Salidos
de la pluma de Francisco Ibáñez, esta pareja de
detectives, responsables de la agencia de Información,
es en realidad un dúo catastrófico capaz de detener a
los inocentes y dejar escapar a los culpables pero, eso
sí, provocando a cambio la diversión del lector. El
secreto del éxito de Mortadelo y Filemón probablemente esté en
que a lo largo de sus muchos años de historia no han perdido nunca
ni un ápice de vigencia y se han ido renovando
constantemente. De la mano de Francisco Ibáñez
(Barcelona, 1936), vamos a hacer un repaso a la
evolución de los cómics de Mortadelo y Filemón
durante este tiempo.
El día
20 de enero de 1958, en el número 1.394
de Pulgarcito, nacen Mortadelo y Flemón, Agencia
de Información.

Desde
ese día se han vendido más de 150 millones de
ejemplares de los 150 álbumes publicados de
Mortadelo y Filemón y se han traducido a más de
una decena de idiomas. En 1958 Francisco Ibañez hacía un año que
había dejado de trabajar en el Banco Español de
Crédito para dedicarse exclusivamente a la
editorial Bruguera, principal fábrica de tebeos
de la época. Poco a poco fue demostrando su
talento hasta que le ofrecieron la oportunidad de
crear unos personajes propios. Ibáñez,
que se define como un consumado admirador de
clásicos del cine cómico como Abbot y Costello,
Chaplin y Harold Lloyd, había creado un Sherlock
Holmes y un Watson a la española. En 1964 ya eran muy populares y ocuparon
la página central de Pulgarcito. En 1969 lo
fueron todavía más y en la recién creada
revista Gran Pulgarcito, comenzaron las
historietas por entregas. Pero el que
inauguró la colección Ases del Humor fue El
Sulfato Atómico, donde dejaron de
estar solos e ingresaron en la T.I.A. (Técnicos
de Investigación Aeroterráquea). Allí se las
tendrían que ver, además de con cacos y
malhechores, con el colérico Superintendente
Vicente (el Súper) y con los inventos del
Profesor Bacterio. El
salto evolutivo fue enorme, Ibáñez convirtió
las páginas de Mortadelo y Filemón en una
sucesión disparatada de gags y, con la T.I.A.,
introdujo algo de política: a nadie se le
escapaba que era una parodia de la C.I.A. En los
años setenta, el éxito de la colección Ases
del Humor, y también de las revistas Mortadelo,
Súper Mortadelo, Mortadelo Gigante, convirtieron
a Ibáñez en el principal activo de Bruguera
y se convirtió en un negocio a exportar:
Vieron que, si se hacía algo de calidad,
ese algo tenía salida, se podía vender
fuera. Pero
cuando Mortadelo y Filemón traspasaron realmente
todas las fronteras fue cuando la T.I.A. comenzó
a encomendarles misiones en los Mundiales de
fútbol y en las Olimpiadas. Así,
en 1978 cruzaron el charco para jugar en
Argentina y en 1980 boicotearon los Juegos de
Moscú más que los propios americanos. Con la
llegada de los años ochenta, Mortadelo y
Filemón se consolidan como el Astérix o el Tintín hispánicos. En
1985 Ibáñez deja Bruguera.
En la
última década le ha sacado mucho partido a la
actualidad española y ha convertido a Juan
Guerra en Juanito Batalla; a Luis Roldán en
Rulfián, director de la Guardia Viril; y ha
hecho que Jordi Pujol, Maragall, Serra y Felipe
González se peleen por un sillón en las
Olimpiadas de Barcelona. Así le
ha llegado a Ibáñez la hora de los premios y
los aniversarios y él sigue en la brecha. Tanto
es así que, sobre el hipotético final de
Mortadelo y Filemón, Ibáñez ha sentenciado:
Yo no quiero matarlos. El día que yo
desparezca alguien tendrá que
continuarlos.
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 Francisco Ibáñez




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