Villavieja, a 4 de Septiembre

Muy Sr. mío y apreciable amigo:

 Excusará V. la tardanza en dar respuesta a su estimable. Anduve tres jornadas estítico, con aflicción de alma e incomodidad en el cuerpo. A la cuarta, exasperado, supliqué botica como quien clamara al cielo, y un almíbar manus dei tomé en ayunas que en cuestión de segundos apremió dos cursos. Este eficaz remedio suele quitar felizmente los regüeldos de la purga y deja al sujeto como si no la hubiera tomado en cuanto a las ansias de lanzarla por la boca; aunque quizá todo sea natural prevención y economía del organismo en mesura de escapes por la antípoda. A Dios gracias, ya me siento bueno, animoso, y dispuesto a tomar pluma para corresponderle.

 Agradezco vivamente su propuesta mercantil de la que desea hacer también partícipe a su respetable cuñado, tratante de fincas y alumbrador de acuíferos, don Aniceto Gabán. Me absolverá de juicios precipitados, mas tirito ante esta idea, lo confieso; guarde cautela, don Cosme, se lo ruego. Seguro es que quien con cuñado va a la iglesia, sin familia sale de ella, y yo, mi buen amigo, para V. no deseo tal quebranto. Mi señora esposa, ante sus noticias, expresó opinión -cosa inusual en ella- y aseveró indignada que estos parientes son como las rejas de arar, que bajo tierra es donde mejor quedan. Ruego disculpe su arrebato, mas V. conoce bien la experiencia sufrida con aquel nuestro que embarcó a las Filipinas dejando atrás días de amargo desconsuelo, seis hambres vivientes, y varias deudas a saldar para el día de San Ciruelo.

 Es mi villa calpina lugar colmado por canteros y alarifes que parean vidas y oficio por tal parentesco. Juntos amanecen y despiden la jornada; avenidos comparten acarreos, almuerzo, tartana, holganza de domingos y festivos, excesos en la brisca, devoción de gañote, y si no andan con mil prevenciones se ven al final en un cisco, con la faltriquera huérfana, las hermanas en Babia, y juntos, muy juntos, moliéndose a palos cuando no comiéndose a mordiscos.

 También ostenta éste mi pueblo un par de concuñados espíritus de vecinos principales, espectros de regidores, síndicos, azacanes, zascandiles de turbio aljibe, lañadores con próspero comercio y tratantes de extensas heredades donde erigir imponentes casalicios. Un cuñado, para el prócer que no sea manco, es el goce de un tercer brazo que no de mano derecha. Lo saca para signar ante escribano negocios milagrosos e imposibles, para acopio discreto de reales y riqueza, para burlar al vulgo con mano invisible que ni Smith por sus ojos viera. Si quieres tener un hijo pillo, hazlo aguador o monaguillo que dentro de la fuente no se ven del cántaro las rajas. ¡Al expolio, mi valiente, que prosperen las fraternas!

 Y para solaz pasmoso de tierras también tenemos personaje de sillón consistorial coligado con cuñado en hurtadillas. El procedimiento en esta industria de camelos es buscar a domicilio a las gentes que se pretende catequizar. Penetra el pariente en la cocina de la casa del labriego o del burgués, y con sabio apostolado que nada se aproxima a la caridad cristiana o la filantropía, trueca bancal yermo por ricas huertas en dineros. Ingeniosa práctica. Debe uno apartarse cuanto pueda de estos héroes unidos por familiaridad política, pues se sale siempre con muchas plumas de menos si se establece algún convenio de toma diez que los mudaré en ciento. Se sorprenden luego por encabezar las gacetas, vistosamente retratados con sombrero calañés, manta de cotones y trabuco en bandolera.

 Dispensará que le participe que no conozco bien a Don Alberto, aunque en mi único encuentro lo hallé con gabán raído, hambriento de vellones, seco que ni abadejo, y nada ahíto de peligros. No hay sociedad tan provechosa me manifiesta, pero estime que pueda resultar dañosa. Acuda V. a un sabio para tomar consejo, antes que tengamos que buscar a un rico para el remedio.

 Quedo a la espera de sus noticias, y confío aceptará mis consideraciones que no son más que pruebas de mi más sincero aprecio. Expresiones a los suyos.

 Don José Luis