TEXTOS GNÓSTICOS
DE SHENESET
La
Shopia de Jesús el Cristo
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1.
Riendo, el Salvador les preguntó: «¿En qué pensabais? ¿ Qué os
turba? ¿Qué buscáis?» Felipe respondió: «La naturaleza del universo y su
plan.»
2.
A lo que el Salvador contestó: «Tenedlo presente: todos los hombres
nacidos sobre la Tierra desde la creación del mundo hasta ahora son polvo.
Buscan a Dios, qué es, a qué se parece y no lo han encontrado. Sin embargo,
los más sabios de entre ellos han disertado sobre él fundándose en el
ordenamiento del mundo y sus movimientos. Pero sus elucubraciones no alcanzaron
la verdad. Pues de tres formas explicarían los filósofos este ordenamiento: de
ahí que no se pusieran entre ellos de acuerdo. Unos dicen que el mundo se mueve
por sí mismo. Otros, que se mueve por la providencia. Algunos más, que por el
destino. Pues bien, todos se equivocan. No, ninguna de esas hipótesis se
aproxima a la verdad, pues son juicios humanos. Pero yo que he venido de la Luz
infinita, yo sí conozco. Yo soy el que sabe: por eso puedo hablaros de la
naturaleza exacta de la verdad. Porque todo
lo que de sí mismo procede es vida corrompida, hecha de sí mismo. La
providencia no contiene en sí misma la sabiduría. Y lo inevitable no puede
discernirse.»
3.
«En cuanto a vosotros, todo lo que os conviene saber, y a todos los que
son dignos de conocer, os será dado, como a todos aquellos que no fueron
engendrados por las semillas nacidas de un impuro frotamiento, sino por el
Primer Enviado, porque él es inmortal en medio de los hombres mortales.»
4.
Mateo le respondió: «Señor, nadie accede a la verdad, sino a través
de ti. Muéstranos, pues, la verdad.»
Y
el Señor le contestó: «Inefable
es quién es. Ninguna soberanía reina sobre él, ninguna autoridad, a ningún
dominio está sometida, ni a criatura alguna desde la creación del mundo hasta
ahora, salvo a sí mismo y a cada uno de aquellos a quien tenga a bien hacer una
revelación a través de aquel que procede de la luz primera. Yo soy, desde
ahora el gran Salvador. Porque él es inmortal y eterno. Eterno porque no ha
tenido nacimiento: pues cualquiera que lo tenga, perecerá. No ha sido
engendrado, pues no ha tenido comienzo: quien tiene un comienzo tiene también
fin. Nadie tiene autoridad sobre él, ya que no tiene nombre: pues quien tiene
un nombre es criatura de otro. No podría, pues, ser nombrado. No tiene forma
humana, pues quien tiene forma humana es criatura de otro. Y sólo a sí mismo
se parece –no a algo, sea ello lo que fuere, que hayáis alguna vez visto o
percibido–, una semejanza extraña tiene, muy superior a todo y superior al
universo. Mira para todos los lados y se ve a sí mismo de él mismo. Como no
tiene límites, es inasible. Imperecedero, pues que no tiene par. Inmutable.
Infalible. Eterno. Bendito. Como no es conocido, siempre conoce. Es inmenso.
Indescriptible. Perfecto, pues que no tiene defectos. Bendito por toda la
eternidad. Y es llamado el padre del universo.»
5.
Felipe dijo entonces: «¿cómo, pues, Señor, fue revelado a los
perfectos?» Y el perfecto Salvador le contestó: «Antes de que fuera revelado
nada de lo que apareció, en él estaban ya la grandeza y la autoridad, puesto
que él engloba la totalidad de todo, mientras que nada le englobada a él.
Porque todo él es espíritu. Él es pensado y pensante, reflexión, razón y
poder. Poderes todos equivalentes. Poderes que son la fuente de la totalidad. Y
cuya prolongación, del principio al fin, estaba ya en su presencia, la del
Padre increado y sin límites.»
6.
A lo que Tomás dijo: «Señor y Salvador, ¿por qué esos poderes han
venido a ser y por qué se han manifestado?»
