La
Madre Teresa
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Al día siguiente, fue bautizada con el nombre de
Agnes Gonxha Bojaxhiu. Su madre, Dranafile Bernai, había nacido en Venecia y se
enamoró del constructor, Nicolás Bojaxhiu, un miembro activo del consejo de la
ciudad. Antes habían tenido dos hijos, una niña, Age (1904) y un varón, Lazar
(1907). Los chicos comenzaron a ser educados en la escuela de la Iglesia del
Sagrado Corazón y luego en colegios laicos. |
Ya desde pequeña se observaba su vocación de
servicio. Cuando los hermanos mayores se levantaban por las noches para buscar
dulces en el aparador, la pequeña Agnes, les recordaba que debían guardarlo
por si aparecía algún pordiosero con hambre. "... pero nunca le contaba a
mamá de nuestras expediciones nocturnas", confesó muchos años más tarde
su hermano mayor.
En 1917 murió su padre, luego de que su socio en la
empresa constructora lo dejara sin su parte. Entonces, la madre tomó las
riendas de la familia y puso un negocio de ropa de encajes para así poder
continuar con la educación de sus hijos.
A los 12 años sintió el deseo de convertirse en
monja. Lo consultó con su madre, y ella le aconsejó que no forzara ese
sentimiento. Pasó largas horas rezando en la iglesia junto a su mamá, en busca
de una respuesta.
Entonces escuchó los relatos del Padre Jambrenkovic,
quien le contó las aventuras de los misioneros yugoslavos que viajaban a la
India. Quedó fascinada con las historias y deseó fervientemente ser una de
ellos. Inexorablemente comprendió su verdadera vocación: Al cumplir los 18 años
pidió ingresar en la Orden de las Hermanas de Nuestra Señora de Loreto en la
India.
Antes tuvo que pasar dos meses en la Abadía de
Loreto en Irlanda aprendiendo el idioma inglés, ya que por aquel entonces, la
India era una colonia inglesa.
En noviembre de 1928, partió hacia el Noviciado en
Darjeeling, uno de los centros culturales británicos más importantes de la
India. Al convento asistían, para tomar clases con las monjas, los niños
ingleses y los hijos de las familias indias adineradas. Pero a Agnes, eso no le
bastaba y también les daba clases a los chicos humildes de Darjeeling.
Paralelamente se dedicó a aprender dos idiomas locales: el bengalí y el hindi.
Fue destinada como maestra, a la escuela St. Mary en
Calcuta. Su principal tarea era cuidar la higiene del lugar y de las monjas.
Poco a poco fue ocupándose de la educación, hasta que en 1936 se convirtió en
la encargada de la enseñanza primaria. En 1937 tomó sus votos finales en
Darjeeling y volvió al convento de Calcuta como madre superiora. Desde ese
momento sería mundialmente conocida como "La Madre Teresa".
Al comenzar la segunda guerra mundial, la vida
cambiaría en Calcuta. En 1942 los japoneses ocuparon Burma, otra colonia
lindante. Las autoridades militares inglesas pusieron su centro de operaciones
en Calcuta. Evacuaron a parte de la población, requisando edificios y
transportes.
El convento de Loreto fue convertido en un hospital
militar y las religiosas trasladadas con su escuela a Convent Road. El arroz,
que llegaba desde Burma, dejó de enviarse como lógica consecuencia de la
ocupación japonesa. Pronto comenzó a escasear la alimentación y los
campesinos tuvieron que vender sus tierras y se fueron en masa para Calcuta.Dos
millones de personas murieron por inanición.
Pero Teresa siguió insistiendo, y ante la obstinación,
el Arzobispo de Calcuta le puso como condición para salir por las calles que
dejara de ser monja para convertirse en una laica. No se dio por vencida y elevó
su pedido al Vaticano. Finalmente, en julio de 1948, recibió la autorización
desde Roma, para recorrer las calles de Calcuta, sin perder su condición de
monja.
Antes de salir por la ciudad, pasó varios meses tomando cursos intensivos de enfermería y primeros auxilios en Patna. Luego se vistió con un típico atuendo indio (sari) de color blanco con bordes azules y se instaló en su nueva casa en Calcuta: el hogar de San José dirigido por la orden de las Pequeñas Hermanas de los Pobres.
Salió a caminar por el suburbio de Motijhil infestado
por la basura y las cloacas desbordantes. Se sentó en la calle y empezó a
dibujar en la tierra con un palo. Unos niños se acercaron curiosos al ver una
monja vestida con ropa india que dibujaba en el suelo. Enseguida dio una breve
clase y compartió la comida con los pequeños.
Así durante una semana, hasta que un cura le obsequió
cien rupias para que creara una escuela. A los 2 meses se sumaron 56 alumnos y
la gente del barrio comenzó a obsequiarle muebles, útiles y medicamentos en señal
de agradecimiento.
Decidió ir más allá y se internó en un barrio
mucho más pobre llamado Tijalba. Nadie se había atrevido a ir allá. Las
calles estaban pobladas de leprosos, abandonados por sus propias familias.
Teresa salió a pedir ayuda a las parroquias. En unas pocas la ayudaron. En la
mayoría la humillaban y la insultaban. La llamaban "La monja de los
callejones" y se reían de esa mujer que prefería rodearse de leprosos
antes que estar con la gente poderosa.
