(Alejandro
Frómeta)
Dije
cuando
doblabas tu cuerpo por agua
sacándote
el pelo de la cara, vi tus ojos aceptar
también
vi tu boca
mojada resbalándome hacia el mar.
De
más estaba hablar, de más estaba oír
Contra
la roca los temores se rompen así
Tu
saya amarilla se deslizó por mi mano y supe que
la
liberta’ estaba en lo claro de tu vientre en esa vez
Crucé
precipitándome
¿Cuánto
iba muriendo? ¿Cuánto al fin resucité?
En
esta historia, como en cualquier piel,
el
tiempo es una gracia en un infinito pincel.
Pero
volviendo atrás. Llegaron más
los
signos, los bichos, el hospital
Kelvis,
Luis, Dayana, Greta, Carlos, los demás
dibujando
el filo de esta historia, trayéndonos hasta aquí
chirriando
como el río que avanza de tu bebedero a mí.
Que
me inundaba y esparcía
por
la ciudad como “El vigía”
desinfectándome
ya la herida otra vez
susurrando
algo sobre fe
debilitando
el aro en que me sostenía
portando
otra vela encendida
Y
es que me calé
no
sigas preguntándome
con
tu reloj marcándome
No
ves que estoy aquí
sólo
quiero verte renacer de mí
como
campanadas al anochecer.
Cúrate
pronto
déjame
beber de ti
como
canciones al amanecer
Cúrame
pronto.