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Muelle antiguo de Vega Terrón

                             En el Duero, aparte de la navegación de los canales de Castilla (...), se consideró la posibilidad de navegar los cauces naturales. El plano del fondo histórico más comprensivo es el número 685. Data de 1828 y se titula "Croquis del curso del río Duero desde Aranda hasta el Embarcadero de la Fregeneda y del río Pisuerga desde la unión del río Carrión hasta la confluencia de el Duero con las indicaciones de sus obstáculos naturales y accidentales y la expresión de las obras que deben practicarse en él para realizar su navegación. Ejecutado de órdenes del Excmo. Sr. Secretario de Estado y del despacho universal de Hacienda de España e Indias D. Luis López Ballesteros por el Arquitecto de la Real Academia de San Fernando, Agustín Marco-Artu. En la época de las menores aguas del río".

(...)

                             Aguas abajo de Zamora hay un tramo del Duero sumamente escabroso, en la comarca de los Arribes, donde sus aguas descienden desde la cota del final de la meseta hasta la conjunción del Águeda con el Duero. Ahí empieza un tramo final del río Duero con posibilidades ciertas de navegación que llega hasta el mar, del cual sólo un corto trecho discurre por territorio español. No obstante, por su especial situación como término de una vía navegable que podría comunicar las tierras interiores de Castilla y León con el mar, el corto espacio conocido como Vega de Terrón y el puerto de la Fregeneda han merecido la atención de los proyectistas desde tiempos remotos.

                             En los siglos XVII y XVIII se navegaba con embarcaciones chatas que podían transportar hasta 1.000 fanegas de grano en invierno y 250 en estiajes. En 1806 la Compañía Portuguesa del Alto Duero demolió la peña San Juan de Pesquera, a unas 9 leguas de Vega Terrón que estorbaba el paso de los barcos; y durante la Guerra de la Independencia, los ingleses transportaron por el Duero hasta La Fregeneda todo el material militar y vituallas para abastecer la plaza de Ciudad Rodrigo. En 1822 las autoridades de Salamanca piden al gobierno que se realicen las obras para mejorar la navegación y dar salida "a la gran cantidad de productos de su agricultura que se hallan estancados".

                             En fecha posterior al reconocimiento de Marco-Artu de 1828, aparecen los planos que muestran la parte del Duero entre los ríos Águeda y Huebra y el que representa la explanada que debe prepararse en la confluencia del Duero y del Águeda y el embarcadero a construir en dicho punto con el proyecto de un plano inclinado que facilite la carga y descarga de los barcos. Este plano, firmado en Madrid el 25 de agosto de 1843 por Juan Subercases, fue aprobado en junta Consultiva, con la firma de Pedro de Miranda, en 28 de septiembre del mismo año.

 

                             El embarcadero, el plano inclinado y la explanada han estado en servicio hasta principios del siglo XX y todavía pueden verse en el lugar indicado. Otros planos, complementarios de los antes citados, describen el curso del Duero y detalles de los muelles y almacenes. Varios planos del fondo histórico reflejan los canales proyectados para intercomunicar las cuencas del Duero y del Ebro. El 362 es el primero de un proyecto que pretendía unir los canales de Castilla con el Imperial de Aragón, como parte del ambicioso programa de navegación recomendado por las Cortes de 1820. El 459 se titula "Croquis de la parte de divisoria de los ríos Ebro y Duero comprendido entre La Brújula y el principio de los Montes de Oca". Está fechado en Burgos el 7 de octubre de 1851 y firmado por Cipriano Martínez de Velasco. Del mismo autor y fechas son los planos 460 y 461 que corresponden a trechos del canal en distintas leguas de la zona divisionaria entre ambas cuencas.

Texto extraído de un trabajo firmado por Don Manuel Días-Marta Pinilla titulado "REALISMO Y UTOPÍA EN LOS PROYECTOS HIDRÁULICOS DE LA ILUSTRACIÓN Y EL ROMANTICISMO"

                             A lo largo de 107 kilómetros, el Duero sirve de frontera entre España y Portugal, primero en Zamora y luego en Salamanca. En su recorrido salmantino el profundo encajonamiento, con desniveles de hasta 500 metros en cortados verticales, en los terrenos de penillanura salmantina, ha producido un paisaje de increíble belleza. Se trata de los Arribes del Duero. Aunque menos espectaculares, pero no por eso menos bellos, los Arribes del Águeda se sitúan en el tramo final del recorrido de este río, cuya desembocadura en el Duero marca el inicio del recorrido portugués de éste. Justo en este punto es donde se sitúa el Muelle Fluvial de Vega Terrón.

                             Las primeras noticias sobre la posibilidad de hacer navegable el Duero y sus afluentes salmantinos, el Tormes y el Águeda, entre otros, datan de 1576. Gracias a varias medidas se preveía que podrían navegar por el Duero barcos de un ancho comprendido entre 12 y 15 pies y de longitud entre 40 y 45 pies. Estos barcos llevarían a Flandes, Francia, Inglaterra y Levante las lanas, cereales y vinos de Castilla.

