OBJETIVO DE LA ANTROPOLOGÍA GNÓSTICA

                 

         La ciencia de la Antropología  Gnóstica nos permite saciar nuestra sed de inquietudes e interrogantes sobre los orígenes de la humanidad y en cierto modo también es capaz de prever el futuro que nos aguarda..

         Si esto es así, no es una ciencia que se estudia y se olvida, su propia calidad imprime al estudioso una actitud de vida, que lo auto-obliga a ser responsable de su saber.

         Gran parte de los antropólogos actuales están considerando que la sabiduría ancestral está impresa en los restos arqueológicos más remotos, incluyendo el paleolítico, a éste respecto Francisca Martín Cano dice:

         “El arte primitivo australiano es el heredero de un saber surgido en la Prehistoria que emigró y se extendió por el resto del mundo y que sorprendentemente en éste pueblo oceánico ha permanecido inalterable desde entonces y conservado en manos de personas expertas con pleno conocimiento de su significado.”

         Gracias a la Antropología Gnóstica podemos aseverar que dicho enclave pertenece al continente Mu, el cual dio origen a una gran raza hoy extinta, pero que para el bien de la actual humanidad dejó su huella plasmada en diferentes manifestaciones artísticas y culturales.

         Los pueblos aborígenes conservan entre sus tradiciones una sabiduría singular. Los Tarahumaras, los indígenas de las reservas indias, los auténticos sabios chamanes de los pueblos consagrados a la naturaleza, los apegados a las costumbres legadas por sus antepasados conservan en sus culturas nemotécnicas (transmitida oralmente) una responsabilidad por la fidelidad doctrinaria que los preserva del fatal desenlace en el que languidece nuestra actual civilización: El divorcio entre ciencia y espíritu.

         Si estudiamos a las culturas históricas nuestro asombro dará paso a una constante inquietud de saber ¿Cómo lo hicieron? ¿Cuáles fueron sus parámetros? ¿De quienes aprendieron? ¿Qué nos quisieron transmitir?

         Todas compartieron el hecho de ser sociedades teocráticas, los Egipcios con su asombrosa grafía aún sin descifrar al completo, sus monumentales estatuas, sus impresionantes construcciones civiles o militares, sus mausoleos y demás expresiones artísticas siguen hablando a través de los tiempos.

         Los libros del sabio Hermes  no se cerrarán mientras haya una inquietud que cuestione y que anhele oír  su eco entre los pasillos de las grandes pirámides:

         “...Nosotros te rendimos homenaje, por tu gracia hemos recibido la luz de tu inteligencia, Nombre Santo y Venerable, Nombre único por el cual debes ser bendecido. Pues que te has dignado concedernos la piedad paternal, la religión el amor y los más dulces beneficios, como la Razón, el Sentido, la Inteligencia. El sentido para conocerte, la Razón para buscarte y la Inteligencia para gozar de la felicidad de comprenderte...”

         La filosofía que nos ofrecen las antiguas culturas es una filosofía perenne que el hombre actual puede considerar desde dos puntos de vista: a) como un mero conocimiento intelectual o b) como una actitud edificante presta a ser vivida.

         La fidelidad doctrinaria es hoy más que nunca urgente, no podemos caer en el error de construir filosofías  “ a la carta “ según nuestro subjetivo capricho momentáneo.

         Asumir ser hijos socialmente hablando implica una correcta relación y respeto por nuestros progenitores, asumir ser hermanos implica una serie de actitudes edificantes para la familia, asumir ser padres implica una serie de responsabilidades... entre la libertad a actuar y el deber cada cual debe medirse...

         Asumir por tanto un bagaje cultural debería llevarnos al cuestionamiento subsiguiente ¿puedo modificar a capricho el derecho de los antiguos filósofos?

         Cuando los mayas saludan IN LA KECH asumen la responsabilidad social y fraternal de respeto hacia todo ser vivo, “yo soy tanto como tu y tu eres tanto como yo, si te hago daño a ti me hago daño a mi mismo”

         Los mayas consideraban al mundo como una organización cósmica, sus códices, arte y libros sagrados además de su elevada ciencia, precisión matemática y cosmogónica resume una altísima filosofía digna de ser imitada o por lo menos actualizada con la más severa fidelidad.

         Imposible conseguir sus frutos sin llevar  a cabo sus preceptos.

         La ciencia actual acepta que todos nos ínter penetramos, que tanto la materia como la energía son inseparables, que los campos de vida son mucho más susceptibles de lo que se había imaginado, que un desastre atómico repercute mucho más que localmente, que el calentamiento de la atmósfera no nos es ajeno a nadie...

         Los totonacas repetían hasta la saciedad en sus incomparables obras artísticas una armonía con todo su entorno, un respeto y aceptación de las leyes naturales y una decidida forma de acción sabiendo  que solo la muerte psicológica libera del dolor, que se puede y debe vivir sin la identificación fenoménica, que lo efímero da paso a lo imperecedero y por lo tanto es más inteligente prepararse para lo segundo antes que para lo primero...

         Sus adoratorios tokallis, sus emplazamientos estratégicos, sus conocimiento geodésicos vitales y su marcada renuncia a lo ilusorio dio paso a un equilibrio como pueblo consciente de su labor histórica.

         Nos asombran las palabras de Netzawatlkoyotl, insigne poeta tolteca: “Amo el canto del pájaro de mil tonos, amo el color del jade, pero amo sobre todo a mi hermano el hombre” que expresa una actitud edificante frente a la vida.

La Antropología Gnóstica nos invita a una constante reflexión y renovación de nuestras concepciones filosóficas, en modo alguno puede ser un dato más que intelectualmente satisfaga las demandas momentáneas para seguir el rumbo después de lo archivado como “visto”. Lo impone una gran demanda social, que amparada o cubierta por el velo de lo moderno, deja entrever la necesidad de cultivar los trascendentales valores de todos los tiempos.  

                                                                                 Sagrario Galdós