Pero los voluntarios crecían y junto a Teresa recorrían
las calles recogiendo a los leprosos, tuberculosos o borrachos. Constantemente
veía la muerte en las calles por lo que fue creciendo en ella la idea de crear
un lugar para que los moribundos pudieran partir en paz.
El Arzobispo de Calcuta quería disolver el grupo y
enviar a Teresa devuelta a Loreto. Pero la presión de la gente y de los medios
fue decisiva. Los periodistas se habían conmovido con el trabajo de las monjas
y comenzaron a remarcar la entrega con la que ayudaban a los desposeídos en
Motijhil. La gente había aceptado a una monja católica, quien a pesar de no
ser de su religión, los ayudaba sin esperar recompensas ni conversiones.
El mismo Jefe de Ministros de Bengala había hecho
una donación que alcanzó para que comieran durante u n mes entero. Rendido
ante las evidencias y las presiones, el Arzobispo tuvo que apoyar la creación
de la congregación A los tres votos habituales de castidad, pobreza y
obediencia, Teresa agregó un cuarto: "Dar de todo corazón, servicio
desinteresado a los más pobres de los pobres".
El 7 de octubre de 1950 se aprobó la constitución
de la congregación por el Vaticano con el nombre de "Las misioneras de la
caridad". Las hermanas adoptaron como vestimenta el sari que ya usaba la
Madre. Dijo Teresa al respecto: "El sari nos permite sentirnos pobres entre
los pobres, identificarnos con los enfermos, con los niños, con los ancianos
desamparados, compartiendo el mismo vestido y la forma de vida de los desposeídos
de este mundo".
En 1952 puso en funcionamiento la casa de los
moribundos en Kalighat. Allí logró acabar con el desamparo al que estaban
sometidos los enfermos terminales condenados a morir en la calle en soledad.
Al finalizar el año ya se habían unido a la orden
30 monjas más, por lo que necesitaban un edificio donde instalarse. Entonces
pidió un préstamo a la Iglesia y en febrero de 1953 se trasladaron a un
extenso terreno en Lower Circular Road actualmente conocida como "La Casa
de La Madre".
Teresa quería extender su obra, pero seguía teniendo trabas de la Archidiócesis de Calcuta. Hubo que esperar hasta el año 1960 para que se le permitiera abrir su primera casa fuera de la ciudad: primero fue en Ranchi y luego en Nueva Delhi. A la inauguración asistió el Primer Ministro Nehru quien insistió ante el presidente de la India para que le diera el prestigioso premio Padma Shri La distinción la recibió en 1962 y fue la 1° vez que se lo entregaban a alguien que no fuera indio.
Poco a poco toda la India se fue cubriendo con su
obra. Había llegado el turno de otras naciones. Increíblemente, el Arzobispo
de Calcuta seguía poniendo piedras en el camino, hasta que en febrero de 1965,
el Vaticano dijo basta y la congregación de Teresa (ya con 300 monjas) dejó de
responder a las órdenes de Calcuta para pasar a depender directamente de Roma.
En 1971 recibió el premio Juan XXIII de la paz y en
1979 llegó su reconocimiento mundial con el premio Nóbel de la Paz. Cuando se
enteró que la fiesta de recepción costaba 30.000 dólares pidió que se
suspendiera y que se le diera alimento a los desamparados de Calcuta. A pesar
del reconocimiento, jamás abandonó su tarea al lado de los humildes, de los
leprosos y de los moribundos. Viviendo a la par de ellos, no colocó en la
congregación, ni heladera, ni televisor, ni aire acondicionado. El único
aparato de la modernidad que se permitió a si misma, fue el teléfono.
Cuando la periodista Barbara Walters, en un
reportaje, le dijo que ella no tocaría un leproso ni por un millón de dólares,
la Madre le respondió: "Por un millón de dólares tampoco yo lo tocaría,
hija. Lo importante es tocarlo por amor a Dios".
A partir de 1990 le empezó a fallar el corazón,
entonces le pusieron un marcapasos que la volvió a levantar y la hizo trabajar
más fuerte que nunca. El papa Juan Pablo II llegó a pedirle personalmente que
no trabajara tanto, pero ella no le hizo caso.
En 1994, el inglés Christopher Hitchens atacó
duramente a la Madre en un documental para la televisión, en donde la trató de
"ángel del infierno" y la acusó de "demagoga, oscurantista y
sirviente de las potencias occidentales", aduciendo que el objetivo de
Teresa no era el de ayudar a enfermos y moribundos sino el de realizar una
cruzada contra los anticonceptivos y el aborto provocado.
Este documental provocó la indignación del mundo
entero ante un hombre que cegado por su visión anticlerical, no supo o no quiso
distinguir la infatigable tarea verdadera de la Madre Teresa más allá de
cualquier prejuicio religioso. Porque si hay algo que esta maravillosa mujer no
hizo fue utilizar la demagogia o intentar conversiones oportunistas al
catolicismo. Lo único que hizo durante toda su vida fue dar. "Dar hasta
que duela", como suele decir ella misma.
Murió en 1997. Vivió hasta los 87 años. La Madre
Teresa siguió sirviendo a los más pobres de los pobres, viviendo en las mismas
condiciones, porque "Nadie tiene derecho a la riqueza si otros se están
muriendo de hambre". Un ejemplo. Para todas las religiones, para los no
creyentes, para toda la humanidad.
Rubén Brenner