|
“Lo
que ya no era un negocio, se mirase por donde se mirase, era construir
viviendas al alcance de las economías modestas (...) Esto no era un negocio
para enriquecerse. Por eso nadie –o muy pocos– quisieron embarcarse en
él. Tuvo que ser el Estado, y en vanguardia la Organización Sindical,
quien echara sobre sus hombros la responsabilidad de dotar de un hogar
y capaz a las familias trabajadoras que carecían de él"
(Viviendas para todos. La Obra Sindical del Hogar, en vanguardia de una
noble lucha, 17-3-1966)
“Es
evidente que se puede y se debe exigir sacrificios para alcanzar ese incremento
de bienestar. Pero el desarrollo no es un fin en sí mismo, sino un medio
instrumental para alcanzar este bienestar. Esto quiere decir que los obligados
sacrificios no pueden pesar sólo sobre uno de los sectores nacionales,
en este caso el trabajo. (...) O jugamos todos al desarrollo o el desarrollo
debe beneficiar ante todo a los que más arriman el hombro a él (...) Si
el desarrollo se debiera a trabajar mucho más de lo obligado y que este
trabajo quede remunerado por debajo de su valor, nadie podría negar a
los trabajadores el derecho a reclamar el control de ese desarrollo, la
fijación de sus objetivos y el disfrute en primacía, y aun de modo absoluto,
de sus frutos” (José BUGEDA, “El viento de los tiempos”, Pueblo,
16-6-1969).
El Decreto
de Ordenación Económica, elaborado por los ministros tecnócratas
del Régimen, era un paquete de medidas
económicas liberales orientadas a lograr un desarrollo
económico, homologable al mercado internacional, que pretendía lograr
la estabilidad en los precios, como paso previo al equilibrio interno
y externo de la economía española, con vistas a la plena integración
de nuestra economía en el modelo liberal-capitalista imperante
en occidente. Estas transformaciones fueron el prólogo y la
antesala de la reforma neoliberal que años después (tras
la muerte de Franco) se llevaron a cabo en España con toda
su intensidad.
Además, estos
postulados significaban, en la práctica polítca efectiva,
el abandono de los postulados nacional-sindicalistas por los que tantos
y tantos auténticos falangistas habían luchado desde siempre.
 |
“El
desarrollo económico y la promoción social tienen que ser contemplados
de una manera conjunta so pena de caer en errores absolutamente inaceptables”.
IV
Congreso Sindical (19-21 de mayo de 1968 en Tarragona)
|
Se hacía
evidente que el liberalismo nacional e internacional necisitaba
una amplia reforma en el régimen político vigente por entonces
en España para explusar definitivamente toda forma de oposición
a la nueva política que se avecinaba. El liberalismo económico
precisaba aliarse con el liberalismo político para conseguir sus
fines de manera definitiva.
Este
proceso de reforma política y económica se culminará
con la denominada "transición
a la democracia" (proceso que algunos autores califican
de "autogolpe controlado" de las
familias liberales del régimen para expulsar del poder a los falangistas
y a otros grupos opositores a sus ideas).
Si bien
se atribuye el diseño general de la transición a Torcuato
Fernández Miranda, está claro que una empresa de tal magnitud
no se puede realizar en solitario. Parece muy clara la implicación norteamericana,
pues el sistema político diseñado seguía fielmente el modelo establecido
en Europa Occidental tras la II Guerra Mundial. No
sólo estaba claro que la CIA también tenía sus agentes bien colocados
en España, sino también la enorme influencia que la embajada de Estados
Unidos ha tenido siempre ante cualquier gobierno español.
También
por aquellos años eran conocidas las actividades de la Comisión
Trilateral, y la fuerte apuesta que la Internacional
Socialista hizo para reinventar el PSOE
(incluida una gran inyección económica) con Willy Brandt
como representante de los intereses norteamericanos en esa organización.
Entre
las premisas fundamentales que debían cumplirse en este nuevo modelo político,
estaría la implantación de un sistema bipartidista (similar
al nortemericano), en el que dos partidos políticos se disputaran
el gobierno (que no el poder efectivo), compartiendo al mísmo
tiempo su adhesión a los principios básicos del liberalismo
económico y se comprometieran a acometer las reformas socioeconómicas
necesarias para su total implantación, así como la creación
de unos sindicatos "semioficiales" y subvencionados por
el propio sistema, que dejaran libre el camino para la implantación
de esta nueva política en España.

Felipe
González, tras la victoria de un nuevo PSOE (reconstituído
en el Congreso de Suresnes), resultó ser un alumno muy aplicado en
desmovilizar a sus propias bases, incumplir promesas electorales y aplicar
políticas económicas neoliberales (con privatizaciones, congelaciones
salariales, medicamentazos, negocios fáciles, contrarreformas laborales
y una durísima reconversión industrial y agraria) que nos abrió las
puertas de la Unión Europea en las condiciones que actualmente hoy conocemos.
El
proceso liberalizador había terminado (?)
|