de los tigres. Todo ese conjunto le ganó la admiración, respeto y cariño de los bárbaros. El padre Rivero nos cuenta una manifestación de ese cariño… a lo bárbaro: venía el provincial a visitar la misión de los betoyas; y se imaginaron éstos que venían a sacar al padre; e ingenuamente le solicitaron licencia para salir al camino y flechar al provincial."
Sus habilidades mecánicas y artísticas en favor de los pueblos le ponen por las nubes; el provincial padre Mimbrela escribe: "Servía de carpintero, albañil, alarife, escultor, pintor: jugando con tal arte los instrumentos de cada arte como si hubiera sido ella el único empleo de su vida. Era el primero en la obra y el más infatigable oficial: fabricó puertas y ventanas, adornó el templo con pinturas de su mano… Entre los betoyes "procuró con todas sus fuerzas fundar una escuela de música, para lo cual escogió a los niños más hábiles y de mejores voces, y les buscó maestro a su costa para que les enseñase; y es para alabar a Dios oír ya en aquel sitio, poco antes habitado solamente de fieras, una concertada de música de casi treinta cantores".
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El misionero es en las Reducciones la única cabeza para
cuanto suponga discurso: apóstol, maestro de escuela, juez componedor,
director de edificios, capataz de las rozas y sementeras, adalid de los
viajes, médico y cirujano. "Dos notas
se advierten diluidas en el libro: el blanco proselitista de encender el
amor por sus misiones entre sus hermanos; pero amor no de novelería o
veleidad, sino robusto, sabedor de lo que quiere y de lo que ha de
costarle. Y el recuerdo de su tierra, el amor a la patria que la ausencia
y soledad avivó. Toma muy despacio la defensa de los conquistadores,
arremete contra las calumnias de la leyenda negra en la despoblación
indígena, delata el contrabando de ingleses y holandeses, que chupaban la
médula del comercio español, y aboga por la colonización de peninsulares
en las fértiles llanuras ocupadas por la selva hosca, improductiva. Allí
hay sitio, decía, "para tantos pobres que no tienen en España ni un palmo
de tierra de que mantenerse". Ahora un escrito obtenido de:
© 2002 Fundación Centro Gumilla
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