                             En el siglo XVI ya se utilizaba de forma frecuente el Duero como medio de transporte en distintos tramos, si bien con dos fuertes condicionamientos: las características irregulares de los caudales, y las dificultades físicas del cauce en algunos tramos de su recorrido. Esta tradición ha sido mucho mayor en la parte portuguesa que en la española. En las orillas salmantinas se utilizaron tres fondeaderos naturales que se consideraron más o menos aptos para la constitución de un "muelle". Eran, desde aguas abajo hacia aguas arriba, el de Vega Terrón en el término de La Fregeneda, el de los Molinos o la Aceña en Hinojosa de Duero, por debajo de la confluencia del Duero con el río Huebra, y el de Manga Garzón o Pandera, en el término de Vilvestre.

                             Los primeros hechos significati-vos para la mejora de la navegación tuvieron lugar a principios del siglo XIX. Tres hechos fundamentales se producen a principios de dicho siglo. En 1821 la Diputación salmantina empieza a interesarse de forma eficaz por la mejora de las condiciones de los fondeaderos naturales, lo que hace que Agustín de Marco-Artu redactase el primer proyecto de construc-ción de un embarcadero en Vega de Terrón. En 1835 se firma el Convenio sobre Navegabilidad del Duero entre España y Portugal. Y en 1841 este tratado es ratificado por Portugal.

                             Mientras tanto, el tráfico entre España y Portugal iba aumentando de forma notable. Se tienen noticias de que durante esos años se llegaron a reunir a la vez cerca de 30 embarcaciones de hasta 50 toneladas.

                             Como consecuencia de la entrada en vigor en 1841 del acuerdo firmado en 1835, se dispuso con suma urgencia la redacción de un proyecto para la construcción de un muelle en Vega Terrón. Después de distintas vicisitudes Juan Subercases redactó el que sería definitivo, aunque hasta 1849 no se decidió su construcción, que por distintas causas se retrasó hasta 1856, terminándose definitivamente a finales de 1860. El coste total de las obras fue de 144.930 pesetas. El proyecto consistió básicamente en la realización de una explanada situada por encima del que se estimaba nivel de máximas avenidas, y constituida gracias a dos muros, y un plano inclinado situado entre ambos, sobre el que circulaban unos carretones que transportaban las mercancías desde las embarcaciones a la plataforma, ayudado por un polipasto situado en la parte superior.

                             El éxito de la construcción fue tremendo, hasta el punto de que la plataforma resultó al poco tiempo insuficiente para la misión encomendada. Como consecuencia de estas insuficiencias, el ingeniero García San Pedro redactó otro proyecto de ampliación y construcción de nuevos edificios en 1862, si bien quedó en el olvido poco después.

                             A mediados de los años 50 del siglo XX comienza en Portugal un fuerte movimiento a favor de hacer navegable para las modernas embarcaciones todo el Duero portugués. Este hecho iba unido al interés hidroeléctrico que tenía la construcción de las presas-esclusas a lo largo del río. La creación en el año 1961 de un "Relatorio sobre la Navegabilidad del Duero" dio el impulso definitivo al proyecto. La construcción de esclusas en las presas portuguesas del Duero y el dragado y excavación del cauce han hecho posible la navegabilidad hasta territorio salmantino.

                             A raíz de la terminación de las presas citadas, diversos estamentos salmantinos, en especial la Diputación y la Cámara de Comercio, se plantean la conveniencia de construir un muelle en Vega Terrón que aproveche las posibilidades que la navegabilidad portuguesa del Duero ofrece.

LA NAVEGABILIDAD DEL RÍO DUERO: EL muelle FLUVIAL DE VEGA DE TERRÓN

Miguel Blanco González
Director del Área de Fomento de la Diputación de Salamanca

                             El muelle fluvial de Vega de Terrón es único en España. Se creó un plano inclinado formado por cuatro muros longitudinales, paralelos unos a otros y con una pendiente de un treinta por ciento. Entre los muros había huecos interiores que se rellenaban con mortero. Sobre los muros longitudinales se disponían los raíles de hierro para la subida y bajada de los carretones.

                             Todo esto aún se conserva, aunque el plano inclinado fue recortado con ocasión de la construcción del nuevo muelle, como la escale-ra de sillería adosada en uno de sus lados y uno de los hitos que mantiene las marcas del nivel del agua alcanzada: una fue al poco tiempo de ser inaugurado y la otra en 1909. La última inundación fue el 3 enero de 1962, quedando constancia marcada hasta donde llegó el agua. (La piedra saliente de la parte superior del muro izquierda en la fotografía de al lado). El muro de fondo es de construcción reciente.

                             En su momento de mayor auge llegó a ser un núcleo de población con doce edificios y 13 habitantes a principios del siglo XX, con un tráfico de mercancías bastante importante, contando con aduana y puesto de la guardia civil.


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