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El viejo hombre apenas
tiene tiempo para ocultarse detrás de un estante de
enaguas; y el prestamista, alagado por los elogios de las
muchachas sale calmado temporalmente. Don Epifanio
emerge, y después de agradecer a Rosario que no le haya
delatado, se marcha. Aparece
Manuela, La Chulapona,
ella ama su vida de Madrid, el Señor Antonio, viudo y
dueño de un café, flirtea con La
Chulapona; pero aunque ella le
respeta por su edad, Manuela está por José María.
Rosario está celosa de Manuela y desea también a José
María. Aparece Venustiano con dos policías para arrestar a
don Epifanio. La Chulapona tiene
que empeñar su mantón de Manila bordado para evitar el
encarcelamiento de su padre.
Rosario está sola
en el lavadero, cuando entra José María y toma
suavemente a la bonita muchacha en sus brazos. Manuela
que vuelve, detecta que ha interrumpido algo. Rosario
despide orgullosa a su amante. La chulapona va a casa del
prestamista a pagar la deuda y reclamar su mantón de
Manila , cuando ve a José María con Rosario y su padre
que van a los toros. Pero lo peor, es que Rosario lleva
su mantón. Manuela se dirije a Rosario, acusándola de
robarle tanto sus prendas como a su hombre.
Plaza de la Cebada delante del Café de del Señor
Antonio;
Juan de Dios, está bebiendo con los amigos cuando llega
José María, con la cola entre las piernas, ha venido a
ahogar sus dolores. Juan de Dios le aconseja que pida
perdón a Manuela, en ese momento Manuela llega al café
preguntando por Emilia la hija del Señor Antonio, que es
amiga suya, Manuela va ha marcharse, y mira a José
María. Antes de que ella pueda irse, el Señor Antonio
los sienta juntos en una mesa. Observados por la
parroquia la pareja se reconcilia. |