El
Conde Cagliostro
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Era originario de Palermo, Sicilia donde nació
en el año 1743. Ocultista y médico, vivió en tiempos de Luis XVI.
Curaba a los enfermos y acabó por ser condenado en prisión perpetua y
finalizó sus días en las mazmorras del castillo de San León, en Urbino
en el año 1795.
Una vez establecido en Paris, mantuvo una larga entrevista con el cardenal Rohan, a quien reveló con todo detalle sus conversiones con el pretor Poncio Pilato, del cual se decía amigo íntimo. |
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A decir verdad, señor, no puedo pronunciarme, puesto
que yo sólo llevo a su servicio cuatrocientos años. El Gran Maestro Cagliostro, nada tiene que ver con el personaje que describe Alejandro Dumas en su obra, Vida de Giuseppe Balsamo, ni con el personaje inventado por la Inquisición para desprestigiar al Gran Maestro. |
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Muchas personas que le había conocido y que incluso,
en algunos momentos, fueron sus discípulos, cuando llegó el momento terrible
del calvario del Maestro en manos de la Inquisición, dijeron, lo mismo que a
Jesús le dijo la muchedumbre: "Donde están tus poderes, por qué no los
utilizas para liberarte y para evitar tus sufrimientos" sin comprender que
Cagliostro conocía la ley oculta y que se entregaba por completo a ella.
Se supone que Cagliostro fue hijo del Gran Maestre de
la Orden de Malta, llamado Melo, el cual le inició y le introdujo en los
Grandes Misterios, en la Gran Pirámide de Egipto, recibió su Iluminación.
Cagliostro viajó extensamente por toda Europa y por
Oriente y por donde pasó siempre fue reconocido por su gran generosidad y
elevado espíritu.
Cuando le preguntaron por qué derramaba tantas
bendiciones sobre los seres humanos, a los que amaba por encima de todo,
desprendiéndose de su conocimiento y riquezas en favor de ellos, curando a los
enfermos, y asistiendo a los necesitados, Cagliostro respondió: "Siempre
se debe avanzar, siempre se debe sembrar y dejar a los demás que recojan la
cosecha".
Cagliostro, como Alto Iniciado que era, se
consideraba un hermano con todos independientemente de que fuesen ricos o
pobres, ilustrados o ignorantes, árabes o franceses porque según declaró:
"No soy de ninguna época y de ningún
lugar, y más allá del espacio y del tiempo, mi ser espiritual vive su eterna
existencia. Si me sumerjo en mi pensamiento remontándome en el curso de las
edades, si extiendo mi espíritu hacia un modo de existencia alejado de aquel
que percibís, me convierto en aquel que deseo ser. Participando conscientemente
del Ser Absoluto arreglo mi acción según el medio que me rodea. Mi nombre es
aquel de mi función, pues soy libre; mi país, aquel donde fijo momentáneamente
mis pasos. Poned fecha de ayer si lo deseáis, rehusando acordaros de años
vividos por ancestros que os fueron extraños, o del mañana, por orgullo
ilusorio de una grandeza que jamás será vuestra, yo soy aquel que Es".
Su generosidad era tal que fue capaz de, noche tras
noche, en la época en que estuvo encarcelado en Francia por el asunto del
collar de diamantes, al cual haremos referencia más tarde, salía de su celda y
por un pasadizo secreto acudía a la llamada de aquellos que le necesitaban y a
los cuales ayudaba y curaba ya que, por ser de condición humilde, nadie socorría.
Cagliostro era un emisario de la Gran Hermandad Blanca y debía cumplir una misión
de transformación en el seno de la sociedad de su época.
Desgraciadamente aquellos que se encontraban en
disposición, y que tenían el poder necesario, para permitir la transformación
de la sociedad, es decir: los nobles y el clero, no se resignaron a perder sus
privilegios compartiéndolos con el pueblo y ello dio lugar a la Revolución
Francesa.
Cagliostro fue un Iniciado de primera magnitud y
todas las Ordenes Iniciáticas de su época, así lo reconocieron dispensándole
honores solo reservados a los más elevados.
Conoció y colaboró con el Conde de Saint Germain.
Su gran conocimiento, cultura, refinamiento, y encanto, le llevó a frecuentar
los salones más distinguidos de Francia donde, al principio de su misión,
despertó la envidia de algunos nobles quienes trataron de burlarse de él por
medio de una farsa.
Se cuenta que cuando estaba curando ante un auditorio
de gente ilustre, se presentaron tres mendigos que le pidieron que les curara de
la sordera, de la ceguera, y de un mal en la piel; Cagliostro accedió a ello y
les dijo que podían salir de allí que estaban curados. Ante el estupor y la
risa general, los supuestos mendigos se despojaron de sus harapos apareciendo
ante todos como lo que eran, unos nobles, jóvenes ociosos, que querían
"desenmascarar" a quien, para ellos, era un impostor
Ante aquella burla Cagliostro declaró con voz
solemne: "Recordad que lo que no habéis permitido que os diera, os lo
puedo retirar", después de ello los jóvenes empezaron a gritar porque uno
de ellos se había quedado sordo, el otro ciego, y el otro se retorcía de los
picores en su piel. Cagliostro, siempre generoso, les perdonó y los jóvenes
volvieron a la normalidad huyendo despavoridos. Desde entonces nadie se tomó a
broma los poderes curativos de Cagliostro.
