Cuenta Emilio Romero en su libro "Papeles Reservados" (Ed. Plaza y Janés editores, S.A.) cómo el conocido periodista José María Carrascal le mandó una serie de artículos, que se correspondían con la actitud que mantenían hacia España los Estados Unidos, allá por el año 1947 y que pertenecían a los archivos secretos del Departamento de Estado Norteamericano que consideramos resultan de interés en esta historia.
La mayoría de ellos se abren con el memorándum remitido al Departamento de Estado por el encargado de negocios de USA en Madrid, MR. Bonsal, sobre su conversación con el Ministro español de Asuntos Exteriores (Sr. Artajo). (Resumen)
"El ministro del Exterior español me hizo constar que la resolución de la ONU respecto a España constituye una derrota para aquellos miembros del Gabinete del general Franco, incluído él mísmo, que desean ver formas de evolución (política?) aquí. (.../...) El ministro expresó su intención de seguir presionando para [lograr] cambios evolutivos".
El 1 de febrero el mísmo Bonsal envía otro memorandum sobre la conversación mantenida con el general Beigbeder, aquél mísmo día. Beigbeder empezó diciendo que había remplazado a Aranda como representante de los monárquicos en la negociación con los grupos republicanos para la formación de un Gobierno provisional con amplia representación y en oposición al general Franco, dentro de España. El plan consistía en formar un Gabinete con siete monárquicos, siete republicanos y tres o cuatro militares, aunque afirmó que no sabía si estas negociaciones con los republicanos tendrían éxito o nó. (.../...)
Esperaba que, tan pronto como el nuevo Gobierno se formase, sería posible que agentes oficiosos suyos fueran recibidos en Washington y en Londres. Este proyecto culminará con la celebración de elecciones, bajo condiciones de estricta censura, continuación del estado de guerra, supresión del derecho de huelga y una muy limitada propaganda política. En realidad sólo se podrían hacer declaraciones sobre la materia de los nuevos ministros. (.../...)
Siguen cables sobre la protesta formulada por Bonsal al Gobierno español por un editorial del diario Arriba que se considera ofensivo para los Estados Unidos y, el 10 de marzo, el Departamento de Estado contesta a la pregunta de su encargado de negocios en Madrid, sobre la actitud a tomar ante las actividades de la oposición. La respuesta viene en un memorándum donde se recogen los puntos de vista expresados por Salvador de Madariaga, invitado expresamente al Departamento para ello por Acheson, entonces subsecretario de estado:
<<Para conseguir deshacerse de Franco se aplicarán todos los medios, incluído el de la fuerza si fuera necesario. Pero antes de tomar esta acción, deberíamos mandar un emisario secreto de rango internacional, como Winston Churchill, que hablando por los Estados Unidos e Inglaterra, comunique a Franco que debe marcharse del poder. Al mísmo tiempo, los jefes del Ejército serán informados de nuestra decisión de usar todos los medios. (.../...) La primera aproximación a Franco debe de ser secreta. Si ésta falla, la presión se hará pública y continuará hasta que alcance su objetivo.>> (.../...)
En vez de un gobierno interino con todas las facciones, Madariaga se inclina por uno de dos o tres personas únicamnente. Las dos serían un republicano y un monárquico, el tercero sería un hombre de Franco. Ello tendría como resultado dividir el voto de la derecha entre Franco y la Monarquía, lo que favorecería a la República en las elecciones. (.../...)
La gran sorpresa llega cuando el Gobierno de Su Majestad británica, un gobierno laborista del que se puede esperar de todo menos compasión para con Franco, se muestra frío hacia la propuesta norteamericana. Presentamos un extracto de un documento de fecha 19 de abril que está enviado por el embajador norteamericano en Londres y su Secretario de Estado, en el que se dice lo siguiente:
<<Tanto el Gobierno norteamericano como el de Su Majestad Británica han declarado constantemente que se oponen a toda intervención en los asuntos internos de España, que deben ser resueltos por los propios españoles. Una vez que nos hayamos apartado de este principio, temo que nos veamos forzados, paso a paso, a [adoptar] formas de intervención cada vez más extremas, lo que puede conducirnos a los proximidades de una intervención armada. Todo ello en violación de la Carta de las Naciones Unidas>>
El 10 de mayo, el embajador norteamericano en Londres envía a Washington un cable interesante. Cuenta que los ingleses le han dado un razón muy clara para dejar en paz dicha cuestión.
<<España es la principal fuente de piritas del Reino Unido. Un boicot a aquella, obligaría a éste a comprar mineral de hierro sueco, que tiene menor grado y requiere más carbón en su proceso>>.
La firme decisión inglesa de no participar en medidas contra el régimen de Franco parece haber alarmado a Washington y el 15 de mayo es el propio secretario de Estado, el general Marshall, quién escribe a su embajador en Londres para que haga una nueva gestión acerca de aquel gobierno:
<<Debemos mostrar a los españoles las ganancias de un cambio de régimen>>.
El 30 de diciembre de 1947 viene el gran cambio. Mr Culbertson (encargado de negocios norteamericano en España) contesta a las directrices que le han mandado advirtiendo que:
<<no está de acuerdo con ellas [porque] nuestras políticas han fallado, y continuarán fallando si [éstas] se obstinan en obtener una liberalización política y económica del pueblo español. La destrucción de Franco ha dominado hasta tal punto la mente de la oposición , que han dejado de pensar en la posible destrucción, o casi destrucción, de España económica y políticamente>>
Apostando claramente por una circunstancial cooperación con el régimen de Franco, hasta encontrar el momento preciso en el que poder comenzar a desmontar sus fuertes estructuras políticas y sociales. El objetivo final consitía en lograr la total liberalización económica y política de España.
El liberalismo-capitalista internacional ( y sus aliados) necesitaban poder acceder más libremente a los mercados españoles donde existía, además, una mano de obra trabajadora muy capacitada que podía ser explotada con criterios neoliberales más competitivos y no tan proteccionistas como los que existían, a su juicio, en aquella España de entonces.
Este objetivo no se consiguió implantar plenamente en España hasta el final de la llamada "transición democrática", con la llegada al poder del PSOE y sus múltiples contrarreformas laborales y sociales que reclamaba el liberalismo internacional.

"La dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad son valores eternos e intangibles"