El
perfecto Salvador le respondió: «He venido del Uno sin límites para poder
instruiros de todo. El Espíritu, que era un genitor, tenía poder de engendrar
y dar forma, por eso la rica abundancia
que contenía ha podido ser revelada. Gracias a su misericordia y a su amor,
desea llevar el fruto por sí mismo, para así no gozar solo de su bendición y
que otros espíritus de la inquebrantable generación puedan producir cuerpos y
frutos, gloria y honor en su inmarcesible e infinita gracia. Así, su bendición
podrá manifestarse por el Dios autógeno, el Padre de todo lo que es
imperecedero y de lo que todavía podría venir. Pero lo que ha aparecido aún
no ha llegado.
Mientras
tanto, grande es la diferencia con lo imperecedero.
7.
Y él exclamó: «¡Quién
tenga oídos para oír hablar de cosas infinitas, que oiga!» Y siguió
diciendo: «Es a los despiertos a quien me dirijo.» Y continuó: «Todas las
cosas surgidas de lo que es perecedero, perecerán, pues que de lo perecedero
surgieron. Y todo lo que ha salido de lo imperecedero no perecerá, sino que se
hará imperecedero, pues que de lo imperecedero procede. De ahí el extravío de
tantas gentes; las cuales murieron por no haber reconocido esta diferencia.»
8.
Y María habló: «¿Cómo podremos entonces saber esas cosas, Señor?»
El
perfecto Señor respondió: «Id de las cosas no aparentes hacia la culminación
de las que se han manifestado, y en este camino de vuestro pensamiento se os
revelará cómo la creencia en aquellas cosas no manifestadas surgió en las que
sí lo fueron, las que son del Padre increado. ¡El que tenga oídos para oír,
que oiga!»
9.
«El Maestro del universo no sólo es llamado Padre, sino Padre
primordial. Él es origen de lo que debe ser revelado. Es el Padre primordial,
que no tuvo principio y que se ve a él mismo en sí mismo como en un espejo. Se
ha manifestado como igual a sí
mismo. Pero esa semejanza la ha expresado como Dios padre a través de sí
mismo, confrontándose con quienes estaban confrontados, él que ante todo era
el Padre increado. Pues la misma edad tiene que la luz, que desde antes de ser
vista existe, pero cuyo poder no iguala al suyo. Mas después aparecieron
multitud de cosas finitas, engendradas, todas iguales en edad y poder,
constantemente glorificadas. Su especie se llama la generación sin reino,
y es a través de ella como vosotros mismos os habéis manifestado
entre los hombres. Y toda esta multitud sobre la que no hay reino se
llama la de los hijos del Padre increado, Dios, Salvador, Hijo de Dios: Ellos
son a semejanza vuestra. Pero él es incognoscible, él es pleno de imperecedera
gloria y de inefable gozo. Todos en él descansan, todos se regocijan en el
inefable gozo de su inalterable esplendor e inmenso júbilo. Nunca hasta ahora
un mensaje así fue oído o conocido entre los eones y sus mundos.»
10.
Mateo le preguntó: «Señor y Salvador, ¿cómo se le manifestó la
humanidad?»
Y
el perfecto Salvador le respondió: «Debéis saber que quien se manifestó
antes del universo sin fin es quien por sí mismo ha creído, quien a sí mismo
se ha construido, el Padre pleno de radiante e inefable luz. En el principio,
decidió que su imagen se convirtiera en una gran potencia. Y el principio de
esta luz se manifestó inmediatamente como un hombre inmortal y andrógino, y,
gracias a este Hombre inmortal, ellos podrán asegurar su salvación y
despertarse del olvido por el intercesor que les fue enviado y que está con
vosotros hasta el final de la pobreza de los bandidos.
Y
su paredra es la gran Sophia, destinada desde los orígenes a ser en él como
una sicigia gracias al padre autógeno y salido del hombre inmortal, el primero
en haberse manifestado en la divinidad del Reino. Porque el Padre, llamado el
hombre, El Padre por sí mismo, lo ha revelado.
»Ha
creado por sí mismo un gran eón, denominado Ogdoado, a la medida de su
grandeza. Una gran autoridad le fue otorgada y reina sobre la creación de la
pobreza. Crea por sí mismo dioses, ángeles y arcángeles, miríadas
innumerables, para que le sirvan de escolta; hechos de esa luz y del espíritu
tres veces varón que es el del Sophia su paredra. De ese Dios han surgido la
divinidad y el reino. De ahí que fuera llamado Dios de dioses, Rey de reyes.
Por
eso, quienes vengan al ser después de éstos, podrán creer en él a través de
este Hombre primordial. En sí mismo porta su voluntad única, su solo
pensamiento, que, como él, es también reflexión, meditación, razón y poder.
