LOS CEMENTERIOS DE CALPE

 

Aunque no lo parezca, lo que ha sido el ritual de traslado de los difuntos y la inhumación de sus restos hasta épocas muy recientes, ha constituido una etapa muy importante en la vida de los pueblos.

Desde que Carlos III dispone en Real Cédula del 3 de Abril de 1787 que los entierros de los difuntos se hagan en los cementerios y no en las iglesias, ni alrededor de ellas, muchos son los pueblos que tienen que construir nuevos cementerios para cumplir con estas normas. No es el caso de nuestra villa. Calpe contaba desde hacía más de 40 años con un Campo Santo ubicado en lo que hoy es un solar propiedad del Ayuntamiento, destinado a ampliación del mismo y que se encuentra en la plaza de Salamanca. Es curioso, que todos los autores locales; Llopis, Fluxá, Pastor, parece que sitúan la construcción de este cementerio a partir de 1811.

Parece ser, que en el interior de la iglesia calpina no se celebraban enterramientos, más que de algún personaje más o menos importante, aunque era costumbre hasta finales del siglo XVII el hacer fosas comunes en el centro de las iglesias.

Con motivo de las obras de restauración de la  iglesia parroquial en 1982 y como quiera que había que cambiar todo el pavimento, el que suscribe, a la sazón Concejal de Cultura, junto con algunos amigos; Luis Serna, Pere Tur, Jaume Morató entre otros, realizamos catas por toda la superficie de la iglesia con el fin de encontrar una posible fosa o subterráneo. Naturalmente, aparte de la fosa central que ya conocíamos y que se habilita en 1951 para enterrar al reverendo Francisco Sendra, que en 1982 se traslada al lateral de la nave. Lo único encontrado, por parte de los albañiles, fue un cadáver a los pies del altar mayor, cerca de la puerta de la sacristía.

Pero, volvamos al cementerio de la Plaza de Salamanca. En el plano que se acompaña y que corresponde al 15 de Junio de 1746, se puede observar que mucho antes de la Real Cédula de 1787 Calpe ya contaba con un lugar habilitado como Campo Santo y que desconocemos  que antigüedad tenía. Sería conveniente el realizar catas en este solar antes de construir.

Con la construcción del segundo cinturón de murallas en 1747 el cementerio de la Plaza de Salamanca queda intramuros y a partir de la disposición de 1787, los calpinos se ven obligados a buscar una nueva ubicación para enterrar a sus muertos.

El nuevo cementerio iría ubicado en una gran era que existía a escasos 100 metros del anterior. Imaginamos que por penurias económicas no se emprende la construcción,  hasta que una nueva orden en forma de Decreto de 30 de Junio de 1814 obliga a los Ayuntamientos a que construyan los cementerios fuera de las poblaciones, en lugares bien ventilados cuyo terreno por su calidad fuera el más indicado.

Según la documentación aportada por Fluxá-Campón en su libro Historia de Calp, el cementerio de la Glorieta se termina en 1816 y por su curiosidad transcribo un documento publicado por los autores citados en su libro.

“En la villa de Calpe a los veinte y dos días  del mes de julio de mil ochocientos y diez y seis; los señores Pedro Perles, alcalde ordinario; P. Jorro y Benito Avellá, regidor; Francisco Perles, diputado; Pedro Zaragoza Sala, Sindico procurador general; y  Jaume Perles de Andrés, personero, dixeron que mediante a costales que en el fondo de fábrica de esta villa no existe caudal alguno, el depositario de Propio pague y entregue a Josef Montaner, carpintero de esta vila, sesenta reales de vellón, por su trabajo en formar la puerta del cementerio nuevo de la misma, y obteniendo el correspondiente recibo se le abonarán en las cuentas que diese”.

Curiosamente, Josef Montaner parece ser uno de los primeros carpinteros de la saga "els fusters" de la que hablaremos otro día.

Este cementerio de la Glorieta se utiliza durante más de 100 años. Los enterramientos de los pobres (la mayoría) eran en fosa compartida. Había unos pocos nichos que a principios del siglo XX estaban casi arruinados y unas 4 o 5 tumbas para las familias más pudientes. La excavación y  traslado de los restos al nuevo cementerio de la partida de la Canuta ( que por cierto, no tiene nombre) constituye una gran atracción para la chiquillería que se asomaba por la pared trasera. Los restos no identificados se entierran en una fosa común y los pertenecientes a familias conocidas van a nichos o fosa.

En aquel entonces era bastante habitual el enterrar a las hembras con el habito de la Purísima  y a los varones con el franciscano, dada la influencia del vecino convento franciscano de Benissa.

El nuevo cementerio de la Canuta es amplio y bien ventilado. Se coloca la primera piedra en 1920 de la que es madrina Pepita Tur, hija del alcalde José Tur. Se inaugura en 1921. La junta constructora estaba presidida por el antedicho Alcalde y por el cura párroco Juan Rostoll ( Joan de la Seba) oriundo de Altea. Las puertas de entrada fueron donadas por Amparo Llorca (la Señoreta) como consta en letras de hierro en la propia puerta.

Según tradición oral, la primera persona que “estrena” el nuevo Campo Santo fue la mujer del cabo de la vía, Carbonell. Ella se encargaba de poner la cadena en el paso a nivel y el tren la mató. Según la costumbre de la época, fue enterrada en un lugar aparte que había para los que no habían recibido los sacramentos en el momento de su muerte.

La primera persona enterrada en nicho fue también una mujer.  Maria Boronat Martinez. Inhumada el día 26 de Enero de 1922. Murió a los 27 años de edad.

 

Andrés Ortola Tomás