Villavieja, a 18 de Septiembre
Mi apreciable don Cosme:
Con profundo pesar le hago sabedor del óbito en Murcia de mi hermana en el mundo profano, Sor María Juana. El triste suceso que ha sumido a los míos en postración inconsolable, aconteció en el coro de su seráfico padre San Francisco a resultas de un desliz y fatal porrazo del que no recuperó. La madre abadesa me participa que mi queridísima andaba ya algún tiempo con enajenadas obsesiones enfermizas por un tal don Juan del Rosellón -del que nunca más se supo- a quien, según sus manifestaciones, había entregado dineros por el encargo de un alba con guarnición de dos varas de ancharia para aderezo en la celebración de mis misas cantadas. Ya ve V. que en su delirio me tenía la santa hermana por cura párroco con afición de hábitos, amanuense de mamotretos y pastor de errantes ánimas. Pobre mía; por siempre descanse en la paz de Dios.
El día 30 llovió muy bien. Sorprendieron los truenos al perito labrador y al agrimensor en el Fondo de la Coma, por lo que tomaron aguas a discreción. Se echaron a perder la plancheta y la pantómetra y con gran disgusto dijeron haber regulado tierras de regadío que no campos de secano. Ya le diré de las condiciones de su comprador, el total de la cabida y el montante de limosna para el regidor, quien no muestra prevención por concluir el negocio y percibir lo suyo aún sea en especie.
Vendí finalmente el pollino al alcalde por borrico viejo y por hacer favor al del concejo quien mercó en 100 reales vn. Bien cierto tengo que el asno era mohíno, malo de cargar y peor en el camino, por lo que largué con mucho gusto. Baja las costeras el edil cada mañana sobre las ocho con grande orgullo y plano geométrico bajo el brazo, y lo hace a lomos del jumento para ganar salud con los sudores, aunque poco transpira éste pues ya lo hace el pollino por él. Y es que la carga no es poca por su grande anatomía y los azotes endilgados temo que muchos para coronación de repechos con elegante prestancia que ni Sancho. Desventurado animal. Quién dijera que terminaría por arrastrar quintales para vigilancia de heredades, obras y oficios aldeanos.
Sepa V. que el ayuntamiento, desoyendo órdenes del Jefe Político, va a proceder a la venta sin subasta de la casa taberna, derecho de pilón y el horno de pan cocer que como bien conoce son bienes propios municipales desde tiempos de Maricastaña. Como esto continúe de tal guisa, nos veremos obligados a hacer leñas asaltando la aduana de los calafates. Mas no piense V. que los cargos en dineros se verán destinados al adecentamiento de la escuela de primeras letras; a la recomposición del portón del camposanto; a la construcción del matadero, o a la habilitación de un hospital de pobres de solemnidad, establecimiento tan urgente como necesario. No. Se confinarán los reales a juegos de trinquete, que no es tanto refocile de pelota como verbo del garfio de aquí te pillo y aquí te mato.
En otro orden de cosas, le participo que ayer recibí una favorecida de su respetable cuñado don Aniceto Gabán en un despacho que llegó con el valijero de la tarde. Extensísimo escrito el suyo, don Cosme, redactado en un minúsculo papel y con mala tinta, supongo que por economía y evitación de despilfarros. No tenía yo conocimiento de su brillante hoja de servicios para la causa liberal. Me cuenta su pariente que fue tambor de fusileros en la Milicia de su villa, y que obtuvo gran notoriedad por su participación en la captura de facciosos de los cabecillas malhechores “El Bellota” y “El Pollo”, a quienes intervino un cuchillo, dos trabucos y varias cananas. Parece que hasta el propio Roncali le ofreció puesto destacado en la Guardia Civil, honor que don Aniceto declinó por ser hombre del comercio. Ya sabe V. que en carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres. Le advertí que desconfiase de Gabán, y barrunto que poca atención me hace al caso. Carne de argolla, don Cosme, y para colmo cuñado; no sea obtuso que éste suyo nos llevará a la resignación de perdidos o degollados.
No olvide remitirme los recibos por la compra de las acciones del ferrocarril, así como sus valoraciones y estimación de beneficios. Quedo a sus pies.
Don José Luis