Todo lo cual es inmortal y perfecto. Por su imperecedero carácter, son iguales
entre sí. Pero, en relación al poder, son diferentes, con la misma diferencia
que hay entre un padre y un hijo, entre un hijo y un pensamiento, entre un
pensamiento y lo demás.
11.
«Como antes he dicho, entre todas las cosas creadas, la primera es la
unidad. Y, de todo lo que queda, lo que ha aparecido como totalidad ha sido
revelado por su poder. Y todo lo hecho, ha sido por lo que había sido creado;
lo que fue nombrado, por lo que había recibido una forma. Así nacieron las
diferencias entre los no engendrados, del principio al fin.»
12.
Y, entonces, Bartolomé le preguntó: «¿Por qué pues, en el Evangelio
fue llamado Hombre e Hijo del Hombre? ¿De quién, entonces, es este hijo?»
Aquel que es santo le contestó: «Deberá saber que el Hombre primordial es
llamado Genitor, la Inteligencia totalmente comprendida en sí misma. Y ese
hombre ha meditado con la gran Sophia, su paredra, y ha declarado primogénito a
su hijo andrógino. Su nombre masculino es el de Primer Genitor Hijo de Dios; su
nombre femenino es Sophia Primera Generadora, Madre del universo. Algunos la
llaman Amor. Ahora, el Primogénito es llamado Cristo. Como recibe la autoridad
de su Padre, a partir de la luz y del espíritu, ha creado una innumerable
multitud de ángeles para ser escoltado por ellos»
13.
Sus discípulos le dijeron: «Señor, el que es llamado Hombre nos ha
hecho revelaciones sobre esta cuestión, tantas que también nosotros conocemos
ahora exactamente su gloria.» El perfecto Salvador respondió: «Quien tenga oídos
para oír, que oiga. El Padre, el Primer Genitor, es llamado Adán, Ojo de la
luz, porque de la brillante luz ha salido con sus santos ángeles, inefables y
sin sombra. Los cuales se regocijan en un perpetuo júbilo de la reflexión que
han recibido de su Padre: ahí reside el reino todo el Hijo del Hombre, el que
es llamado Hijo de Dios. Ahí reina un gozo inefable y sin sombra, un perpetuo júbilo,
pues todos se regocijan ahí de su imperecedera gloria, inaudita hasta ahora y
no revelada a los eones por venir después de ellos y sus mundos. Del Autógeno
procedo y de la Luz primordial y sin fin, por eso puedo revelaros todas las
cosas.»
14.
Sus discípulos insistieron: «Dinos claramente cómo cayeron de esas
cosas invisibles, de la inmortalidad al mundo, puesto que en él mueren.» El
perfecto Salvador contestó: «El hijo del Hombre, de acuerdo con Sophia su
paredra, hizo aparecer una gran luz andrógina, llamada por su nombre masculino
Salvador, Genitor de todo, y por su nombre femenino Sophia, Generadora del Todo.
Algunos la llaman Pistis. Todos los llegados a este mundo como una gota de dicha
luz fueron enviados por él a los dominios del Todopoderoso, para ser protegidos
por él. Y el vínculo del olvido los retuvo, de forma que por ella conocen la
materia, todo ese mundo de pobreza, su vanidad, su ceguera y su ignorancia, por
haberse dado él mismo un nombre. Mas yo, procedo de los lugares de arriba por
voluntad de la gran Luz, yo que me he liberado de ese vínculo. Yo he acabado
tajantemente con los negocios de los bandidos. Yo, sobre todo, he estimulado
esta gota enviada del seno de Shopia, de manera que, gracias a mí, pueda llevar
mucho fruto, pueda perfeccionarse, no fallar, sino estar preservada por mí, el
gran Salvador, con objeto de que su gloria pueda revelarse y Sophia pueda también
justificarse de esa carencia, para que sus hijos no resulten a su vez
imperfectos, sino que puedan lograr los honores y la gloria y ascender hacia el
Padre, conocer las palabras de la Luz masculina. Y vosotros habéis sido
enviados por el hijo, que ha sido enviado para que podáis recibir la luz y
preservaros del olvido de las autoridades, y no vuelva a parecer así, por
vuestra causa, el impuro frotamiento que viene del espantoso fuego surgido de la
parte carnal de su ser. Aplastad, pues, sus intenciones maliciosas.»
15.
