El
Maestro Samael con la sencillez que le caracterizaba, tomó el sello y
lo dio a uno de sus discípulos, su secretario, pidiéndole que lo
guardara.
Fernando
Salazar Bañol, guardó el sello con mucho celo durante 13 años. Lo tuvo en una
sencilla cajita de jabón junto con un colmillo de tigre, el cual era, simbólicamente,
el guardián del sello
Materialmente
está construido de arcilla, pero internamente es de oro puro, y todo aspirante,
todo estudiante de la sagrada Gnosis debe llevarlo grabado en la mente y en la
conciencia, puesto que es el símbolo de la voluntad, del poder, de la sabiduría
y del amor de Samael.
Este
sagrado sello, en su sencilla simbología, tiene los ojos de la conciencia
vigilante, y en silencio nos repite con la poderosa voz de nuestro gurú: permaneced
alertas y vigilantes como el vigía en época de guerra! Nos recuerda como
nuestro Maestro despertó y, con su suprema voluntad estuvo siempre alerta en
contra de los demonios rojos de Seth. Con la espada de la voluntad en la mano y
de la mano de la divina Madre, teniendo siempre presente la voluntad de su Ser
en el corazón, fue implacable y no cesó hasta acabar con los demonios rojos de
Seth, y lograr la total aniquilación budista. Y no se cansaba de repetirnos su
enseñanza: defecto descubierto, debe ser
aniquilado!
El
sello lleva en sí grabada la cruz, la imprescindible cruz del nacimiento, de la
muerte y de la resurrección; nos recuerda todas las enseñanzas alquímicas del
Maestro, quien con claridad y sin ambages nos enseñó la castidad científica
del matrimonio perfecto, la clave del amor, de la armonía, de la abundancia y
del triunfo. Y quien nos mostró con su ejemplo de poderosa y sagrada virilidad
el trabajo de la ragua encendida de Vulcano, la Vía Directa del Filo de la
Navaja, el tortuosa camino de las Tres Montañas, las que también encontramos
simbolizadas en el sello.
El
V.M. Samael hizo carne los tres factores: murió, nació y trabajó por la
humanidad, dando hasta la última gota de su sangre, y entregando con su verbo
de hierro la sabiduría de oro del Cristo.
Sin
temor a ser condenado por la ignorancia humana pregonó las verdaderas enseñanzas
cristianas, desenmascarando a los bribones por amor a la humanidad; sin temor de
que estos lo crucificaran, nos entregó las claves para discernir lo que es
blanco y negro.
Oh!
Sagrado, bendito y venerado Samael, que alcanzó la gloria de su Padre, Cristo
Rojo de Acuario, Avatara de la Nueva Era, bajo el poder de tu sello nos
cobijamos, para seguir el camino que nos enseñaste, pedimos tu guía, tu
protección y amparo, para no desmayar en el camino; para poder levantarnos una
vez más, para que el premio de nuestra constancia sea convertirnos en soldados
del Cristo de Acuario y de su Ejército de Salvación Mundial. A la batalla! A
la batalla! A la batalla!
El
día 2 de diciembre de 1990, los congregados de dos naciones andinas Perú y
Bolivia, tuvieron el privilegio de presenciar un hecho portentoso, que tuvo
lugar en la ciudad de Sucre, Bolivia: la inauguración del Templo Subterráneo
de Gob.
Entre
las dos y las tres de la tarde de ese feliz día, se inició la ceremonia de
este sacratísimo lugar, un templo de Misterios Mayores, el Templo Subterráneo
de Gob, donde quedó depositado el sello de la conclusión de la Obra del V.M.
Samael Aun Weor, que le entregaron los maestros mayas.
En
algún lugar escondido de este templo, resguardado de manos profanas y
ambiciosas, quedó depositado el poderoso sello de la conclusión de la Obra del
Maestro Samael.
La
Ceremonia
La
ceremonia empezó cuando los 37 congregados de La Paz, Santa Cruz, Oruro, Potosí,
Cochabamba, Villamontes, Lima, Cuzco y Sucre, esperaban arrodillados, frente a
frente, formando un corredor desde la puerta del templo hasta el altar.
!Paz
Inverencial! .. La voz del peregrino, portador del sello, resonó poderosa,
haciendo los saludos rituales. El humilde servidor que había conservado en su
poder durante 13 años, el sagrado sello que su Gurú, el V.M. Samael Aun Weor,
después de una larga peregrinación por muchos lugares de la tierra (México,
Canadá, USA, Monserrat España,
Sierra del Roncador Brasil, Argentina, Perú, Bolivia, etc.) llegaba con el
majestuoso sello, la más preciada joya del gnosticismo, el testimonio de que el
Avatara de Acuario concluyó su Obra.
