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Situada en la Plaza de
España se levanta, según algunos investigadores, sobre
la que fuera en época visigoda, iglesia arzobispal de
Mérida. Se reedificó tras la reconquista de la ciudad
por lo que sus restos más antiguos, visibles
actualmente, datan del siglo XIII. Su planta, que es
rectangular, está dividida en tres naves por medio de
pilares cuadrados con columnas adosadas sobre los que se
apoyan arcos apuntados. En el exterior se pueden apreciar sus muros de sillería granítica. La portada que se abre a la plaza consta de un primer cuerpo, adintelado, sobre el que se superpone una hornacina-capilla que alberga una imagen de Nuestra Señora de la Guía. La portada de los pies, también adintelada pero de estilo neoclásico, fue construida en el siglo XVIII. Sobre ella se eleva la torre cuadrada, de fecha más reciente. La fachada oriental, a los pies de la iglesia, es obra del maestro Mateo Sánchez de Villaviciosa. Consta de dos cuerpos; el inferior, con dobles pilastras cajeadas de orden jónico y el superior, con pilastras acanaladas corintias que enmarcan los escudos de Mérida y de la Orden de Santiago. |
| La
iglesia es de tres naves (la central, dos veces mas ancha
que las laterales), separadas por pilares de sección
cuadrada, con una columna adosada en cada frente sobre la
que apean arcos apuntados. La cubierta de las naves,
originariamente de armadura mudéjar, es de bóveda de
aristas. El presbiterio consta de dos tramos, cubiertos con bóveda de terceletes sobre planta rectangular el primero y en abanico el segundo, con claves decoradas con un florón vegetal y con el Cordero Místico. A ambos lados del presbiterio, bajo arcosolios, se pueden admirar los sepulcros de alabastro de Don Diego de Vera y Mendoza, de la Orden de Santiago y de su esposa Doña Marina Gómez de Figueroa. El ábside central está decorado con un gran retablo de 1762. Tiene dos cuerpos, que dejan al descubierto una ventana del siglo XIII. |
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La
hornacina central del segundo cuerpo, que apoya sobre un
basamento de pedestales, está ocupada por la imagen de
la titular de la iglesia, a la que acompañan los
apóstoles Pedro y Pablo y las santas emeritenses Eulalia
y Julia. De las capillas absidales sobresale la de la Epístola, de los conde de la Roca, dividida en dos tramos y cubierta ambas con bóvedas de crucería, luciendo en una de las claves el escudo de los patrones de la misma. En la capilla del lado del Evangelio brilla con luz propia la impresionante talla del Cristo de la O, magnífica obra de la imaginería de mediados del siglo XVI. Entre las capillas funerarias merecen destacarse las de doña Cecilia de Mendoza, del primer tercio del siglo XVI, y la construida por encargo del conquistador emeritense Moreno de Almaraz. |