Entonces, Tomás le dijo: «Señor y Salvador, ¡cuántos eones hay para
vigilar los cielos?» El perfecto Salvador respondió: «Te felicito por tu
pregunta sobre los grandes eones, pues tú tienes raíces en las cosas sin
ataduras. Y cuando esas cosas sobre las que he hablado se manifestaron, el Padre
Autógeno comenzó por crear doce eones para su sucesión y doce ángeles. Ángeles
perfectos y buenos. A través de ellos se reveló lo que en la mujer es
imperfección.»
16.
Todos dijeron entonces: «¿Cuántos eones han surgido de las ilimitadas
moradas de los inmortales?» El perfecto Salvador respondió: «Quien tenga oídos
para oír, que oiga. El primer eón es el del Hijo del Hombre, el llamado
Salvador, el que ha sido revelado, el que ha sido llamado Primer Genitor. El
segundo eón es el del Hombre, que ha sido llamado Adán, el Ojo de la Luz. El
que rodea a ambos es ese eón sobre el que nada reina, el de la divina e inmensa
eternidad, el eón autógeno de los eones que están en él, el de los
inmortales de que antes os he hablado, el que está por encima del séptimo
revelado por Sophia, la cual es el primer eón.»
17.
«Pero él, el Hombre inmortal, ha revelado eones, potencias y reinos
otorgando, a todos quienes reveló, el poder de realizar deseos hasta los últimos
tiempos antes del caos. Pues entre ellos se han entendido. Y toda grandeza ha
revelado, incluso por el espíritu, multitud de luces gloriosas e innumerables,
las elegidas desde el origen, es decir, el primer eón, y el segundo y el
tercero. El primero fue llamado Unidad y Reposo; y cada uno de ellos tiene su
nombre. Pues han sido denominados la Asamblea de los tres eones* entre la
innumerable multitud que de una vez apareció. Y una multitud le ha revelado.
Mas como esas multitudes se han reunido realizando una unidad, se les llamó la
Asamblea de la octava. Que se ha revelado andrógina y en parte ha sido
denominada como varón y en parte como hembra. El varón ha sido denominado
Asamblea, mientras que la hembra ha sido denominada Vida, para que así aparezca
que la vida de todos los eones ha salido de una mujer. Y cada uno de esos
nombres desde el origen sería recibido»
18.
«Pues, por su placer y pensamiento, las primeras potencias que se
manifestaron fueron llamadas dioses. Y, por su sabiduría, los dioses de
los dioses revelaron los dioses. Por su sabiduría revelaron señores. Y los señores
de los señores revelaron, por su pensamiento, señores. Y por su poder
revelaron arcángeles. Por su palabra, los arcángeles revelaron ángeles. Y por
éstos, se revelaron semejanzas, con sus estructuras y sus formas, y un nombre
para todos los eones y sus mundos.»
»Y
los inmortales que acabo de describir reciben su autoridad del Hombre inmortal y
de Sophia, su paredra, llamada Silencio, pues su grandeza se ha cumplido
reflexionando y en total mutismo. Porque los imperecederos, desde el momento
mismo en que pudieron, crearon, cada uno para sí, un gran reino en el Ogdoado,
y tronos, y templos, y firmamentos a la medida de su grandeza. Pues todos
salieron de la voluntad de la Madre del Universo.»
19.
Entonces, los santos apóstoles le dijeron: «Señor y Salvador, háblanos
de los que están en los eones, queremos saber sobre ellos.»
El
perfecto Salvador dijo «Sobre todo aquello que me preguntéis, yo os responderé.
Han creado por sí mismos ejércitos de ángeles, innumerables miríadas para su
escolta y su gloria. Han creado espíritus vírgenes de inefable luz y sin
sombra. Pues en ellos no reside ni la enfermedad ni la debilidad, sino sólo la
voluntad. Así pues, a los eones se añadirían rápidamente los cielos y el
firmamento a la gloria del Hombre inmortal y de Sophia, su paredra; y allí cada
eón, cada mundo y los sucesivos recibieron el modelo con arreglo al cual fueron
creados a semejanza de los cielos del caos y de sus mundos. Y después de la
revelación del caos, todo les regocijó con inefable alegría, con indecible júbilo,
en la luz que brilla sin sombra, por su inmarcesible gloria y esa inmensa paz de
la que imposible resulta hablar... Mas todas esas cosas que acabo de deciros,
las he dicho de tal forma que podáis brillar en esta luz aun más que ellos.»