La
gema maravillosa, depositada en su urna de cristal, a medida que se internaba en
al Templo en manos del soldado que la portaba, iba irradiando su mágico poder,
haciendo vibrar de emoción a los presentes, que sacudidos en su interior, por
la fuerza del sello, derramaban lágrimas de mística emoción por tener tan
sagrado privilegio de presenciar este momento histórico para la Gnosis.
Habiendo
depositado la urna en el Altar, con poderosa voz cargada de fe, que resonaba
vibrante en todo el Templo, el sacerdote inició su oración invocando al V.M.
Samael Aun Weor, Kalki Avatara de la Era de Acuario, Quinto Ángel del
Apocalipsis, Cristo Rojo de Acuario, clamando con toda fe por la presencia del
Maestro.
Samael,
que siempre acude al llamado de sus discípulos, acudió ante ese clamor cargado
de fe, respondiendo al llamado; Su poderosa y cálida presencia se dejaron
sentir entre todos los presentes. Y no existen palabras para describir tal fenómeno,
captado por algunos de los presentes como Luz, Fuerza, Poder, Amor; finalmente
plasmándose como un enorme pentagrama de luz sobre el Altar.
La
tensión electrónica aumentó aun más con la invocación al Cristo, quien
también se hizo presente, dejando sentir su amorosa presencia envuelta en una
sutil luz azul.
Al
iniciar las conjuraciones e invocaciones, la poderosa fuerza de Melquisedec, Rey
de la Tierra, irradió, desde abajo, su poder envolviendo a los presentes con un
poder electromagnético imposible de narrar con palabras.
Con
los exorcismos de los cuatro elementos, los genios elementales dejaron sentir su
presencia. El fuego chisporroteaba en las llamas de las siete velas; en el cielo
retumbaban los rayos y brillaban los relámpagos. La fuerza del aire se
escuchaba en el viento que soplaba. Los elementales del agua se manifestaron en
una menuda lluvia persistente. Y hay quienes afirman haber sentido la fuerza de
la tierra en un pequeño temblor.
Luego
de la ceremonia de la consagración del Templo, Fernando Salazar Bañol, “el
custodio del sello” que lo llevó en su sagrada peregrinación, con lágrimas
de emoción besó la urna del sello, en señal de despedida; y pidió a los artífices
de la construcción de ese majestuoso Templo, que se arrodillaran ante el altar
para entregarles el sagrado símbolo.
Juan
Eduardo Ybarnegaray, Petrona Ybarnegaray (+), Susana Rueda y Aurelia de Aguirre,
quienes fueron el instrumento que la Logia Blanca utilizó para plasmar este
Templo, que la humanidad necesita como un puente, como un canal de conexión que
une a los planos superiores con el mundo, para irradiar la fuerza protectora que
los Maestros Guardianes de esta raza, necesitan enviarnos a los seres humanos
que buscamos la redención a través de la aplicación de los Tres Factores,
para que recibamos la ayuda necesaria para poder despertar nuestras conciencias,
para eliminar radicalmente nuestros defectos, para aprender a transformar
nuestras vidas y nacer de nuevo; y sobre todo, para servir de ayuda a nuestros
semejantes, y así poder realizar en nosotros mismos la Gran Obra del Padre,
haciendo carne y sangre las enseñanzas del Avatara de Acuario.
He
aquí el primer gran testimonio de que la Bendita Logia Blanca, pasa a la
vanguardia en esta década de los 90’s. Y también la primera prueba de que
los habitantes del Agarthi, la tierra donde mora Melquisedec, están a nuestro
lado; ellos con estas grandiosas pruebas nos dan el aliento necesario.
A
la batalla, yo estaré con ustedes...
Nos dice el Cristo Rojo de Acuario. Por lo tanto, ya es hora de que todos los
soldados del Ejército de Salvación Mundial, cierren filas y avancen
victoriosos en la lucha, para entregarle al mundo y difundir por doquiera esta
doctrina redentora.
Una
poderosa cadena de fuerza selló el acontecimiento maravilloso, en esa tarde
lluviosa de diciembre.
El
momento pasa, pero la Obra maravillosa queda; y está ahí como un diamante que
irradia el poder y la fuerza de Samael
Aun Weor, el Cristo Rojo de Acuario.