Villavieja a 6 de Noviembre
Mi apreciable Don Cosme:
Apelo a nuestra antigua amistad para requerir su auxilio en un delicado asunto de índole familiar. Mi querido ahijado Fernandito se halla cursando estudios en la capital, en el Colegio de Humanidades de Don Policarpo Villalobos, y por las noticias que recibo de mi hermana, su instrucción se desarrolla con excelente dedicación y notables progresos. Fernandito es un niño despabilado que muestra robustez de salud y gran disposición a su educación religiosa, moral y literaria; mas si es de gran beneficio su conocimiento de la república de las letras, una constante experiencia ha demostrado cuan perjudicial es a la inocencia de las costumbres la mezcla de niños de edades muy diferentes; y así, es nuestra aspiración que únicamente estudie, juegue y duerma con otros mozos de su misma aula en prevención de ofensas a la casta virtud y al cristiano decoro.
A pesar de contar con la asistencia de personas morigeradas en su vida colegial, sería deseable precaver el peligro de que algún viciado, por mala dirección en su educación, pudiera dar mal ejemplo de defectos o licencias tan difíciles de desarraigar. De poco sirve proporcionar una alimentación metódica, con condimentos sanos y variados, si luego las energías se malgastan en hábitos perniciosos. Mucho agradecería hiciese V. en mi representación las preceptivas comprobaciones personándose en la escuela.
Con gran consternación le participo la defunción del pollino que vendí al alcalde. El animal palmó en la mañana de ayer tras agudos tormentos, y a causa de esta fatalidad el regidor me reclama nuevamente los cien reales entregados por la compra. He convenido compensarle con veinte barchillas de panizo y cinco de cal para saldar el pleito y ganar sosiego, aunque barrunto que es propósito artero del edil hacer ganancia elaborando embutidos y perniles con los restos del desventurado. A quien de éste se fía, válganle Dios y Santa María.
Es mi villa lugar de mucho comercio, V. bien sabe, y como los concurridos hospedajes han de ser para gentes distintas, es grave inconveniente no apartar los menesterosos de los racionales, y es voluntad del temible concejo que canteros y alarifes levanten apriscos para la gente humilde, a cambio de patentes de obra ilustre para ciudadanos decentes y distinguidos. Tocarán el cielo en vida los tratantes de edificios de tanta altura, y medrarán los de siempre en el oficio del toma y dame perras que son dos días, corro y vuelo que ya son mías.
Las personas de rango que son gustosas de mansión con propicios artefactos, abominan la modestia de los mozos de mulas y criados inferiores, que para potentados visibles y principales es desdicha el cobre del que comen otros, y no desean verse molestados ni ofendidos. Sería menester que las sencillas viviendas de protección a necesitados se fabricaran con miramientos y sin conjeturas, pues sabido es el ahorro que obsesiona al albañil, y convendría se armaran de pilares, jácenas y tabiques que no de cañas y cáscaras de almendra. Los edificios de casas se aseguran más por la trabazón de la madera que por la ancharia de los paredones, y al menos debiera darse a estas obras bienhechoras vida que dure tres años.
¿Recuerda V. a Joanet de Barril? Hará dos días que fue sorprendido por el guarda rural en bancal ajeno hurtando garrofas, y para su descargo afirmole al fusilero que no aligeraba el árbol sino que hacía grandes reflexiones a la sombra de las ramas, y que le registrase los bolsillos. Metió la mano el guarda en uno con buen tiento y palpó bulto, que por cuestión de hechicería no era puñado de algarrobas sino gran naturaleza. ¡Magia, magia de la China! exclamó el patrullero por tal prodigio, y marchose digno el mantecas con muchos pensamientos de los siglos a pillar uvas y mandarinas. Éste sisaría la peste a San Roque, buen Don Cosme.
Recibí en la tarde de ayer una favorecida de su cuñado Don Aniceto Gabán, franqueada en Alcoy y que él asegura haber remitido desde la Villa y Corte, en la que advierte con loable despreocupación que en días pasados fue recibido en audiencia del Congreso por el mismísimo Narváez, con quien compartiera tras la recepción un suculento almuerzo y una animada y fecunda sobremesa plena de confidencias. Chiflados en flor, cuchufletas de rigor. Amenaza su familiar con hacerme visita en las próximas semanas y principiando la novena en tres jornadas, es mi intención concurrir a ésta, diligente y dadivoso en sufragios y ofrendas, por encomendarme a Dios y al santo.
Atentamente le saluda su affmo. y s. s.
Don José Luis