20.
María le dijo entonces: «Señor Santo, ¿de dónde proceden tus discípulos,
adónde se encaminan, qué deberán hacer aquí?» El perfecto Salvador le
contestó: «Deberás saber que Sophia, la Madre del Universo y la paredra,
quiso traer a éstos a la existencia sola, sin la participación de cónyuge varón.
Pero, por voluntad del Padre del Universo, para que su inimaginable bondad
pudiera revelarse, creó una cortina entre los inmortales y los que después de
ellos vinieron, de manera que su consecuencia pudiera seguir cada eón y el
caos, de suerte que la mujer pueda vivir pese a sus imperfecciones, que pueda
existir aunque el Error la combata. Esa cortina es el espíritu. Como ya he
dicho, de los eones de agua sobre las radiaciones de la luz, una gota resbaló,
una gota de luz y del espíritu fluyó a las regiones bajas de la omnipotencia
del caos, para que puedan verse las formas modeladas a partir de esa gota, pues
esto constituye un acto de acusación contra él, el primer genitor, el que es
llamado Jaldabaoth. Y esta gota ha revelado las formas modeladas por el espíritu,
dándoles con su hálito un alma viva. Pues se había enfriado y caído en la
ignorancia del alma. Reanimada por el soplo de la gran luz del varón, y cuando
(Adán) comenzó a pensar, ese ser inmortal, cuando el soplo respiró en el,
nombró a todos los que en el mundo del caos son y a todas las cosas que en él
se encuentran.
«Pero
estos, cuando fueron objeto de la voluntad de Sophia, la Madre, de manera que el
hombre inmortal pudiera vestirse con las ropas propias de la tierra, acusados de
haberse apoderado del hálito de ese soplo, fueron condenados como si se tratara
de bandidos. Mas, como sólo psiquismo era, no fue capaz de tomar para él ese
poder, en tanto no se cumpliera el número del caos y no llegara el tiempo
fijado por el gran ángel.»
21.
Así, os he instruido sobre el Hombre inmortal, a quien yo liberé de las
cadenas de los bandidos. He roto las rejas de los implacables. He ridiculizado
sus malas intenciones. Y se avergonzaron y se despertaron de su ignorancia. Por
eso he descendido aquí, para que al fin puedan verse tocados por el espíritu y
el soplo, y para que puedan, de su dualidad, convertirse en uno, como en el
principio fue. Y, así, para que podáis producir muchos frutos y alzaros hasta
quien desde el origen está en el gozo, en la inefable gloria, el honor y la
gracia del Padre del universo.»
22.
«Quien conozca, pues, al Padre con un puro conocimiento llegará al
padre y descansará en el Padre increado. Pero quien sólo imperfectamente le
conozca, se alejará de él, se irá y reposará en la calma del Ogdoado. Dejad,
pues, que aquel que por la reflexión y el amor en verdad conoce el espíritu
inmortal de la luz, me aporte signos de lo que es invisible, y que en el espíritu
del silencio se convertirá en luz. Quien conozca al Hijo del Hombre en sabor y
en amor, que me traiga un signo de él para que pueda habitar con quienes están
en el Ogdoado.
23.
«Tal es mi revelación del nombre a quien es perfecto y de la voluntad
de la madre de los santos ángeles, para que así la multitud masculina pueda
aquí cumplirse, de manera que quienes no tienen límites puedan manifestarse en
todos los eones, como asimismo los que habrán de llegar en la indecible
generosidad del Gran Espíritu invisible, y para que todos puedan recibir de su
bondad y generosidad ese descanso que ningún reino supera. Vengo del Único, y
he sido enviado para revelaros al que, por la suficiencia del Primer Genitor y
de sus ángeles, es, desde los comienzos, único. Pues dioses se titulan a sí
mismos. Y he venido a librarles de su ceguera, para poder hablar a todos de la
Divinidad que trasciende al Todo.
24.
«Así pues, pisotead sus tumbas; humillad su providencia; romped su yugo
y tomad el mío. Como hijos de la Luz y para que podáis pisotear su poder, os
he dado autoridad sobre todas las cosas.»
25.
Tales fueron las palabras que el Salvador Bendito pronunció. Después,
desapareció de su vista.
Y,
a partir de ese día, todos los discípulos sintieron gran gozo e indecible
alegría. Y se lanzaron a predicar el Evangelio del Dios eterno, del
imperecedero Espíritu. Amén.