Su amistad con el Cardenal de Rouhan, quien había
sido estafado haciéndosele creer que debía comprar un collar de diamantes para
la reina María Antonieta de Francia, fue motivo para que se le involucrara en
el llamado "asunto del collar" que constituyó un escándalo en
aquella época y que, de alguna manera, precipito los acontecimientos que
desembocaron en la Revolución Francesa. Cagliostro fue encarcelado y, aunque
tuvo todas las oportunidades para escapar, permaneció en prisión en espera de
juicio sabiendo que la justicia resplandecería al final, y convencido de que su
misión entre los hombres aún no había terminado.
Se relatan muchos hechos curiosos del
juicio a Cagliostro como que las actas de acusación se borraban a la vista de
los acusadores que las leían y, en su magistral alocución de defensa,
Cagliostro declaró:
"Como el viento del Sur, como la brillante luz
del Mediodía que caracteriza el pleno conocimiento de las cosas y la comunión
activa con Dios, voy hacia el Norte, hacia la bruma y el frío, abandonando, por
todas partes a mi paso una parcela de mi mismo, abandonándome, disminuyéndome
en cada estación, más dejándoos un poco más de claridad, un poco más de
calor, un poco más de fuerza, hasta que sea parado y fijado definitivamente el
fin de mi carrera, en la hora en que la Rosa florezca sobre la Cruz. Yo soy
Cagliostro".
Nunca se le perdonó que fuese un impulsor de la Luz, y
le atacaron por su lado más débil que era el amor que tenía por su esposa,
Lorenza Feliciani, quien, a pesar de su bondad, encanto, e ingenuidad, fue
convencida por los miembros de la Inquisición haciéndole creer que su esposo
era un representante del diablo, lo que le hizo flaquear sirviendo, de esta
manera, a los sucios propósitos del Santo Oficio que despacharon correos por
toda Europa con historias fantásticas, inventándose la figura de Giuseppe
Balsamo, para desacreditar al Maestro.
Incomprensiblemente ante los ojos de los profanos,
pero de acuerdo con una afirmación que había hecho anteriormente y que decía:
"Un amor que me atraía hacia toda criatura de forma impulsiva, una
irresistible ambición, un sentimiento profundo de mis derechos sobre los seres
del cielo y de la tierra, me impulsaba y me arrojaba hacia la vida",
Cagliostro viajó a Roma poniéndose así al alcance del brazo de la Inquisición.
Fundó una Logia en Roma, a la cual pertenecieron
personas muy selectas; pero un traidor, un capuchino llamado Francesco de San
Maurizio, quien era un espía y un agente del Santo oficio, le delató y
proporcionó las pruebas, verdaderas o falsas, que permitieron su arresto y
encarcelamiento.
Cagliostro sabía lo que le iba a acontecer, de
hecho, el mismo se había metido en las fauces del lobo de manera deliberada, el
sabía que el inmenso privilegio que le había sido concedido de servir a la
Humanidad habría de pagarlo a un precio altísimo. La ley oculta establece que
cuando una persona revela a los demás las cosas más sagradas y las leyes más
elevadas del Universo, se hace responsable del uso que de ellas hagan sus
alumnos y, para comprender con propiedad todo lo que él había enseñado, sin
que fuese utilizado inadecuadamente, habría que tener la talla espiritual y la
comprensión que poseía Cagliostro, alturas a las cuales no llegaban ninguno de
sus alumnos.
Fue encarcelado y torturado en el Castillo de
Santangelo, y llevado a juicio donde fue acusado, entre otras cosas por medio de
una declaración arrancada bajo tortura a su esposa, de que adoraba al diablo y
que blasfemaba del nombre del Señor.
Fue obligado, lo mismo que en la antigüedad lo habían
sido el conde Raimundo VI de Tolosa, y el Gran Maestre de la Orden de los
Templarios, Jacques de Molay, a presentarse con ropas de penitente ante la
iglesia de Santa María, y abjurar de todos sus errores. Pero a pesar de su
sufrimiento, de sus penitencias, de la tortura a la que fue sometido, Cagliostro
no fue perdonado y se le encerró en la fortaleza de San Leo donde prácticamente
fue enterrado en vida.
La Revolución Francesa ya había estallado y las
tropas francesas que extendían por Europa los ideales de libertad, igualdad,
fraternidad, se encontraban ya en Francia por lo que para evitar que Cagliostro
fuese liberado, fue estrangulado en su celda el día 28 de agosto de 1.795.
Una leyenda dice que Cagliostro no murió, sino que
el cadáver encontrado en su celda era el de un monje que iba a reconfortarle
espiritualmente. Sea como sea, lo importante fue la obra que realizó y que
perdurará a través de los siglos.
Quienes quisieron borrar su memoria ya están
olvidados, pero él, Cagliostro, permanecerá en el recuerdo de muchísimas
generaciones.