Villavieja a 16 de Octubre

 

Mi apreciable amigo:

 Confío se halle bueno a pesar de los rigores de este verano tardío, y espero siga V. afanado como siempre en su próspero comercio. Mi esposa y yo abandonamos el parador de baños la semana próxima pasada con grandes ánimos y revividas energías, mas las dimos por perdidas a un cuarto de camino. Estos trajines alteran mucho a mi señora y causan terribles padecimientos en su pierna sana, por lo que no digamos en la enferma. Tras pernoctar en Villajoyosa, en la Venta “Els Pixadors”, de amplios excusados, nos detuvo el cordón de seguridad de Altea pues el riesgo de epidemia morbo asiática no remite en mi país, y de poco sirvieron los pases de salud y mis bendiciones a la guardia, y así sufrimos cuarentena por dos días en la estancia de sospechosos de un lazareto abarrotado y caluroso. Sólo Dios sabe si se nos concedió licencia de partida por no infectos o por temor de que concluyéramos bubónicos.

 Durante la primera jornada entró en la sala un tipo con mandil y betún en rostro que se dijo venía de Argel y yo tomé por carlista disfrazado, y luego resultó moro. Con gran ceremonia extrajo del morral una sábana que semejara untada con cieno y vinagre, y sobre ella plantó los pies descalzos y todo fueron reverencias contra el suelo para el dios y calcañares mugrientos para los presentes. Y decía tres veces que si “cala” y “a la huogbar cofe ala”, que debe ser expresión de gran predicamento por su pasión extrema y alabanzas. A mis ojos el de la secta de Mahoma no remilgaba de degüellos y alimañas con las manos planas, y nadie contradijo y advirtiole de la falsedad de su afición de renegado, aunque un bromista de Jalón le urgió por sus horcajadas sarracenas a que sacase ya el tesoro de la tierra que parece ser uso arábigo esconder alhajas por los huertos. El moro alborotose por entendido de nuestra risa, mostró gran violencia que todo eran letras jotas por su boca, y no fue molido a palos pero sí varias veces fumigado a conciencia por caridad y devoción cristiana.

 Con mi regreso a Villavieja torno a disfrutar de las complacencias cotidianas. El alcalde reclama la devolución de los cien reales pagados por el pollino, y es que el animal se muestra vencido por tan fatigosos trabajos, que una cosa es vigilar el término en cabalgadura y bien otra cargar a lomos tan grueso centinela. Confío alcanzaremos las partes acuerdo ventajoso y barrunto que aceptará el edil dos chotas por el canje pues para mi conciencia recuperar al mísero borrico ya es cuestión de humanidad. Nuestra Manola quien para todo ejerce de manchega, olvidó un dedo en el mortero y lo dejó bien majado. Le tengo advertido que es azarosa en sus labores de servicio por tantos nervios, y que sus desdichas no curan con costras y linimentos sino con sosiego y con buen seso. Rebufa malos modos y de todo hace queja, y así la tenemos un tanto apartada para que sean penitencia los lienzos balsámicos y su meñique en porra.

 En la casa consistorial bajan las aguas revueltas con turbio aspecto y daría el caudal para mover tres molinos harineros. Andan los regidores a tiros por no sé qué dineros destinados a la recomposición de acequias, y toda presunción apunta a que parte de los reales se disiparon en el curso misterioso de un bolsillo a otro. Unos demandan papeles y contratos, otros, que yo los tengo y los despacho, dónde están que no son míos, y santas pascuas. Y digo yo, mi buen don Cosme: ¿Existirá mejor muestra de inocencia que iluminar con pruebas las ciertas dudas de la administración honesta? Y a sensu contrario: ¿No es mayor indicio de sospecha la necia ocultación de las mismas evidencias? Para mí el conflicto hiede a bandullo de res, y mucho me temo que no veremos argolla ni destierro, que ya se aplicará el escribano en hacer bien los borrones si hiciera el caso.

 Me refiere el cabo de puesto que ayer fue apresado el faccioso “Pascualet de la Tahona”, a quien se intervino un trabuco y una canana, dos onzas de oro y un plano geométrico del término que marcaba en rojo la heredad suya del Saladar. No doy fe a casualidades, y mucho me temo que alguno tocara a mi puerta con la proposición de que hagamos a V. un traje. Y dispensará, don Cosme mi atrevimiento, pero hace semanas que no tengo noticias de su respetable cuñado Gabán, y ante este hecho no sé si ganar en sosiego o quedar reo de profunda preocupación.

Reciba mis respetos y traslade expresiones a los suyos.

Don José Luis